lunes, 7 de julio de 2008

LOKURA

LA LOCURA DEL PODER

Por Jorge Omar Alonso

“Tiene que ir al psicólogo. Está un poco sacado de las casillas” dijo Eduardo Buzzi con respecto al ex presidente. Algún profesional en psiquiatría podría esclarecernos en cuanto a la conducta demostrada por el personaje Néstor Kirchner.

Aún neófito en el tema uno no obstante puede captar cierto disturbio severo en su personalidad, una especie de paranoia que le hace ver enemigos y extorsionadores. De lo que no cabe ninguna duda es que se trata de un individuo malo sin calidez personal ni sentimientos morales.

Tal vez el manejo del poder absoluto lo ha conducido a una neurosis que le ha hecho perder el equilibrio mental y el sentido de la realidad, rasgos necesarios en quien pretenda dirigir el destino de un país como aún cree que puede hacerlo.

El psicoterapeuta Víctor Frankl había enseñado que los conflictos, complejos y traumas son a veces los síntomas de las neurosis y no sus causas. Está visto que quien ve enemigos en todas partes y oscuros conjurados, al punto de desatar una guerra dentro de una sociedad desde su situación de poder, no manifiesta cordura alguna. ¡“Moriremos abrazados a la causa”! grita; imagina una conspiración destituyente: ¡“golpe de estado del campo”! enfatiza en su paranoia, repitiendo con ira el epíteto de: ¡“Traidores, traidores”! con lo que condena a sus infieles seguidores.

Está demostrando así un trastorno caracterizado por el desarrollo gradual de ideas delirantes como por ejemplo creerse víctima de una confabulación, lo cual en un hombre soberbio que se vé todopoderoso es peligroso porque puede desatar la violencia. Los psiquíatras definen tal situación como perturbación caracterizada por ideas que generan desconfianza excesiva e injustificada.

Los individuos con tales desórdenes presentan una sobrevaloración de su personalidad y poca tolerancia a las observaciones y críticas de los otros. Max Weber refiriéndose a la vanidad la consideraba como una cualidad muy extendida en los diversos ambientes pero cuando quien la practica es el político, sus perjuicios son grandes en quien como aquel se cultiva en el ansia del poder. Este objetivo por el poder es malsano cuando se convierte en mera embriaguez personal.

Volviendo al Sr. Kirchner suele estar atrapado por la ira, ese trastorno en el cual su manifestación más evidente lo constituye la agresividad y la irritabilidad que trastorna toda relación con otras personas, negándose quien la padece a toda situación de negociación y a mecanismos de reacción constructivos.

Un personaje con estos rasgos en posesión del poder es un riesgo para la salud de la República.-

CRÓNICA Y ANALISÍS

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