lunes, 3 de agosto de 2009

DIALOGAR, ESTIRAR, DILATAR




por Pepe Eliaschev


Lo del viernes entre el Gobierno y la producción agropecuaria ¿fue fracaso o pequeño logro? Mitad del vaso lleno: al menos la Casa Rosada abrió sus puertas y Cristina pasó a saludar. ¿A quiénes? ¿A la "fuerza de tareas" procesista, como llamaba Kirchner a los dirigentes del campo? ¿A la restauración "destituyente", como los denominan los intelectuales de Carta Abierta? ¿Al "generalato", como los califica la indescriptible Diana Conti?

No pasó mucho: cuatro hombres que representan a cuatro entidades se sentaron a una mesa y conversaron con otras cuatro personas. Eso fue todo; llegaron, se saludaron, tomaron la foto oficial, sin periodistas, tipo Kremlin, cerraron las puertas, ¿conversaron?, abrieron las puertas, se fueron.

Mitad del vaso vacío: el Gobierno (¿Néstor K.?) no da ni concede nada, no se repliega. Para los Kirchner todo está bien. No se arrepienten, no cambian. No se rectifican.

Días antes, los empresarios habían advertido al Gobierno que en el país crecen el "malestar y la preocupación". El presidente de la mayor entidad patronal del país, Luis Pagani, había oficializado que está parada la inversión productiva y que los mayores empleadores del país son pesimistas ante la situación actual.

"Tomen en serio nuestros reclamos", dijeron los cuadros de conducción de la Asociación Empresaria Argentina que, junto al presidente de la Unión Industrial Argentina (UIA), Héctor Méndez, coincidieron en que el panorama nacional es sombrío.

En el IIº Coloquio organizado por la Unión Industrial de Córdoba, lo que se percibió sin matices fue una actitud extremadamente crítica hacia Cristina de Kirchner. Pagani, de Arcor, sonó melancólico: "Sería bueno que el Gobierno tomara nota de este malestar y preocupación de los empresarios".

El industrial cordobés no es un parásito de la patria sojera, como denomina a los productores camperos el lenguaje descalificador del kirchnerismo.

Cabeza del emporio industrial Arcor, el empresario asegura que "se nota una parálisis. Lo que se ha parado es la inversión. No está claro hacia dónde va el país. El empresariado está esperando señales".

Mucho no parece importarle al Gobierno. Cómo será de profundo el divorcio ya inconfundible entre las posiciones del matrimonio presidencial y las que le toca comunicar a Fernández, que el jefe de Gabinete parece sonar componedor.

¿Hay uno o dos gobiernos? En 72 horas, la Casa Rosada disparó dos señales divergentes, al menos en teoría. Por un lado, después de haber hecho una larga campaña de saturación propagandística para anunciar una ley de radiodifusión "nacional y popular", el Gobierno se colgó de esa norma, que data de la dictadura, para crear, por decreto, una nueva operadora de señales de TV por satélite manejada desde la residencia de Olivos y lanzada a disputarle el mercado a la TV privada. El decreto que ahora le suma al Gobierno una operadora de TV satelital se autojustifica en el artículo 35 de la Ley 22.285 de Radiodifusión, promulgada por Jorge Rafael Videla. Con esto, los Kirchner quieren disponer de herramientas para inyectar contenidos oficiales al ya fornido sistema de medios oficiales y privados, explotados por socios y allegados al matrimonio, que "bajan" la línea gubernamental. Parte del paquete de contenidos a derramar vía satélite sería el canal Telesur de Venezuela, creado por Chávez.

Por otra parte, el Gobierno relevó a Eduardo García Caffi y a Enrique Vázquez como jerarcas de Radio Nacional. En su lugar, arribaron María Seoane y Vicente Muleiro, que hasta hace pocas semanas acreditaban una prolongada trayectoria en el diario Clarín, denunciado por el Gobierno como símbolo de las conjuras destituyentes con que fantasean los Kirchner. Seoane se comprometió a convertir a Radio Nacional en una emisora pluralista, una manera de admitir que no lo fue desde 2003 a la fecha, porque sus sucesivos jerarcas sólo atinaron a ponerla al servicio de las necesidades gubernamentales.

Pero, entretanto, Jorge Coscia se hizo cargo de la Secretaría de Cultura de la Nación en una ceremonia que atrasó 35 años.

Cantaron la Marcha de los Muchachos Peronistas, bajo la mirada aprobadora de referentes políticos como Luis D'Elía y baluartes de la cultura nacional como el cómico Daniel Aráoz.

Para Coscia "hay que politizar la cultura y utilizar la política. Que nadie se asuste cuando dé a conocer mis posturas". ¿Cuáles? "La cultura tiene que ser una herramienta indispensable en la construcción de un proyecto nacional".

Blanqueó sus mentores ideológicos. Mientras que el anterior secretario, José Nun, afirmaba que su referente ideológico era el marxista italiano Antonio Gramsci, Coscia armó su "dream team" intelectual con figuras del nacionalismo de izquierda de mediados del novecientos (Ramos, Jauretche, Scalabrini Ortiz, Spilimbergo).

"Soy de la generación setentista, es mejor que ser decimonónico", se ufanó, sin embargo, Coscia. ¿No es, acaso, legítimo preguntarse qué gobierno ó cuál gobierno maneja hoy la Argentina?

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