sábado, 13 de julio de 2013

ESTALLIDO

EL ESTALLIDO SOCIAL A LA VUELTA DE LA ESQUINA No soy capaz de predecir el futuro, pero sí de ver con claridad que a pesar que el estanque tiene las aguas tranquilas como un espejo, solo una insignificante gota puede hacer que se formen un sin fin de ondas que se extenderán hasta los bordes y provocarán el derrame del contenido. Esa gota está cayendo... (RCN dixit 2013) Por Roberto C. Neira Estamos inmersos en un modelo de país donde existe una crisis económica, social y moral como pocas veces se ha visto. Aumenta la desocupación, la pobreza y la exclusión social; empiezan a aparecer casos de malnutrición en niños y las enfermedades virósicas afectan a una buena parte de la población que vive en zonas con alto riesgo de contaminación. Tal es el caso de las cinco millones de personas que carecen de lo más elemental en materia de higiene (agua corriente, cloacas), que se diseminan por la Cuenca Riachuelo-Matanza y sus alrededores, plagados de desperdicios, ácidos y otras sustancias tóxicas. Hay cientos de familias que han sido expulsadas de sus hogares y viven a la intemperie. Otras, por no tener opción, comienzan a engrosar la larga fila de "okupas" en casas y edificios tomados. El aumento de la población en las villas continúa "in crescendo" por los costos que significa para muchos el alquiler y las expensas, mientras que, los salarios, se siguen reduciendo aunque no ocurra lo mismo con los precios de alimentos, bienes y servicios. La opinión pública, entiende, que si no hay cambios políticos a corto plazo esta situación se va a agravar por lo menos hasta las elecciones presidenciales de 2015 y puede prolongarse todavía unos cuantos años más, dado que el estado de destrucción de las instituciones y de los organismos del Estado, así como el rapiñaje de sus bienes: Banco Central, Anses, PAMI, entre otros, es calamitoso y demandarán años de recuperación. En estas condiciones, ¿por qué no se produce un estallido social? ¿Por qué no revienta el sistema? ¿Cuánto puede aguantar la sociedad sin que se produzca una rebelión? Es difícil pensar en una conjunción de condiciones más favorables para provocar un estallido, sobre todo, cuando todavía tenemos fresco en la memoria el triste recuerdo de lo ocurrido en diciembre de 2001. En primer lugar, los efectos de la crisis que el gobierno maquilla a través de las estadísticas del Indec son espantosos. ¿Cómo puede sobrevivir una población con una inflación que oscila entre el 25% y 30% anual? Entre los que tienen trabajo hay muchos que están con salarios de subsistencia y quienes conservan su puesto viven con el miedo permanente a que simplemente su empresa cierre o expulse trabajadores, por los desajustes producidos por las trabas a la importación que afectan a insumos industriales clave. Por estos tiempos, se ha extendido la percepción de que el reparto de sacrificios está siendo enormemente injusto. El caso más conocido, aunque no es el único, es el de los subsidios a los jefes de hogar. El Estado desembolsa distinto tipo de ayuda monetaria que no alcanza a cubrir las necesidades y a la vez no otorga ninguna posibilidad de trabajo al que lo recepciona como paliativo para salir a flote con un trabajo digno. La insensibilidad de los poderes públicos ante esta situación, que, en definitiva, resultó puramente electoralista, ha contribuido a aumentar el sentimiento de indignación de una buena parte de la sociedad, que cree que se está alimentando a unos vagos que no quieren trabajar. Las esperanzas y las promesas de una recuperación inminente profundizando el modelo son difíciles de creer. Más de la mitad de la población, entiende que estamos en un proceso muy largo de estancamiento y que nos esperan años muy difíciles. Estamos padeciendo a un gobierno corrupto y de una ineficacia pasmosa. Están preocupados en cambiar a los jueces que garantizan equidad y justicia, por otros venales apropiados para defender los intereses del gobierno y se intenta cercenar la voz del periodismo independiente y en particular de aquellos medios que resultan peligrosos por la permanentes denuncias contra funcionarios. Dos temas totalmente ajenos a los intereses del pueblo, que pide más seguridad, menos inflación y mayor atención a los problemas sociales vinculados con la educación y la salud, entre otras cosas. Resulta increíble que, en un momento de gravedad como el actual, la presidente pase su tiempo enviando twitters y participando en todo acto que sirva para lanzar sus fantasías dialécticas por la cadena oficial, con el único objetivo de denigrar a la oposición, a los medios y a la justicia, para júbilo de su red de aplaudidores oficiales. En los últimos días, la opinión pública se enteró que: 1. Crece la cantidad de argentinos que se van a vivir a Uruguay... 2. La suba de precios se hizo más intensa desde que Moreno relanzó los controles con la lista de 500 productos; 3. A más de dos meses del desastre climático, la falta de obras, la escasa ayuda estatal en La Plata y las demoras en el pago del subsidio a los porteños moviliza a los damnificados por el temporal del 2 de abril, que temen por un nuevo desastre; 4. Para el Indec, el empleo en negro es el más bajo desde 2003. Los datos reflejan que el 32% de la fuerza laboral no está registrada, pero los especialistas dan cuenta que este porcentaje es irreal: 5. Caen las ventas y se acelera el cierre de locales comerciales: 6. Advierten que el plan Procrear es insuficiente y no llega a los más pobres; 7. Según cifras oficiales hay medio millón de desocupados en el conurbano bonaerense. Entre la gente con ingresos, la mitad gana menos de $ 3.000 mensuales. Son ocho millones de personas; 8. Por falta de gas importado, habrá cortes a industrias hasta septiembre; 9. Por el menor ingreso de dólares, las reservas están en caída libre, Llegarían a US$ 30.000 millones a fin de año; 10. Se perdieron más de 110.000 empleos privados en menos de seis meses; 11. La educación pública que nos coloca en la prueba PISA en el puesto 58 entre 65 países participantes, para el gobierno es una cuestión de contexto social porque Argentina es diferente al resto de los países del mundo (???), según palabras del ministro de Educación, Alberto Sileoni. La lista de problemas que afectan a la sociedad es larga, pero a pesar de las calamidades enumeradas, la gente no se rebela. ¿Qué es lo que pasa? Por un lado, las alternativas políticas que esgrime la oposición aunque no sean extremadamente aceptables, permiten avizorar una pequeña luz de esperanza en que las próximas elecciones puedan cambiar algo. Por otro lado, se espera que haya tensiones y episodios violentos, pero no un estallido generalizado. En parte, porque el gobierno a través de su visión de que "la inseguridad es una sensación", ha liberado a las fuerzas de seguridad de su responsabilidad de prevenir, disuadir y controlar en base a una estrategia frontal organizada. Esto explica por qué amplias zonas del cinturón demográficamente más numeroso de la provincia de Buenos Aires y de las grandes ciudades son zonas liberadas. Es decir, hay luz verde para el delito como método para contener la bronca que de otro modo terminaría en un caos mucho más difícil de controlar y motivo para destituir al gobierno ante una situación que no pueden dominar. En fin, parece que debemos continuar aguantando con resignación una situación que, se mire como se mire, a los ciudadanos honestos nos resulta intolerable

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