viernes, 26 de febrero de 2010

POLÍTICOS Y PERIODISTAS




Por Juan Salinas Bohil

Los dos grupos marchan mancomunados en eso de atosigarse con la nueva composición de las comisiones en el Senado, la ausencia de Carlos Menem de una votación crucial, la aprobación o no de un Decreto de Necesidad y Urgencia que le es caro a la Casa Rosada para hacerse con 6.500 millones de dólares, el temor a los continuos cambios de bando de muchos políticos y diversas cuestiones que sólo ellos entienden. Mientras, la población se muestra indiferente a tales materias pero muy preocupada por otras más terrenales como la inseguridad, el descarnado aumento de precios en los alimentos de primera necesidad o la caída acelerada de la prestación de los servicios públicos que se hace más notable en el interior del país.

El matrimonio Kirchner viene recargado. Lejos del quirófano, uno de ellos se desgañitó ayer contra sus habituales molinos de viento en un acto en la ciudad de La Plata con motivo de cumplirse un nuevo aniversario del primer triunfo electoral del justicialismo que el 24 de febrero de 1946 llevó a la presidencia a Juan Domingo Perón. Extraño. Después de haber prohibido a sus seguidores toda mención al que fuera tres veces presidente de la nación argentina, cantar la famosa marchita y hacer uso de los símbolos partidarios, resulta insólito que el oficialismo aún insista en hurgar en raíces pretendidamente peronistas cuando treinta y siete años atrás sus principales figuras intentaron derrocarlo través del terrorismo con el objeto de implantar una dictadura del tipo castroguevarista, y cuando hoy, a través del canal del ministerio de Educación se acusa a Perón de haberlos insultado en la Plaza de Mayo, el 1º de mayo de 1974 cuando les dijo entre otras cosas: "Estúpidos que gritan", "imberbes" y "Será también para la liberación, no solamente del colonialismo que viene azotando a la República a través de tantos años, sino también de estos infiltrados (por ellos)que trabajan de adentro, y que traidoramente son más peligrosos que los que trabajan desde afuera, sin contar que la mayoría de ellos son mercenarios al servicio del dinero extranjero", lo que motivó que Montoneros se retirara de la Plaza antes que Perón finalizase su discurso.

A su vez, la otra integrante del dúo presidencial, en la creencia de que su palabra interesa a la población, la atosiga diariamente con frases y cifras que con seguridad le provee un INDEC hecho a la medida de su ensoñación, y como la secretaria de Estado norteamericano no visitará el país la próxima entrante cuando sí aterrizará en los linderos, la señora se trasladará a Uruguay para obtener la consabida foto que cualquier presidente argentino desea enmarcar y tener en su mesita de luz. Pero ambos miembros de la pareja se encuentran blindados. Su periplo aéreo se limita al Calafate o a cualquier punto del Gran Buenos Aires donde las asignaciones por hijo o cualquier otra forma de subsidio transforman a compatriotas carenciados en fervientes aplaudidores pagos al servicio del modelo "nacional y popular con inclusión social" que, con distintas variantes, terminará de enterrarlos más pobres de lo que siempre han sido, hijos incluidos.

Lo que se habla hasta por los codos en radios y televisoras es incompatible con las necesidades de los electores. La clase política debería darse cuenta que el camino elegido es equivocado. No está bien que cuando hable la Presidente, precipitados, muchos hayan comenzado a tomar el control remoto del televisor o que, cuando un legislador es entrevistado actúe como un cronista de la realidad nacional. No debería ser así: porque no fue elegido para tal función y además porque si hay algo que abunda en este país son los analistas (CORREO DE BUENOS AIRES incluido).

Los políticos no deberían prestarse al juego de analizar la realidad en público para proponer, en su lugar, soluciones, salvo que al igual que en la década del 70 digan que no las tienen: eso sería muy triste. No se los vio con los pantalones sobre las rodillas ayudando a los vecinos la semana pasada durante las cruentas inundaciones que azotaron a esta ciudad y su conurbano. Ni antes ni después, aunque sí se pudo observar que algunos apuntaban responsabilidades culpando al "cambio climático" en lugar de la tradicional CIA o a los que estuvieron antes que ellos que no hicieron las obras: ¿Por qué no lo denunciaron antes y le avisaron a los vecinos de lo que se venía?

Por su parte, entendemos que los periodistas deberían ser menos complacientes si es que no desean perder lentamente el respeto y la estima que el público siente por algunos de ellos. Deberían preguntar e interrumpir más a sus entrevistados para que no se note tanta complacencia con los interrogados. Debieron mover más el culo durante inundaciones y dejar el cercano y cómodo centro de la ciudad de Buenos Aires para comprobar in situ como la zona sur también fue copada por las aguas y barrios enteros que nunca antes habían sido castigados fueron pasto de las olas. También fueron ignorados ríos y arroyos desbordados en el gran arrabal bonaerense. Si la talla de los políticos se ha empequeñecido con el correr del tiempo, la de los periodistas televisivos no le va en zaga. El recuerdo de un Mancera, de Zer o Daniel Mendoza evita caer en la desazón.

Corren tiempos en que algunos periodistas se han pasado al empresariado del ramo. Es el caso del mediático Jorge Lanata que ha recibido un golpe de gracia judicial con relación al periódico CRÍTICA DE LA ARGENTINA, un nuevo desacierto producto de su frondosa imaginación del que nos ocupáramos en extenso en anteriores artículos. El empresario se enteró el 22 de diciembre pasado que la Corte Suprema de Justicia había expendido el certificado de defunción del diario que había pergeñado, lo que le produjo una descompensación durante su estadía en una ciudad del sur argentino. Los jueces Lorenzetti, Highton de Nolazco, Petrachi y Maqueda votaron por declarar inadmisible su recurso extraordinario presentado ante la Sala Civil y Comercial Nº 1 y elevado por ésta de manera sorprendente al más alto tribunal de la República. Habrá que ver quién pagará los daños y perjuicios, el daño moral y el lucro cesante que ha provocado esta nueva aventura del publicitado periodista ya que no se le conocen bienes a su nombre. Se estima que deberán hacerse cargo los ex presidentes del fallido emprendimiento, Antonio Mata, además ex presidente de Aerolíneas Argentinas y Marcelo Figueiras, dueño principal del Laboratorio Richmond, a su vez, uno de los mayores proveedores de medicamentos del Estado. Pero primero, Jorge Lanata, deberá ser avisado de la decisión y ya se sabe lo que tardan los notificadores judiciales en encontrarlo y los jueces en hacerle cumplir una sentencias por dos veces confirmada: la de abstenerse de usar la marca CRÍTICA.

Crónica y Análisis publica el presente artículo de Juan Salinas Bohil por gentileza de Correo Bs. As.

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