Las palabras
Falta de respeto
"Este es el mayor fraude que hay en el país. Es una afrenta a la sangre derramada por los soldados."
(Apreciación del suboficial de la Fuerza Aérea Argentina Ramón Borgobello, denunciante de que en las islas Malvinas combatieron 8.231 hombres y ahora hay 25.000 pensionados por ese motivo.)
Al fiscal federal Guillermo Marijuán se le ocurrió cotejar las listas de revista de quienes efectivamente intervinieron, en 1982, en el conflicto del Atlántico Sur con la nómina de las personas que reciben pensión a título de ex combatientes. No pudo salir de su asombro: o le faltaban veteranos o le sobraban pensionados.
Según cómputos autorizados, en las islas Malvinas hubo entre 10.000 y 14.000 militares, pero se están abonando alrededor de 20.000 pensiones; de acuerdo con el denunciante de esta irregularidad, el suboficial de la Fuerza Aérea Ramón Borgobello, "en la isla éramos 8.000 y ahora están cobrando 25.000...".
¿Hace falta más? Un sabor acre impregna el paladar del observador imparcial al caer en la cuenta de que está frente a otro episodio turbio, hijo dilecto de la tristemente célebre "viveza criolla", ese manchón de nuestro carácter que supo tener por propagandista al Viejo Vizcacha, el pillo brotado de la fértil imaginación del poeta José Hernández.
Muchísimos argentinos lloraron a los caídos que allí quedaron y sintieron en carne propia los infinitos padecimientos de cuantos pudieron retornar de aquella aventura bélica. Pero hubo algunos, salta a la vista, que muy pronto imaginaron cómo sacar provecho de la coyuntura no bien encontraron un resquicio para poder involucrarse en ella.
No se avergonzaron. Esa ralea suele estar mucho más allá de la honradez, la ética y la vergüenza. ¿Fraude? No, sencillamente estafa, delito contemplado en el Código Penal. Aunque más no fuese por una vez, la Justicia debería actuar con prontitud y esclarecer cuáles son los beneficios mal habidos, para privarlos de ellos a quienes pasan por tener un mérito que les ha sido ajeno y, también, sancionar a los responsables de que hayan podido infiltrarse en un campo reservado a los hombres de verdad.
La afrenta a la sangre derramada, que la hubo y la hay, sólo podrá ser borrada con un castigo ejemplar. Y que a nadie, por favor, vaya a ocurrírsele mencionar el "estado de necesidad" a guisa de justificativo de esta rapiña.
Norberto García Rozada
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