sábado, 31 de julio de 2010

NO CHUPARSE EL DEDO


El Tribuno - 31-Jul-10 - Opinión


Análisis político
A no chuparse el dedo con los aumentos

por Hugo E. Grimaldi

Si no lo hubiese expresado la presidenta de la Nación en un discurso por cadena nacional, probablemente cualquier ciudadano que haya vivido la experiencia inflacionaria se hubiese sentido, al menos, desconcertado. Es que los argentinos ya conocen de memoria, los más pobres y los jubilados en primer lugar, la diferencia entre aumentos nominales y aumentos reales y nadie se traga nunca más la píldora de los anuncios que ponen plata en los bolsillos, para que luego se diluyan inexorablemente entre los aumentos de precios.Ya no hay más socios del club de chupadores de dedos.

Desde la política, lo que ha quedado como resultado de los argumentos que utilizó Cristina Fernández para presentar el aumento jubilatorio destinado a contrarrestar el 82% que avanza inexorablemente en el Congreso -y los eventuales considerandos que justifiquen un veto- es que los éstos han tenido muy poco rigor económico y mucho de aquello que ella misma definió como el sentimiento de “dolor, fastidio y sorpresa” que le ha producido la movida opositora.

En materia técnica el discurso empezó muy bien, con una referencia precisa al valor que el Gobierno le adjudica al cumplimiento de la ley. Sin embargo, enseguida comenzaron los derrapes, sólo con la intención manifiesta de gambetear lo más que se pudiera la palabra maldita:“inflación”.

Ocurre que para hacer funcionar automáticamente esa fórmula tan apreciada por la Presidenta hay poco que se le pueda endilgar al “crecimiento” al que ella aludió y mucho al ajuste indexatorio.

Y aquí llegó el segundo golpe al sentido común, cuando Cristina recordó que la oposición criticaba y decía que los ajustes “iban a ser mínimos, de apenas 4%, 5% y que, en realidad, estábamos haciendo trampa”. Queda más que claro que esta vez el ajuste ha sido alto porque la inflación ha sido alta, lo que diluye los méritos de haber aumentado este año el haber jubilatorio el 26,5%, frente a porcentajes que años anteriores fueron más bajos, tal como se jactó.A lo sumo, en 2010 ese aumento nominal hará que los jubilados le empaten a la inflación.

Pero luego hubo un tercer cimbronazo, cuando les dijo a los empresarios que no había razón para aumentar los precios, ya que la capacidad instalada en alimentos y bebidas les daba margen para fabricar, aunque omitió tomar en cuenta dentro de la ecuación de la oferta los aumentos en el costo de los insumos, incluido el componente salarial. Este último comentario llegó de la mano de una velada advertencia, ya que, al mejor estilo Guillermo Moreno, la Presidenta sentenció: “El que aumente los precios es porque quiere apropiarse de la rentabilidad.Y no le echen la culpa al INDEC ni a la economía”, remarcó. Sobre el final del discurso, Cristina volvió a demostrar que está enamorada del “modelo”, cuando señaló que con estas medidas destinadas a “sostener la demanda agregada”, se debería garantizar, a su juicio,“un horizonte de consumo para invertir y producir”. Probablemente, esta decisión de fogonear el consumo aumente el crecimiento para 2010 a cerca de un 10%, lo que no está mal para un año antes de las elecciones, pero este cebar la bomba en algún momento puede dislocarse.

Desde una óptica totalmente diferente, Brasil acaba de ponerle freno a su propio crecimiento, ya que sus técnicos temieron cierto peligro inflacionario. Entonces, el presidente Lula decidió estancarse en un 5% con una ortodoxa suba de tasas, para evitar que aquél tuviera los pies de barro, al estilo argentino.

A la inversa del “modelo” local, la política económica brasileña se ha decidido una vez más por privilegiar la inversión, ya que entiende que la inflación la desestimula.No le va tan mal a Brasil, ya que acaba de colocar deuda por US$ 750 millones, a 10 años y a menos de un 5% anual.

Quizá los asesores le hayan dicho a Cristina que con superávit comercial y fiscal, con reservas holgadas y con el tipo de cambio decididamente atrasado no hay casi posibilidad de que la inflación se espiralice, aunque lo que no nadie puede asegurar es que aparezca la inversión.

Lo que no habría que descartar es que, de aquí a un año, el nuevo aumento para los jubilados sea mucho mayor y eso no será un mérito, sino un fracaso. Habrá que afinar, entonces, el nuevo discurso o cambiar de asesores, para que a un mes de las elecciones nadie se sienta subestimado.

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