domingo, 8 de mayo de 2016

KARADURA

ACLARACIÓN DEL EX MINISTRO Caradura: Kicillof dice que no dejó ni recesión ni inflación Burdo lo de Axel Kicillof aunque lo peor sería comprobar que es ignorante (¿o no se puede ser profesor universitario y también ignorante en diversos temas específicos?): luego de al menos 4 años de estanflación denunciado día tras día por Urgente24, el economista dice, con una irresponsabilidad llamativa, que no dejó ni recesión ni inflación como herencia. En verdad dejó un despelote que Mauricio Macri cometió el error de no desnudar y se equivocó muchísimo el actual Presidente (cuando Urgente24 advirtió que era un error, los militontos M, tan similares a los militondos K, cuestionaron tanto el mensaje como al mensajero). Ahora, quizá todavía enojado tras el incidente en la Comisión de Pequeñas y Medianas Empresas, cuando amagó a ir a pegarle al diputado del PRO Marcelo Wechsler porque lo acus� �de haber pedido coimas para habilitar importaciones, Axel Kicillof decidió escribir en el diario Página/12 acerca de la situación de la "pesada herencia", que muy tardíamente aborda la Administración Macri cuando debió ser un bandera inicial. Ya es tarde para el Ejecutivo Nacional porque han pasado 5 meses, y en el escenario presente los K como Kicillof intentan recuperar el 'relato', al punto que tituló su nota "El chamuyo de la pesada herencia". Para el debate, aquí el texto: Axel Kicillof en rol de fiscal de la República es responsabilidad de Jaime Durán Barba y Marcos Peña, hacedores del discurso de no hurgar en el pasado. por AXEL KICILLOF CIUDAD DE BUENOS AIRES (Página/12). ¿A qué se debe la insidiosa y sobreactuada invocación de Macri a la “pesada herencia”? La respuesta es simple: todos los argentinos somos testigos, o mejor dicho, víctimas del primer intento en toda nuestra historia de aplicar un durísimo plan de ajuste sin que antes se haya producido una crisis económica. El Plan de Convertibilidad de Menem y Cavallo, por caso, vino precedido –y “justificado” por quienes lo pusieron en práctica– por la hiperinflación desatada en el gobierno de Alfonsín. Algo similar ocurrió con los planes de ajuste de 1956 y 1976. Pero esta vez la situación es distinta porque, a decir verdad, no hace falta ser un especialista para reconocer una crisis económica cuando se la vive. Y en los años previos al triunfo de Macri en Argentina no hubo nada ni remotamente parecido a una crisi s económica No obstante, el gobierno de Macri, con la crucial contribución de los medios de comunicación hoy oficialistas, está abocado a la extravagante tarea de fabricar una crisis que no fue, instalarla en la percepción de la opinión pública y, si puede, también en el recuerdo. Esta grotesca “crisis que no fue” en 2015, tiene al menos cuatro ingredientes: elevadísimo déficit fiscal, inflación desbocada, reservas extenuadas y economía estancada. La técnica de comunicación que emplean es ya bastante conocida. El macrismo nos acostumbró durante su etapa de oposición a un sofisticado y efectivo manejo del marketing político, especialmente diestro a la hora de transformar complejos conceptos en frases breves, “de impacto”, que luego son repetidas de manera casi literal hasta el hartazgo por miles de trolls en la web; al mismo tiempo son reproducidas por los referentes de Cambiemos en cada discurso, en cada entrevista y en cada set de televisión usando métodos de la publicidad privada: el concepto, la repetición, la frecuencia. Los enunciados diseñados para machacar con el diagnóstico de la crisis que justificaría el plan de ajuste son cuatro: “hace cinco años que Argentina no crece y no se crea empleo”, “el Banco Central estaba quebrado”, “el déficit fiscal alcanzó 7 por ciento del PIB y fue el más alto de la historia argentina”, “la inflación estaba desbocada”. Pero este esfuerzo comunicacional para convencer a la sociedad de que el ajuste del macrismo no es una decisión política sino la única respuesta posible y necesaria ante una crisis choca con dos obstáculos. El primero: nos quieren convencer de que hubo una crisis que nunca vivimos, una rara especie de crisis: “invisible” o, como dijo el diario Cronista Comercial, “asintomática”. Es como un médico que te quiere operar diciendo “usted nunca sintió absolutamente nada, pero está gravemente enfermo”. El segundo obstáculo es que todas y cada una de las afirmaciones que componen el diagnóstico son mentira. Y es muy sencillo demostrarlo, incluso tomando los datos de las propias “fuentes” de Cambiemos. Empecemos por la más repetida de las mentiras: que no se creó empleo en los últimos cinco años. Basta con tomar la cifra de crecimiento publicada por el propio INDEC de Macri-Todesca el 30 de marzo pasado, una de las pocas que publicó saltando el apagón estadístico. Según el INDEC el PIB de Argentina creció 2,1 por ciento en 2015, y también creció en los tres años anteriores: 0,8 por ciento, 2,9 por ciento y 0,5 por ciento. Si preferimos tomar los datos de crecimiento de la oficina de estadísticas de la Ciudad de Buenos Aires, los resultados son muy similares ya que en 2015 arrojan un crecimiento del 2,7 por ciento. Como es de esperar, los números de empleo reflejan la misma evolución. Utilicemos una fuente que no está cuestionada, la base de AFIP (el SIPA) que registra la cantidad de personas empleadas según la cantidad de aportes a la seguridad social que efectivamente se realizan. Como muestra el cuadro, el empleo registrado creció entre 2010 y 2015 todos los años, y de punta a punta en más de 830.000 personas. De modo que el empleo total, formal e informal, lo hizo aún en mayor medida. Nótese además que 2/3 del crecimiento está explicado por el empleo privado, de manera que la última declaración de Macri, realizada tristemente en el Día del Trabajo, es simplemente un bolazo cósmico: “Hace cinco años que no se genera empleo, porque ocultaron el desempleo con trabajo público inútil”. En los últimos cinco años creció el empleo total, el empleo público y el empleo privado. Pasemos ahora a la cuestión del déficit fiscal de 2015. En una de sus primeras conferencias de prensa, el 13 de enero de 2016, el ministro de Hacienda mostró los números. Ahí admitió que el déficit fue de 2,3 por ciento del PIB cuando se lo calcula como lo hacen todos los países del mundo. Esa cifra es la que aparece en las estadísticas del FMI. Ese nivel de déficit es, para quien no conoce el tema, absolutamente razonable y está en línea con los países de la región. ¿Cómo es entonces que siguen sosteniendo que el déficit fue de 7 por ciento? En esa misma conferencia de prensa, ante las cámaras, el ministro empezó a hacer un ejercicio de “contabilidad creativa” sumando y restando conceptos por fuera de la metodología habitual, para abultar el tamaño del rojo fiscal. Sumó al déficit de 2015, las “promesas de campaña de Macri”, que incluyen, por ejemplo, la reducción de las retenciones a granos y mineras, y otros aumento de gastos. Así y tod o, nunca llegó a construir el famoso 7 por ciento con el que habían machacado durante meses. Es lisa y llanamente una falsedad. Vayamos ahora a la evolución de la inflación. Todas las mediciones, tanto públicas como privadas, muestran que entre 2014 y 2015 se produjo una marcada desaceleración de la inflación, en como mínimo 10 puntos. Es decir, la inflación estaba bajando cuando llegó Macri. Y esto se logró sin afectar el crecimiento, sin enfriar la economía. Pareciera en cambio que la reducción de la inflación del segundo semestre –la tierra prometida– se va a producir por la recesión, los despidos, la generalizada caída del poder adquisitivo de los ingresos y la apertura de la economía. Es inevitable marcar el parecido con el plan antiinflacionario que se aplicó en la década del noventa. - Nivel general de precios. Variación acumulada. Enero-Octubre 2014 vs. 2015. Veamos ahora la cuestión de las reservas. El 9 de diciembre de 2015 las reservas del Banco Central eran de US$ 25.092 millones (hay que recordar que en octubre se habían pagado 5900 millones de Boden 15). En campaña, Cambiemos se cansó de sostener que las reservas “netas” eran de 7000 millones, es decir, casi nulas. En particular, restaban el famoso swap de China porque según el macrismo no podía utilizarse. Sin embargo, a los pocos días de asumir, el gobierno de Macri convirtió 3000 millones de dólares del swap y los volcó en el mercado cambiario. Y empezó entonces una festival de deuda. Tomaron US$ 5000 millones desde el Central (con garantía en títulos por US$ 10.000), YPF se endeudó en US$ 1000 millones, la provincia de Buenos Aires tomó US$ 1250 millones a una tasa de 9,75 por ciento y, finalmente, para pagarle a los fondos buitres una suma que supera lo que Singer espera ba, realizaron la colocación de deuda más grande de la historia (un dudoso orgullo) por US$ 16.500 millones. Entraron, en concepto de endeudamiento externo, y sólo sumando estos conceptos casi US$ 26.000 millones. Sin embargo, las reservas totalizan algo más US$ 31.500 millones. Si a ese número le restamos el vencimiento de US$ 5000 millones de diciembre por el préstamo del banco central, tenemos nuevamente US$ 26.500 millones. Sinteticemos. En la herencia que recibió Macri no figuran ni el estancamiento, ni la inflación desbocada, ni las arcas vacías del central, ni el déficit descontrolado.

DESGASTE AMARILLO

DESGASTE AMARILLO. ¿QUÉ QUISIERON HACER EL PRESIDENTE Y SU JEFE DE GABINETE? 5 meses de Macri, con desgaste innecesario y derrota en el Congreso A un paso de cumplir 5 meses en el poder, Mauricio Macri se encuentran en medio de un complejo galimatías político – económico que implica una virtual ruptura con fuerzas aliadas en el Congreso, estar a un paso de una dura derrota parlamentaria y con la posibilidad de tener que vetar su primera ley, con duras internas dentro de Gabinete, sin apoyo de los empresarios locales que exageran su cautela y una estanflación que golpea duramente a la clases más bajas y al núcleo duro de los votantes del PRO y del antikirchnerismo, explica el periodista y politólogo Claudio Chiaruttini en su editorial radial dominical de "Sin Saco y Sin Corbata". Aquí los fundamentos de sus conclusiones: "(...) El Gobierno paga un algo precio político y de imagen positiva por un proyecto impopular sin que el empresariado muestre signos de querer apoyar la Gestión de Mauricio Macri. (...)" por CLAUDIO M. CHIARUTTINI Dos tercios del Gabinete no logra entender qué buscaron Mauricio Macri y Marcos Peña cuando decidieron que no se aceptaría una norma que suspendiera los despidos por 6 meses: > unos dicen que fue para no dar una mala señal a los inversores extranjeros, > otros que se buscó acerca al Presidente de la Nación a los empresarios locales, que son reacios a este tipo de limitación (N. de la R.: pese a que parecieran indiferentes a Macri desde el Día 0, y el propio Macri se ha quejado); y > los menos aseguran que fue una forma de marcar una diferencia con el kichnerismo. A estas alturas, poco importa. La decisión de la “mesa chica” del PRO terminó por generar una polarización en la que, > de un lado están los que, supuestamente, protegen el “trabajo argentino”, la mano de obra y los puestos de trabajo (heterogéneo conjunto que suma peronistas, kirchneristas, massistas, radicales, la izquierda radicalizada y hasta los bloques independientes; a eso hay que sumar sindicalistas y medios de comunicación kirchneristas); > del otro lado, según esta división antojadiza, están los que no les importa si una persona pierde su empleo, los que no entienden que hay una recesión que transita su año N°5 y los que creen que es tiempo de ideologismos en vez de hacer política, un grupito compuesto básicamente por el núcleo duro del PRO y entidades con mala imagen como la Unión Industrial Argentina o las patronales que pedían por favor por Mauricio Macri y ahora le escatiman apoyo, inversiones y señales de confianza. En la Cámara de Diputados, cada cual hace su juego. Diego Bossio, el ex funcionario kirchnerista pionero en volcarse hacia el Gobierno no acepta la decisión de la Casa Rosada. Tampoco el peronismo no kirchnerista, que se ha unido al kirchnerismo más oscuro para defender el “Cepo Laboral”. Históricamente, los radicales han acompañado a los peronistas en este tipo de medida, que tampoco ha tenido apoyo de Elisa Carrió, demasiado ocupada en las denuncias de casos de corrupción y la elevada tasa de inflación. ¿Qué ganó Mauricio Macri con esta estrategia, además de quedar “pegado” a algo tan denigrante como el supuesto el despido de un trabajador y la cobertura a empresarios desaprensivos? Por ahora, > una inmensa marcha de protesta que juntó a 4 de las 5 centrales sindicales, > una aplastante derrota en el Senado y > se encamina a tener otra derrota en Diputados, si Sergio Massa no rescata al Presidente. ¿Y beneficio? A la vista, ninguno. Es más, en las últimas horas, la Casa Rosada hizo trascender que busca un acuerdo con los empresarios para no despedir trabajadores, con el fin de vetar la ley con calma, o postergar su tratamiento, o bajarle intensidad a la derrota parlamentaria. Cómo sea, la nueva decisión del Gobierno no hace más que confirmar que Macri y su equipo terminan decidiendo sin pensar políticamente, a simple prueba-error-rectificación o nueva prueba. La decisión de la Casa Rosada le abrió las puertas a Sergio Massa para que recupere protagonismo y se posiciones como el “árbitro final” de si el proyecto del Senado se convierte en ley o no. En tanto, él juega a cambiarle la agenda al peronismo proponiendo normas propias, repartiendo críticas graciosas al Gobierno, haciendo campaña presidencial permanente con el impulso de la Administración de Mauricio Macri. Así, el Gobierno paga un algo precio político y de imagen positiva por un proyecto impopular sin que el empresariado muestre signos de querer apoyar la Gestión de Mauricio Macri. Pero todo tiene un motivo y es necesario conocerlo, más allá de las tibias declaraciones de media docena de empresarios y las especulaciones que hay dentro del mismo macrismo. El origen Mauricio Macri no fue la primera elección del establishment para Presidente de la Nación que sucediera a Cristina Fernández de Kirchner. Hubo muchos empresarios e industriales que ganaron fortunas durante el kirchnerismo y creían que con algunos aportes de campaña podían sumarse a los ganadores. Por eso la primera elección siempre fue Daniel Scioli. Para este grupo, el entonces Gobernador de Buenos Aires mostraba el más aceptable perfil de capilaridad a los pedidos (y desde el punto de vista económico, más barato), por lo cual, el sciolismo era una apuesta a tener un kirchnerismo de menor “grado de intensidad”; para mantener el statu quo de muchos, y “arrimar el bochín” otros. Quienes quedaron en el bando “antikirchnerista”, eligieron la 'opción Sergio Massa'. El mito dice que la candidatura presidencial del entonces intendente de Tigre nació en Nordelta, de la mano de un lobista industrial, un banquero y un financista. Rápidamente los grandes grupos económicos acercaron economistas amigos, lo que le otorgó un “aura” de ser el preferido del establishment. Mauricio Macri fue la 3ra. opción. La inesperada. En su paso como Jefe de Gobierno porteño, el hijo de Franco Macri hizo pocos negocios con los grandes grupos económicos, chocó con ellos cuando no apoyaron su posible ambición presidencial en 2011 y tuvo que resistir las enormes presiones que realizaron para que se uniera con Massa, cuando crecieron las dudas de que el kirchnerismo podía no perder las elecciones. Si bienMacri terminó por crear un “Gobierno de CEOs”, tal como dicen desde la oposición, fue una decisión tomada luego de pasar a la 2da. vuelta. ¿O hay que recordar que el entonces Jefe de Gobierno porteño tenía sacado los pasajes para viajar de vacaciones a Italia para analizar su futuro político una vez que perdiera ante Daniel Scioli? La Fundación Pensar trabajó durante varios años, al parecer, en nada (N. de la R.: ¿resistiría una auditoría sobre destinos de recursos recibidos?): al ingresar al poder, Mauricio Macri y su equipo sólo pudieron estructurar una agenda de gestión de 6 meses, con una decena de objetivos bien claros. Y esa agenda se cumplió con gran eficiencia y celeridad, desactivando un inmenso campo minado que dejó el kirchnerismo. Sin embargo, la elección del gradualismo para salir del retraso cambiario y la estrategia elegida para contener la inflación generó un recrudecimiento del proceso recesivo que, junto con el “sinceramiento” de las tarifas de los servicios públicos y el transporte, han dinamitado la capacidad de compra de las familias y congelado las inversiones. Y ahora, el “Gabinete Económico”, se debate entre la necesidad imperiosa de reducir el gasto público, bajar la inflación y reactivar al sistema productivo con el menor costo fiscal posible; con un tipo de cambio que no le alcanza a los sectores exportadores, sin que lleguen todas las inversiones esperadas y con un Estado que lanzó media docena de planes de obras públicas que, en el mejor de los casos, comenzarán en 6 meses. Se sabía que después de la salida del default y el arreglo con los holdouts serían los 6 meses más difíciles de la Gestión Macri y, en vez de preparar una agenda que permitiera esquivar a sensación de ajuste, la pésima estrategia política se combinó con > la muy mala comunicación para envolver al Gobierno en discusiones donde tiene todo para perder y > anuncios que no tienen impacto en los medios de comunicación y, por ende, en los ciudadanos. La percepción de debilidad del macrismo es notable, pese a que delante tiene una oposición desarticulada y con escaso potencial de daño real, pero con mejor comunicación y más y mejor acción política que la Casa Rosada. A tal punto, que hoy la oposición tiene decenas de críticos al Gobierno, pero Macri no tiene quién lo defienda, ni sus decisiones, ni sus anuncios, ni sus medidas, ni sus metas. A fuerza de ser sinceros, es un Presidente de la Nación que habla sólo, en medio de un griterío opositor. En las últimas 2 semanas, los funcionarios oficiales han comenzado a hablar de "la herencia recibida". Es tarde para ello. Hace 5 meses debería haberse hecho. Mauricio Macri expresó el “dolor” que causan las medidas que toman. Ya fue, Presidente: eso se hace antes, cuando se prepara el terreno para el anuncio de la decisión y cuando se hace el anuncio mismo. Ahora se está improvisando para tratar de cambiar las expectativas. También tarde, Presidente: desde Diciembre se sabía que desde Abril las cosas empeorarían, desde entonces se debería haber “sembrado” el destino al que llegaremos una vez que pase el ajuste. En las próximas semanas, Macri pone a prueba su liderazgo: > Deberá colocar a radicales detrás de su rechazo al “cepo laboral”, > erradica las internas crecientes dentro de su Gabinete, en especial el choque entre el ministro de Hacienda y Finanzas, Alfonso Prat Gay; y el titular del Banco Central, Federico Sturzengger; > alinear también a los empresarios a sus objetivos y, sobre todo, > hacer que “la gestión gestione”, aunque parezca paradójico. Hay que comenzar ya con los planes de viviendas, hídricos, vial, turismo y otros que se anunciaron. Las debilidades y errores que comete el Gobierno de Macri y sus ministros > fortalecen a un kirchnerismo que está en notable decadencia, > le otorgan espacio de maniobra a un peronismo desarticulado para unirse contra un enemigo común, > deja lugar para que Sergio Massa brille, > abre un flanco para que Elisa Carrió maneje su agenda en forma independiente y > permite que los radicales actúen como si fueran parte de otro Gobierno. Las debilidades y errores que comete el Gobierno de Macri y sus ministros le permiten a los opositores articular un discurso en donde minimizan la “herencia”, cuando no la ignoran o tergiversan. A los aliados les concede una facilidad para “diferenciarse” y soñar con quedarse con el caudal de votos macrista en el futuro, en especial, porque todas las fuerzas políticas ya están imaginando su estrategia para las elecciones legislativas del año 2017 y, en el fondo, todos creen que parándose en frente del PRO tienen grandes chances de sumar diputados y senadores para condicionar, definitivamente, al Gobierno macrista.

sábado, 7 de mayo de 2016

CAPAR MONOS

Capones Suicidas "Después, ¿qué importa el después? Toda mi vida es el ayer que me detiene en el pasado". Homero Expósito El compañero Camión Moyano dijo esta semana que el Presidente sabe menos de política que él de capar monos. Ignoro, por supuesto, cuál es la experiencia del Secretario General de la CGT "Azopardo" en ese arte quirúrgico, pero evidentemente su vocación por el poder -y los beneficios crematísticos que éste conlleva aquí- lo ha hecho olvidar su (teóricamente) principal deber: la defensa de los intereses de los trabajadores. Me refiero, por supuesto, al proyecto de ley para duplicar las indemnizaciones por despido, agravado por la pretensión de imponer la reincorporación forzosa de quienes hubieran perdido el empleo. Felipe Solá, para apoyar la iniciativa, habló de "sensación de desempleo"; con ello, ratificó que la oposición no puede justificar las cifras de pérdida de puestos de trabajo que declama, pese a que el oficialismo (Massot) le ha pedido que identifique a las empresas en que se hubieran producido. Toda la idea es tan disparatada que hasta la propia Cristina Kirchner, cuando era Senadora, se opuso fuertemente a ella por las mismas razones que hoy enarbola el Gobierno, con elemental razón, para intentar frenarla. Lo que supera toda capacidad de asombro es que los paladines de este dislate sean los mismos que, durante años, sirvieron como verdaderos eunucos a sus amos, mientras éstos saqueaban el país obscenamente, como quedó demostrado también esta semana con la aparición de miles de sillas de ruedas ya oxidadas en manos del Pami o la facturación al mismo por clínicas inexistentes. Ese modelo de ejercer el poder sólo para robar produjo un verdadero genocidio en la Argentina, confirmado nada menos que por Unicef, que informó que tres de cada diez niños es pobre al terminar la década relatada, y más de uno de esos tres se encuentra en la miseria más extrema. ¿Quedarán fanáticos capaces de seguir apoyando a la jefa de la asociación ilícita responsable de tamaña iniquidad u otros, como Forster, que confesó desear que a Macri le vaya mal? El mundo, después de la asunción del Presidente y, en especial, de la salida del default, está ansioso por invertir en la Argentina, pero huye despavorido cuando se entera de este tipo de adefesios, que no hacen más que agravar la inseguridad jurídica que caracteriza a nuestro país desde hace décadas. Si le agregamos la falta de estadísticas y de energía a las que nos condenó el kirchnerismo, es fácil prever que esas inversiones productivas en fábricas y empresas, tanto de extranjeros cuanto de los propios nacionales que conservan sus divisas en el colchón, no llegarán y la demanda de trabajo registrado no crecerá. Es más, la mera iniciativa debe haber acelerado la concreción de despidos, para evitar producirlos cuando esa norma rija. Las buenas noticias -desperdiciadas por el ineficaz aparato de comunicación gubernamental- han comenzado a llegar desde el exterior: la Corporación Andina de Fomento (CAF) ya hizo punta con créditos muy blandos para infraestructura, pero la seguirán otros como el BID y el Banco Mundial, y hasta la CFI, ésta para proyectos privados. Si no se cambia el destino de esos fondos -por ejemplo, utilizándolas para financiar el enorme gasto público heredado- crecerá la demanda de trabajo rápidamente, dado que la construcción es la industria con mayor efecto multiplicador. Pero el peronismo, la mayor fábrica de pobres que el país ha producido, ya ha comenzado a afilar sus uñas y, aún invertebrado por la falta de líderes y la consecuente disputa interna, a menos de cinco meses de la asunción de Macri está preparando la resistencia al cambio. Porque, si bien es cierto que aún no se han escuchado discursos de ruptura en boca del propio Camión o del Senador Pichetto, su nueva y lábil conducción -Gioja/Scioli/Caló- ha endurecido sus modos. A pesar de todo, creo que esta vez le resultará difícil lograrlo por una razón muy sencilla: las bombas y minas que la ex Presidente dejó armadas, que comenzaron a explotar tan pronto ella se refugió en su lugar en el mundo, han hecho que el país no tenga una moneda, mientras que sus fuentes habituales de recursos -la Venezuela de Chávez y la Rusia de Putin- se han desaguado por completo, e Irán está tratando de hacer buena letra. Se me podría responder que siempre queda mirar hacia China, pero ese país no es un prestamista ingenuo y, como lo pueden narrar el Ecuador de Correa o la Venezuela de Maduro, exprime a sus deudores hasta la inanición. Entonces, ¿cómo haría el PJ, en cualquiera de sus ricas variantes (montonerismo, menemismo, duhaldismo, nestorismo, cristinismo, massismo), para volver a financiar la loca fiesta populista? ¿Aumentaría aún más la presión impositiva? ¿Volvería a emitir indiscriminadamente? ¿Se apropiaría de toda la renta nacional? ¿Entregaría más territorio, como la base militar de Neuquén? Porque, si bien la Argentina de hoy ha vuelto al mundo civilizado, sólo podrá permanecer en él en la medida en que cumpla los standars internacionales en materia de información acerca de sus finanzas públicas, recupere la confianza mundial en sus instituciones y haga honor a sus compromisos, todas conductas harto difíciles de soportar para estos troncos secos a los cuales, según parece, les han retoñado los atributos masculinos, que estuvieron sin uso alguno durante el largo período kirchnerista. Dado que enfrente no tiene niños de pecho sino verdaderas fieras rapaces, me permito insistir en que el Gobierno, al que accedió Cambiemos con gran esfuerzo y no por mera herencia familiar, debe ponerse las botas ya mismo y decirle a la sociedad claramente y con los números en la mano cómo estaba la Argentina que recibió, la razón de las medidas adoptadas hasta ahora, qué piensa hacer con la inflación y con el desempleo, y cuándo se podrá recuperar la devastada economía; la Justicia, por su parte, cuándo irán presos quienes tanto robaron y se recuperarán esos dineros. Porque es innegable que las clases menos favorecidas ya la están pasando verdaderamente muy mal, y es necesario convencerlas de lo acertado del rumbo elegido, precisándoles cuánto más desierto deberán atravesar hasta llegar a la tierra prometida; si así no se hiciera, serán fácil presa de los políticos y dirigentes de siempre, los que nos trajeron hasta aquí en un suicidio nacional que al mundo entero le resulta inexplicable. La luna de miel, que aún se prolonga, no durará mucho si la propuesta es "contigo, pan y cebolla". Los argentinos nos hemos acostumbrado a recibir todo del papá Estado sin que ello implique cumplir con obligación alguna, y cambiar ese concepto llevará generaciones, siempre y cuando no nos equivoquemos más en las elecciones. Bs.As., 8 May 16 Enrique Guillermo Avogadro Abogado Tel. (+5411) ò (011) 4807 4401/02 Cel. en Argentina (+54911) o (15) 4473 4003 Cel. en Brasil (+5521) 8128 7896 E.mail: ega1@avogadro.com.ar

CAUDILLOS.....

ARGENTINA: ¿PRESIDENTES O CAUDILLOS? Calendar mayo 7, 2016 | Posted by Malú Kikuchi Argentina, país entrañable, curioso, querible y difícil, con comportamientos erráticos, casi imposibles de dilucidar. Hoy, el gobierno en la encrucijada que se encuentra, paradójicamente, no encuentra soluciones claras, ni apoyo popular. Un apoyo popular que consiguió hace apenas 6 meses, cuando Cambiemos ganó las elecciones. Las ganó por un 2%, margen escaso para hacer grandes reformas, imprescindibles luego de 12 años y medio de populismo y robo organizado. Se entiende que la gente rechace los sacrificios que la actual política exige. Se entiende que achicarse es horrible; que pagar la fiesta que ya fue y vació al país, fiesta que se disfrutó sin pensar en el día de mañana, se vuelva insoportable. Pero las fiestas se pagan. Esta verdad los argentinos no la quiere entender. Y nadie se toma el trabajo de explicarla de manera clara y sencilla: “no existe un almuerzo gratis” decía Milton Friedman, y siempre, antes o después, alguien lo paga. Llegó el tiempo de pagar. A las subas imprescindibles de las empresas que dejaron de invertir durante 12 años y medio (aunque para aumentar se podía haber esperado hasta bajar la inflación), los empresarios se lanzaron a remarcar precios. Los subieron con razones, luego por si acaso y después porque si. La situación es realmente complicada para el gobierno. Y daría la sensación que este gobierno, “el equipo”, cree que Argentina es Dinamarca, que no necesita un liderazgo fuerte. Pero Argentina está muy lejos de Dinamarca y no sólo geográficamente. El pueblo argentino viene por desgracia de una larga historia de caudillos y pareciera que no tiene ningún respeto por los presidentes que no ejercen el poder con mano firme. Según el diccionario, caudillo es un hombre que guía y manda a un grupo de personas, especialmente a un ejército de gente armada. Y de esos ha habido muchos, quizás demasiados, algunos muy respetables, otros no tanto. Martín Miguel de Güemes, José Gervasio de Artigas, Francisco Ramírez, Estanislao López, Juan Bautista Bustos, Facundo Quiroga, Juan Manuel de Rosas, *Justo José de Urquiza (a mitad de camino), Chacho Peñaloza, Felipe Varela y muchos más. Desde entonces, el caudillo ha sido una figura respetable, querido y requerido por su gente. El caudillo es uno, hace sus propias leyes y las aplica a su arbitrio. Adopta la forma de padre protector, ejerce el poder con mano dura e inspira confianza. “El padre” es responsable de sus hijos, por lo tanto los aciertos se comparten y los errores son del caudillo. “Los hijos” no asumen responsabilidad sobre los hechos que le acontecen. Dependen del caudillo. Lo aman o lo odian, pero lo respetan. El presidente es alguien que preside o dirige un gobierno. Debe ser electo, debe respetar la Constitución Nacional, comparte el poder con otros dos poderes, el legislativo (tiene que negociar) y el judicial que debe (debería) ser independiente. El presidente la tiene más difícil que el caudillo. Caudillo se nace, no se aprende. El presidente puede aprender. Ante grandes cambios, una economía restrictiva y una inflación galopante, un presidente constitucional corre serios riesgos. Más riesgoso aún si el presidente habla permanentemente de “equipo” y no centra las decisiones en su persona. Los argentinos quieren equipo en los clubes de fútbol y… un presidente fuerte. Al que le crean y en el que se puedan recostar sin temor. Mauricio Macri, tiene una excelente y prometedora imagen ante los gobiernos de los países del 1° mundo, esa imagen cae dentro del país. En la última encuesta de Raúl Aragón ya está en 49,3%. Bajar del 50% de aprobación hacer sonar alarmas. El peronismo es el partido del poder. Respeta a rajatabla las decisiones populares. Si el presidente tiene aprobación alta entre la gente, arriba del 50%, el PJ apoya. Si el presidente cae de la gracia del pueblo, el PJ pasa a ser un enemigo peligroso. Mientras los argentinos añoren los caudillismos y sus fiestas populistas y no quieran aceptar los costos de las mismas, intentar gobernar Argentina como si fuera Dinamarca, es un sueño que puede devenir en una pesadilla ya conocida. El presidente debiera contarle al país hacia donde quiere llevarlo y cómo piensa hacerlo. No puede permitir que los ministros aumenten combustibles y tarifas y se le comunique a la gente ya consumado el hecho. A la gente no le alcanza la plata. El presidente debiera saber que esto es Argentina, que el pueblo necesita sentirse contenido y seguro, sobre todo si está atravesando tiempos de ajustes sin que nada le sea explicado y vuelto a explicar, hasta que lo entienda y acepte. Porque hay cirugías que son inevitables y hay que convencer a los pacientes de que lo son. Después del dolor, con suerte y la pericia de un buen gobierno preocupado y ocupado por el bienestar de su pueblo, llega la bonanza sobre bases sólidas. Pero si se intenta combatir la inflación aumentando los combustibles cuando estos bajan en el resto del mundo, la situación se vuelve muy confusa para la gente que paga los costos. El pueblo no entiende y grandes mayorías no llegan a fin de mes. Un buen futuro para Argentina sería posible, sólo si el pueblo dejara de añorar los caudillos populistas y si el presidente le hiciera saber hacia dónde pretende ir. *Justo José de Urquiza, un caudillo al que se le debe la Constitución Nacional 1853.

Pacificación Nacional Definitiva: MISERICORDIA

Pacificación Nacional Definitiva: MISERICORDIA: Escuché ayer a María O'Donnell, en su programa radial, hacer un comentario sobre la foto de tapa del diario Página 12, que muestra ...

Pacificación Nacional Definitiva: MILITARES RETIRADOS CUESTIONAN LA LEGALIDAD DEL PR...

Pacificación Nacional Definitiva: MILITARES RETIRADOS CUESTIONAN LA LEGALIDAD DEL PR...: OPERATIVO INDEPENDENCIA Juan Miguel Giuliano afirmó que los imputados deberían estar libres porque el juicio sería “insanablemente nulo...

FRACASO

RECETA PARA QUE MACRI NO FRACASE Macri dijo ayer que "hay que tener cuidado con aquellos que no quieren que al gobierno le vaya bien...Hay muchos que por obsesión de poder o por ego, en vez de colaborar, lo único que buscan es obstruir. Eso no es aceptable" ("La Nación" 6/5/2016, pag. 11). Antes que nada debo indicarle a Macri que ningún argentino de bien puede querer que "al gobierno le vaya bien" sino que al país y a sus habitantes en general les vaya bien. Considerar que el bienestar del gobierno es el centro de todas las cosas, es una peligrosa manera de ver la función de gobernar. Eso es "obsesión de poder y ego", como él mismo lo dijo en ese mismo momento y el formato de las dictaduras. Hay dos clases -por lo menos- de dictaduras: la que impone por la fuerza un determinado proyecto político cuya cabeza son el dictador y sus cómplices, y la otra es la que impone la continuación de un estado calamitoso en el país dejando actuar a los factores disolventes mediante el simple sistema de no hacer nada, paralizando fuertemente el poder que monopoliza dejando al país inerme. La primera es una dictadura clásica, la segunda es una dictadura de nuevo cuño que se da en los países severamente aquejados de injusticias innumerables, cuando su gobierno está en manos de un cínico inmoral e inepto. Macri se ha convertido en un arquetipo de esta segunda forma dictatorial. Hace cinco meses que está en el poder y no ha hecho NADA para reparar las injusticias que padecemos. Sin embargo, sólo él tiene poder para hacerlo. Si pudiera concedérsele el beneficio de la duda, se podría decir que tal vez no sepa qué hacer. Pero si es así, es una indecencia haberse postulado para el cargo ya que si hay alguien que conoce su mediocre personalidad es él mismo y, lo que es peor, haber designado como reemplazantes suyos en caso de renuncia o colapso psico-físico, a una mujer de izquierda, discípula del Cardenal Bergoglio, la Sra. Michetti , y luego de ella al aún más cínico Federico Pinedo. O sea, dejó al país sin escapatoria. De todas maneras, si por un milagro Macri dejara de ser Macri y se convirtiera en un hombre justo, honesto y patriota, que quisiera gobernar para que al país le vaya bien, voy a mostrarle mi espíritu de colaboración dándole una receta de lo que tendría que hacer para lograr ese objetivo realmente deseable. 1) Como dije más arriba, abundan las injusticias por todas partes. Ciertamente no todas pueden ser reparadas de inmediato, por eso hay que empezar por las más flagrantes. Pero para eso, lo primero -y aquí el primer ingrediente de mi receta- es necesario proponerse seriamente servir a la Justicia, cueste lo que cueste, dejando de lado la obsesión de "hacer política". La lista de las injusticias mayores y más urgentes es la siguiente: 2) Liberar a los 2.000 secuestrados políticos mediante un decreto de indulto a favor de todos ellos y una orden al Servicio Penitenciario de abrirles las cárceles de inmediato. Además, debe disponer que el Estado les entregue un adelanto de la indemnización que se les debe por las monstruosidades jurídicas cometidas contra ellos por los tres poderes durante doce años, a fin de que tengan un fondo con el cual valerse los primeros meses de su liberación. En cuanto sea posible el Estado deberá indemnizarlos por el enorme daño que se les causó. 3) Los jueces de la Corte Suprema y los demás jueces federales y camaristas penales deben ser destituidos y reemplazados por magistrados sabios, justos, honestos, decididos y de buenos sentimientos. Dado que no tiene mayoría en el Congreso ni en el Consejo de la Magistratura, debe destituirlos por decreto de necesidad y urgencia y nombrar "en comisión" a los reemplazantes, basando ese decreto en que fueron ilícitamente nombrados por los gobiernos usurpadores de los Kirchner (ver. Nros. 792 y 819 de “La botella al mar”), o sea, que ellos también son usurpadores; por los notorios delitos de prevaricación que todos ellos han cometido (y que se deben enumerar en los "Considerandos" de ese decreto) y en la total inaceptabilidad de su continuación en los cargos que usurparon por ser de gravísimas consecuencias para el país. Luego deberán ser procesados por los delitos que cometieron. Los jueces de los otros fueros deben ser examinados con el mismo fin, caso por caso, porque también muchos de ellos son totalmente incapaces, deshonestos y denegadores de Justicia. Para esta tarea debería empezar por remover a su ministro de justicia, Garabano, un notorio incapaz y partidario de las injusticias kirchneristas contra los militares, y designar un nuevo Ministro, además de una comisión de juristas capaces e independientes que trabajen en la fundamentación de ese indispensable decreto de necesidad y urgencia. 4) Las FFAA y las FFSS deben ser restablecidas y debidamente equipadas. Los oficiales superiores actuales, por su notoria complicidad con las injusticias que se cometen con sus camaradas secuestrados y en la destrucción de las Instituciones armadas, deben ser reemplazados por oficiales dignos y patriotas, con buenas ideas sobre el honor de su oficio y del bien moral de la Nación. 5) Todo desorden público debe ser reprimido con energía impidiendo totalmente los piquetes, huelgas salvajes y extorsiones gremiales. Hay que promover la renovación de la "dirigencia" sindical, enteramente corrupta, interviniendo los sindicatos y llamando a elecciones sin permitir interferencias de los dirigentes desplazados ni de la izquierda, subversiva por naturaleza. En esta tarea deben colaborar las FFAA con las FFSS. 6) La burocracia estatal, el inmenso número de sus empleados (alias "ñoquis") y sus intervenciones en la economía deben ser urgentemente reducidas a lo mínimo indispensable para impedir los abusos bancarios y empresariales. Eso disminuirá drásticamente el deficit fiscal y habilitará fondos para las verdaderas funciones del Estado que debe concentrarse en garantizar la seguridad personal exigiendo el máximo esfuerzo a las FFSS y si es necesario, reforzarlas con las FFAA; la atención hospitalaria; la creación de una moneda confiable; las obras de infraestructura con lo cual dará trabajo a innumerables desocupados; el respeto de las garantías y derechos individuales que sostiene la Constitución, acabando con el Estado inquisitorial y confiscatorio disfrazado de "honestidad fiscal"; suprimir el impuesto a las ganancias sobre los individuos, derogar el IVA y el impuesto a los bienes personales. Reemplazar a los ministros y altos funcionarios que adhieren a las fobias kirchneristas y a aquellos cuyo único mérito es ser del PRO o amigos de Macri. Cumplir con el requisito de idoneidad del art. 16 de la Constitución para cualquier designación para un cargo público. 7) Acabar con el monopolio de las candidaturas que detentan los partidos existentes, todos peronistas (inclusive el PRO) o de izquierda, dando libertad de candidaturas según las normas del Pacto de San José de Costa Rica. 8) Exigir a los diarios de información general que no intenten influir en la política ni en las ideologías de los ciudadanos con mensajes subliminares u otros artificios destinados a promover a algunos y a denigrar a otros. La libertad de prensa no puede ser una patente de corso otorgada a los periodistas para servir sus ideologías desde los grandes medios de difusión sino sólo para dar toda la información del día, sin conspiraciones del silencio contra los que no tienen prensa a causa de sus buenas ideas. 9) Actuar de inmediato ante la nueva Justicia imparcial contra los corruptos de los gobiernos anteriores, para que reciban un castigo ejemplificador y para que restituyan las riquezas mal habidas. * * * Estas medidas son absolutamente democráticas porque para eso fue votado Macri por la mayoría (?) del electorado. Ninguna ley, ni la misma Constitución , puede ser un impedimento para el JUSTO reclamo de la mayoría del pueblo. Salus populis, lex suprema (Eso no quiere decir que la mayoría puede hacer prevalecer a injusticia. Ese no es el caso.) Además, se apoyan sobre el art. 36 de la Constitución (versión 1994) ya que durante los doce años del kirchnerato todas las normas de la Constitución fueron violadas y, por lo tanto, como dice ese artículo todos sus “actos son insanablemente nulos” y “todos los ciudadanos tienen el derecho de resistencia contra quienes ejecutaren (tales) actos de fuerza”. Con tanta más razón lo tiene el Presidente de la Nación con el mandato que le confirió el pueblo al votarlo. También dice el art. 36 que “quien incurriere en grave delito doloso contra el Estado que conlleve enriquecimiento ilícito” queda inhabilitado para ejercer cargos públicos”.Es sabido que todos los funcionarios del kirchnerato cometieron innumerables actos de deshonestidad contra el Estado. Luego quedaron inhabilitados para ocupar cargos públicos desde el primero de ellos, luego fueron usurpadores desde el primero de ellos. Los jueces los dejaron hacer, por lo cual cometieron el delito de prevaricato, luego la permanencia en los cargos de cualquier funcionario o juez que venga de esa época es contraria a la Constitución. Es verdad que la oposición a estas medidas por parte de la izquierda y de los intereses creados por el kirchnerismo, será feroz. Pero Macri deberá afirmarse en su deber de actuar como Presidente de la Nación y resistir esa furia injusta sin dejar de hacer lo que debe. De lo contrario, será aplaudido por los enemigos de la Patria y despreciado por los buenos argentinos cuyo apoyo, en cambio, sería decisivo si lo hiciera. Macri no debe menospreciar la importancia decisiva de ese apoyo. Lo fortalecerá políticamente, a pesar de las apariencias en contrario que intentará crear la prensa. Esta es la receta que lo puede salvar del fracaso y disminuir la pobreza de verdad, y no apenas con subsidios que sólo valen como medidas transitorias de emergencia porque lo que el hombre quiere es trabajar y vivir de su trabajo. Y recuerde que el peor fracaso es frustrar la esperanzas legítimas de quienes lo votaron. Cosme Beccar Varela

jueves, 5 de mayo de 2016

DESHONESTIDAD

DESHONESTIDAD El umbral de la deshonestidad Por Alberto Medina Méndez Cuando ciertos hechos de corrupción se mediatizan y llegan a oídos de la opinión pública, con sobrados motivos, la gente se escandaliza, se indigna y no puede contener su bronca e impotencia. Esta actitud no es inadecuada en sí misma, de hecho es esperable. Pero vale la pena reflexionar profundamente acerca del verdadero trasfondo de esta reacción ciudadana. Por momentos, diera la sensación de que la corrupción como hecho puntual no es lo que molesta, sino el contexto general, algunos pormenores y, sobre todo, el modo burdo en el que se desarrollan estas canalladas. La gente cree que los gobernantes, en general, son corruptos. Ya no caben dudas al respecto. Esta no es una mera suposición ya que lo afirman los estudios más serios sobre el tema. No solo ocurre así en este país, sino en casi todo el planeta, aunque con visibles matices bastante diferenciados. El ciudadano de a pie intuye que el funcionario de turno, de cualquier jurisdicción y color político, se apropia de los recursos públicos en alguna medida. Supone que algunos roban ofreciendo favores a cambio de dinero, pero también cree que los otros, lo hacen con una disimulada eficacia adueñándose de "monedas" pero bajo una idéntica y equivalente actitud. Ese individuo, alejado de la labor estatal, lo sospecha, pero en realidad no lo sabe con precisión. Algunas señales pueden darle más asidero a sus presunciones, pero no dejan de ser tales porque los elementos concretos que confirmarían su visión no están a mano, ni son contundentes. A la política tradicional este asunto no le preocupa demasiado. Algunos personajes se ofenden por esa exagerada generalización, pero tampoco hacen demasiado para transparentar su propia gestión. Enojarse sirve de poco. En todo caso bien valdría intentar comprender en que se basan esas impresiones subjetivas de la sociedad, y eventualmente, actuar fuertemente sobre ellas, con acciones concretas y no con discursos vacíos. Los dirigentes tampoco hacen mucho al respecto, pero ya no por desidia, negligencia o abulia, sino porque claramente precisan de esa "oscuridad" en la administración de los recursos públicos que les resulta vital y funcional para hacer política a diario financiándose con las arcas del Estado. Es interesante analizar detenidamente ese fenómeno de naturalización y de segmentación de la corrupción. Es increíble como se ha deteriorado progresivamente el estándar moral de la gente, moviéndose en las últimas décadas, en la dirección indeseada y a una gran velocidad. Solo parece intolerable aquella corrupción que resulta obscena, que demuestra su impudicia sin camuflaje alguno, que ofende a la sociedad por la ostensible impunidad y la falta de decoro de sus protagonistas. Pero es importante comprender que las causas de la corrupción pasan por otro lado. Los casos más escandalosos, son solo eso, una versión agravada de lo cotidiano y por eso tal vez fastidien tanto. Lo preocupante es que la sociedad solo condena aquellos actos de corrupción desenfrenada y no a otros de menor cuantía. Cataloga como ladrones solo a los que detentan un gran prontuario y no al resto que, haciendo lo mismo, no han sido aun descubiertos, o que por su significación económica no parecen tan trascendentes. Claro que las proporciones tienen relevancia, pero si alguien mata a una persona de una decena de puñaladas generando una enorme conmoción por el ensañamiento y por su crueldad, eso no convierte automáticamente al homicida que asesina con un solo golpe certero, en un ciudadano inocente. La malicia debe ser cuestionada siempre y no solo cuando alcanza cierta envergadura. Un ladrón es alguien que se adueña de lo ajeno sin su consentimiento. Ese calificativo no puede depender de la cuantía de lo robado, ni de la espectacularidad del suceso, sino de su lineal accionar. La sociedad moderna ha incorporado ciertas costumbres y se ha adaptado mansamente a ellas. Acepta lo inadmisible como si fuera un hábito correcto. La resignación y la sumisión siguen siendo pésimas aliadas y la política lo sabe, por eso se aprovecha de esta complicidad cívica sin piedad. Todos estos hechos de corrupción son solo la punta del ovillo. Bienvenido este instante en el que muchos de esos casos se están conociendo con lujo de detalles, pero es importante ir hasta el fondo, ya no solo para descubrir a los verdaderos "jefes de la banda" y desenmascararlos, sino para empezar a desmontar la maquinaria que permite que esto suceda casi a diario. Desarticular la corrupción no se consigue solo encarcelando a los más renombrados delincuentes. No desaparecerán de la escena este tipo de situaciones tan fácilmente. Mutarán, se reconvertirán, buscarán otros mecanismos, pero finalmente sobrevivirán y entonces vendrán nuevas generaciones de malhechores dispuestos a apoderarse de lo impropio. Para ser eficaces en esta dura batalla contra la indecencia, se debe ir hasta el hueso. Primero es imprescindible comprender la dinámica del Estado, su arbitrariedad y los resquicios que eso genera. La causa originaria no está en el accionar aislado de un conjunto de delincuentes, sino en la existencia y supervivencia de un sistema perversamente inmoral que ha sido diseñado intencionalmente para facilitar estos instrumentos que resultan funcionales a la política en general y, especialmente, a sus intérpretes. Claro que hay que hacer reformas para que esto no vuelva a ocurrir nunca más. Es demasiado evidente que no alcanza con arrestar a unos cuantos, ni mucho menos con horrorizarse frente a ciertos groseros ilícitos. Pero la sociedad también debe asumir su cuota de responsabilidad e intentar hacer su parte, encarar lo necesario y modificar su elemental matriz conceptual. Si la gente considera que quedarse con "un poco" de dinero de los contribuyentes es normal, que esas son las reglas de juego, que así fue siempre y no es tan grave, pues entonces todo seguirá exactamente igual y estos incidentes serán solo una anécdota más sin que esto haya servido para casi nada. No existen dudas de que la política es responsable de lo que sucede pero la sociedad también es parte central de este pérfido mecanismo y tiene en sus manos la llave para lograr un cambio con mayúsculas. Solo debe replantearse el problema, operar sobre sus verdaderas causas y cuestionar activamente su actual visión sobre el umbral de la deshonestidad

Pacificación Nacional Definitiva: MISERICORDIA

Pacificación Nacional Definitiva: MISERICORDIA: Escuché ayer a María O'Donnell, en su programa radial, hacer un comentario sobre la foto de tapa del diario Página 12, que muestra ...

LA PRÓXIMA ARGENTINA

Esta Justicia Federal que, no da resuello para las sorpresas, genéricamente desagradables, nos entrega otro capítulo. El caso fue que esta "muestra gratis del Ministerio Público Fiscal" -lease Marijuan-, cuando allanó la Notaría de un "cara lisa", apellidado Albornoz en Rio Gallegos, creyó que se incautó de todo el plexo contra Baez, pero en un acto propio de su impericia, omitió ordenar a un cerrajero o incluso al propio titular de la Escribanía que, procediera a abrir una caja fuerte que se encontraba a la vista de todos los presentes. En la misma se guardaba toda la documental que, acreditaba todos los contra documentos, suscritos entre Lázaro y sus testaferros, de todas las operaciones inmobiliarias, perfeccionadas entre el 2005 y el 2013. Esa instrumental, de haber sido incautada, le hubiese ahorrado a la investigación en trámite, más de dos años que, son los que le irrogarán al pelotudo del Instructor Casanello, desentrañar la compleja madeja de simulaciones ilícitas, de todo el imperio de este mendigo devenido en millonario. Otra prueba palmaria de las lesiones cerebrales colectivas de Comodoro Py. Pero con independencia del accionar negligente de jueces y fiscales, en todas las Causas en trámite, en este Circo sin animales domesticados, pero con muchos payasos, el caso en debate, es lo que acontecerá, después de julio, por indicar un periodo que, de manera alguna es certero, sino aproximativo. En mi humilde opinión y la de muchos que saben muchísimo mas que este informante, el panorama en ciernes es el siguiente: Según una estimación, incluso en algunos aspectos, optimista, más de cien mil Pymes, se sumarán en el quebranto, a las que ya se encuentran fallidas. Más de seiscientos mil Argentinos, ya no cuentan con fuentes laborales, desde diciembre del pasado año. Si se suma un millón quinientos mil de jornaleros, a los ya despedidos, no podrá operar ese mamarracho de "tachame la doble" como en el juego de la Generala. Pero si tal implosión laboral, tomase cuerpo, los "gordos de Azopardo", antes de perder el resto de caudal de afiliados, severamente menguado, instaran, con previas y altas dosis de aceite de ricino, a los "morochos", a que lisa y llanamente "tomen fábricas", pero no en señal de protesta, sino en carácter de "cooperativas de auto gestión"; con el candente peligro en proceso que, una nueva dirigencia sindical y de carácter trotskista, los envíe a la banquina a todos estos hampones, disfrazados de "compañeros". Soñar y anhelar que, digamos a partir de agosto, la inflación se reducirá a dos y hasta tres puntos, es una humorada, a poco de colegir que tan solo en 48 horas, el precio de los cigarrillos, aumentó a un promedio del setenta por ciento. Y todos los productos de consumo masivo, se están equiparando, porque en materia de subas, no existen los compartimentos estancos, y los bolsillos de los consumidores permanecen anoréxicos. Lo que habrá de agigantar el enfriamiento de la economía. Con ese panorama, sería ilusorio hipotetizar que MM, no terminará "poniéndose el país de sombrero". Se lo pondrá de cualquier forma, con su voluntad o sin ella. Todo lo cual, me lleva a deducir quien o quienes, lo sucederán, cuando tenga que irse de Olivos "de perfil y agachado", si tiene suerte y no se inmola en el intento. A estas alturas, y por la actitud diletante de Lilita, creo que la figura de Margarita Stolbizer, comenzara a crecer, porque su desinsaculacion, inexorablemente surgirá de una eventual Asamblea Legislativa, si todo salta por la borda, como parece mas que posible. Esta movida de una nueva superintendencia de los Encargados de edificios de Propiedad Horizontal, a la que muy pocos le asignan importancia institucional, es el ariete de una fisura silente, pero del todo atentatoria contra el principio del derecho de la propiedad, ya escorado por el nuevo Código Civil y Comercial de la Nacion. Y para concluir, dos ejemplos que, aunque ideologicamente antagónicos, nos demuestran que, la suma del poder publico, no estuvo a lo largo de la historia, anudado al pillaje, muy a pesar de nuestros impresentables Oficialistas y Opositores por partida doble. Cuando Hitler se suicido en su bunker de Berlin y la guerra llego a su fin, comenzaron a desparramarse las historietas del oro nazi y la acumulación que el suicidado tenia guardado para su coleto. Fue recién en 1948, cuando un ex Coronel del Ejercito Norteamericano, interesado por la linea familiar del Fuhrer, con poca dificultad, dio con el paradero de Paula Hitler; su única hermana por doble vinculo. Habitaba un alquilado y muy modesto departamento de dos ambientes, frente a la estación ferroviaria de Braunau -el pueblo natal de ambos-, y vivía de una magra pensión del asistencialismo del Gobierno Austriaco. Unos años después, en 1953, fallecía el mayor nemesis hitleriano -Josef Stalin. Su única heredera fue su hija Svletana, a quien le lego un lúgubre departamento mono ambiente, con frente a la Plaza Roja en Moscu. Tomemos nota de estas pequeñas viñetas de la historia, mientras nos solazamos con LA PRÓXIMA ARGENTINA LUEGO DEL PRIMER SEMESTRE Cordialmente Carlos Belgrano.- alarosadatodos@gmail.com

miércoles, 4 de mayo de 2016

LA FARSA

"Entrampados en la farsa" El populismo y la decadencia argentina Emilio Ocampo – Suelo decir que el populismo es una desgracia superada en Europa y leo en tu libro que somos los únicos que introducimos una innovación a la dialéctica hegeliana (tesis – antítesis – síntesis), nosotros no superamos los conflictos, nosotros nos repetimos, y en Argentina ha hecho estragos… Es lo que intenté contestar en el libro. Si hay 40 millones de argentinos pensantes debe haber 40 millones de teorías respecto de cuál es el problema de la Argentina. Yo busqué una explicación basada en un sustento científico. Yo viví 10 años fuera del país y cuando volví, en 2005, recién empezaba un ciclo muy positivo en los mercados internacionales con el aumento de los precios de los productos agrícolas; y pensé que iba a ser una gran oportunidad para la Argentina porque finalmente saldríamos del laberinto en el que nos habíamos encerrado. Me equivoqué, porque en vez de ocurrir lo que yo pensaba, que era que íbamos a saber aprovechar estas circunstancias favorables, terminamos al revés. Hoy, en relación al resto del mundo estamos peor que en 1998, por más que les cueste aceptar a los fabulistas ultrakirchneristas. La pregunta es cómo puede ser que entrando en la puerta del siglo XXI cometiéramos los mismos errores que ya se habían cometido tiempo atrás; cómo puede ser que el experimento que comenzó en 2003 terminara de la misma forma que los otros experimentos populistas. Hay algo que se viene repitiendo a lo largo de los últimos 70 años. Cuando algo va mal y lo seguimos repitiendo, es porque hay un problema de aprendizaje, porque generalmente uno aprende de sus errores. Yo creo que hay un homo sapiens argentus, que tropieza con la misma piedra más de dos veces, permanentemente, y esa piedra es el populismo. El tema del populismo ha llamado la atención de científicos sociales, economistas, historiadores y cada uno tiene su teoría y lo define a su manera. Lo que traté de hacer yo es empezar por la economía que la disciplina en la cual yo me formé y, después en la historia como en otras disciplinas tratando de buscar una explicación integral a este fenómeno. Si lo repetimos es porque no hubo aprendizaje. ¿Por qué este país, que en 1945 era uno de los 10 países más ricos del mundo, una de las 8 economías más importantes del mundo occidental y la primera economía de América Latina, está prácticamente en la posición 60 en el ranking de PBI per cápita? La experiencia argentina es única. Ningún país cayó desde una posición tan alta como la que teníamos. Argentina era entre 1890 y 1945 uno de los 10 países más ricos del mundo. Venezuela y la Argentina son los únicos dos países del mundo que llegaron a ser de los más ricos y ambos perdieron esa posición. – Desde la arista económica Ud. dice que los ciclos son recurrentes, alza en los precios de commodities, auge para luego pasar al derroche, la crisis y el ajuste. Los economistas tienen la noción de algo que llama "la maldición de los recursos naturales" y la idea es que los países con mayores recursos naturales terminan empobreciéndose. Pasó con países con riquezas minerales, en Africa, por ejemplo, con los diamantes y el oro, que terminaron con presidentes déspotas, personajes corruptos que se apropiaron de esas riquezas. Peor no es verdad que cualquier país con recursos naturales termine empobreciéndose porque Canadá, Estados Unidos y Australia tienen enormes riquezas naturales y, sin embargo, no se han empobrecido. El problema no son los recursos, el problema son los gobiernos que tienen los países. Yo vinculé los precios de los commodities con los gobiernos que tuvimos en cada ciclo y demuestro en el libro que cada vez que hemos tenido ciclos de auge en los precios de los commodities, hemos tenido populismo. Para ser más específico, en los últimos 100 años hubo 4 superciclos económicos de los commodities. El primero empezó un poco antes de la Primera Guerra Mundial y terminó en el año '20. Después tuvimos otro superciclo que empezó en 1945 con un pico alcista en el año '50; otro ciclo con un pico en los años '73-'74 y el último con pico alcista en el año 2012. En los últimos 3 picos tuvimos populismo y de esos 3 ciclos el populismo terminó igual. Empezó con una alegre redistribución de ingresos a costa del único sector productivo de la Argentina y, cuando los precios dejaron de subir, surgió la crisis. – Una redistribución engañosa, porque, finalmente, estamos más empobrecidos. Los griegos tenían el famoso mito de Sísifo, un personaje al que los dioses habían condenado a empujar una piedra hacia la cima de una montaña y cuando llegaba, volvía a caerse la piedra y tenía que volver a empujarla una y otra vez. No sólo es engañosa como vos decís, es perversa, porque cada vez los precios de los comodities son más bajos y cada vez el país está más pobre con lo cual el populismo cada vez nos hace más pobres porque hay menos para redistribuir. Lo nuestro es un mito de Sísifo potenciado. Pensá que en el año '45 teníamos una infraestructura de puertos, ferrocarriles, de instituciones fuertes, que era mucho más avanzada que cualquier país de América Latina y hoy tenemos un país en un estado desastroso. El tren de Buenos Aires a Rosario iba más rápido hace 60 años que ahora... – ¿Cuáles son las características específicas del populismo en la Argentina? Comparemos con Venezuela que es otro país en donde el populismo hizo estragos. En Venezuela el populismo se establece a partir de la empresa estatal PDVSA, que redistribuye las ganancias de la manera que el populista de turno le place. En Argentina había un sector de la economía muy eficiente que generaba riqueza en gran escala, ese sector era el agropecuario. La diferencia es que en Venezuela se trata de una empresa estatal, mientras que en la Argentina se trata de un sector productivo, de miles de productores agropecuarios. Es muy diferente utilizar la renta excedente de una empresa estatal, que confiscar la renta agropecuaria. Esto comienza a partir del año 1946 para financiar una industria ineficiente, un Estado ineficiente y sueldos artificialmente altos. – Y la riqueza personalísima de los líderes populistas. Y la riqueza, pero la corrupción en los primeros tiempos -comparada con la actual- era de niños de pecho. El esquema populista -en uno y otro país- es muy diferente. En otros países el populista quiere hacer la de Robin Hood, sacarle a los ricos para darle a los pobres; aquí ha sido "vamos a sacarle al sector agropecuario", porque a los ricos no se les ha sacado nada. A Cristóbal López se le dio una máquina de generar dinero con el juego, un sector improductivo de la economía. Este es un populismo que castiga al sector más productivo pero, para castigarlo, hay que crear una narrativa, porque esta práctica es injustificable, porque dice -como George Orwell- que hay argentinos que son más iguales que otros. En el relato que propone el peronismo, el productor agropecuario es un oligarca que -desde tiempos inmemoriales- explota al pueblo en combinación con los poderes imperiales. Este es el relato fabulista que ha promovido el peronismo, y el populismo en general. – Un sector que tributaba hasta el 90% de su renta… Así es y este es el mal fundamental de la Argentina. Por eso mi teoría se basa en la maldición de los commodities, es decir, que todo lo que podía haberle permitido a este país ser rico, es lo que gracias al populismo lo hizo pobre. – Mariano Grondona tiene una teoría, que los pueblos tienen sus sistemas de valores, que las sociedades que crecen creen en el trabajo, el esfuerzo, y las que no, creen en la suerte… Yo lo cito en mi libro, aunque los economistas -por lo general- observen lo que pueden medir y la cultura es muy difícil de cuantificar pero esto está cambiando porque a raíz de encuestas a través del mundo uno puede mensurar ciertas cosas. Como bien decís aquí hay un problema cultural que es fácilmente medible. Una de las formas de ver cuáles son los valores prevalentes de la sociedad es a través de los valores que los argentinos inculcan a sus hijos. Durante mi investigación quise saber si la cultura era la culpable de la decadencia, porque hubo un tiempo en que la Argentina no era decadente. Entonces, si la cultura fue la culpable, ¿por qué no lo fue antes? Tuvo que haber un factor catalizador, y encontré lo que decían de nosotros los extranjeros que venían a la Argentina. Darwin, por ejemplo, padre de la teoría de la evolución, dijo que los argentinos no eran muy apegados al trabajo y que parte del problema era que había mucho acceso al alimento. En 1833 lo visita a Rosas en el desierto y llega a esta visión bastante negativa. Otras cosas que encontraron los visitantes es que el argentino es bastante anti extranjero, lo cual es bastante absurdo porque todos lo somos. Alberdi decía que la animadversión al extranjero era suicida. Otros opinaron que el argentino se cree el heredero de una gran fortuna y, por lo tanto, no tiene que trabajar. Mi interpretación es que esta cultura anti trabajo es de alguna manera subyugada por una clase dirigente que ve con claridad hacia dónde debe ir el país y por eso en algún tiempo crecimos. Esto cambia a partir de los años '30. – Entonces, repetimos los ciclos pero… ¿es optimista respecto de lo que viene? En algunas cosas soy optimista, hay que ser optimista.

martes, 3 de mayo de 2016

CINISMO

Inflación y desocupación: terminemos con el cinismo por Roberto Cachanosky Quieren los beneficios, pero no pagar los costos de arreglar el destrozo que dejó el kirchnerismo El viernes pasado los dirigentes sindicales hicieron un acto de protesta contra la inflación, el impuesto a las ganancias y los despidos. Su propuesta se limita a apoyar la ley de doble indemnización. Ellos dicen que no afectará la incorporación de nuevos empleados porque la ley corre solo para los que ya están empleados. Los nuevos empleados no tendrían doble indemnización si fueran despedidos como los que ya están trabajando. Es decir, para los dirigentes sindicales y para el FPV que apoya ese proyecto junto con varios partidos de la oposición, habría trabajadores de primera y trabajadores de segunda clase. Los de primera clase se verían beneficiados con la doble indemnización. Los de segunda clase, normalmente los que hoy no tienen trabajo y podrían conseguirlo, pasarían a la categoría de segunda clase. A esos sí se los puede despedir sin doble indemnización. Pero creo que tanto los políticos de la oposición, periodistas en general y dirigentes sindicales deberían dejar de ser tan hipócritas, en tanto que en el gobierno tendría que dejarse de jorobar y presentar un plan económico que genere confianza y en reforma global. No digo que esa reforma tiene que ser aplicada de un día para otro, digo que debe ser anunciada para marcar el rumbo. A los primeros, dirigentes políticos, sindicales, periodistas, digo que son unos hipócritas porque se oponen a bajar el gasto público pero también quieren que el BCRA no emita para financiar el gasto a sí frenar la inflación y además protestan por las escalas y el mínimo imponible de ganancias. Es decir, un periodista te dice que es una barbaridad que no bajen ganancias, pero si les decís que hay que disminuir la cantidad de empleados públicos te tratan de insensible. De ajuste salvaje. Repasemos las opciones. Del lado de los ingresos el gobierno tiene las siguientes opciones de financiamiento: 1) impuestos, 2) endeudamiento (interno y externo), y 3) emisión monetaria. Todos claman por menor presión impositiva y está bien que así sea porque nos está matando. Al mismo tiempo todos piden que pare la inflación porque la gente no llega a fin de mes. O sea que el BCRA deje de emitir. Lo cual también está bien. Y, finalmente, todos protestan por la alta tasa de interés que puso el BCRA para el endeudamiento en LEBACS lo cual paraliza la economía. Quedaría solo la opción del endeudamiento externo pero eso generaría problemas con el tipo de cambio real porque el ingreso de dólares por endeudamiento público haría bajar el tipo de cambio afectando el comercio exterior haciendo artificialmente baratas las importaciones y artificialmente caras las exportaciones. Así que cuando uno mira por el lado de los ingresos no hay opciones para enfrentar la herencia k. Vayamos ahora por el lado de los gastos. Los rubros en los que se puede bajar el gasto son: 1) remuneraciones, 2) jubilaciones, 3) subsidios económicos, 4) subsidios sociales, y 5) obra pública. Si uno propone reducir la cantidad de empleados públicos, enseguida saltan con el ajuste salvaje y la desocupación. No importa que haya capas geológicas de empleados estatales que se van acumulando con el paso de los gobiernos y no producen nada útil para el conjunto de la sociedad. Ahora, si ante la negativa a reducir los empleados estatales uno le dice al periodista, al sindicalista o al político que no se puede aumentar el mínimo no imponible de ganancias, entonces saltan como leche hervida y lloran diciendo que la gente no aguanta más pagar tantos impuestos. ¡No sean cínicos! ¿Cómo quieren que se mantenga a la legión de empleados públicos que hay a nivel nacional, provincial y municipal? El otro rubro en que podría bajarse el gasto es en jubilaciones, pero la realidad es que es impensable que un jubilado, sometido a este sistema de reparto ineficiente, pueda sobrevivir con las migajas que recibe. Así que este rubro yo diría que es intocable. No se puede bajar. Quedan los subsidios económicos (luz, transporte, gas, agua, etc.) en los cuales el gobierno ya está trabajando, pero claramente no alcanza para controlar el déficit fiscal. Solo un dato. El gobierno se ahorrará unos $ 160.000 millones por la suba de las tarifas de los servicios públicos pero pierde otros $ 170.000 millones en el gasto cuasifiscal con la suba de la tasa de interés. Paga esa cifra por la deuda en LEBACs. Es decir, el gobierno asume el costo político de subir las tarifas pero no se traduce en una mejora fiscal porque el ahorro se le escapa por otro rubro. Y podía citar más ejemplos. Y aun así la gente protesta por el aumento de la luz, el gas, el colectivo, etc. Luego se puede bajar el gasto en los llamados planes sociales pero enseguida saltan los "progres" diciendo que eso es intocable porque es un derecho humano. Así que como vivir a costa del trabajo ajeno se transformó en un derecho humano, los cínicos no quieren bajarlo. Finalmente mi propuesta sería que las obras públicas (rutas, puertos, etc.) lo hagan empresas privadas y cobren peajes, pero ante esta propuesta salta el energúmeno que dice: eso es volver a los 90. Nada de privatizaciones quiere la gente. Resumiendo, si no tenemos de dónde obtener más recursos y ponemos mil excusas para no bajar el gasto público, entonces, terminemos con la hipocresía de quejarnos de la inflación y la desocupación y sigamos así hasta que la crisis sea tan profunda que la gente clame por una solución de fondo. Finalmente diría que el gobierno debería dejarse de jorobar y dar un minucioso detalle de la herencia recibida, plantear el camino a seguir y qué medidas se aplicarán. Hay salidas medianamente rápidas, pero no con esta idea que impulsa el gobierno de que es todo cuestión de administrar mejor. El país necesita reformas de fondo, no administrar eficientemente un estado sobredimensionado y un sistema tributario impagable. Hoy estamos entrampados entre el cinismo de los dirigentes sindicales, políticos de la oposición y periodismo en general y la parálisis de un gobierno que se niega a tomar el toro por las astas y apuesta todo a un milagro de llegada de inversiones que, como el gas oil de Moreno, todavía no se lo ve llover.

Pacificación Nacional Definitiva: SE CUMPLEN 34 AÑOS DEL HUNDIMIENTO DEL CRUCERO ARA...

Pacificación Nacional Definitiva: SE CUMPLEN 34 AÑOS DEL HUNDIMIENTO DEL CRUCERO ARA...

Pacificación Nacional Definitiva: LOS JUICIOS DE LESA HUMANIDAD ¿OFRECEN UNA GARANTÍ...

Pacificación Nacional Definitiva: LOS JUICIOS DE LESA HUMANIDAD ¿OFRECEN UNA GARANTÍ...: Publicado el 30 abril de 2016 Juicio de lesa legalidad en Neuquén, Argentina. Los imputados son insultados y agredidos sin tener defensa...

lunes, 2 de mayo de 2016

AL GARETE

ALGO MUY PESADO Y DOLOROSO TIENE QUE PASAR No es injusto ni complot internacional nos lo merecemos todos pobres, ricos los de derecha, izquierda, intelectuales y analfabetos, tolerantes y vengativos. No puede quedar una nación y sus 40 millones de habitantes navegando al garete con dementes irresponsables al timón, cretinos en cubierta mirando de reojo con faz torva al comandante y un hato de giles en los remos. No se por donde va a venir, si rotaran los vientos, olas gigantes o monstruos marinos pero presiento que está al llegar; esto de patear siempre para adelante como solución, históricamente no tiene antecedentes. Detrás vendrá la pregunta inevitable en argentina para salir con las manos limpias ¿Quién tiene la culpa, el que conduce o el que reacciona? Y aquí se `producirá el cortocircuito de muchos porque si el que reacciona es inocente a borrar de un plumazo las llamadas dictaduras y genocidios que solo fueron reacción al intento de asalto al poder por sicarios terroristas de criminales del caribe. Segundo semestre, en dos meses paro general, firmar allanamientos el viernes para hacerlos el lunes y el sábado de madrugada la prensa informa a todos. No hay más aumentos la vispera de volver aumentar todo. No puede haber despidos por 180 días en el país de las medidas por única vez o emergencias económicas renovadas anualmente hace más de una década, son una falta de respeto para reír, llorar o quemar todo. Otros solucionan el consumo de drogas en la noche dando gratis agua a todos y todas. Si leyó bien si usted vive en otras tierras, en argentina se vende el agua a los sedientos y deshidratados por drogarse y saltar como posesos(divertirse?) tanto más cara cuanto más se la necesita. ¿Todavía cree que esto se soluciona con más democracia, más debate, educación y tolerancia? La “patria” salió a la calle rebuznó una burra desde el Calafate ¿Se puede dialogar con bestias? Váyanse al carajo y peguen el grito cuando aparezca el monstruo porque acá abajo las ratas ya están en los botes. CADA UNO EN SU KIOSKO A LO TITANIC

Pacificación Nacional Definitiva: “OPERACIÓN MERCURIO” UN DESGRACIADO HECHO YA OLVID...

Pacificación Nacional Definitiva: “OPERACIÓN MERCURIO” UN DESGRACIADO HECHO YA OLVID...: Ayer, 30 de abril de 2016, se cumplieron 43 años del asesinato del señor Alte. Don Hermes José Quijada. Ese mismo día del año 1973, e...

Pacificación Nacional Definitiva: CARTA ABIERTA AL PRESIDENTE MAURICIO MACRI

Pacificación Nacional Definitiva: CARTA ABIERTA AL PRESIDENTE MAURICIO MACRI: por Carlos E. Viana Sr. Presidente, a 36 años del heroico rechazo del primer ataque aeronaval masivo de los británicos sobre nuestr...

Pacificación Nacional Definitiva: ¿COMO VAMOS?

Pacificación Nacional Definitiva: ¿COMO VAMOS?: Finalizó abril y luego de más de cuatro meses de gobierno de Cambiemos cuesta expresar, en términos definitorios, como vamos bajo la égi...

domingo, 1 de mayo de 2016

DESHONESTIDAD

El umbral de la deshonestidad. Cuando ciertos hechos de corrupción se mediatizan y llegan a oídos de la opinión pública, con sobrados motivos, la gente se escandaliza, se indigna y no puede contener su bronca e impotencia. Esta actitud no es inadecuada en sí misma, de hecho es esperable. Pero vale la pena reflexionar profundamente acerca del verdadero trasfondo de esta reacción ciudadana. Por momentos, diera la sensación de que la corrupción como hecho puntual no es lo que molesta, sino el contexto general, algunos pormenores y, sobre todo, el modo burdo en el que se desarrollan estas canalladas. La gente cree que los gobernantes, en general, son corruptos. Ya no caben dudas al respecto. Esta no es una mera suposición ya que lo afirman los estudios más serios sobre el tema. No solo ocurre así en este país, sino en casi todo el planeta, aunque con visibles matices bastante diferenciados. El ciudadano de a pie intuye que el funcionario de turno, de cualquier jurisdicción y color político, se apropia de los recursos públicos en alguna medida. Supone que algunos roban ofreciendo favores a cambio de dinero, pero también cree que los otros, lo hacen con una disimulada eficacia adueñándose de "monedas" pero bajo una idéntica y equivalente actitud. Ese individuo, alejado de la labor estatal, lo sospecha, pero en realidad no lo sabe con precisión. Algunas señales pueden darle más asidero a sus presunciones, pero no dejan de ser tales porque los elementos concretos que confirmarían su visión no están a mano, ni son contundentes. A la política tradicional este asunto no le preocupa demasiado. Algunos personajes se ofenden por esa exagerada generalización, pero tampoco hacen demasiado para transparentar su propia gestión. Enojarse sirve de poco. En todo caso bien valdría intentar comprender en que se basan esas impresiones subjetivas de la sociedad, y eventualmente, actuar fuertemente sobre ellas, con acciones concretas y no con discursos vacíos. Los dirigentes tampoco hacen mucho al respecto, pero ya no por desidia, negligencia o abulia, sino porque claramente precisan de esa "oscuridad" en la administración de los recursos públicos que les resulta vital y funcional para hacer política a diario financiándose con las arcas del Estado. Es interesante analizar detenidamente ese fenómeno de naturalización yde segmentación de la corrupción. Es increíble como se ha deteriorado progresivamente el estándar moral de la gente, moviéndose en las últimas décadas, en la dirección indeseada y a una gran velocidad. Solo parece intolerable aquella corrupción que resulta obscena, que demuestra su impudicia sin camuflaje alguno, que ofende a la sociedad por la ostensible impunidad y la falta de decoro de sus protagonistas. Pero es importante comprender que las causas de la corrupción pasan por otro lado. Los casos más escandalosos, son solo eso, una versión agravada de lo cotidiano y por eso tal vez fastidien tanto. Lo preocupante es que la sociedad solo condena aquellos actos de corrupción desenfrenada y no a otros de menor cuantía. Cataloga como ladrones solo a los que detentan un gran prontuario y no al resto que, haciendo lo mismo, no han sido aun descubiertos, o que por su significación económica no parecen tan trascendentes. Claro que las proporciones tienen relevancia, pero si alguien mata a una persona de una decena de puñaladas generando una enorme conmoción por el ensañamiento y por su crueldad, eso no convierte automáticamente al homicida que asesina con un solo golpe certero, en un ciudadano inocente. La malicia debe ser cuestionada siempre y no solo cuando alcanza cierta envergadura. Un ladrón es alguien que se adueña de lo ajeno sin su consentimiento. Ese calificativo no puede depender de la cuantía de lo robado, ni de la espectacularidad del suceso, sino de su lineal accionar. La sociedad moderna ha incorporado ciertas costumbres y se ha adaptado mansamente a ellas. Acepta lo inadmisible como si fuera un hábito correcto. La resignación y la sumisión siguen siendo pésimas aliadas y la política lo sabe, por eso se aprovecha de esta complicidad cívica sin piedad. Todos estos hechos de corrupción son solo la punta del ovillo. Bienvenido este instante en el que muchos de esos casos se están conociendo con lujo de detalles, pero es importante ir hasta el fondo, ya no solo para descubrir a los verdaderos "jefes de la banda" y desenmascararlos, sino para empezar a desmontar la maquinaria que permite que esto suceda casi a diario. Desarticular la corrupción no se consigue solo encarcelando a los más renombrados delincuentes. No desaparecerán de la escena este tipo de situaciones tan fácilmente. Mutarán, se reconvertirán, buscarán otros mecanismos, pero finalmente sobrevivirán y entonces vendrán nuevas generaciones de malhechores dispuestos a apoderarse de lo impropio. Para ser eficaces en esta dura batalla contra la indecencia, se debe ir hasta el hueso. Primero es imprescindible comprender la dinámica del Estado, su arbitrariedad y los resquicios que eso genera. La causa originaria no está en el accionar aislado de un conjunto de delincuentes, sino en la existencia y supervivencia de un sistema perversamente inmoral que ha sido diseñado intencionalmente para facilitar estos instrumentos que resultan funcionales a la política en general y, especialmente, a sus intérpretes. Claro que hay que hacer reformas para que esto no vuelva a ocurrir nunca más. Es demasiado evidente que no alcanza con arrestar a unos cuantos, ni mucho menos con horrorizarse frente a ciertos groseros ilícitos. Pero la sociedad también debe asumir su cuota de responsabilidad e intentar hacer su parte, encarar lo necesario y modificar su elemental matriz conceptual. Si la gente considera que quedarse con "un poco" de dinero de los contribuyentes es normal, que esas son las reglas de juego, que así fue siempre y no es tan grave, pues entonces todo seguirá exactamente igual y estos incidentes serán solo una anécdota más sin que esto haya servido para casi nada. No existen dudas de que la política es responsable de lo que sucede pero la sociedad también es parte central de este pérfido mecanismo y tiene en sus manos la llave para lograr un cambio con mayúsculas. Solo debe replantearse el problema, operar sobre sus verdaderas causas y cuestionar activamente su actual visión sobre el umbral de la deshonestidad. Alberto Medina Méndez albertomedinamendez@gmail.com

Pacificación Nacional Definitiva: LA CORRUPCIÓN DE LA JUSTICIA ES LO PEOR

Pacificación Nacional Definitiva: LA CORRUPCIÓN DE LA JUSTICIA ES LO PEOR: Para los argentinos el término corrupción forma parte de su vocabulario habitual. Es más, el mismo, en el imaginario colectivo nacional...

FUTURO DEL MACRISMO

Por Ezequiel Gatto “El discurso del macrismo no es el de la tecnocracia tradicional sino el de la nuevas tecnologías digitales, de la comunicación y la información, las del capitalismo afectivo”. Uno de los ejes discursivos que el macrismo/duranbarbismo supo disponer con éxito y que, a mi entender, acabó siendo decisivo en las elecciones presidenciales de 2015 fue el manejo de las temporalidades históricas. En su propio nombre (Pro) que indica en latín aquello que “tiende a algo en el futuro, que se mueve hacia adelante”, en la invitación inscripta en “Cambiemos”, la alianza gobernante se configuró desplegada hacia el futuro y no aludiendo a rasgos propios adquiridos (lo Radical de la Unión Cívica; la definición de peronista, etc). Respecto a los adversarios electorales, dicha estrategia fue utilizada en un sentido que, cuando funciona, es altamente eficaz en la desestructuración del rival político: la condena del otro por “ser parte pasado”. Una y otra vez el macrismo refiere y refirió a no atarse a “recetas del pasado”, a superar las “formas de la política del s. XX” y, en palabras que pueden leerse en el portal de Presidencia de la Nación a la necesidad de “tener un estado del s.XXI”. Quizá la última estrella, ya en tiempos de gestión y no de campaña electoral, de esa estrategia de temporalización política sea la de haber nombrado como “pesada herencia” los doce años de gobierno kirchnerista. El pesado pasado. Gracias a esos recursos el macrismo logró algo que también el kirchnerismo, en sus primeros años, supo construir con mucha eficacia: presentarse como una novedad. Y para esa presentación es forzoso destinar el casillero del pasado al otro. En ese sentido, el macrismo como discurso tuvo un éxito relativo en convertir al kirchnerismo en un anacronismo, en una existencia sin derecho, una excrecencia temporal. Éxito porque lo desplazó del gobierno; y relativo porque la impresión es que el kirchnerismo, aunque aún no esté claro cómo, será un monto de energía, discursos y símbolos que no se esfumará sino que insistirá en la configuración política de aquello que se enfrente al macrismo. Como sea, el macrismo está obsesionado con el futuro. Invoca el sustantivo con tanta frecuencia que ya parece una adicción. Con seguridad porque no tiene mucho pasado propio para ostentar (y porque ese territorio está destinado a la ya mencionada “pesada herencia”, algo así como la Tierra con Mal) y porque sus medidas, actualísimas, presentes, no le permiten enunciarse en términos demasiado auspiciosos. Cuanto mucho, parafraseando a Scott Fiztgerald, podrían decir que “el presente es una empresa de demolición”. Sin embargo, parece haber más cosas en ese futuro que un simple eludir los otros tiempos sociales. Fragmentos de proyectos, futuros deseables, utopías de gerentes. No por nada una de las primeras medidas de gobierno, deudora de ese discurso, fue instituir el Ministerio de Modernización (una expresión que en sí misma invoca una relación con el futuro), punta de lanza (y patovica) de la estrategia de reorganización nacional que ya lleva producidas decenas de miles despidos. En el sitio web del nuevo Ministerio se lee una promesa: “El Estado al servicio de la gente. Un Estado inteligente con servidores públicos capacitados para brindarle más y mejores servicios a los ciudadanos. Esto es el Siglo XXI y en eso trabajaremos día y noche”. Como puede verse, allí aparece la idea del anacronismo nuevamente. Argentina habría sido un país desfasado en el tiempo, un país atrasado respecto a un reloj mundial que, en algún sitio (¿dónde?) daría la hora exacta, la hora verdadera, la hora de la absoluta contemporaneidad. El aspecto interesante en términos de futuridad es que no se trata tanto de un futuro que no se conoce sino de un presente en otro sitio (allí donde sí, efectivamente, vivirían en el s.XXI) que debería convertirse en el presente aquí. “El modelo es India”, dijo Michetti que dice Macri, que también le declaró su amor a Obama. Como los teléfonos y las aplicaciones, el problema del futuro, para el macrismo, es un problema de actualización. De los tecnócratas a los cibernéticos Muchos se ríen de Macri cuando habla -es decir, divulga- tecnología, de valijas que sirven para dialogar, de médicos-robots. Algunos recuerdan a Menem y su cohete estratoférico a Japón. Yo, en cambio, lo escucho, o le creo, hasta preocuparme. Le creo a Macri porque, a diferencia de la vieja derecha, conservadora/tradicionalista/ castrense, esta nueva expresión, educada en universidades privadas mucho más que en iglesias y cuarteles, y en el extranjero mucho más que cualquier otro sector social argentino hasta hoy, tiene una esperanza y una estrategia en la que la innovación tecnológica es una pieza fundamental de sus imaginarios de futuro. Y no es la carrera, o mejor el trote rezagado, espacial del menemismo: eso era casi un epílogo a los sueños de la Guerra Fría. La fe presente en la tecnología, que un libro reciente ha bautizado como “el solucionismo tecnológico”. En esta línea hay que leer al jefe de Gabinete Marcos Peña, cuando asegura que “el tema central no es la discusión sobre si es un Estado más grande o más chico, sino que funcione, brinde respuestas, que vaya mejorando acorde a las posibilidades de la tecnología tanto a nivel nacional, como en las provincias y los municipios”. Peña no está “mintiendo”. Para él, como para cualquier derivación del pensamiento gerencial, que las cosas funcionen quiere decir que respondan (vale aclarar, a preguntas que por lo general se decantan en “sí/no” o en “aquí/allá”) y que esa respuesta se vehiculice tecnológicamente. El Estado eficiente, el estado soñado por esta gente, es un Estado que no está para ser motivo de conflictos, botín de discusiones y tensiones políticas. En este pasaje, no deberíamos minusvalorar el desplazamiento, en lo simbólico, de un Poder ejecutivo argentino encarnado, en sus momentos democráticos, casi exclusivamente por abogados (con la salvedad del radical Arturo Illia, quien era médico) a un ingeniero, mucho más preocupado por los procesos y su eficacia, por los flujos y su control que por los agentes concretos que participan de dichos procesos y, sobre todo, por la dimensión discursiva de la polémica o, al menos, la consideración terapeútica de la enfermedad y la cura. Afín, pero diverso, a las tradiciones militares, el ingeniero se inclina por las órdenes claras y la obediencia, por la eficiencia. En otros términos, el Estado es un estado tecnológico-administrativo que debe responder eficazmente. Si las viejas fuerzas tenían “programas de Estado”, el macrismo concibe al “Estado como un programa” al modo en que los cibernéticos y las ciencias de la información han venido haciendo desde, al menos, los años setentas. En definitiva, eso dicen cuando dicen, como el ministro de Modernización Andrés Ibarra, que “estamos en el s. XXI”: que ha llegado el turno del gobierno de los gerenciadores cibernetizados. Pareciera extraño, porque las campañas del macrismo son “emotivistas e individualizadas”, algo que en principio pareciera contra la idea que se tiene de un gobierno de las tecnologías. Sin embargo, esa es la gran diferencia con las tecnocracias tradicionales (vale decir, las que se forjaron en condiciones de la segunda revolución industrial, hecha de automotrices, metalurgia y desarrollo tecnológico y que se inscribieron en las grandes organizaciones del trabajo, esas empresas elefantíasicas). Ahí también se inscribe la distancia entre el neoliberalismo menemista, todavía apegado a la “frialdad” de las tecnologías espaciales, y el neo-neoliberalismo macrista, cuya punta de lanza está en la proximidad que brindan las redes sociales como protocolo comunicativo “cálido” y de regulación social. El discurso del macrismo no es el de la tecnocracia tradicional sino el de la nuevas tecnologías digitales, de la comunicación y la información, las del capitalismo afectivo. El filósofo argentino Gustavo Varela ha dicho recientemente que, en el horizonte del macrismo, está convertir al gobierno en una aplicación. Podemos ver con sorna el recurso a gurúes orientales y retóricas del entusiasmo propio de un pastor evangelista. Sin embargo, allí están, son eficaces y dan cuenta de una idea que incorpora a las técnicas de gobierno las hipótesis de la regulación ya no piramidal sino reticular de las poblaciones. No es casual que esos discursos, por así decir, vitalistas, que invocan la paz y los ritmos de la naturaleza, aparezcan en este preciso instante como recursos políticos. Lograr reproducir la lógica de la vida a partir de matrices tecnológicas en la gran ilusión de la avanzada cibernética: duplicar para gobernar. Desde una célula a los datos biométricos, todo tiene que ver con todo. La incorporación reciente de un “gerente de felicidad” consuma un proceso que comenzó en Califronia, allá por los años sesentas, por el cual la figura del empresario y la del guía espiritual se han ido acercando hasta fusionarse y que se continuó en el descubrimiento publicitario de que vender no tenía que limitarse a ofrecer un producto enumerando sus características y las razones por las cuales debía ser adquirido sino que bien podía ampliarse a la estructuración de una experiencia subjetiva, que resaltara emociones y encuentros con otros. Cuando el capitalismo comprendió que consumir era algo que se hacía individualmente pero que requería condiciones colectivas, toda su infraestructura (empresarial, organizativa y discursiva) se modificó irreversiblemente. Hoy ese discurso, que nos acompaña hace décadas desde televisores, radios, computadores, paradas de subte y vía pública, ha logrado poner a su primer presidente. Un capitalismo sin humanos Porque, hay que aceptarlo, los ricos, además de no pedir permiso, también tienen utopías. El sueño del capitalismo de gerentes cibernéticos es el de un fluir sin roces, sin obstáculos de ningún tipo. Que los procesos coincidan con la información, que la información sea puro valor. En ese sentido, los humanos son un problema para este capitalismo de costo cero. Por eso, mucho más que con explotarlo, el capital sueña con desprenderse del trabajo. Esa es su utopía; lo explota porque no puede desprenderse. Cuando Macri y su troupe habla de crear “trabajo genuino” lo que está diciendo es que se trata de generar condiciones para que el trabajo sea al menor costo posible. La genuinidad se alcanza en el momento en que los procesos de valorización del capital se liberan finalmente de las tensiones. Por eso Macri invoca al médico-robot, cúspide de los imaginarios de eficacia y esclavitud automatizada, y a las valijas para dialogar, objetivación de una comunicación sin malentendidos ni disidencias. Cuando Macri divulga los beneficios de la Inteligencia Artificial no lo hace sólo en términos de “una tecnología al servicio de la gente” sino de una tecnología que logre dar el último salto hacia la liberación final del capitalismo respecto al trabajo humano. Reírse en este punto de Macri, considerarlo un idiota soñador, es perder de vista que para él y los suyos la inteligencia artificial, la automatización, la minimización de la presencia humana responden a la fantasía empresarial de que controlar privadamente las máquinas permitiría, por fin, olvidarse del trabajo. El famoso desempleo tecnológico del que habló Jeremy Rifkin a principios de los noventas sería el primer paso (o el segundo) en un camino que debería desembocar en el empleo poshumano. Desde el punto de vista del trabajo, el gerente quiere convertir a la humanidad toda en una masa de supernumerarios, algo que la literatura ciberpunk vio con maestría a principios de los años ochentas, cuando desarrolló una narrativa que vinculaba grandes empresas y vidas lujosas en un entorno social signado por la supervivencia de las mayorías ligada a las más diversas actividades criminales o marginales. Tal como afirman Fred Moten y Stephano Harney en su reciente libro “Undercommons”, el gerente duerme sobre un colchón financiero desde el que sueña un mundo puro, es decir, de logística sin humanos. Porque ser gerente es asumir esa tarea de maquinización, ya no industrial sino digital (y, rpo ende, a la velocidad de la luz), de desmonte y alisado. Como en las tierras destinadas a la soja. O, en términos laborales, de adelgazamiento, de eliminación de grasas, de reducción al mínimo del costo laboral. El pensamiento gerencial devenido política de gobierno, configura un capítulo más, pero extremo, de la disputa entre someter la administración de las cosas a la riqueza de la vida y reducir la riqueza de la vida a la administración de las cosas. El futuro tiene que ser de la pura logística. ¿Qué se imaginan estos tipos? Supongamos, por un instante, que aciertan el pleno. Supongamos que Macri mira el país y se parece un poquito más al de sus sueños. ¿Qué sería ese país? ¿Qué imágenes de futuro maneja el macrismo, además del propio enriquecimiento? O, mejor dicho, ¿qué mundo futuro proyectan estos ricos de hoy, fascinados por las tecnologías de la información, la comunicación y la vida? El 22 de noviembre, con la victoria ya consumada, Macri arremetió con su primer discurso como presidente. Fue, como tantos otros, sencillo, simplista y emotivo. Para quienes nos oponemos a sus políticas y los modos de vivir que encarna y propone, suele ser un espanto de la retórica política. Para millones que lo votaron, es un motor de producción fantástica, de invitación a aventuras livianas, de tranquilidad y alegría. En fin, nada que una publicidad comercial no encierre en sí misma. Nadie puede oponerse a expresiones tan abstractas como libertad, alegría, justicia. Su vaguedad está pensada (y esto, remarquemos, no es privativo del macrismo) para poder ser apropiadas fácil, placentera e individualmente. Sin embargo, nadie escapa de las condiciones y determinaciones. Es sólo cuestión de mirar la trama y no el dibujo. Esa noche, casi al comienzo del discurso, Macri produjo una imagen muy significativa, a la que jamás había recurrido antes. Luego de decir "Quiero agradecer en nombre de todos los argentinos a mi secretaria Anita que era la secretaria de mi madre y me cuida desde los 5 años", Ana Moschini, jubilada que todavía trabaja para Macri, subió al escenario y fue abrazada y besada por el presidente electo. Relatada por el niño bien, convocada por él, besada y despedida, esa señora atenta, servicial, eficaz y cariñosa que había acompañado a Alicia Blanco Villegas, la madre de Mauricio, durante años y que se había dedicado a cuidar al pequeño Macri parecía encarnar el mundo ideal de Macri. Un mundo donde los subordinados amen a los jefes, les presten servicios y sepan retirarse de la escena sin hacer mucha alharaca. Un mundo que tiene ribetes del orden paternalista rural, de complicidades personales y sólidas diferencias de clase, que gobernó estas tierras hasta 1916, justo cuando los subordinados dejaron de amar a los jefes y de retirarse a tiempo de las escenas. Pero el macrismo, salvo en esa evocación, casi inspiradora, no es un tradicionalismo. No es nostálgico ni conservador. Su futuro no está en el pasado. No puede cantar “vamos a volver”, aunque no sean pocos los que estén volviendo. Está en lo que el propio Macri, en sus arrebatos de lo que Armand Matelart llama profetismo empresarial, define como “Desarrollismo del s. XXI”, buscando diferenciarse, así, de un desarrollismo clásico y del neodesarrollismo, una categoría que, al menos durante unos años, le fue imputada al kirchnerismo. Es decir, llegada de inversiones extranjeras, que permitan la introducción de ”las tecnologías más avanzadas del momento” y la conformación de una “red de proveedores locales” en sectores que no han formado parte de la matriz industrial del s.XX (automóviles, química, plásticos) sino que van a ciencia aplicada, biotecnologías, agronegocios y polo tecnológico. Al respecto, Eduardo Basualdo afirma que “no hay representación de firmas industriales extranjeras, lo que preanuncia la profundización de la “reprimarización” de la economía”. Es una tendencia que se ve reforzada por el informe que Basualdo y su grupo publicaron a mediados de febrero de este año, según el cual la mayoría de las cámaras empresariales que tienen representaciones en el gobierno están ligadas a la producción agropecuaria y los agronegocios. En definitiva: un modelo que, intensificando rasgos ya presentes, bien podría definirse como agroexportador tecnologizado, de “gauchos con bombachas que manejan drones” (Macri dixit), donde se radicalicen las matrices que, en palabras del empresario Gustavo Grobocopatel, lleven a “la gestión de la producción a replicar las lógicas de la vida”. Poner la vida a producir, pero ya no sólo ni principalmente la vida social (esa vida en segunda instancia) sino la vida en su sentido biológico más directo. La utopía del macrismo es la del encuentro entre una técnica cibernética y un territorio biotecnologizado. Al respecto, Héctor Huergo, director de Clarín Rural parece haber precisado los contornos de tal sueño cuando dijo: “no me parece que el futuro de la Argentina pase por una expansión prusiana de la frontera agrícola, porque igual ese crecimiento se va a acabar, es limitado. Yo creo en la tecnología y la tecnología es poner pisos, escalonar, acercarse a la productividad, y con la pampa húmeda tenemos mucho y muy divertido para hacer (…)”. Ese parece ser el “supermercado del mundo” (no el granero, porque elabora alimentos más allá de los granos y porque incorporaría cadenas de valor) que se propone vender alimentos a escala mundial. Para eso, como buen supermercado, necesita destruir las condiciones laborales mínimamente consolidadas para dar paso a un mercado de trabajo que tienda a la absoluta informalidad y a la multiplicación de figuras contractuales cada vez más beneficiosas para la apropiación capitalista de lo producido. Gerentes, elaboradores, cajeros y repositores, todo gobernado con esa mezcla de retórica de la fiesta y prácticas terrorista, que tanto se han visto en los call centers, esos espacios paradigmáticos, incluso fundacionales, de una economía digital donde las operaciones de control sobre la fuerza de trabajo son llevadas a grados tales que producen cuadros psicopatológicos severos. Justo de allí, en ese campo-supermercado-call center, brotan los medios para cumplir el sueño de la Argentina potencia que soñaron los Padres de la Fundación (...Libertad). Al “dejar pasar, dejar hacer” se sumó, desde hace unas décadas, el “dejar caer”. “El neoliberalismo, como toda religión, suele prometer a sus fieles un futuro social promisorio si se aplican sus recomendaciones de liberalización del mercado. La ‘teoría del derrame’ pregona ante las mayorías populares que el escandaloso enriquecimiento de una minoría social es la condición necesaria para agrandar y mejorar la torta de la riqueza nacional”, explica el economista Andres Asiain. Y, de nuevo Huergo, el director de Clarín Rural que fue trotskista de juventud, lo subraya con pasión y sin titubeos: “que no redistribuya el Estado a través de los impuestos, ya que la mejor redistribución (aunque intelectualmente nos pueda gustar otra cosa) es el desarrollo hacia el lujo. Es inclusiva “. Inclusión sin igualdad, sin atisbo alguno de igualdad, parece ser el mejor de los mundos posibles del neoliberalismo. Para ser más precisos: Inclusión con desigualdad. Porque, a diferencia incluso del primer liberalismo, para el cual la promesa del progreso económico debía desembocar en una mejora de las oportunidades para todos los individuos, la utopía material de este neo-neoliberalismo libertario es el de un desnivel crónico de la desigualdad, la consolidación del lujo como condición para la redistribución es otro modo de proponer el derrame. En otros términos, un golpe de mano que vendría a afirmar que si los ricos no piden permiso es porque los ricos son el sujeto de la historia. La teoría del derrame tiene dos características: una, garantizar en el presente la concentración de recursos económicos a través de transferencias de ingresos desde sectores asalariados o autónomos hacia sectores propietarios; segundo, suponer, o afirmar públicamente, que la tendencia natural de esa concentración será revertirse luego en inversiones productivas. El futuro de la concentración actual sería el desarrollo económico. Este axioma supone varias cosas, pero sobre todo, 1) que los beneficiarios directos e indirectos de esa concentración invertirán en actividades productivas y no, por ejemplo, en operaciones financieras de gran porte a escala global. Es decir, que el derrame tiene efectos productivos y no especulativos; y 2) que para que la economía funcione es inevitable que una casta de privilegiados se mantenga inamovible en su punta. En eso estamos: en un proceso de acumulación originaria, casi como el que Marx situó en los inicios del capitalismo (y que para el pensador Sandro Mezzadra no cesa de repetirse, una y otra vez), por el cual se produjo una expropiación de sectores campesinos a manos de agentes burgueses que desembocó en la proletarización de aquellos, disponibles desde entonces como mano de obra asalariada. Desde el punto de vista del macrismo, en eso estamos: en la producción de una elite de millonarios desde la cual, gracias a sus consumos, se propicie e incentive la producción laboral. Un mercado interno que funcione como Anita, aquella nana de Mauricio. Y eso hasta que Anita pueda ser reemplazada por un robot.