Tengo el agrado de enviarle el borrador del Editorial del Grupo Network que será irradiado en la fecha por las ondas de Radio del Plata Tucumán, 93,9 Mhz; Millenium Tucumán, 97,7 Mhz; y Spika Tucumán, 89,1Mhz. Lunes, 10 de Noviembre de 2008 No lloremos por Argentina, luchemos por ella
Los ciudadanos eligen a un gobernante para que haga lo que debe, no lo que quiere. Este axioma fundamental de un régimen democrático de gobierno es frecuentemente olvidado por los elegidos, sean que ocupen cargos tanto en el poder ejecutivo como en el legislativo, dictando disposiciones o leyes al margen de los institutos constitucionales. Esto es lo que reclaman los que exigen mayor calidad institucional. Un buen gobierno, no es el que simplemente "hace", como acostumbran a decir y publicitar los déspotas, sino el que conduce con sapiencia y armonía a una sociedad, respetando cabalmente su Carta Magna y las leyes que se desprenden de ella. Los políticos que ocupan una banca en un cuerpo colegiado, no se deben al partido que los ha llevado en su boleta, mucho menos al mandamás de turno, sino al pueblo o al territorio que representan. Son los ciudadanos los que lo han colocado en el sitial que ocupan para que los representen. Deben usar su libre albedrío, sin duda, pero siempre ajustando sus lineamientos a lo que ordena la Ley Suprema, que constituye la base o el pacto social en que se h fundamentado una Nación. No hacerlo de esta manera, implica de hecho un acto de traición inaceptable. Lamentablemente nuestra Argentina de hoy, rescata muy poco de los valores que heredamos de los próceres que organizaron y condujeron a la Nación en sus primeros pasos como República constitucional. Aquellos que tuvieron plena conciencia de que la Norma Básica sancionada en 1853 y reformulada con el ingreso de la Provincia de Buenos Aires a la Confederación Argentina, implicaba un proyecto que nos guiaría firmemente al progreso. Durante varias décadas el país se desarrolló y creció al amparo de la Constitución, tanto que, en los primeros años del siglo XX, ocupábamos uno de los lugares de privilegio en el concierto de las naciones del planeta. Este espectacular impulso, siempre fundamentado en los lineamientos de la Carta Magna y aceptando su marco regulatorio, tuvo algunos pilares de sustento, como la fuerte inmigración extranjera promovida por el gobierno para poblar el vasto territorio por entonces deshabitado; la educación primaria, universal, gratuita y obligatoria; el fomento de la producción, sin trabas ni tributos confiscatorios y el respeto por la Justicia. Prohombres como Alberdi, Sarmiento, Avellaneda, Urquiza, Mitre…tuvieron puntos de vista diferentes, pero siempre el mismo objetivo. Podían disentir sobre los alcances de la cultura, de la inmigración, de la instrucción pública, del ordenamiento territorial, pero nunca dejando de lado la meta común, el progreso del país. Contrastan aquellos tiempos de coraje, valores morales, clara lucidez y optimistas expectativas, con la Argentina actual, inmersa en un océano de corrupción, violencia, conflictos e inseguridad, una escuela pública colapsada y un nuevo concepto migratorio: se van los sobresalientes, los mejores preparados, en busca de horizontes más auspiciosos. No es mi intención en este comentario nacido a la luz de una reflexión matutina ahondar en el asunto, pero sí proponer que no lloremos por la Argentina que perdimos, intentemos recrearla. Exijamos a nuestros gobiernos, a nuestros legisladores, a nuestros funcionarios, que respeten la Constitución y se atengan firmemente a ella. Que dejen de robar, que se dediquen a resolver los problemas de la gente; a lograr la unidad nacional, sin revanchismos inconducentes; a brindar las condiciones para que nuestros jóvenes no emigren, a fortalecer la escuela pública y afianzar la justicia, un mandato preliminar también olvidado, que posibilitaría terminar con la impunidad. No lloremos por Argentina, luchemos por ella.
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Ing.Eduardo Valdez
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