viernes, 31 de enero de 2020
jueves, 30 de enero de 2020
miércoles, 29 de enero de 2020
martes, 28 de enero de 2020
lunes, 27 de enero de 2020
Habla la experiencia: REFORMA CONSTITUCIONAL?
Habla la experiencia: REFORMA CONSTITUCIONAL?: Apreciación coincidente del periodista Van Der Kooy con el comentario de este espacio acerca de la reforma judicial. "El deambular d...
domingo, 26 de enero de 2020
PROCESADOS DE CAMBIEMOS (MACRI)
LARGA LISTA DE PROCESADOS DE CAMBIEMOS (MACRI), AL 2020
Con la imputación del fiscal Juan Pedro Zoni al expresidente Mauricio Macri, ... a Nicolás Dujovne en la causa peajes por fraude al Estado, abuso de autoridad y negociaciones incompatibles con la función pública que investiga el juez Canicoba Corral,... al por entonces ministro de Comunicaciones, Oscar Aguad, ... al Director General de Asuntos Jurídicos, Juan Mocoroa, por el escandaloso caso del Correo Argentino, ... a Dante Sica y Buryaile por la compra de votos, ... el procesamiento a Stornelli, el fiscal protegido por Macri, ... a Sergio Varisco, intendente de Paraná, que fue condenado por narcotráfico a 6 años y medio de prisión, quien denunció a Patricia Bullrich, que fué procesada junto a otros funcionarios de Seguridad por haber montado un plan represivo contra las comunidades originarias mapuches del sur del país para favorecer negocios inmobiliarios y a los grandes propietarios de tierras de la región, .... a la radical Aída Ayala que fue procesada por fraude a la administración pública, ... ya son más de 50 las imputaciones judiciales a las primeras líneas del Gobierno nacional.
El presidente Macri es el blanco de múltiples acusaciones, y se encuentra particularmente comprometido con las causas de los Panamá Papers, el Decreto que modificó la Ley respectiva para habilitar el blanqueo para familiares y la firma del Memorándum con Qatar. La cuarta causa grave es la del Correo Argentino.
La promesa inicial de prescindencia frente a la Justicia ha quedado aniquilada desde los mismos inicios de la gestión. Muchos jueces denunciaron la presión ejercida por el ministro de Justicia, Germán Garavano. Algunos fueron receptivos. Otros dejaron de atenderle el teléfono.
Uno de los casos que fue celosamente ocultado por el periodismo amigable durante la campaña electoral de 2015 fueron los Panamá Papers, que motivaron la caída de varios funcionarios de primer nivel internacional. Sin embargo, la Justicia argentina, en lugar de investigar el comportamiento presidencial, prefirió armar una megacausa que involucra a todo el Clan Macri en lo referido a lavado de activos en un marco temporal mucho más amplio.
De los informes internacionales requeridos, surgió que dos de sus hermanos quedaron muy mal parados por la información remitida por la Fiscalía de Hamburgo. Mauricio Macri prefirió tratar de desligarse del tema e inició una causa civil para dejar en claro que no integró esa sociedad. Pero el expediente quedó empantanado.
Para protegerlo, su padre, Franco Macri, asumió la responsabilidad, pero no consiguió frenar el avance de las investigaciones. Como pago recibió los peores epítetos de su hijo, cuando su cadáver estaba aún caliente.
Su primo y supuesto testaferro, el constructor Ángelo Calcaterra, está siendo investigado por el Fuero Penal Económico a raíz de movimientos irregulares de IECSA con cuentas offshore sospechosas. La información respectiva fue aportada por la Justicia alemana.
Sobre el presidente Mauricio Macri pesa también una imputación por abuso de autoridad, en el caso del Decreto N° 1206 que habilitó el blanqueo a familiares de funcionarios. En la causa están involucrados también el jefe de Gabinete, Marcos Peña, y el ex ministro de Hacienda, Alfonso Prat Gay.
Otra de las causas de suma gravedad que involucra a Mauricio Macri es la referida a negociaciones incompatibles y administración fraudulenta por la firma del Memorándum con Qatar. En este caso lo acompañan en la carátula del expediente la vicepresidente Gabriela Michetti, la ex canciller Susana Malcorra, Luis María Blaquier, ex director del Fondo de Garantía de Sustentabilidad ANSES; Horacio Reyser, asesor del mandatario en Inversión Extranjera y José Ortiz Amaya, director General de Relaciones Internacionales del Senado.
La vicepresidente Gabriela Michetti, además, está gravemente comprometida en la causa sobre el origen del dinero robado en su casa en la jornada de victoria electoral de Cambiemos, en 2015.
El ex ministro de Modernización y actual vicejefe de Gabinete, Andrés Ibarra, está imputado por la compra de máquinas de tecno-voto esquivando las disposiciones legales, en el marco de un cuestionado acuerdo con Corea.
Por su parte, Luis Caputo está imputado por la compra de dólar a futuro. El juez Luis Rodríguez dispuso el allanamiento del Fondo Axis, que él presidía. Por el mismo delito, aunque en otro expediente, están procesados el ex vicejefe de Gabinete Mario Quintana y Gustavo Lopetegui, el ex titular del BCRA Federico Sturzenegger, uno de los directores del Central, Pablo Curat y el jefe de Asesores Presidenciales, José Torello.
Guillermo Dietrich y Javier Iguacel, imputados por el negociado de los peajes
El ministro de Transporte y el ex titular de Vialidad Nacional son investigados por haber habilitado a varias empresas entre ellas a Iecsa, del primo del Presidente a seguir cobrando peajes y obras por 30 mil millones de pesos cuando sus contratos ya habían vencido.
Aparte, Dietrich está imputado por un viaje privado en helicóptero oficial, causa similar a la que se le ha seguido a Amado Boudou.
El ex ministro Juan José Aranguren concentra múltiples causas. Las más significativas remiten a abuso de autoridad y por haber favorecido a la petrolera Shell de la que fue CEO y accionista. En este caso, Elisa Carrió denunció también a sus colaboradores: Luis Sureda, Pablo Popik y Luis Barile, por haber decidido que la empresa estatal Enarsa tuviera que encargarse cubrir el cupo de garrafa social de petroleras privadas.
La AFIP, decidida a obtener recursos hasta de las piedras, promovió múltiples expedientes. Uno de ellos derivó en la imputación del jefe de Gobierno porteño, Horacio Rodríguez Larreta.
Laura Alonso, la titular de la Oficina Anticorrupción está acusada por el presunto encubrimiento del delito de “negociaciones incompatibles con la función pública”. Desde su puesto, Alonso se ocupó de perseguir y lograr encarcelar a funcionarios del gobierno anterior, pero no impulsó un solo expediente de más de 50 funcionarios macristas.
Habla la experiencia: LA TABLADA - 31 AÑOS -
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sábado, 25 de enero de 2020
PANORAMA-LOS VIAJES DE FERNÁNDEZ
Panorama político nacional de los últimos siete días
Los viajes de
Alberto Fernández
La performance personal de Alberto Fernández en el escenario internacional comenzó con rasgos heterodoxos. Lo habitual es que el primer viaje oficial de los presidentes tenga como destino a Brasil, gran vecino y socio comercial; Fernández empezó por Israel. El inicio estuvo en parte determinado por la circunstancia de que la visita se integraba a una agenda colectiva, el Foro Mundial del Holocausto al que habían comprometido su asistencia altos dignatarios de una cincuentena de estados, incluyendo a Vladimir Putin, Francois Macron y el vicepresidente de Estados Unidos, Mike Pence. Fernández comprendió el valor simbólico y político de su participación y no vaciló en desafiar la tradición de las primeras visitas presidenciales.
Israel antes que Brasil
En rigor, antes de confirmar su viaje a Jerusalén ya había decidido que su primer viaje no sería a Brasil. El plan de vuelos del Presidente tenía priorizado su encuentro con el Papa Francisco en El Vaticano y, aprovechando su estadía en Europa, reuniones con los presidentes de Italia y de Francia y con el jefe del gobierno español: ese periplo se inicia en tres días, el miércoles 29 de enero.
Después de algunos cortocircuitos con el presidente Jair Bolsonaro (Fernández había viajado a Brasil antes de asumir para subrayar su solidaridad con Luiz Inacio “Lula Da Silva”, que entonces se encontraba aún detenido), las cosas empezaron a cambiar con la presencia en Buenos Aires del vicepresidente brasilero, Hamilton Mourao, durante la entronización del mandatario argentino. En su discurso, Fernández destacó que la amistad entre Argentina y Brasil estaba por encima de las diferencias entre sus dirigentes. Pocos días después Bolsonaro invitó a Fernández a visitar Brasil (lo hizo a través de declaraciones de prensa), pero ese encuentro sigue demorado: antes se reunirán el canciller Felipe Solá y su colega Ernesto Araújo, para delinear una agenda constructiva más allá de las divergencias de tono y de contenido que mantienen ambos gobiernos: el de Bolsonaro trata de desembarazarse de sus vínculos formales con el Mercosur para encarar con mayor libertad de movimientos relaciones económicas bilaterales con los grandes jugadores (Estados Unidos, China, Europa); al menos ese es el programa del ministro de Economía de Bolsonaro, Paulo Guedes, un ortodoxo neoliberal que quiere liberar el comercio de su país de las trabas arancelarias convenidas por el bloque. Sin embargo, en el gobierno de Bolsonaro pesan mucho las Fuerzas Armadas, siempre ligadas a un pensamiento desarrollista menos propenso al liberalismo que ostenta Guedes.
El gobierno de Alberto Fernández demora aún en desplegar una propuesta económica integral: antes que nada quiere abordar la emergencia y reprogramar los vencimientos de la enorme deuda heredada. En cualquier caso, las líneas que insinúa tampoco coinciden con la ortodoxia que por ahora practica el socio brasilero; la combinación que empieza a esbozarse mezcla criterios de rigor fiscal con elementos de intervención estatal y trata de balancear los estímulos a la inversión con criterios de reparto guiados por el concepto de la equidad social.
La deuda y el Papa
Puesto que el tema deuda es prioritario, los movimientos exteriores de Fernández buscan allanar el camino para negociar con los acreedores, incluido el FMI. La Casa Rosada es conciente de que para ese objetivo es importantísimo el papel de Washington y trata de conseguir ese apoyo con una estrategia de aproximación indirecta. El viaje a Jerusalén coincidió con la confirmación argentina referida a la organización político-militar proiraní Hezbollah, caracterizándola como terrorista: esa decisión no sólo fue aplaudida por el gobierno de Israel (aliado principal de Estados Unidos) sino también por el Departamento de Estado. La Casa Rosada viene acumulando declaraciones positivas de Washington sin apelar para ello al seguidismo verbal que suele emplear el gobierno de Bolsonaro, sino más bien preservando claros espacios de autonomía, como en el tema Bolivia, donde protege (y también contiene) la acción de Evo Morales. Más allá de la importancia intrínseca de ciertos vínculos (Israel, México, por caso) el gobierno argentino tiende puentes eficaces hacia Washington mientras prepara un contacto cara a cara con el volcánico jefe del Ejecutivo estadounidense.
Las conversaciones con líderes europeos de la semana próxima también apuntan en primera instancia al objetivo económico: se trata de rodear de la mayor cuota posible de comprensión las venideras conversaciones con el Fondo Monetario Internacional, donde Europa cuenta con varios directores.
La cita con el Papa Francisco tiene un rango especial. El Vaticano no tiene directores en el FMI, pero su opinión cuenta y llega. Más allá de eso, Fernández quiere ofrecerlo al pontífice -sin intermediarios- la seguridad de que su gobierno trabajará con el norte de la unión nacional que Bergoglio predica incansablemente, y lo hará junto a la Iglesia, descartando, la polarización exacerbada que se resumió en la llamada grieta. El Presidente argumentará con franqueza los motivos por los que decidió respaldar la despenalización del aborto, que son, a sus ojos, de carácter sanitario y en modo alguno están ligados a ideologismos extremos de índole antirreligiosa. Fernández no espera recibir aprobación en este punto, pero sí comprensión. Si los trabajos políticos destinados a esfumar la grieta y a generar un diálogo (inclusive una confrontación) que deje de lado odios, intolerancia y actitudes excluyentes podrían reabrirse las posibilidades de una visita del Papa a su patria. El año 2020 recién se inicia.
Jorge Raventos
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viernes, 24 de enero de 2020
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jueves, 23 de enero de 2020
miércoles, 22 de enero de 2020
lunes, 20 de enero de 2020
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sábado, 18 de enero de 2020
UTOPÍA
Gobernar Argentina es una Utopía
Gobernar Argentina, es una Misión Imposible, si no se toman “medidas diferentes” a todas las que se hicieron desde 1935
Dicho así, si no lo explicamos como corresponde, es evidentemente inentendible, es muy fácil, decir “Nó, Así Nó”, pero también sabemos que nadie va a Salir del “Sistema” y menos cuando todo está estructurado a su “forma e piacere”, decía mi Padre, Manera y Placer
Nosotros y digo Nosotros, como buen aprendiz político económico, cuando la realidad sería Yo Propongo, estoy más solo que Donald (Trump, no el Pato) en el Día del Amigo, un “verdadero cambio”, no confundir con el Cambio Macrista, Please
Sé que le hablo a la Pared, que tiene más posibilidades de escucharme por sus poros arenosos, que llegar a los oídos, de tantos Argentinos y Otros que habitan este Generoso País, gobernado por Cicateros Gerentes, algunos lamentablemente mejor intencionados, pero absolutamente incapaces y otros que vienen a hacer su Agosto y todos los meses del año y de los años que vivan varias de sus generaciones
Pero, bueno, no caigamos en la más fácil, criticar y criticar, durante muchos años, cuando tenía otros estadíos, físico, psicológico y económico, conduje varios programas en distintas radios, canal de aire y por Youtube, todos, llamados Soluciones, como una forma de descargar tensiones y tratar de abrir cabezas sin martillos, ya sé, si algún despistado lee esta nota, dirá “que ego” y sí, cuando no te escuchan, te queda el hablar para Uno Mismo, prueba y verás que es divertido
Por enésima vez, daré a conocer lo que pienso habría que hacer, que es lo que han llevado a cabo, Países que hoy están entre los más desarrollados y sus habitantes tienen un mejor estándar de vida, claro que lo lograron mediante palabras Mágicas, pero terroríficas para algunos, Educación, Trabajo, Honradez y Equidad en el reparto
La fórmula, sería esperar el desastre total y ahí detenernos a mirarnos unos a otros y empezar el diálogo, pero tenemos un grandísimo problema, Argentina tiene recursos y nunca “se toca el fondo”, algo necesario para el Gran Acuerdo Nacional, no los intentados anteriormente, sino el Único, el en “estemos Todos y Todas, Susana y Mirtha incluidas, se logrará? o habrá que esperar a que se cumplan las profecías de Benjamín Parravicini
W.GAZZA
CASO NISMAN
Panorama político nacional de los últimos siete días
El reciclaje del caso Nisman:
entre Netflix y Clint Eastwood
Cinco años atrás, el 18 de enero de 2015, la Argentina se enteró, anonadada, de que Alberto Nisman, el fiscal de la causa AMIA, había sido encontrado muerto en su departamento de Puerto Madero. El país ingresaba dramáticamente en un año electoral que culminaría con el ascenso a la presidencia de Mauricio Macri.
Cuatro días antes de que su cadáver apareciera en el baño de su domicilio, Nisman había formulado una resonante denuncia contra la entonces Presidente de la Nación, Cristina de Kirchner: la acusaba a ella -y a su canciller, Héctor Timerman- de procurar, a través de un pacto firmado con la República Islámica de Irán, encubrir a los funcionarios iraníes responsables del atentado que en julio de 1994 voló el edificio de la AMIA.
En esta columna se publicaba aquel mismísimo 18 de enero de 2015: “El expediente abierto por el fiscal Nisman se tramita durante el último capítulo de la presidencia de Cristina Kirchner y se inscribe, inevitablemente, en el contexto de la competencia electoral que decidirá la sucesión.” Todavía no se sabía que, a esa hora, el denunciante estaba muerto
En el agrietado clima de la época, la denuncia quedaba inevitablemente transformada en un artefacto más del envenenado combate político en marcha: la muerte del fiscal, en ese contexto, tuvo el mismo destino y fue interpretada como un luctuoso corolario confirmatorio.
La parsimonia judicial mantiene abierta todas las conjeturas: todavía se discute si Nisman se suicidó, fue inducido a matarse o fue asesinado. En esta última hipótesis, no se señala hasta ahora quién o quiénes habrían sido los autores. Sólo hay un imputado: Diego Lagomarsino, el colaborador informático de Nisman que le entregó al fiscal el arma de la que salió la bala mortal (quienquiera la haya disparado).
Al cumplirse el quinto año, trascienden retazos de la investigación que cumple la Justicia: se habrían detectado súbitos vendavales de comunicación entre jefes de distintas fracciones de los servicios de inteligencia durante las horas en las que se estima ya estaba muerto pero su cadáver no había sido oficialmente detectado. Se sospecha que el caso Nisman ocurría en el marco de una guerra interna entre espías. En aquella nota de cinco años atrás se puntualizaba aquí: “la mera presentación de Nisman y su catálogo de elementos de apoyo – más allá de la suerte que el caso corra en Tribunales a partir de febrero- es síntoma (uno más y probablemente el más clamoroso) de una grave anomalía. En principio, esta coincidencia de sucesos inconcebibles confirma la existencia de una brecha que cruza el Estado: poderes enfrentados, ministerios copados por sectores facciosos y, además, duplicados con gestiones informales, cuerpos de inteligencia desnaturalizados que se investigan y hostigan recíprocamente. Ya advierte el Evangelio (Mateo 12:25): toda casa dividida contra sí misma caerá”.
El poder de la imagen
La serie televisiva centrada en el caso Nisman que Netflix presentó este mes sintetiza con eficacia los zigzagueos de la investigación, las explicaciones, razonamientos y rodeos de protagonistas y testigos del caso y la ausencia de respuestas claras a los interrogantes que suscitan aún la denuncia formulada por el fiscal, su muerte, la conducta de quienes debían custodiarlo, la de quienes deben esclarecer los hechos e inclusive las dudas generadas por los vínculos y movimientos financieros de la víctima.
La serie ha tenido por otra parte el efecto de devolver al primer plano polarizaciones que parecían haber sido suficientemente explotadas durante la larga campaña de 2015 pero que, evidentemente, guardan aún un rico potencial reciclable.
El acto realizado ayer en la zona de Tribunales, frente al Teatro Colón, contó, por ejemplo, con el respaldo activo de las plataformas políticas opositoras al gobierno de Alberto Fernández
En principio, el caso Nisman interviene lateralmente en la exigente conversación política que el gobierno de Fernández desarrolla con Washington (de la que hay un capítulo dedicada a Hizbollah y otro a la tensión de Donald Trump con el régimen de Teherán); el viaje del Presidente a Israel (el primero como titular del Ejecutivo) representa una iniciativa audaz y elocuente de la disposición de la Casa Rosada a evitar interpretaciones erróneas de su voluntad de autonomía. El viaje a Israel tiene dimensiones simbólicas y prácticas y tiene lecturas políticas internacionales y domésticas.
Alberto Fernández es golpeado desde la oposición y desde sectores de la opinión pública con suspicacias en un tema sensible: se sostiene que ha contraído el compromiso con su vicepresidente -la dama que lo hizo candidato- de operar en su favor ante la Justicia. Ese relato incluye el tema Nisman, cuya denuncia enchastró mediáticamente a CFK, particularmente después de la misteriosa muerte del fiscal, que estos sectores procuran colgar al gobierno K. Hasta tanto el caso quede debidamente esclarecido y haya sido zanjado por los jueces, la oposición tratará de obligar al gobierno de Fernández a conceder ese handicap. El acto de ayer en la zona de Tribunales, motorizado desde distintas plataformas opositoras, es un ejemplo en ese sentido; un intento de transformar su memoria en el emblema de una facción.
La sospecha y la infamia
Es difícil y doloroso convivir con la sospecha. En mayor medida si ésta es temeraria o inconsistente. En los cines se proyecta estos días una excelente obra de Clint Eastwood, El caso de Richard Jewell, que es una lúcida reflexión sobre ese tema basada en un hecho real.
Jewell, el personaje del filme, era un empleado de seguridad, contratado en 1996 para el resguardo de los Juegos Olímpicos realizados ese año en Atlanta, Georgia. Jewell, un tipo de familia, apegado a su trabajo y admirador de la actividad policial, descubre una mochila sospechosa en un parque público afectado a la actividad de las Olimpíadas, da la alarma y, pese a que la bomba escondida en la mochila explota, muchas vidas llegan a salvarse gracias a su conducta. Jewell se convierte en un héroe, pero su gloria apenas dura tres días, porque el sistema de inteligencia (el FBI) no consigue encontrar al responsable del atentado y, sobre la base de conjeturas y teorías, los responsables del caso deciden culparlo a él. Y filtran esa información a los medios. En pocas horas Jewell se convierte en un monstruo.
La verdad sólo saldrá a la luz seis años más tarde, cuando el verdadero autor del atentado, Eric Rudolph (un ex soldado), detenido en Carolina del Norte confiese su culpabilidad.
La conmovedora historia que Eastwood cuenta es no sólo un relato apasionante, sino también una advertencia sobre las consecuencias de los trabajos mal hechos, y sobre los relatos que -peor aún- pretenden justificar esas fallas. En este caso se trata de la colusión entre malos investigadores y malos periodistas.
El caso Nisman, que es un capítulo del caso AMIA, expone hasta ahora mucha ineficiencia, mucha distracción, mucho relato destinado a justificar conclusiones alcanzadas o urdidas de antemano. En la serie de Netflix, refiriéndose al caso AMIA, centro de la investigación de Nisman, un ex representante en Buenos Aires de la CIA aventura: “No quiero pensar en teorías conspirativas pero no podrían haber arruinado mejor esta investigación (lo cual) me hace pensar que a nadie le interesaba resolver este caso…”
A los argentinos, sin embargo, nos interesa que se resuelva. Más temprano que tarde.
Jorge Raventos
Pacificación Nacional Definitiva: ACTUALIZACIÓN DE AYUNO EN LA PRISIÓN: EL MILITAR Q...
Pacificación Nacional Definitiva: ACTUALIZACIÓN DE AYUNO EN LA PRISIÓN: EL MILITAR Q...: La situación planteada por la decisión personal del teniente primero (R) Gustavo Ramón De Marchi , quién en cautiverio se declaró en ...
viernes, 17 de enero de 2020
Pacificación Nacional Definitiva: FUERZAS ARMADAS
Pacificación Nacional Definitiva: FUERZAS ARMADAS: Señor Presidente de la Nación: el sector militar de la sociedad espera de usted, su comandante en jefe, se reconozca sus méritos, su mi...
miércoles, 15 de enero de 2020
Pacificación Nacional Definitiva: AVANZA UNA CAUSA POR ESTAFAS EN SUBSIDIOS A GUERRI...
Pacificación Nacional Definitiva: AVANZA UNA CAUSA POR ESTAFAS EN SUBSIDIOS A GUERRI...: Los cuerpos de los montoneros quedaron en el cuartel. FOTO: CEDOC. En Comodoro Py avanza una causa que investiga si hubo una defraud...
Pacificación Nacional Definitiva: VISITA A SS
Pacificación Nacional Definitiva: VISITA A SS: Mons. Olivera fue recibido en audiencia privada por el Santo Padre Francisco Estimados camaradas: Creo que en esta oportunidad l...
sábado, 11 de enero de 2020
DEUDA, EMERGENCIA Y POLÍTICA EXTERIOR
Panorama político nacional de los últimos siete días
Un mes entre la deuda, la
emergencia y la política exterior
Un mes de gestión -acaba de cumplirlo el gobierno de Alberto Fernández- no es un plazo suficiente para grandes evaluaciones. En cualquier caso, el Presidente puede estar satisfecho con algunos logros: el Poder Ejecutivo se ha fortalecido, consiguió el acompañamiento del Congreso cuando impulsó la ley de solidaridad social y reactivación productiva (que la oposición llamó “de multiemergencia”); el programa “Argentina contra el Hambre” ya está en marcha y han comenzado a entregarse las tarjetas personalizadas para que los más necesitados puedan comprar alimentos (el ministro Daniel Arroyo planea alcanzar con ese recurso a dos millones de personas); los mercados han reaccionado positivamente ante las manifestaciones que ratifican la voluntad oficial de encarar el pago de la deuda argentina a través de negociaciones: el ministro de Economía, Martín Guzmán, se dispone a iniciar conversaciones formales con los tenedores de bonos; hay en marcha un aumento de salarios de emergencia como adelanto de paritarias y distintos sectores (empresarios, gremios, movimientos sociales) se preparan para moderar la puja distributiva y cooperar en poner freno a la inflación; volvieron los precios cuidados al comercio y se congelaron los precios del transporte en el área metropolitana.
La nota desafinada más destacable proviene del campo: las organizaciones mayores del sector no terminan de contener la protesta de productores independientes que se quejan de pérdida de rentabilidad por efecto de la presión impositiva (en la provincia de Buenos Aires, por caso, el incremento de las retenciones se sumó al aumento del gravamen inmobiliario impulsado por la reforma fiscal que impulsó el gobernador Axel Kicillof).
Un mundo que se achica
Los críticos del gobierno sostienen que Alberto Fernández no trabaja con un plan. Cierto: “empezamos por los últimos para poder llegar a todos”, resumió el jefe de gabinete Santiago Cafiero. El gobierno está tratando en primer lugar de ajustar las cuentas mientras administra la emergencia priorizando la equidad. No habrá consumado esta etapa hasta no resolver, principalmente, la renegociación de la deuda. Es justo en este punto donde la situación nacional se ve atravesada inevitablemente con la política exterior (“la verdadera política”, decía Juan Perón). El Presidente cuenta con un equipo sólido en ese terreno, a cargo de Felipe Solá.
Argentina va a necesitar ayuda de Estados Unidos para ordenar su difícil situación financiera, para avanzar en un reperfilamiento de su deuda con el Fondo Monetario Internacional y para que no se sumen obstáculos al deseado flujo de inversiones que el país necesitará para desarrollar sus ventajas comparativas.
En ese contexto, antes de que Donald Trump recalentara la atmósfera mundial al decidir el “targeted killing” (eliminación selectiva) en Bagdad del general iraní Qasem Soleimani, el gobierno de Alberto Fernández ya recibía una fuerte presión de Washington. Como se señaló aquí una semana atrás, un artículo publicado por la agencia Bloomberg había atribuido a fuentes de la Casa Blanca lo que muchos observadores interpretaron como un mensaje para la Casa Rosada. La nota afirmaba que, según el gobierno de Trump, Argentina “cruzó un límite" al dar asilo y autorizar la actividad política del boliviano Evo Morales y al apartarse de la rígida postura que Washington prescribe en relación con el régimen venezolano de Nicolás Maduro. La nota de Bloomberg sostenía que esas asignaturas podían costarle a la Argentina el no respaldo de Trump en sus gestiones financieras.
Pese a la insistente y dominante interpretación mediática local, es muy posible que -como sostuvo esta columna una semana atrás- “el artículo no refleje una postura de la Casa Blanca sino sólo de una fracción del gobierno de Washington”. Muchos analistas locales parecen coincidir con la mirada de esa fracción.
Otra manera de ver
La historia de la “línea roja” presuntamente cruzada por el gobierno de Fernández merece una lectura diferente de la que sugieren el artículo de Bloomberg, actitudes ruidosas como las que suele exponer el asesor de Trump de origen cubano Mauricio Claver Carona o interpretaciones rioplatenses sintonizadas en esa misma frecuencia.
El representante especial del gobierno de Estados Unidos para Venezuela no es Claver, sino Elliot Abrams, un veterano y fogueado diplomático republicano que ya tuvo a cargo misiones de responsabilidad con los gobiernos de Ronald Reagan y George Bush. Su opinión tiene peso y pertinencia.
En diciembre, después de la asunción de Alberto Fernández, Abrams, que había conversado con él antes de esa ceremonia, se prestó a una entrevista con el diario Clarín. “Así como nosotros queremos buenas relaciones con Argentina, Fernández quiere buenas relaciones con nosotros. Hablamos de Venezuela, por supuesto, porque es mi cargo y creo que compartimos un deseo para elecciones libres y para una salida de la crisis en la que vive Venezuela por vía de elecciones”, puntualizó entonces.
Cuando la entrevistadora señaló la presencia en el acto de asunción de Fernández del ministro de Comunicación venezolano, Jorge Rodríguez (argumento que su colega Claver Carone había esgrimido para no asistir al acto), Abrams prefirió destacar otro hecho: “En primer lugar, es interesante que Nicolás Maduro no asistió”. La periodista busca otro flanco: “¿El haber recibido a Evo Morales como refugiado en el país es un signo de la política exterior que quiere seguir Alberto Fernández?°. Abrams responde: “Yo no quiero sobreinterpretar. Pero, ¿qué quiere decir que no haya invitado a Evo Morales a la asunción del mando? Ha aceptado a Evo Morales como refugiado, ¿qué quiere decir? Bueno vamos a ver.” La periodista siguió hurgando: “¿Cree que el peso de la vicepresidenta Cristina Fernández, amiga de Maduro, puede influir en Fernández y la política sobre Venezuela?”. Abrams evadió la incitación con agudeza y elegancia: “Está invitándome a interferir en la política interior de su país y no acepto esta invitación”, replicó.
Parece evidente que el funcionario estadounidense distingue los matices con más precisión que muchos observadores locales. Esta semana, después de que el régimen de Nicolás Maduro intentó impedir por la fuerza la reunión de la Asamblea (congreso) de su país y la reasunción del opositor Juan Guaidó como titular de ese órgano, la cancillería argentina emitió un documento en el que calificó “los episodios registrados en el día de la fecha en la República Bolivariana de Venezuela” como “inadmisibles para la convivencia democrática los actos de hostigamiento padecidos por diputados, periodistas y miembros del cuerpo diplomático al momento de procurar ingresar al recinto de la Asamblea Nacional, para elegir a las nuevas autoridades de su junta directiva”. El texto del gobierno argentino definió lo ocurrido como “un nuevo obstáculo para el pleno funcionamiento del Estado de Derecho, condición esencial para permitir encaminar una salida transparente a la situación que hoy vive el pueblo venezolano”.
Realismo y cabeza propia
Un distinguido grupo de analistas locales, quizás más papistas que el Papa, criticó el documento del gobierno de Solá y Fernández adjudicando máxima trascendencia al hecho de que no se hubiera caracterizado allí al gobierno de Maduro “como una dictadura”. Elliot Abrams, en cambio, puso el foco en otro punto: “Conocemos el fuerte apoyo en Colombia a la democracia en Venezuela y a Juan Guaido. Hay un nuevo gobierno en Argentina que ha tomado una posición ligeramente diferente, y obviamente lo mismo México. No han tomado la misma posición que los Estados Unidos. Así que fue muy interesante cuando el mismo día, sin dudarlo, ambos consideraron inaceptable lo que sucedió en Caracas y lo rechazaron, y creo que eso es realmente sorprendente", dijo Abrams. "Y Maduro debe preguntarse hoy, '¿Me quedan aliados?' No van a apoyar ese tipo de medidas. Van a denunciar ese tipo de medidas".
La mirada de Abrams no parece avalar la idea de una “línea roja” atravesada por Argentina, sino más bien otras, más constructivas y sutiles: la de que los hechos son más importantes que las palabras y la de que las coincidencias políticas no siempre necesitan expresarse como un coro unánime.
En el tema Venezuela, como frente al golpe de Estado boliviano, el gobierno de Fernández procura sostener con pragmatismo y sin arrebatos aislacionistas una tradición de la política exterior argentina no intervención en los asuntos internos de otros países y sostenimiento de la legalidad, la democracia y el diálogo institucional.
En cuanto al choque entre el gobierno de Trump y el de los ayatollahs, el gobierno argentino ha mantenido una actitud prudente, convocando a las partes a desescalar el conflicto, una posición que concuerda con el consenso internacional. Cualquier sobreactuación sería desaconsejable. Es inteligente proceder con realismo y cabeza propia: reconociendo prioridades, relaciones de fuerza y espacios de incumbencia y evitando las trampas del ideologismo o el principismo abstracto.
Los días y meses que vienen pondrán al gobierno ante desafíos más exigentes aún. Esta es una prueba de largo aliento.
Jorge Raventos
miércoles, 8 de enero de 2020
LOS SOJEROS" ESAS HIPÓCRITAS VÍCTIMAS DEL "FACILISMO".
LOS SOJEROS" ESAS HIPÓCRITAS VÍCTIMAS DEL "FACILISMO".
Amigos:
Como muchos otros que, en nuestra lejana juventud, abrazamos la Carrera Naval, la mayoría de mi generación provinimos de Pueblos y Ciudades promedio.
En mi caso de Solís -BA-.
Y cada quien, por vinculaciones familiares o por simple afición a lo poco que heredamos, nos formamos en el paralelo a nuestra vocación, de otra, digamos que por una consecuencia osmótica, a la Agropecuaria.
Es por ello que hoy particularmente, deseo despachar estas líneas a los "Parasitarios Pooles de Siembra".
Quienes desde hace, aproximados veinte años, dicen "haber desembarcado el progreso en el sector Rural".
Y ahora, habiendo cooptado a todo el Agro, en su cruzada contra las retenciones, se erigieron en los indiscutidos líderes del ámbito Agrario.
Constituyendo Los Grobo, Cresud & El Tejar sus cabezas más sobresalientes, por la concentración de cuatrocientas mil o incluso más hectáreas, destinadas en exclusivo a la siembra y cosecha anual de Soja.
Tanto en Argentina como en Uruguay, Paraguay y Bolivia.
Con un tamaño de tales proporciones, digamos que a estos muchachos se les puede asignar la categoría del Cartel Verde.
Y obvio resulta que, por sus ciclópeas dimensiones, manejan a su arbitrio, tanto la oportunidad de liquidar divisas, como de tener una nada despreciable incidencia en el Mercado de Chicago.
Bueno, pero ésta, digamos categorización, tan solo representa una pincelada y muy superficial sobre la realidad y los ocultos y sibilinos mitos de nuestra Agricultura doméstica.
En estos días, tractorazos y similares actitudes de repudio a la confiscación tributaria, movilizó al Sector en los cruces de distintas rutas, fundamentalmente en el ámbito Bonaerense.
Sin embargo, pese a una primera lectura telúrica & folclórica que, despierta generalmente en el Interior de la Nación empatías y sinonimias, la verdad intrínseca es una muy diferente.
Cuando la ignorante de Kretina, contemporáneamente al tratamiento parlamentario de la 125, denominó como yuyito a dicho sembradío, se ganó la repulsa de la opinión pública de entonces, por lo desdoroso de su calificación a un cultivar tan trascendente.
Pero adentrándonos más en lo profundo de una significación gramatical poco feliz, por decir lo menos, no fue tan desatinada esta grotesca, en su calificativo, diré, endógeno.
Ya que en esencia, quien así la aleccionó, estuvo en lo cierto.
Por cuánto la soja sí es un yuyito.
Toda vez que actualmente, varietales híbridos con una inusitada plasticidad, se siembran en regiones semi áridas e incluso de suelos altamente salinos.
Ecuación de toda inviabilidad germinativa en maíz, girasol, sorgo, trigo, cebada y cualquiera otra, aplicada a la siembra masiva, de cereales y oleaginosas en fina & gruesa indistintamente.
Y es esa ductilidad, la que enerva a estos popes, para que estimulen económicamente al periodismo del área y acentuar hasta el paroxismo, los reclamos de tantos chacareros quejosos.
Y por demás a esa manga de Crápulas & Farsantes de la Mesa de Enlace que, no representan a nadie más que a sus Corporativos Amos.
Esos de los Pooles.
El Campo Argentino, antes de su actual sojización, contaba con napas freáticas no cancerígenas como ahora, irremediablemente lo están por los criminales efectos del Glifosato.
Las malezas no se habían tornado como en la actualidad, irremediablemente inmunes a los herbicidas.
Y en lo que se conoce como la Pampa Húmeda y/o Zona Núcleo, la predominancia maicera, triguera y en menor medida, girasolera, el perfil de tierra negra, pues, era envidiable en todo el Universo, por cuánto contaba con un mínimo horizonte de fertilidad de, entre 0,70/0,90 centímetros.
Hoy, con un tractor de entre 250/300 hp de potencia un solo operario, puede manejar una sembradora y plantar entre cien y ciento cincuenta hectáreas día.
Y con un equipo de cinco tractoristas, bueno, digamos que, unas un mil hectáreas diarias o treinta mil mensuales,
Exclusivamente por esa arrolladora tecnificación el Campo Argentino, bien, está despoblado.
Porque si con un peón se puede agricolamente manejar media legua, ¿para que contratar mas gente y resignar utilidades?.
Financieramente sería un dislate.
En ello y en el pérfido espejismo del progreso social agropecuario, se esconde arteramente el padecer de estos falsos exponentes de la "Pampa Gringa".
Puesto que, si anidase en ellos, un sano y legítimo espíritu corporativo, para torcerle el brazo a un Estado Saqueador, como en realidad lo es, abandonarían este Ruin y Anti patriótico Cartel y se avocarían a la siembra de otros cultivos.
Y Amigos, no permitan que los induzcan en La Balada de La Fuente Inagotable de Divisas con la que la soja nos proveerá infatigable e infinitamente.
Ya que, es tan agotable como perniciosa su extensión temporal por la devastación de nuestra Tierra.
Como tampoco compren el camelo que, se debe de apoyar irrestrictamente esa Falsa Gesta, porque los treinta mil millones de dólares que generan, constituye apenas el cinco por ciento del PBI anual.
Y sus efectos químicos, de no reprimirlos, nos irrogará solo tierra yerma e improductiva en la siguiente década.
Todo lo cuál me conduce a preguntarme y preguntar al Lector:
Si las retenciones son tan brutales ¿porqué no dejan de sembrarla y optan por sembrar más maíz o girasol?.
No desisten por una sola razón y ella estriba en que sigue siendo una actividad financiera
y muy rentable, porque el alea de riesgo es prácticamente nula.
Ésta y ninguna otra es la verdad oculta, esa de...
"LOS SOJEROS" ESTAS HIPÓCRITAS VÍCTIMAS DEL "FACILISMO".
Cordialmente Carlos Belgrano.-
sábado, 4 de enero de 2020
viernes, 3 de enero de 2020
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Pacificación Nacional Definitiva: BOLIVIA SE ALEJA DE EVO Y TODO CAMBIA EN AMÉRICA L...: El Grupo de Puebla se convocó con el lema “el progresismo es el cambio”. Pero en la región, empezando por Bolivia, hay muchos procesos de...
jueves, 2 de enero de 2020
lunes, 30 de diciembre de 2019
sábado, 28 de diciembre de 2019
AJUSTE A LA ARGENTINA
Panorama político nacional de los últimos siete días
El nuevo gobierno y el
ajuste “a la argentina”
Merced a la victoria política que culminó en la aprobación de la ley de solidaridad social y reactivación productiva, el poder presidencial se ha vigorizado notoriamente. Tanto, que para algunos ya estaríamos ante un caso de “hiperpresidencialismo”. El propio Alberto Fernández mira esos comentarios con ironía: “Hasta hace dos semanas era un pobre tipo que no podía armar el gabinete porque Cristina le armaba todo. Ahora dicen que soy el Presidente más poderoso”, bromeó intencionadamente el último jueves ante Eduardo Van der Kooy, editorialista político de Clarín.
Es cierto: antes aún de que Mauricio Macri le colocara la banda y le entregase el simbólico bastón de mando, la comidilla mediática le concedía a Fernández habilidades como operador pero lo pintaba sustancialmente condicionado por el poder de la señora de Kirchner, la que lo habia elevado a la condición de candidato. Desde la aprobación de aquella ley, tanto los mercados como los analistas más renuentes empiezan a recoger las velas de su suspicacia o se rinden ante la evidencia. En su columna de La Nación, por ejemplo, Joaquín Morales Solá se inclinaba el último domingo ante la manifestación de autonomía presidencial: “Es comprensible que un presidente que llegó con la mayoría de los votos prestados por otro líder (otra líder, en este caso) intente consolidar primero su poder. Lo consiguió. No quedó ningún argumento para los que decían que sería un mero títere de la expresidenta”.
Los mercados y lo inesperado
Los mercados se expresaron en su propio idioma: bajó significativamente el índice de riesgo del país, acciones y bonos se recuperaron. La opinión pública, según últimas mediciones, está premiando al Presidente con un 60 por ciento de aprobación (imagen positiva).
La Casa Rosada mostró su capacidad de convocatoria al congregar a dirigentes empresarios, sindicalistas y líderes de movimientos sociales y suscribir con ellos un "compromiso argentino por el desarrollo y la solidaridad" que constituye el vestíbulo del Consejo Económico y Social que Fernández proyecta instituir por ley y establecer como un pilar de políticas de estado que trascienda los períodos presidenciales.
El compromiso firmado en esta ocasión, además de expresar una voluntad de encuentro en la diversidad social y hasta en la divergencia, sostiene varios conceptos que son importantes para el gobierno, tanto de cara a los mercados como a la opinión pública: estamos ante una emergencia, hay compromisos de pago (deuda) que deben ser cumplidos con urgencia; la voluntad de pago requiere condiciones compatibles con la atención de la deuda social y el crecimiento de la economía".
Es comprensible que los mercados reciban con expectativa estos datos, que contradicen las sospechas que habían alimentado frente a un gobierno sostenido por el peronismo. Los augurios del mercado huyen de la originalidad, se asientan en la monotonía, en el principio de que el futuro repite el pasado. Por eso suelen fallar cuando se topan con lo inédito. Ante lo nuevo conviene pensar de nuevo.
Alberto Fernández es una invitación a hacerlo. Desde la década del 90 del siglo pasado era raro que una autoridad peronista admitiera que lleva adelante un programa de ajuste. El Presidente acaba de reconocer que eso es lo que está haciendo: “Si el concepto de ajuste es poner orden en las cuentas públicas, estamos haciendo un ajuste”, concedió sin tapujos el jueves en un canal de cable; por cierto agregó de inmediato que “a diferencia de otros ajustes, no está pagado por los que menos tienen, sino por los que mejor están. ¿Quiénes son? Los que exportan, los que producen petróleo, metales, la minería, el campo, los que están en mejor situación con sus bienes personales. Hay que pagar en la Argentina un plan contra el hambre que va a costar 100 mil millones de pesos”.
Si es un hecho singular que el peronista Fernández no se avergüence de llamar al ajuste por su nombre, no lo es menos que su gobierno pueda exhibir el respaldo conjunto de empresarios, gremios y movimientos sociales a los objetivos de su programa. El “compromiso por el desarrollo y la solidaridad” fue firmado por algunos de quienes se beneficiarán de su aplicación y por muchos de los que deberán pagar por ella.
El campo y la cultura dolarizada
Es cierto, no todos los que tienen que pagar estuvieron sentados a la mesa el jueves último: la Mesa de Enlace de las organizaciones agropecuarias (que, sin embargo, mantiene abierto el diálogo con el gobierno) prefirió evitar esa cita. Es que el mismo día varios agrupamientos de productores autoconvocados manifestaban contra las retencione en Rosario y en pueblos de Córdoba y la provincia de Buenos Aires. Son expresiones irritadas, impacientes y minoritarias, pero el gobierno está atento para evitar que el descontento se extienda: Fernández sabe que el campo es el gran productor de divisas y que la Argentina no puede repetir conflictos como el del 2008. Tiene que refinar el programa de retenciones y estímulos y simultáneamente tiene que convencer al campo de que su aporte es no sólo necesario, sino inevitable. En esa operación consiste hacer política.
Tal vez el círculo social más intolerante con el tipo de ajuste que encara el gobierno sea el que considera -como pintó Fernández ante los medios-
“que comprar dólares es una suerte de derecho humano”. Aunque el sentido común indica que el Estado está obligado a establecer prioridades en el uso de un recurso escaso como son las divisas, para aquella cultura banalmente dolarizada el impuesto fijado a la compra de dólares para turismo o para consumo doméstico en el exterior representa una ofensa imperdonable.
Más allá de esos reflejos si se quiere marginales, el agrietado sistema político argentino tiene, si bien se mira, ciertas coincidencias básicas: tanto el gobierno de Alberto Fernández como la oposición comparten la necesidad de no aislar a la Argentina del mundo, de resolver el problema de la deuda y recuperar el crédito externo, de encarar una reforma al sistema previsional. Divergen sobre los métodos y sobre quiénes deben, en primera instancia, afrontar los costos de esa búsqueda. Fernández cree que el mayor aporte debe recaer en quienes tienen mayor capacidad contributiva.
De la Rosada a La Plata
De una semana a la otra, la posición de la Casa Rosada se fortaleció. Generó condiciones para ir resolviendo las urgencias mientras trabaja para soluciones de fondo.
La situación en cambio no mejoró para otra figura estelar de los nuevos elencos gobernantes: el mandatario bonaerense Axel Kicillof. En La Plata las cosas habían andado muy bien hasta la semana anterior. El domingo último esta columna consignaba que “en la provincia de Buenos Aires, aunque el Frente de Todos no tiene fuerza suficiente en el Senado, el gobierno de Kicillof consiguió que la Legislatura aprobase normas de emergencia.pero el trámite discurrió allí (...) por canales fluidos merced a una negociación que el mandatario mantuvo con María Eugenia Vidal y su equipo”.
Esta semana, en cambio, Kicillof quiso aprobar una severa reforma de las tributaciones en la provincia (principalmente la tasa inmobiliaria y la de ingresos brutos) sin la indispensable flexibilidad a la que debería inducirlo su debilidad legislativa. La oposición (Juntos por el Cambio) reclamaba que los incrementos impositivos no superaran la inflación, mientras el gobernador quería, sí o sí, mantener los incrementos que él había previsto, que en el caso del impuesto inmobiliario llegaba hasta el 75 por ciento. La intransigencia condujo al bloqueo de la situación; la oposición no dio quórum y la sesión fracasó. Si el gobernador quiere su reforma tributaria deberá negociar tarde o temprano. Y -con esa reforma o sin ella- deberá ir pensando en negociar con la Casa Rosada, como todos los gobernadores que lo precedieron.
Jorge Raventos
viernes, 27 de diciembre de 2019
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miércoles, 25 de diciembre de 2019
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lunes, 23 de diciembre de 2019
sábado, 21 de diciembre de 2019
LA PRIMERA VICTORIA PRESIDENCIAL.
Panorama político nacional de los últimos siete días
La primera victoria presidencial
de Alberto Fernández
Alberto Fernández atravesó con éxito sus primeros diez días de gobierno. La victoria legislativa se consumó en la madrugada del sábado 21 con la aprobación en el Senado de la ley de solidaridad social y reactivación productiva. La norma sanciona una situación de emergencia que afecta la realidad económica, la situación fiscal, el régimen previsional y la salud en función de la cual habilita al Poder Ejecutivo a adoptar medidas excepcionales en esos campos.
El Presidente emerge de esta primera y decisiva pulseada vigorizado internamente y, sobre todo, ante el mundo.
Para conseguir ese triunfo parlamentario, que había empezado a edificarse en una maratónica y enredada sesión de la Cámara de Diputados, el oficialismo contó con el apoyo de bloques de la oposición (por caso, el lavagnismo, fuerzas federalistas provinciales y sectores disidentes del macrismo) pero tuvo que afrontar la fiera oposición de Juntos por el Cambio, que anunció desde el inicio su rechazo a la iniciativa y su voluntad de boicotear el debate negándose a formar quorum.
La guerra y la paz
Como la táctica de impedir la sesión fracasó (el oficialismo admitió cambios en el texto del proyecto sugeridos por otros bloques y con esas presencias se aseguró el quorum, para el que no tiene número en soledad), Juntos para el Cambio tuvo que bajar al recinto y librar batalla allí.
En esos prolegómenos, la coalición de radicales, macristas y lilitos empezó exhibiendo grietas internas, aunque en definitiva conseguiría unificar personería. En principio, los gobernadores de la coalición (el jujeño Gerardo Morales, el correntino Rodolfo Valdés, el mendocino Rodolfo Suárez, los tres radicales, y también el macrista porteño Horacio Rodríguez Larreta) tomaron distancia de la intransigencia que insinuaban sus legisladores: ellos prefieren (y seguramente necesitan) mantener una relación cooperativa con el oficialismo nacional.
Aunque en los bloques había correas de transmisión de esa postura, no consiguieron prevalecer. Las elites de los tres partidos de la coalición -en particular la del Pro, a cuya cabeza Macri impuso a la dura Patricia Bullrich, y por cierto la de Coalición Cívica, donde siempre impera el talante de la doctora Carrió, aunque amenace con jubilarse- están seguros de que el activismo que acompañó a Macri en sus últimos actos de plaza (y, conjeturan, buena parte de sus votantes) espera de ellos un franco antagonismo con el gobierno de Fernández (que imaginan como un mero maquillaje de la lisa y llana restauración del que concluyó en 2015). Fue esa posición la que expuso el interbloque de Juntos por el Cambio en el Congreso: mantuvo la unidad describiendo la propuesta del gobierno como el primer paso de un proyecto de dominación hegemónica.
Con el correr de las semanas es posible que la actual prevalencia del sector más inflexible sea contestada por corrientes más moderadas, negociadoras y realistas.
Palomas y halcones
En la provincia de Buenos Aires, por caso, aunque el Frente de Todos no tiene fuerza suficiente en el Senado, el gobierno de Axel Kicillof también consiguió que la Legislatura aprobase normas de emergencia.pero el trámite discurrió allí por canales fluidos merced a una negociación que el mandatario mantuvo con María Eugenia Vidal y su equipo. El sector más negociador del Pro (encabezado por el disidente Emilio Monzó, que aspira a ser candidato a gobernador en 2023), pelea con Vidal por el control partidario en la provincia. Irónicamente, empuja así a la exgobernadora - y a Juntos por el Cambio- a cooperar con Kicillof.
En el Congreso nacional, los líderes de la coalición eligieron chocar con el gobierno recién asumido, cuestionaron una supuesta vocación de imperio del Presidente, y atacaron las temporarias medidas previsionales describiéndolas como una manifestación de ajuste y dibujándolas como condicionadas por el Fondo Monetario Internacional.
Ganar tiempo
El Presidente les contó el jueves a los grandes jefes empresarios de AEA que hace dos meses él y su ministro de Economía conversan con Kristalina Georgieva, que conduce el Fondo desde agosto, y han conseguido una media palabra de apoyo a la línea presidencial de “crecer para poder pagar”. Traducción: ganar tiempo (dos a cuatro años) para crecer y empezar a pagar entonces. Se buscan acreedores lúcidos.
Ese acuerdo con el Fondo -que atiende a una emergencia económica y financiera del país- requiere, claro está, hacerse cargo de la emergencia del sistema previsional. La emergencia no reside únicamente por la inviabilidad de su financiamiento en el estado actual, sino también en el hecho de que más de la mitad de los jubilados reciben la prestación mínima y un 70 por ciento reciben una prestación en el límite de la línea de pobreza. El gobierno de Alberto Fernández está encarando una reforma. Pero se trata de reformar con la gente adentro. Hay que hacer sustentable el sistema en un país sustentable.
Ningún jubilado -salvo que forme parte de los regímenes llamados “de privilegio”- recibe el 82 por ciento de sus mejores últimos ingresos activos, como prevé la ley. Se trata entonces de analizar la emergencia previsional en, como mínimo, esos dos puntos vitales.
El gobierno pidió y consiguió con la ley seis meses para buscar una fórmula de movilidad jubilatoria equitativa y sustentable, prometió pasarla por el Congreso. Prometió asimismo atender en marzo por decreto a las franjas más deprimidas con un incremento que superará el que preveía la fórmula de movilidad recién abolida y que atenderá a esa misma franja mayoritaria de jubilados con bonos en diciembre y enero que equivalen a más de un tercio de una jubilación mínima. Se supone (no hemos oído palabra oficial sobre el punto) que en marzo habrá también incrementos por decreto, así sean más reducidos, para los jubilados que reciben por encima de la prestación mínima.
El famoso triángulo
Por supuesto, se puede tener posturas distintas, inclusive muy críticas a estas propuestas que ya son ley, pero no está claro cuál sería el motivo para hacer de estas cuestiones una bandera de conflicto extremo. Que una postura de esa naturaleza tuviera como portadores a activistas de una izquierda intransigente podría mostrar alguna consistencia, pero no la tiene. Aunque sería ingenuo exigir coherencia discursiva a políticos que habitualmente modifican sus relatos según hablen desde el poder o desde el llano, es notorio que a Juntos por el Cambio, una coalición propensa a jactarse de principismo y de cuestionar el pragmatismo ajeno, no le sienta bien esta línea argumental. La monumental deuda con el Fondo Monetario Internacional fue contraída por el gobierno de Cambiemos, y la insistencia en que el sistema previsional debía ser reformado porque “como está es inviable” provino más bien del macrismo y sus aliados.
¿Cómo cuestionar a Fernández si éste trabaja un acuerdo con el Fondo para salir del endiablado endeudamiento?
Dick Morris - el consultor que asesoraba a Bill Clinton en los años 90- bautizó como “triangulación” al procedimiento de un gobernante que, mientras afirma los objetivos de su propia fuerza política, asume lógicas y algunos modos y preocupaciones de la oposición.
A priori el Presidente podría haber esperado más críticas desde su propia base electoral y social que de la coalición que se asentó sobre un programa de ajuste fiscal, aumento de tarifas y proyectos de reforma laboral y previsional. Pero su base por el momento lo respalda y parece dispuesta a darle el tiempo para que pruebe si sus reformas mejoran o empeoran la situación. Entre otras cosas porque Fernández enmarca su diálogo con el Fondo y sus búsquedas previsionales en un proyecto productivista y de proclamada equidad social, divisas que el peronismo respalda.
La oposición no se muestra dispuesta a concederle ese tiempo. Probablemente porque tema que las reformas den resultados suficientemente buenos como para fortalecer el gobierno de Fernández.
Hace unos meses se atribuía al Presidente cierta fascinación por el llamado “modelo portugués”. Lo más asombroso de ese modelo quizás haya sido que una coalición popular, basada en los sectores de la producción y el trabajo tanto como en una amplia masa de desempleados y semiempleados, asumiera como propio un programa de ajuste fiscal conjuntamente con una vocación de reforma e inclusión social.
Una reflexión de Antonio Costa, el líder del milagro portugués, seguramente está hoy en la cabeza de Fernández: "Es normal que, después de un período de esfuerzos y sufrimientos todos los sectores reclamen todo ya. Un buen gobierno tiene que combinar la satisfacción de las necesidades sociales con el cuidado de su capacidad fiscal y el desarrollo de sus prioridades políticas".
En septiembre, en esta columna en relación con los planes de Alberto Fernández
nos referimos al caso de Antonio Costa, que en octubre fue reelecto: “Hoy se habla del milagro portugués, que empezó, según el prestigioso semanario The Economist, ‘poniendo dinero en el bolsillo de la gente’ y que, según el propio Costa, ‘demostró que mantener el orden de las cuentas públicas no es incompatible con una política que defienda la cohesión social’.
JORGE RAVENTOS
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