Se alarga y se complica el problema del campo
La extrema izquierda intenta meter una cuña en el conflicto agrario
María Lilia Genta
El Gobierno no ha logrado desgastar a los productores agropecuarios ni cansarlos. Antes bien, el destrato, los intentos de vejar al sector han endurecido el reclamo y encendido aún más una bronca justificada e incontenible.
Pero a medida que el conflicto se extiende en el tiempo aparecen algunas cosas que complican el panorama. Así, hasta ahora todo fue el ondear de banderas argentinas, la imagen de la Virgen de Luján presidiendo los actos, el Himno Nacional. Pero han comenzado, parece, a infiltrase las ideologías de izquierda con su discurso clasista y su parafernalia roja con foto del “Che” infaltable.
El discurso del presidente de la Federación Agraria Eduardo Buzzi, en Rosario, no me molestó por duro. Me molestó que ideologizara el reclamo y comenzara a llevar agua para su molino. Este fue el comienzo, la pequeña resquebrajadura que aprovecharon los ideólogos de izquierda, siempre listos para bastardear cualquier reacción genuina de la argentinidad. En los discursos y en las actitudes de los dirigentes de las otras entidades que integran la Mesa de Enlace, en cambio, sólo estuvo presente la Argentina real, la Argentina Federal. No ideologizaron el reclamo corporativo (uso la palabra en su más noble sentido). Sin dudas, cada uno de ellos ha de tener su posición política pero no hicieron la menor alusión a partidismos políticos ni clasistas. Su actitud aparece sólo como la defensa del sector madre de nuestra economía al servicio de la Argentina pues el ordenamiento al Bien Común no excluye, por supuesto, la legítima defensa de los intereses económicos personales y del sector. Es una verdad de Perogrullo que cuanto mejor le vaya al campo mejor le irá a gran parte de la industria (pensemos en los muchísimos puestos de trabajo que están en juego además de las ganancias de los empresarios industriales) y por sobre todo al comercio de los pueblos y ciudades del interior. Ya hay demasiados pueblos -ayer pujantes- devenidos en “pueblos fantasmas” al faltar el ferrocarril. ¿Queremos más pueblos fantasmas?
Por eso, el reclamo del campo, aun siendo sectorial, se proyecta al conjunto del cuerpo social, pone en acción la solidaridad y la unión de las diversas clases sociales y económicas y moviliza el riquísimo entramado de personas, familias, cuerpos intermedios, etc. que conforman el gran organismo de la Nación. Por tanto nada tiene que ver con el reclamo del campo la “Corriente clasista y combativa” tomando intendencias e incitando a las “puebladas”. Tampoco nada tiene que hacer el vicepresidente de la Federación Agraria hablando rodeado de las huestes de Vilma Ripoll que portaban pancartas y banderas propias de estos grupúsculos radicalizados que no representan nada ni a nadie. No hemos visto a los otros políticos de la oposición ni a los peronistas que se juegan por el campo enarbolar insignias partidarias. En esto, se ha de reconocer, han estado discretos. Ni Reutemann, ni Margarita Stolbizer, ni algunos dirigentes radicales o del Pro, ni los pocos intendentes que se arriesgan a perder el favor de la caja K, ni siquiera la desbordada Carrió, han hecho política partidista ni menos clasista, en este conflicto.
La izquierda, pero, tiene reacciones prontas, gimnasia revolucionaria, cuadros organizados y capacidad de movilización que le permite meterse y montarse sobre los movimientos sociales. No sé si Buzzi -el iniciador, repito, de este intento de trasbordo ideológico- no pudo con el genio o con la costumbre o lo hizo a propósito (eso sólo Dios lo sabe). Pero el hecho es que ya hay símbolos, pancartas y banderas que salpican la reacción del campo. Quiera Dios que esto se pare a tiempo. Aunque al cierre de esta nota veo por la televisión un retrato del “Che” en la Intendencia de Gualeguaychú.
El tiempo pasa, las cosas se complican. Hay que estar atentos.
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