La verdad de la milanesa
La pregunta que se impone es: ¿porqué el gobierno no desea terminar con esta sangría económica que lleva tres meses y se comió ya 60.000 puestos de trabajo y miles de millones de dólares despilfarrados tanto en mercadería (leche, hortalizas, carne) como en dinero?
Por Miguel Ángel Gómez (Gomita)
A propósito del paro agropecuario que lleva 90 días y que ha conmovido las estructuras económicas y sociales de la Argentina escribíamos a la altura de los primeros treinta días que: el gobierno ha equivocado sus críticas que debe dirigirlas contra los grupos monopolios y no contra los chacareros.
Pasados 60 días más, cambiamos nuestra opinión, estos temas de coyuntura siempre son opinables, esto es, se afirma o se niega algo con temor a equivocarse, según la notable definición que da Aristóteles sobre la opinión.
Y cambiamos nuestra lectura, nuestra interpretación porque si el gobierno hubiese querido arreglar el entuerto lo hubiera hecho de un plumazo y listo el pollo y la gallina pelada, como decían los viejos antes.
Pero el gobierno nacional lleva 90 días de inercia e inacción sin ninguna vocación de arreglo del conflicto. La pregunta que se impone es: ¿porqué el gobierno no desea terminar con esta sangría económica que lleva tres meses y se comió ya 60.000 puestos de trabajo y miles de millones de dólares despilfarrados tanto en mercadería (leche, hortalizas, carne) como en dinero?
Porque la estrategia del gobierno en sus más profundos y recónditos pliegues (Kirchner y la troyca que lo rodea, al modo de la troyca que rodeaba a Stalin) lo que quieren es crearse o inventarse un enemigo político. En este caso, el partido del campo.
Politológicamente no está mal lo que quiere Kirchner: inventarse un enemigo real para que le sirva en la consolidación de su poder. No olvidemos que ya lo hizo Perón cuando se inventó a Balbín, quien seguro sería derrotado, como realmente después lo fue.
Y esto porque sus enemigos políticos hoy, Macri y Carrió, son insignificantes. Carecen de peso político en la sociedad argentina. Son, en definitiva, enemigos difusos. Esto es, una mierda de enemigos.
El tema, el asunto grave, es que en esta operación se nos va gran parte de la riqueza y el bienestar de los argentinos. Pero en la conquista o consolidación del poder poco importan el sufrimiento de los pueblos. ¿O acaso Mao no tachonaba los ríos chinos, con chinos vivos para que pasaran sus tropas en la Larga Marcha?
¿Y cuáles son los datos con que nosotros contamos para sostener semejante tesis? En primer lugar, K. y cualquiera de sus asesores y ministros no puede creer y considerar en serio que siga existiendo en Argentina hoy, con la movilidad social existente (un turco y un prestamista de dudoso origen llegaron a presidentes de la República) una “oligarquía terrateniente”. No existen desde hace décadas en Argentina “apellidos con olor a bosta” como decía Evita. Hoy, lo saben K. y todos sus asesores y ministros, que los dueños de la tierra son “los nuevos paisanos”: los Grobocopatel, los Midlin, los Elztain, los Werthein, los Soros, etc. no hay más criollitos a pie firme, esto es, apellidos hispano criollos. Miguens, el de la sociedad rural, es una rémora limitada a los campos maulas de los pagos de Magdalena con 4.000 has. contra el millón que tiene “el rusito” Werthein entre la Pampa y Santa Fe.
Esto se sabe todo y lo todos saben, el asunto es que “se hacen la gallina distraída” como si no existiera. Como si la realidad fuera otra.
Los discursos políticos conforman un gran simulacro sobre lo qué es y lo qué debe ser. Así, nos hablan de defender a los pobres, pero de hecho hacen más pobres.
Resumiendo: tenemos un discurso clasista desde las estructuras partidarias del P.J.; un enemigo declarado como el partido del campo y una impunidad jurídica como el establecer impuestos discrecionalmente. Todo ello hace que K. tenga cuerda para rato.
A esta estrategia se sumó la CGT de Moyano por las ventajas económicas que saca. Los piqueteros como D’Elía y Pérsico por la representación política que obtienen, y las madres de Plaza de Mayo, que son las actuales “satisfechas del sistema”, como decía Marcuse hace 40 años sobre el Mayo del 68. La Iglesia y el empresariado con la monserga de defensa del “bien común”, olvidando que es la concordia interior y la seguridad exterior el fin concreto y real de la acción política de los gobiernos.
Todo está listo y acomodado. El año que viene el peronismo con Kirchner como conductor va a enfrentar en elecciones “a la oligarquía terrateniente de los De Angelis y compañía”, y va a ganar. Mientras tanto el P.J. se va a encolumnar con su conductor K. quien puso en caja a todos los disidentes. Pues ser disidente hoy, dentro del peronismo, es estar con “la oligarquía terrateniente”.
Hay varios compañeros que me han pedido perorar sobre este conflicto del campo y el gobierno, y me he negado, como se negó Alexander Kojeve respecto de Mayo del 68: “hasta que haya, por lo menos un muerto”, sino será une merde de revolution.
Esta es la dura realidad política argentina según nuestra opinión. Claro está, me puedo equivocar.
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