El cholulaje argentino y la elección presidencial estadounidense (I)
Ayer miércoles reinició sus actividades el Ministerio de la Distracción General con una serie de movilizaciones, marchas, contramarchas, cortes de calles, vallados, gritos, empujones, detenciones, declaraciones, heridos, vigilias. Los 38,5º de sensación térmica que caían sobre la Buenos Aires bolivariana, el asfalto lo elevaba a 45º o más. Hay que tener aguante para estar ahí. Se entiende lo de la policía porque no le queda remedio pero los demás…
Hasta el martes todo el interés informativo se dedicó a destacar la puja entre Obama y McCain, ocultando los aspectos más conflictivos y faltos de solución de la realidad argentina. CORREO DE BUENOS AIRES ha manifestado en su oportunidad que es eminentemente localista, quizás pueblerino, pero lo sucedido en los últimos días es digno de atención, de inquietante y urgente atención.
Millones de argentinos -alfabetizados y de los otros- pudieron anoticiarse políticamente de la cantidad de representantes que tienen en el Congreso republicanos y demócratas; de sus emblemas partidarios; de las diferencias del sistema de votación con el local (de las monumentales diferencias); de las vidas de los candidatos y de cada uno de los integrantes de sus familias, de la tradición familiar militar y la experiencia guerrera de McCain; del modesto origen de Obama y su llegada a la cúspide del supremo poder mundial; y hasta aquellos que necesitan de un plano para entrar a su monoambiente recibieron largas clases de geografía en las que se enteraron cuáles son los estados ubicados en la costa Este y Oeste; de cómo se formaron las Rocallosas; que existe una ciudad de Washington y un estado del mismo nombre o que Estados Unidos limita por los cuatro puntos cardinales con… ellos mismos.
Otras de las originalidades fue la cantidad de súbditos que aquí votaron por uno u otro candidato en el Club Americano o los que festejaron en calles y centros de borracheras el triunfo de Obama: es de suponer que podrían ser los mismos que de vivir en los ochenta hubiesen votado por Reagan, o de esos medioargentinos que también suelen votar en este suelo en las elecciones de la Unión Europea. Lo más sorprendente fue que quienes así actuaron señalaron que George Bush es el responsable del sentimiento global antinorteamericano que hoy recorre el mundo. Semejante pensamiento, colocado también sobre el tapete por “sesudos” analistas situados a la izquierda y al centro del espectro político, sería equivocado si proviniese de una mente joven y alevosamente falso si se originó en una de mayor edad porque la impronta antinorteamericana tiene en Argentina setenta años de historia.
En los cuarenta fue “Braden o Perón” (Braden era el embajador de los Estados Unidos en Argentina al que se señalaba como cabeza de la oposición partidaria al general Perón); a principios de los sesenta, en una sola noche explotaron bombas de gran poder en ocho locales de la cadena de supermercados Mínimax que pertenecía al magnate Rockefeller; a fines de los sesenta y principios de los setenta, el entrismo marxista infiltrado en el peronismo puso en boga la frase “Liberación o dependencia” que era acompañada de la quema pública de banderas norteamericanas; en el año 82, el país del Norte ayudó al Reino Unido en la recuperación de las Islas Malvinas que habían retornado al dominio argentino después de 149 años; en los ochenta Raúl Alfonsín “enfrentó” públicamente a Ronald Reagan; y el actual matrimonio presidencial prohijó en el 2005 en Mar del Plata una cumbre anti Estados Unidos con la participación especial de Hugo Chávez, y denunció el año pasado como una operación de inteligencia norteamericana contra el gobierno argentino, el lamentable caso del señor Antonini Wilson y su maletín con 800 mil dólares destinados, presumiblemente, para ser utilizados en la última campaña presidencial de los Kirchner. Como se observa, el sentimiento antiyanqui de la clase dirigente argentina existe en estas tierras desde hace muchas décadas como para que haga historia algún nuevo agregado de última generación.
Los verdaderos ogros suelen crear en la imaginación de sus sojuzgados, monstruos más brutales que ellos mismos. Ocultan así sus propias barbaridades y desvían la atención de sus víctimas de lo que debería interesarles. Por ejemplo, el canal de cable ENCUENTRO que administra el Ministerio de Educación tiene como logotipo dos rayas de cocaína colocadas sobre un espejo listas para ser aspiradas. ¿Política de Estado? A no pensar. Mejor Obama. ¿Ok?
(Continuará)
SALINAS BOHIL
jueves, 6 de noviembre de 2008
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