Carta a la señora que gusta enamorarse en el tren
Le escribo desde esta página “que nadie lee pero todos comentan” porque soy un periodista sin rigor intelectual al que mucho no le convence esto de enamorarse en un tren bala.
Por Juan Carlos Sánchez
Señora:
Si ud. gusta de enamorarse en un tren bala, allá ud. y sus veloces placeres que serán fugaces como el tiempo del recorrido. No tendrá tiempo de ver la película completa antes de llegar a destino, sí podrá satisfacer la libido y de ser ud. rápida, hasta el agotamiento. Pero sea discreta. (*)
No creo que pueda yo hacer lo mismo, soy uno más del pueblo y el tren bala estará fuera de mi alcance económico. Además los años (vividos y cumplidos) corroen el entusiasmo y entre preparaciones y estímulos llega el final del recorrido antes de disfrutar del paisaje ofrecido. Suerte la suya.
Algo más y curioso: Bien hace en elogiar a Puerto Madero, construido cuando la Argentina era diferente y para nada austral, que es el refugio de su esposo. ¿Lo imagina atendiendo lamebotas en un contenedor lleno de ratas? De gracias a Menem de no tener que despiojarlo cada vez que retorne a Olivos o al Calafate. E invítelo a él a enamorarse en la inauguración del tren bala. ¡Ojitooo!
¿Habrá buen catering en el tren bala? Le pregunto porque entre los que lo verán pasar raudamente habrá hambrientos. ¿No dejarán caer algunas bandejitas y botellitas de champú…? ¿Dónde…? Avise por favor.
Soy periodista, allí donde caiga algo de la mesa del patrón, estaré…
¿Me explico?
Obviamente carezco del “rigor intelectual” que ud., señora, nos reclama al gremio; yo también critico el proyecto del tren bala, estoy comprendido en las generales de la ley. Quizá una buena pauta publicitaria me rigorizaría intelectualmente y me haría cambiar de opinión, iría al cine, vería “Enamorándose” y me entusiasmaría con el tren bala. Aunque y siendo reiterativo, a mis años mejor una buena máquina a vapor y todo el tiempo del mundo para enamorarse. ¿Qué apuro tengo?
¡Ay, señora…! ¡Qué lindos sueños…!
Hay tantos pueblitos abandonados a lo largo de vías férreas entre pastizales que añoran que pase el tren. Fueron desafectados del mundo en tiempos del gobierno militar, ¿conoce la historia de la empresa CATASA por ejemplo?, Don Alberto Crespo, ex ferroviario jubilado, era su capataz en Villa Guillermina (norte de Santa Fe) allá por los ’70. Su trabajo consistía en levantar las vías y los puentes cortos. Reivindique esos pueblos, devuélvales el tren. Claro que están llenos de pobres, de criollos, son más de la mitad de los argentinos. No son cosa suya.
Señora, cuando salga el primer tren bala espero que ud. esté arriba y que yo no sea quien saca su última foto desde adelante.
Que viva una santa y reparadora Cuaresma.
JC
(*) La PresidentA dijo defendiendo al tren bala: "Así se hace en Nueva York. Les cuento a los que no conocen Nueva York… Yo soy muy cinéfila. Les recomiendo que vean la película Enamorándose, una lindísima película con Meryl Streep que muestra muy bien cómo funciona el sistema de transporte de la ciudad."
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09 Feb 08
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