A esta altura de los acontecimientos, convendría abandonar toda especulación política que no contemplara las raíces profundas de la psicología de ambos Kirchner.
Es muy probable que Néstor y Cristina estén sufriendo un severo ataque de depresión. Los signos exteriores, el hecho que den vueltas una y otra vez a un mismo problema puede hacer que la depresión sea en su caso más fuerte, creando condiciones que son en definitiva...más deprimentes para ellos mismos.
De allí la euforia grandilocuente y desenfrenada de los picos emocionales de ambos en sus habituales exposiciones públicas (bastante deshilvanadas por cierto).
En general, la depresión requiere un cambio de escenario de los problemas que uno enfrenta habitualmente, dicen los psicólogos. Eso funciona bien si el efecto consigue que la persona deprimida abandone la tristeza que le causa no poder resolver problemas arbitrariamente desenfocados de la realidad.
Pero, -siempre hay un pero-, si la persona utiliza la ocasión de dicho cambio de escenario sólo para seguir pensando en aquello que lo provocó, ESTÁ FRITA. Al parecer, preocuparnos por lo que nos deprime, hace que la depresión sea aún más intensa y prolongada.
En una depresión importante, la vida queda extática. Los síntomas de ella indican que COMIENZA A RESULTAR UN PERMANENTE COMPAS DE ESPERA.
Hasta aquí lo que dicen algunos terapeutas. Parecería que todo esto encaja a la perfección en el caso de nuestra pareja de poder.
Una de las salidas posibles consiste en pensar en alternativas más positivas y diferentes a los problemas que han causado la depresión. La otra, dedicarse a otras tareas que promuevan acontecimientos agradables que sirvan como distracción.
Si nos detenemos en los últimos hechos acaecidos, podemos darnos cuenta que uno de los signos visibles de las exteriorizaciones de los Kirchner, es la persistencia en machacar con temas remanidos, que no les han traído ninguna popularidad adicional ni ventajas políticas, como si no supieran salir de su propia cavilación.
De allí los encierros prolongados y habituales, tanto en el Calafate como en Olivos, en jornadas sobre cuyos particulares no trasciende una sola palabra.
Creemos que los Kirchner no son intelectuales, ni analistas en el sentido clásico de la palabra. Manejan unas pocas variables básicas que figuran en los manuales del ejercicio del poder: a) mover continuamente el tablero para que nadie pueda sentirse seguro a su alrededor; b) reiterar hasta el cansancio un parlamento casi calcado donde el objetivo es presentarse como los “salvadores” de un país que –según ellos-, habría estado a merced de aventureros e incompetentes; c) dibujar enemigos en cualquier parte y con cualquier pretexto; d) lanzar operativos concretos de auto desestabilización, con el fin de poder reñir con un rival que de otra manera sería difícil de distinguir.
La palabra REPRESIÓN aparece demasiado seguido en el lenguaje de Néstor y Cristina. A nuestro modo de ver, exterioriza su propio estado de ánimo: ellos se están viendo en este momento frente a su eventual fracaso. Y muy probablemente más que eventual, casi seguro.
El método empleado para salir de sus traumas psicológicos hasta hoy, ha sido golpear una y otra vez a sus adversarios, a sus colaboradores y a todos aquellos que osaron disentir con lo que ellos han construido como catecismo político: a la Argentina le va mal porque todos los gobiernos anteriores han mentido, han sido corruptos, han vendido falsas promesas, se han olvidado de los pobres y no han sabido distribuir la riqueza.
ESTO ES EXACTAMENTE LO MISMO QUE ELLOS HAN HECHO HASTA EL DIA DE HOY.
El pánico que los aqueja en este momento, es un tormento que les produce un desvastador trastorno emocional que les impide claridad mental.
Cuando las emociones entorpecen la concentración (que es lo que más necesitan en este momento para que no se les escape el poder de las manos), lo que ocurre es que queda paralizada la capacidad mental para poner en marcha la “memoria activa”. Por tanto, se pierde la capacidad de retener en la mente toda la información que atañe a la tarea que estamos realizando.
De allí al colapso general de la misma, hay un solo paso.
Por supuesto, estos estados emocionales como la depresión, son bastante comunes hoy en día. Lo trágico en nuestro caso parecería ser que quienes la detentan como ellos, no se aperciban de que la están sufriendo y sigan adelante como si nada. Más aún por el cargo político que la ciudadanía les ha confiado.
Cargo que en este momento parecería ser bicéfalo en la práctica porque ni uno ni otro conciben la realidad como algo divisible, ya que el camino lo han hecho siempre “de a dos”.
Ya hemos dicho antes de ahora, que no es con argumentos u oponiéndose a ellos con racionalidad que se ganará esta partida: hay que levantar un muro que los limite y decirles algo así como que estaremos esperando cuándo llegará la justicia distributiva y la equidad social que han pregonado.
Por el momento, lamentablemente, han destruido hasta el mismo “viento de cola” que les proveyó el mundo a través de su demanda incesante de alimentos. Como no podría ser de otra manera, han confundido el progreso de los agricultores y ganaderos, como un éxito que pudiera opacar su propia luz.
Algo descabellado por completo, pero muy habitual en un cuadro como el que hemos descripto.
CARLOS BERRO MADERO
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