sábado, 21 de junio de 2008

100 DÍAS

Los K vs. campo: primeros cien días


Martín Lousteau, un joven economista de treinta y cinco años, de pelo largo y saco cruzado desabrochado al estilo de uno de los dos Presidentes Kirchner, renunciante o renunciado ex ministro de Economía y al que entendidos en el difícil arte de sacar números de una columna para colocarlos en otra sindicaron como “brillante”, pasea con aire distraído su inmunidad por algún lugar del planeta Tierra. Mañana se firmará el acuerdo financiero para la construcción de la primera parte del fabuloso proyecto piramidal egipcio de tren rápido que marchará más veloz que la inflación, el desabastecimiento o el aumento del costo de los actos políticos. La adjudicación de dicha obra fue consumada en enero último bajo la atenta mirada del joven ministro cuando apenas hacía menos de dos meses que ejercía el cargo. Otra resolución suya del 11 de marzo dio origen a un interminable paro agropecuario que ya lleva cien días y que la testarudez gubernamental acrecienta a través de cada discurso que formula. Es evidente que a pesar de su breve gestión de cuatro meses al frente del ministerio de Economía, las consecuencias de su paso por el organismo continúan destacándose en el firmamento bolivariano sureño. Y aunque hoy se encuentra desocupado, es seguro que dentro de poco se hará presente para ofrecer sus servicios en el mismo cargo, cuando su “brillantez” haya sido cubierta por sucesivas “brillanteces” de otros como él. Como Cavallo.

Las últimas jornadas han sido pródigas en acusaciones por parte de los Kirchner a los cuatro principales dirigentes agropecuarios. No podía ser de otra manera. Es su estilo de gobernar y de ganar elecciones. En vez de tanto criticar al dúo presidencial se debería festejar su coherencia porque no es bueno cambiar de caballo en medio del río. Así es que teniendo todo en contra en Tierra del Fuego fueron capaces de ganar las últimas elecciones. Si los hombres de campo y los dueños de los grandes medios de comunicación son acusados día por medio de golpistas, es hora de que el Gobierno los arreste, decrete el estado de sitio o al menos se presente a la Justicia con las prueba que con seguridad debe tener. Si no lo hace la población puede llegar a pensar que no dice la verdad y eso es malo para todos; si no quiere hacerlo debería explicar los motivos que se lo impiden pero eso sería malo para él. Es cierto que “el entendimiento de las masas es muy limitado” pero no todos los argentinos están afiliados al Partido del Aplauso Fácil, o cobran por asistir a un mitin o por votar a tal o cual candidato.

El Gobierno habla, habla y habla. Los ruralistas no le van en zaga. Si en las guerras se hablara tanto habría menos caídos. Y aquí los va a ver en cantidad. No hay lugar para los dos bandos. Son irreconciliables. Como los que baten cacerolas y los que le cantan treinta y cinco años después a ”la gloriosa JP”. Curiosamente los dos bandos en disputa acusan y hablan de “los niños pobres que tienen hambre”, la Patria, el federalismo, hospitales, viviendas, caminos, de los que menos tienen y de los que se llevan todo. Cursilerías. El problema es por la guita, vento, Ventolín, morlacos, biyuya, rupias, yenes, verdes, guáshintons, tela. El Gobierno lo sabe y lo disfraza. Los agropecuarios, no se sabe.

Ministros, secretarios, subsecretarios, legisladores, gobernadores, intendentes, concejales, ordenanzas, carniceros, supermercadistas, encuestadores, sociólogos, psicólogos, economistas, caceroleros, agropecuarios, piqueteros de la abundancia y de los otros, señores y señoras “gordas” (y flacas) y modelos, hablan hasta por los codos. Cansan. Deberían pedir honorarios a radios y televisoras porque les ahorran diagramar una programación. En esta nuevo capítulo de la telenovela hay quienes afirman que es importante que uno de los Kirchner haya dado una conferencia de prensa después de cinco años de mandato; que uno de los matones que dirige una banda paraestatal haya sido raleado del entorno presidencial o que uno de los Presidentes parece que no comparte las actitudes políticas del otro integrante de la pareja. ¿Sí?

Ahora le toca el turno a la “discusión democrática” en una de las instituciones fundamentales de la República, el Congreso. La semana que pasó el dislate fue por la construcción de hospitales y la anterior por “el diálogo”. Hablar, hablar, hablar. Al mismo tiempo, uno de los contendientes, haciéndose el distraído y como quien no quiere la cosa, le mete mano al otro por donde puede. Manoseo, que le dicen. O acoso sexual. Mentiras. Es un vulgar carterista. Qué democracia, federalismo, golpismo, calidad institucional ni ocho cuartos: “Es por la billetera, ¡estúpidos!”.
SALINAS BOHIL
CORREO DE BUENOS AIRES

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