sábado, 18 de junio de 2016

CORRUPCIÓN A LA ARGENTINA

CORRUPCIÓN A LA ARGENTINA Si Néstor Kirchner lo estuviera viendo... En medio del escándalo protagonizado por el ex secretario de Obras Públicas de la Nación, José López, el actual ministro del Interior, Obras Públicas y Vivienda, Rogelio Frigerio, reunió al Consejo Interministerial de Obras Públicas, que preside Hugo Testa, para explicar las modificaciones que se realizarán para el otorgamiento y la ejecución de la obra pública en el país. Un pilar será el Registro Nacional de Obras Públicas, que deberá garantizar mayor transparencia tanto en el otorgamiento como en la ejecución de las obras públicas. Es muy importante que funcione para demostrar que es posible una Argentina diferente. Acabado el kirchnerismo, y con el peronismo en serios problemas, la sociedad necesita consolidar una alternativa. Néstor Kirchner fue coprotagonista de la derrota electoral 2008 pero no llegó al terrible presente 2016. por EDGAR MAINHARD José Francisco López barrió con el kirchnerismo, una idea política mutante que para la Nación estuvo vigente entre 2003 y 2016. El kirchnerismo sobrevivió apenas 6 meses afuera del poder y fue decapitado por quien fue funcionario de los 3 mandatos presidenciales. López estuvo 12 años al frente de la Secretaría de Obras Públicas porque cumplió, con diligencia, el rol encomendado: 'cajero', una tarea que muchos políticos evalúan como necesaria pero no reivindicable, pero para Néstor Kirchner era fundamental porque resultaba la clave de su comprensión del poder. Para Kirchner, no había política sin 'caja', y los contratos de obra pública resultaban el filón inagotable de la 'caja'. Resultó así en la intendencia municipal de Río Gallegos, en la Gobernación de Santa Cruz y en la Presidencia de la Nación. Sin 'caja' no había presente ni futuro. El Frente para la Victoria Santacruceña, origen del Frente para la Victoria, era un culto a la 'caja', que López ha profanado con una acción que quitó el velo que ocultaba el concepto recaudatorio de los ideales enunciados, y por eso cabe concluir de que el kirchnerismo se encuentra acabado. Néstor Kirchner tenía una idea tan rudimentaria como utilitaria y oportunista de la política, que debía reenfocarse según la conveniencia coyuntural del gobernante. Pero él era muy consciente de que para sumar adherentes no bastaba con ajustar el discurso, luego denominado 'relato', sino que había que acompañarlo con favores y prebendas, y para ello era imprescindible la 'caja', herramienta fenicia que convirtió en altar en el que ofrecía sacrificios... para su propia satisfacción. Es muy interesante que una persona tan afecta a la acumulación de capital, disfrutara tan poco con la utilización de lo acumulado. Néstor fue avaro consigo mismo, al punto de desinteresarle el cuidado de su propia salud, y luego se murió imprevistamente, génesis de la diáspora de los 'cajeros': Ricardo Jaime a la bartola, Lázaro Báez eludiendo los controles de la familia del fallecido, José Francisco López reclamando cocaína a los gritos cuando ya estaba detenido por encontrársele una madrugada saltando una reja para enterrar paquetes termosellados con dinero, joyas y relojes caros, mientras se autocustodiaba con una carabina, en un convento que guarda misterios no divinos; y otros casos que van evaluando algunos jueces de codicia inagotable. Los 'cajeros' a la deriva han empequeñecido al kirchnerismo, y en 6 meses le han quitado su valor residual más importante: el supuesto noble idealismo que reivindicaban La Cámpora, el Movimiento Evita, la Kolina. El culto sagrado Pero no sólo trastabilla el kirchnerismo, que al fin de cuentas es una expresión del peronismo. El caso del detenido José Francisco López expone una mecánica del ejercicio político que el justicialismo asumió como propia desde Carlos Menem y Eduardo Duhalde a la fecha. Y casi todos o todos los gobernadores e intendentes municipales. Esa metodología ejerció influencia sobre gran parte de la Unión Cívica Radical e inclusive sobre el propio PRO, que se reivindica como ejemplo de 'la Nueva Política'. Uno de los ejemplos más notables es que un integrante del equipo íntimo de Mauricio Macri, Carlos Grosso, fue quien, en los años '80, inició la contratación de profesionales arancelados para las pintadas de consignas políticas en las calles porteñas. El peronismo conoce muy bien de qué trata la 'caja' y cómo se alimenta. Entre las muchas asignaturas pendientes que tiene el peronismo -que van desde el uso de la violencia política para resolver conflictos internos hasta el uso de la pobreza para la construcción de poder en la calle- se encuentra la distribución a mansalva de beneficios para asegurarse la compra de voluntades. Pero es más fácil condenar al peronismo por sus hábitos que aceptar que una mayoría abrumadora de la sociedad argentina ha aceptado, legitimado e incorporado el culto a la 'caja' como un valor fundacional del inagotable 'ser nacional'. No siempre fue así. La democracia representativa provocaba expectativas muy diferentes en 1983, a medida que se acercaba la fecha de los comicios. La sociedad mantenía, en forma mayoritaria, grandes anhelos para el período que se avecinaba. Por eso se emocionaba ante el recitado del preámbulo de la Constitución Nacional y por eso castigó a Ítalo Luder, que no le puso coto a Herminio Iglesias. Sin embargo, el deterioro fue veloz. Curiosamente, la denuncia de corrupción fue el arma que usó el peronismo para erosionar al gobierno de Raúl Alfonsín: desde las cajas PAN a los pollos de Ricardo Mazzorin, los préstamos del Banco Hipotecario Nacional y el uso del BANADE para beneficio de algunos empresarios. Luego, Menem gobernó en medio de escándalos que hasta le provocaron cambios de gabinete. La denuncia de corrupción fue la herramienta que intentó monopolizar Domingo Cavallo en su expansión doméstica, y luego la manipularon Elisa Carrió, Chacho Álvarez y Grupo Clarín. Quien a hierro mata, a hierro muere: la denuncia de corrupción liquidó al gobierno siguiente, de la Alianza UCR Frepaso. Más tarde llegaron los Kirchner. Sin duda que la sociedad argentina tiene una oportunidad de cambiar su propia historia. Tiene delante de sí la posibilidad de renacer, provocando un cambio más allá de los gobernantes de turno. No obstante, muchísimas presiones existen por estas horas para que todo quede acotado a López, Báez y Jaime, como si ellos no fueran apenas personajes secundarios de la tragedia argentina. No sólo es posible instalar nuevos parámetros de ética sino también repensar el Estado. Pero el optimismo comienza a tambalear cuando se intenta circunscribir lo que ocurre a un caso puntual. Ese es el debate que recorre a Cambiemos por estas horas. Si bien Elisa Carrió es un personaje de voz muy poderosa, hay peligro de que ganen los mudos: Nicolás Caputo, Daniel Angelici, Francisco Cabrera. El club del peaje Los constructores de obra pública tienen un lobby poderoso desde hace años. El Proceso de Reorganización Nacional le provocó grandes utilidades, que luego reforzaron los gobiernos de la democracia. Es imposible desconocer que el "monumento a la corrupción" (Yacyretá) comenzó a construirse el 07/12/1983, pero para entonces ya había hecho millonarios a unos cuantos. El propio Francisco Macri, padre del Presidente de la Nación, es un emergente de la obra pública más que de las actividades industriales manufactureras. Familiares y amigos de Mauricio Macri han participado con audacia de la obra pública. Macri prometió destinar tantos recursos a la obra pública como nunca antes sucedió en la historia argentina. ¿Hasta dónde el caso de José López no lo obliga a repensar toda su estrategia? Por un lado, con López acaba la fantasía de Cristina Fernández de Kirchner antagonista en 2017. Gran parte de las fantasías electorales del PRO para el año próximo pasaban por confrontar con el kirchnerismo. Ahora cabe planificar otra vez el comicio que viene porque el kirchnerismo acabó. Por otra parte, Cambiemos tendrá que exhibir una transparencia notable en las adjudicaciones y contrataciones que vienen porque la sociedad queda muy pendiente de las prácticas sospechosas. Poco importa si la Cámara Argentina de la Construcción realiza o no una autocrítica y promueve cambios en sus prácticas y las del Estado. La responsabilidad mayor ahora es de Mauricio Macri porque él reclamó para sí el sello de "Nueva Política". Y eso es lo más increíble del 'caso López': poco importa cuál fue la 'operación de inteligencia' que intranquilizó al ex funcionario y le provocó tanta ansiedad, existen expectativas de que Cambiemos es diferente al kirchnerismo, y ahora tendrá que probarlo. Habrá que apreciar los procedimientos que aplicará Brasil cuando en 2 semanas reinicie la contratación de obras, intentando dejar atrás el formidable escándalo de corrupción serial conocido como 'Lava Jato', y en el cual las constructoras tuvieron un inusual protagonismo, con condenados y delatores premiados. Es muy endeble la democracia ejercida por representantes del voto popular que gozan de una calidad de vida muy superior a la que pueden pagar, con un poder de consumo superior al que consiguen explicar, decididos a comportarse como una casta privilegiada. Esa es la contraca del blanqueo al que tanto apuesta Macri. Esa idea de que será el último sinceramiento de activos, y que en adelante todo resultará diferente, tiene un implícito significado fundacional para la ética, que debería alcanzar a la política porque, de lo contrario, nada cambiará. En definitiva, el kirchnerismo está licuado, el peronismo se encuentra seriamente dañado pero el macrismo tendrá que esforzarse para no ser arrastrado por la corriente, una situación que sería muy lamentable porque regresaría aquel temido "Que se vayan todos".