miércoles, 13 de agosto de 2008

CLASE MEDIA II

Clase media: ¿muro de contención contra el socialismo? (II)

El dólar barato de Martínez de Hoz permitió en los finales de los setenta que la clase media pudiese abandonar las prisiones veraniegas de Mar del Plata, Pinamar y Punta del Este, y el pretendido autoabastecimiento del “Vivir con lo nuestro” para comprender que existía vida más allá de los Kaiser Carabela y los Siam Di Tella. Diez años después de esa revolución desaprovechada aún se vendían teléfonos con departamentos debido a la escasez de esos aparatos que sólo se podían conseguir aceitando a funcionarios o sindicalistas, los verdaderos dueños de las empresas “nacionales y populares” de las que sus argentizaciones, reprivatizaciones y reargentinaciones, como la que planeará muy alto en semanasa venideras, los argentinos tienen tristes recuerdos. Diez años después, otro dólar barato, provocó el mismo fenómeno y la clase media, esta vez en todas sus segmentaciones voló aún más lejos de Miami y Europa y llegó a Rusia y al sudeste asiático, mientras aquí se solicitaba una línea telefónica y a las cuarenta y ocho horas era instalada. Se decía que estábamos en el Primer Mundo.

Hija de la inmigración gringa, la clase media tarda en acomodarse a su nuevo territorio. Sus integrantes tienen -por parte de padres o abuelos- dos mapas, dos banderas, dos himnos y dos nacionalidades. Un hecho que habría que pensar en dar término. Ser argentino y votar además en las elecciones de la Unión Europea donde las Malvinas están incluidas como territorio del Reino Unido es más que un contrasentido. Esa falta de apego a la patria es la que les hace decir en cuanta ocasión se presente: “Este país de m...”. Éste es aquél, lejano, se entiende: no es el mío.

Sin embargo no todas son críticas. El ensamble de los primitivos inmigrantes que bajaron del barco con los criollos potenció algo distinto. Ni superior ni peor: distinto. Fue una mezcla de seres portadores de culturas milenarias que arribaban a estas playas empujados por el hambre o persecuciones religiosas, y la laboriosidad de aquel nativo que estaba en condiciones de comprender los beneficios de la integración. Por supuesto que problemas hubo y muchos. Y los seguirá habiendo. Las proteínas de la carne y la harina de trigo hicieron el resto. No había maestras que enseñaran a leer y escribir. Sarmiento las trajo. Pero no para algunos sino para todos. ¡Qué visión! Luego llegó la universidad. Para algunos, es cierto. Más tarde para los obreros también.

Por lo general tenaz opositora, parece no haber sido lo suficientemente estudiada a tal punto que se le atribuye haber dado el triunfo a Raúl Alfonsín en 1983 debido a la quema de un simbólico ataúd por parte de un piromaniaco peronista en el acto de cierre de ese partido. Nada más alejado de la realidad. La clase media ya tenia decidido su voto por el radicalismo cuando ocurrió el hecho. Recordaba el desgobierno de los peronistas de 1973 a 1976, al que incluso había apoyado casi masivamente en la fórmula Perón-Perón (Juan Domingo y María Estela Martínez, su mujer) del 73.

Políticamente atraída por el radicalismo, el peronismo con todas sus variantes, la izquierda y pequeños partidos de centro, la clase media sufre hoy una decadencia que sería más visibles si los datos del INDEC se ajustaran a verdad. Como la universidad es el botín de guerra de la izquierda y además el periodismo hace méritos con esa ideología, parte importante del sector, a pesar de comer, vestirse y veranear con la mano derecha, usa el anillo de compromiso en la otra.

Sin embargo, en nuestros días, los hechos parecen precipitarse por otra ladera. El casi estalinismo del dúo presidencial y sus colaboradores para con los opositores han alejado a simpatizantes de centro izquierda no del todo convencidos de las bondades del kirchnerismo y buscan playas más cálidas en donde bañarse. Es que la sola presencia de la gorda Hebe con sus continuas arengas a la lucha armada (¿tendrá por fin sus fusiles?), la violencia sindical camionera y las continuas matoneadas de los oficialistas en el Congreso, radios, televisoras y en las calles, preocupan al más pintado. Y eso le pasa también a la derecha. Mientras, ambas ideologías convivientes en el sector comparten los mismos graves problemas: inflación e inseguridad. Con la de “Derechos Humanos” son dos políticas de Estado que el Gobierno lleva adelante con éxito.


SALINAS BOHIL

No hay comentarios: