domingo, 21 de enero de 2018

CEREBROS AMARILLOS

Efecto Submarino: crearán un Consejo de Seguridad por Ignacio Zuleta El Gobierno concentrará la política de seguridad, de defensa y de inteligencia en un súper organismo cuya creación estudia la mesa de asesores que rodean a los “ojos” del presidente. La evaluación del propio Mauricio Macri, que se reserva los anuncios para el regreso del viaje que inicia hoy hacia el septentrión, es que el hundimiento del submarino San Juan puso al desnudo extremos de improvisación y de falta de reacciones operativas que no pueden resolverse desde los ministerios y agencias respectivas. Esto disparó la iniciativa para crear, a la usanza de países como Estados Unidos, Chile, España o México, un Consejo de Seguridad Nacional que tendrá sede en la Casa Rosada. Según el formato elegido, ese Consejo será presidido por el propio Macri, y será coordinado por un secretario de Estado. Las sesiones se harán con los ministros de Defensa, Seguridad, Relaciones Exteriores y la AFI (ex SIDE) y, según los conflictos que deban atenderse, se convocarán a otros estamentos y a expertos que hoy no están en el Gobierno. Según el espíritu de consenso del discurso en el CCK que siguió a las elecciones, el proyecto prevé llamar para su integración a políticos de partidos de la oposición que sean portadores sanos de gobernabilidad. Evitarán el formato militar que tiene en EE.UU. El Consejo de Seguridad Nacional cuyo modelo quiere emular el Gobierno es el de los Estados Unidos, que tiene un protagonismo central en la gestión de gobierno porque es un país en estado de guerra. Hoy lo conduce un militar con grado de teniente general en actividad que tiene, además, un flanco intelectual, aunque no es un general de escritorio. Es H.R. McMaster, autor de un libro señero sobre la guerra de Vietnam –Dereliction of Duty (Negligencia en el cumplimiento del deber, 2011)- en donde critica a los políticos que llevaron a su país a la escalada de Vietnam en los años 60. Es el delegado de Donald Trump para supervisar las negociaciones entre Corea del Sur y Corea del Norte. El Consejo en ese país ha sido un semillero de estrellas mundiales, porque el cargo lo condujeron, entre otros, Henry Kissinger, Zbigniew Brzezinski, Colin Powell y Condoleezza Rice, antes que llegaran a su apogeo en cargos más importantes. El proyecto criollo le quitará, en cambio, cualquier tonalidad castrense, aunque los jefes militares podrán ser convocados. Durante los gobiernos militares hubo antes un CoNaSe que funcionó desde la dictablanda de Juan Carlos Onganía. La Argentina es un país libre de conflictos de ese tipo, salvo los internos como herencia de la represión clandestina de las guerrillas. Pero ha sufrido dos atentados de alto terrorismo en los años 90. La abstención en la ONU al voto de rechazo del reconocimiento de Jerusalén como capital de Israel por parte de EE.UU. ha vuelto a encender alarmas por un nuevo protagonismo en ese conflicto. El proyecto de un Consejo Nacional de Seguridad como una estructura sobre los ministerios sobreviene como remedio a urgencias que éstos, con el actual formato, no pueden atender con eficacia y urgencia. El ingeniero que adelantó la causa del hundimiento Para Macri el caso del submarino fue una iluminación de carencias que deben remediarse con estructuras más ágiles y ejecutivas, que vayan desde el diagnóstico y la solución de los problemas hasta el extremo de la prevención y hasta la escucha de las profecías. Richard Clarke, un experimentado funcionario del National Security Council, viene de publicar un libro en donde analiza desastres que algunos profetizaron en vano, nadie los escuchó, y al final ocurrieron, como la invasión de Kuwait a comienzos de los 90, el huracán Katrina, la aparición de ISIS, el desastre nuclear de Fukushima, la estafa de Madoff, la crisis financiera de 2008. Afirma en Warnings: Finding Cassandras to Stop Catastrophes (Advertencias: Buscando Cassandras para frenar catástrofes, 2017) que en el mundo muere mucha gente “porque erramos al distinguir entre un profeta y un charlatán”. Por eso propone un método para escuchar las profecías. Macri montó en cólera después de la primera reunión con la cúpula de la Armada, cuando la nave llevaba desaparecida menos de una semana. Nadie pudo darle una explicación técnica. Preguntó algunos detalles y con sólo sus conocimientos técnicos aventuró la explicación que semanas después confirmaron los expertos, que una filtración de agua por el snorkel había producido una explosión al mezclarse con gases de baterías perforadas, que resultaría mortal en el acto para los tripulantes. Bastaba con saber algo de química. Desde ese día, 20 de noviembre, comenzó a hablarse en el área presidencial de crear algún organismo nuevo. Los cerebros predilectos de Macri en problemas Esta iniciativa es otra de las reformas que ensaya el Gobierno para enfrentar los dos años que le quedan a Macri de su primer mandato. El clima está enrarecido por tumultos que son parte de la campaña para el 2019 y que pueden revelar desgaste del material. O que el Gobierno pierde el estado de gracia. Macri puede tener dos o tres ojos (como imaginaba Lobsang Rampa, autor del best seller El tercer ojo) pero también tiene dos cerebros, a los que sigue fiel desde hace años, Federico Sturzenegger y Jorge Triaca, cuyas visiones siempre ha privilegiado por sobre las de otros que estuvieron y se fueron. El primero sufre un intento de jibarización desde adentro del Gobierno. Al segundo le han rayado la carrocería. Quien quiera oír que oiga; es lo más importante que le ha pasado a Macri en mucho tiempo, porque además son dos funcionarios premium del Gabinete. A esto se suma la amenaza de que la oposición endurezca las relaciones con el oficialismo. El banco de pruebas es la reacción del peronismo, en todas sus variantes, ante el DNU ómnibus de desregulación que se conoció la semana pasada. El Gobierno tomó nota de que pueden volver a abrazarse todos, como ocurrió a finales de 2016 con la ley de ganancias en Diputados, olvidando las cuitas del pasado, gesto que replicó a finales de 2017 el achuchón que se dieron Axel Kicillof y José Ignacio de Mendiguren, cuando se trató el paquete de reformas fiscales. Siempre, si los peronistas miran para atrás, se pelea, pero si miran hacia adelante, venga ese abrazo. Ese fantasma flotó sobre la reunión de Gabinete del martes, a la que fue Emilio Monzó quebrando por unas horas su descanso veraniego. Instruyó a Macri y a los ministros sobre la conveniencia de sepultar cualquier idea de llamar a sesiones extraordinarias, aunque fuera para temas decorativos y acordados, porque tiene a la Cámara de Diputados desmandada con el cuento del DNU. Dicen pelear por el fondo, pero les importa más la forma En ese debate se advirtió que para los DNU no hay receso, y que, si se promueven oportunidades de sesión, el peronismo puede tentarse a armar un debate sobre lo que creen que es un atropello inconstitucional. El Gobierno puede apurar la aprobación en la comisión de los DNU, porque tiene mayoría después de las últimas elecciones. Pero hacerlo provocará más al peronismo, que te puede meter una sesión especial y hacerlo caer. Un daño sobre otro daño. En la charla del Gabinete no falta quien diga: que lo volteen, así los exhibimos como la máquina de impedir, como hicimos con la reforma política, que sirvió para arrinconarlos. El peronismo lo mira desde otro ángulo: no gobierna, no necesita gobernar, lo que quería sacarle a la Nación ya lo tiene, y lo que necesita ahora es una señal de triunfo, cualquiera que sea. Por ejemplo, invalidar un DNU que es una bandera del oficialismo, porque impone desregulaciones que son esenciales para su programa. Tanto como son esenciales para el programa del peronismo proponer más regulaciones. En el fondo enfrenta las dos filosofías de éste y de cualquier otro país: los que creen en la libertad individual y los que creen en el individuo vigilado, para decirlo peronísticamente. En la táctica de unos y otros, además, lo que parece importante es el fondo de lo que se discute, pero es secundario frente a la forma, que paga mejor. Monzó, doble candado al Congreso Quienes tuvieron la idea de lanzar ese DNU-ómnibus no han reparado en el riesgo de juntar -según un modelo estratégico- toda la tropa y los pertrechos en un solo lugar, porque es una invitación a un ataque masivo sobre ellos, que puede significar una derrota final. Pero mostrar tanta pasión desreguladora, responden de enfrente, es un activo importante para un gobierno al que le quedan menos de dos años. Monzó logró imponer el doble candado al Congreso, a la luz de que tampoco llegaron a un entendimiento final en el Senado para reabrir las puertas en torno a temas acordados (compre nacional, mercado de valores, acuerdos, etc.). Y eso que Federico Pinedo adelantó el regreso de sus vacaciones en La Angostura y Miguel Pichetto demoró su partida hacia Las Grutas. A este senador le inquieta que ganen esta pulseada los sectores del bloqueo y la confrontación. Es el dueño del llavero en el Senado, es el CEO de la oposición, pero si el Gobierno provoca hasta a los moderados, se debilita su liderazgo. Sabe que Agustín Rossi lo tiene en la mira, con un nivel de encono mayor que contra Macri. Va por su cabeza, con el aval de Cristina, en la confrontación de dos modelos de oposición.

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