domingo, 12 de junio de 2016

ATENCIÓN MACRI

6 MESES EN EL PODER SIN COMPRENDER Atención Macri: La economía es complicada pero el problema está en la política Es posible que un Presidente subestime el valor de la politiquería pero jamás puede subestimar la importancia de la política. Y es malo que confunda las prebendas y avaricia propia de la politiquería con el ejercicio de la ciencia que trata del gobierno y la organización de las sociedades humanas, especialmente de los estados: conclusión muy interesante de Claudio Chiaruttini, periodista próximo al doctorado en Ciencias Políticas acerca de qué es lo 'no funca' en la Administración Macri, 180 días después de iniciada. Cuando recién cumplió sólo 12,5% de mandato presidencial, puede parecer que la mayor deuda del macrismo es económica; cuando en realidad, la mayor falencia es política. por CLAUDIO M. CHIARUTTINI Mauricio Macri cumplió 6 meses en el poder sin entender aún que el triunfo de “Cambiemos” que llevó a la Casa Rosada al PRO es resultado de la derrota electoral, el fracaso económico y el derrumbe político del modelo populista más duro, más importante y más verticalista desde el establecido por Juan Domingo Perón entre 1945 y 1955. El macrismo se ve a sí mismo como el albacea de una herencia horrible y desquiciada, que debe emprolijar y ordenar administrativamente, cuando en realidad su rol es de creador, de fundador, de un nuevo modelo de ejercicio del poder, que tiene mucho de lo malo heredado (como comprar acuerdos con ingentes giros de dinero) y mucho de lo bueno por celebrar (como la no injerencia en el Poder Judicial o una apertura al diálogo pocas veces visto desde el regreso de la democracia). Esta visión de “ordenar la herencia” llevó al macrismo a crear ciertas imágenes del futuro que, por ahora, no se han cumplido. > Primero fue la “lluvia de inversiones”, que en el sector productivo avanza al ritmo de “garúa fina, pero persistente”; > trató de sembrar la idea de que todo sacrificio era imprescindible para que luego todo mejorara, pero el poder adquisitivo de bolsillo no crece, la inseguridad volvió a la agenda de problemas, lo mismo que el miedo a perder el trabajo; y, por fin, > se creó el mito del “2do. semestre”, pero ahora el propio Gobierno ha tenido que revisar su discurso. La contracara y las encuestas El kirchnerismo intenta caracterizar al macrismo como > los autores de un inmenso tarifazo, sin reconocer que ese aumento es responsabilidad directa de una política de manejo de los servicios públicos que destrozó las cuentas públicas; > señalan el 40% de devaluación como la fuente de todos los males, cuando nunca han aceptado que los Kirchner establecieron una política de retraso cambiario durante 12 años que no tiene explicación; > culpan a Mauricio Macri por 200.000 despidos, cuando durante 4 cuatro años el sector privado no creó fuentes de trabajo o demonizan al PRO por crear 1,2 millón de nuevos pobres, cuando el Frente para la Victoria gobernó una década con más de 11 millones de pobres e indigentes. La brecha sigue vigente. Pasamos del clivaje kirchnerismo/antikirchnerismo al clivaje macrismo/antimacrismo. Sin embargo, eso no implica que el kirchnerismo sea una ideología en crecimiento. Al contrario, el peronismo está alejando al Frente para la Victoria de sus filas, las cartas de Cristina Fernández no tienen casi impacto en la opinión pública y cuando La Cámpora hace una reunión para reagruparse, como hizo en La Plata la semana pasada, junta 12 personas. Todas las encuestas muestran que la imagen positiva de Mauricio Macri ha caído de 6 a 17 puntos básicos, según el caso, desde Diciembre pasado. Es natural, dada la magnitud de “sinceramiento” macroeconómico realizado. Sin embargo, las mismas encuestas coinciden en algo: la visión del macrismo, en especial en la gestión y en lo económico, es negativa en el corto plazo, pero muy positiva en el mediano y largo plazo. Es decir, para el grueso de la opinión pública, “Cambiemos” sigue encarnando la idea de que va a poner las cosas en orden y el país va a estar mejor. Las encuestas muestran que más del 50% de los entevistados saben que las medidas que se han tomado eran necesarias, pero también señalan que el costo social ha sido inmenso. En una parte de la sociedad, el discurso de que el macrismo es el “Gobierno de los CEOs” o que “gobiernan sólo para los más ricos” ha capilarizado, tal como el concepto de que la devaluación causa inflación y que el incremento de tarifas baja el poder adquisitivo del salario, es decir, estamos ante una opinión pública que mezcla mitos con realpolitik. Las turbulencias Al ser consultados, los entrevistados no ven que la inversión esté creando fuentes de trabajo, las Pymes sienten que son las más afectadas por el ajuste, las industrias que tienen baja competitividad tiemblan ante el aumento de las importaciones y los sectores exportadores dicen que el tipo de cambio no les alcanza para recuperar los costos. Muchos olvidan que Mauricio Macri se hizo cargo de un país donde hay 30% de hogares pobres, 20% de hogares que viven de planes sociales y 1.100.000 jóvenes que no encuentran trabajo. Luego de seis meses en el poder, que el macrismo hable de la “herencia recibida” comienza a no tener efectos en la opinión pública para explicar la falta de soluciones para algunos problemas, pero sería bueno recordar de dónde venimos. La opinión negativa hacia el Gobierno de Mauricio Macri crece en el Gran Buenos Aires y en las grandes ciudades, mientras que el resto del país es mucho menos crítico, quizás, por que las economías regionales comienzan a sentir el efecto de la mejora del tipo de cambio y de la eliminación de las retenciones a los productos agropecuarios y agroindustriales exportables. No es casual que cuando de habla de un “clima enrarecido”, tanto desde el punto de vista político, como social, se apunte a La Matanza, Avellaneda, Berazategui o Moreno, municipios con importante cantidad de pobres e indigentes y administrados por intendentes más cercanos al kirchnerismo que al peronismo y que hoy resisten las políticas sociales y los aportes de la Nación o del Gobierno de la Provincia de Buenos Aires, retroalimentando el impacto negativo de la crisis. Que los secuestros hayan ganado la tapa de los diarios no es un efecto de una mala política social, económica o de seguridad del macrismo. Es la reacción de un cambio notable en la relación con las fuerzas de seguridad, sobre todo de la Policía de la Provincia de Buenos Aires o del ataque a grupos encargados del tráfico de drogas. Así, la ola de secuestros es consecuencia de intentar poner las cosas dentro del marco de la ley, no de acciones erróneas en el manejo de la seguridad. Pero eso, el Gobierno no sabe, no pueden o no quieren explicarlo en forma clara y sencilla. El macrismo insiste en hablar a sus votantes antes que a todos los ciudadanos. Siguen con un esquema comunicacional de campaña electoral porteña. El Gobierno les habla a sus votantes y parece olvidar al resto de los actores sociales. Dan prioridad a la estética y la imagen, antes que a los anuncios y las acciones. Dan por hecho que la opinión pública los entiende, cuando el problema es que no han encontrado un código para hacerse comprender por muchos segmentos de la sociedad. El kirchnerismo fue un armado político intenso, personalista y complicado, que se debilitó por problemas económicos y perdió por las malas decisiones políticas-electorales de Cristina Fernández. El macrismo tiene hoy demasiados frentes abiertos, carece de defensores y maniobra una crisis económica inmensa, con grandes logros, inmensos logros, pero con muchas brechas que aún debe cerrar. El kirchnerismo era una máquina política y comunicacional implacable, e igual, perdió las elecciones del año pasado. El macrismo oculta en su paupérrima comunicación una alta dosis de incapacidad para maniobrar políticamente. Pero mientras el kirchnerismo alcanzaba grandes logros políticos con funcionarios mediocres, el macrismo tiene, quizás, el Gabinete más y mejor preparado de los últimos 100 años, pero muestra una inmensa incapacidad para convertir palabras o idea en hechos reales. Es la política, Presidente Luego de 6 meses en el poder, el Gobierno de Mauricio Macri no ha logrado estructurar un ámbito institucional de discusión y construcción de consenso con sus aliados naturales (“lilitos” y radicales) o con los circunstanciales (peronistas y massistas). Por eso pasan de tener un éxito rotundo en la ley que permitió cerrar el default y el conflicto con los holdouts a tener que vetar el “Cepo Laboral”. Así, el mismo Gobierno que evitó la reacción de los gremios ante el veto del “Cepo Laboral” y neutralizó los intentos de peronistas y massistas de reingresarlo y volver a aprobar en el Congreso, esta semana tuvo que aceptar más de 15 modificaciones al “Programa Nacional de Reparación Histórica a Jubilados y Pensionados”, pese a la indiscutible justicia social que implica pagar las deudas judiciales de miles de jubilados y pensionados. Esta combinación de grandes éxitos y profundas deudas sociales ha creado una nueva brecha, ya no entre kirchnerista y antikirchnerista o entre macristas y antimacristas, sino entre los que creen que el PRO es lento en obtener triunfos y los que consideran que al PRO hay que darle mucho más tiempo para que alcance las metas que se han fijado. Esta nueva división no es menor. “Cambiemos” no es una alianza institucionalmente estructurada y en un año debe enfrentar una elección legislativa que asegurará, quizás, 6 años más de gobierno o que puede dejar a Mauricio Macri sufriendo el famoso “Síndrome del Pato Rengo”. Lo mismo ocurrió con Néstor Kirchner entre 2003 y 2005. Los primeros dos años de gestión, el santacruceño se encargó de crear a unión de colectivos sociales y fuerzas políticas que permitieron al Frente para la Victoria estar 10 años más en el poder. Lo mismo debería estar haciendo hoy Mauricio Macri. No implica imitar la formas y mecanismo que usó Néstor Kirchner para crear el kirchnerismo. Sino que Mauricio Macri debería hallar sus propias formas y mecanismo para que “Cambiemos” pueda discutir, puertas adentro, sus diferencias y encarar las negociaciones unidos para derrotar los intentos panperonistas de doblegar la agenda de gobierno del PRO. Es imperioso bajar la inflación, reactivar la economía, atraer más inversiones, movilizar el poder del Estado para dinamizar la producción, mejorar el poder adquisitivo del salario y asistir a los grupos sociales más desfavorecidos, todo en medio de seguir en el camino de ordenar la cuentas públicas y las variables macroeconómicas. Pero toda esta inmensa tarea es más sencilla de realizar si cuenta con una fuerte alianza política que respalde al Presidente de la Nación y su Gabinete. Por eso, cuando recién cumplió sólo 12,5% de mandato presidencial, puede parecer que la mayor deuda del macrismo es económica; cuando en realidad, la mayor falencia es política. Tal como dicen las encuestas, el diagnóstico económico de corto plazo puede ser malo, pero es muy bueno a largo plazo. Es en el terreno político es donde falta obtener triunfos.