DEMOCRACIA JOVEN
“La democracia es el régimen tiránico del
gobierno popular...”
Santo Tomás.
La primera forma de la democracia data del siglo V a de J.C. y ocurrió en las ciudades griegas, sobre todo en Atenas. Conviene detenernos por un instante en esta forma de democracia directa en la que todos los ciudadanos (los esclavos y los extranjeros estaban excluidos y los ciudadanos eran una selecta minoría) proponían y votaban en la asamblea, siendo los cargos públicos electivos y dependientes de un sistema mixto: de elección y sorteo.
Después de su fracaso en Roma y de los intentos ocurridos durante la edad media y –a posteriori- de los derivados de los enfrentamientos de la naciente burguesía con las monarquías absolutas, se pudieron realizar políticamente sus conceptos básicos en las revoluciones francesa, inglesa y estadounidense.
La base de toda democracia es la constitución, conjunto de principios fundamentales que definen el ordenamiento político de un estado en sus tres poderes: ejecutivo, legislativo y judicial, teóricamente independientes entre sí y controladores de los posibles excesos de los otros poderes.
Fue en el siglo XX, después de la revolución rusa, que surgió el concepto de democracia popular (en la que el poder sería ejercido por las clases campesina y obrera) que fracasó al convertirse, en la práctica, en el gobierno de una elite burocrática absolutamente tiránica.
Por último, la llamada democracia cristiana fue un intento de centroderecha, interclasista y de carácter reformista que, en América latina, tuvo distintos ecos (mínimos en Argentina, Uruguay y Bolivia).
La República es un estado en el que el pueblo ejerce la soberanía directamente o por medio de delegados elegidos por él.
Así definidas las cosas –y habida cuenta de que la nuestra es una República- la democracia es solamente la forma de elección de aquellos ciudadanos que desempeñarán los cargos en los tres poderes, no una forma de gobierno en sí, como la mayoría cree o ha sido inducida a creer.
Suponer lo contrario llevaría la temida figura del mandato popular directo en la que –a decir de un analista brillante- reinaría el más absoluto desorden justamente por exceso de libertades. Como veremos más adelante, tanto se han tergiversado los conceptos de democracia y República por obra y gracia de nuestra corporación política que ya estamos en pleno vendaval de ese desorden al que me refería antes.
En 1983 se agotó el modelo de un gobierno de facto que fuera requerido en su oportunidad por todos los estamentos de la sociedad, en ocasión de la agresión terrorista contra la Nación misma, que amenazaba no solamente su estilo occidental y cristiano de vida sino su integridad territorial. Si alguno duda –por demasiado joven, poco informado o tendencioso- de mi aserto me remito a lo dicho y escrito por los principales referentes políticos y no políticos de entonces y al hecho de que la banda subversiva ERP (Ejército Revolucionario del Pueblo), valiéndose de la llamada Compañía de Monte Ramón Rosa Jiménez, ocupaba una importante porción del territorio de la Provincia de Tucumán y pretendía lograr el reconocimiento internacional como organización beligerante (como el que han pretendido lograr las FARC y si esto no es el total reconocimiento de que hubo una verdadera guerra en la Argentina no sabe quien esto escribe cómo podría calificársela).
La última de las circunstancias mencionadas (Tucumán) llevó al gobierno elegido democráticamente de entonces a ordenar la “aniquilación de la guerrilla” (Isabel Perón).
El resto es historia conocida y está lejos del objeto de este trabajo, ya volveremos sobre este luctuoso período de nuestra historia reciente a través de los artículos de La hora de la canalla.
Agotado el modelo, desmoralizados por el fracaso de este período y por el resultado adverso de la Guerra de las Malvinas y esperanzados en el futuro, los argentinos volvimos a la República confiándole su gobierno a Raúl Alfonsín (UCR).
Su gobierno resulta difícil de analizar objetivamente, pero precisó cambiar la moneda, fracasó en su intento de virar el País hacia la socialdemocracia a la que pertenece y –acosado por distintas irregularidades (acuérdese de los pollos de Mazzorín y de los galpones de la Aduana, por citar algunas) y las desprolijidades cometidas en la investigación del copamiento de La Tablada- debió abandonar anticipadamente su gobierno, previo pacto con su sucesor, según es de público dominio. Últimamente se pretende transformarlo en una especie de deidad benigna y querible, más como parte de una cortina de humo para tapar la realidad que como intención cierta, pero...
Sobre quien lo sucedió (Menem) todo lo que se pueda decir es superfluo, simplemente despojó al País a través de las privatizaciones y sometió (él y su cohorte) a la sociedad toda el escarnio de una corrupción tan grosera que llevaría varios de estos artículos tratar de desentrañar. Simplemente podemos resumirlo con el grotesco “pizza con champagne”, porque eso es lo que vivimos bajo su férula.
Lo que vino después ni siquiera intentó corregir, aunque sea en parte, nuestro desordenado rumbo al desastre. Simplemente los sucesivos protagonistas se contentaron con llegar, permanecer mientras pudieran y apelar al desastroso método del parche diario como única política de gobierno, todo al amparo de las consabidas oraciones de cureña de cañón instando al ciudadano raso a volver a creer, reclamándole confianza, participación y –claro está- el voto.
Finalmente un pequeño aparte para mencionar al actual gobierno de nuestro agónico Pais: su imprevisión ante las cosas más insignificantes, la ajuricidad total que ha impuesto y su total falta de sentido común han transformado a la Nación en el hazmerreír del mundo y nos han marginado de él. No vale la pena entrar en un análisis más profundo.
Durante estos días he leído y escuchado muchas cosas sobre la recuperación de la democracia. En todas o casi todas se resalta (a modo de bálsamo milagroso que cubre y cura los errores) que se trata de una “democracia joven”... no existe tal calificativo ni en las mentes más imaginativas... si recuperamos las instituciones, si volvimos a la República, si realmente estaba en el espíritu de los que se decían capaces e idóneos (cualidad ésta ausente, en la mayoría de los casos) para regir los andares de la Patria, bastaba solamente con el recto propósito y el cumplimiento de las leyes... eso no ocurrió y los que todavía creemos posible un futuro de grandeza seguiremos luchando y esperando al verdadero mesías político: la República.
Justo Pastor AYARZA.
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