viernes, 30 de octubre de 2009

PEJOTA



Unidad o unidad y cambio, la cuestión del PJ
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El Partido Justicialista se debate entre aquellos que siguen las políticas K a toda costa, y los que la resisten intentando darle pelea por dentro. Cómo se preparan dentro del PJ para combatir las políticas kirchneristas que sostiene el proyecto de Reforma Política y las incongruencias de una oposición que lo único que hace es sostener al gobierno en su debilidad

Unidad de concepción para la unidad de acción es algo que ha atravesado históricamente al peronismo, lo que ha servido para convertirlo en el partido político más importante de la corta historia nacional. El impresionante sismo que deberá atravesar el Justicialismo en los días venideros será muy grande, y el compromiso que adquieran sus principales referentes para con la causa nacional, podrá ser lo que salve al partido del hartazgo público.



Este verdadero desafío se encuentra recorriendo por estas horas a todas las líneas del PJ, ya que sin querer queriendo (como decía el Chavo del Ocho), el ex presidente Néstor Ki rchner en su paso arrollador por la política local, puso a los máximos dirigentes del peronismo en una encrucijada existencial para sus propios intereses, y de la cual de ahora en adelante deberán tomar un partido definido para uno ú otro lado.



Después de toda una vida política teniendo y participando el poder suficiente para imponer condiciones, el patagónico arrinconó masivamente a la dirigencia histórica del denominado “Pejotismo”, para luego acabar con ellos con el nuevo proyecto de Reforma Política, con el que busca acabar con cualquier resistencia interna que exista dentro del PJ hacia sus políticas.



Es normal ver al desconcierto que reina por estas horas al grueso de los dirigentes peronistas que no participa del oficialismo, ya vengan de la política tradicional o del campo sindical o cultural, como comienzan a sentir en carne propia los arrestos individuales que le quedan al santacruceño, y ven ante sus caras como en un santiamén su historia puede quedar arrumbada para siempre.



Estos personajes no se imaginaron bajo ninguna circunstancia tener que lidiar con estos conflictos de barricada, más aún después de haber ayudado en gran parte a poner en el sillón de Rivadavia a Néstor en épocas en las que Eduardo Duhalde no encontraba un rival de fuste con el cual en frentar a Carlos Menem en las presidenciales del año 2003.



Totalmente desorganizados y corriendo de un lado al otro, estos dirigentes peronistas opositores al modelo K, vienen planteando en todas las reuniones que lanzan a nivel nacional en forma casi diaria, el lema fundamental que ha rodeado al peronismo históricamente, como es el de la “Unidad”. Pero como manifiesta el histórico dirigente justicialista Ramón Landajo, ex secretario privado del General Perón en el exilio, y cercano a los intereses del dirigente rural Gerónimo “Momo” Venegas, “si la unidad viene acompañada del cambio de sus dirigentes mejor”.



En esta política del todo vale sin mirar a quien se deja atrás o se hace daño, el matrimonio presidencial vio una hendija para sus intereses, lo que ha hecho que el grueso de los dirigentes de las segundas líneas estén cansados y hastiados del quedo y falta de compromisos esgrimidos por los Kirchner con esta nueva ley reformista que pone por primera vez a estos dirigentes contra las cuerdas y con una ánimo de rivalidad menor del que viene ejecutando desde su asunción quienes están en el poder desde el 25 de mayo del 2003.



Esto resulta un verdadero jeroglífico para los dirigentes que se han visto desplazados de las primeras líneas de acción por part e del matrimonio presidencial, donde el efecto ha sido que el pensamiento anti-K que sobrevuela dentro del peronismo sea cada día mayor, y ni siquiera las palabras de sus máximos referentes pidiéndoles calma, han podido parar este nuevo movimiento dentro del peronismo que se propone darle pelea con gran fuerza al kirchnerismo en las pensadas elecciones “internas o primarias” que propone el proyecto de reforma política K.



Este pensamiento contra el gobierno nacional se presenta adentrándose en las diferentes líneas no sólo del peronismo, sino también de los sectores progresistas que creyeron en un comienzo que el kirchnerismo significaba un cambio en la forma de hacer política en la Argentina. Es por eso que no se bancan a muchos dirigentes de la vie ja política decirle que esperen y no hagan nada para parar a Néstor, ya que cuando se limitaron a acatar órdenes, lo único que lograron fue ver como el matrimonio presidencial les moja la oreja marcando la agenda política en general.



El malhumor y la crítica permanente son moneda corriente en el grueso de las reuniones que se llevan a cabo con motivo se un supuesto cambio de política producto del agotamiento del modelo K. Pero todas estas acciones estarían dañadas si quienes la llevan adelante son personajes que supieron decir todo que sí en los ’90 a Carlos Menem, luego a Eduardo Duhalde y por un rato a Néstor Kirchner al comienzo de su gobierno.



Están viendo estos dirigentes que la sociedad se asqueó y se aburrió de tanta “borocotización” en la política vernácula, sobre todo si la misma sigue teniendo su precio máxime cuando la “caja” está en manos del pingüino mayor y así la mayoría de dirigentes tienen que batallar con su propio peculio, algo que no estaba escrito en las bitácoras de estos dirigentes que siempre vivieron a costillas del Estado y sus contratos.



Es cierto que el bolsillo diario marca una situación que a veces se asemeja al 2001, pero no es menos cierto que el agotamiento de la sociedad está manifestado por la vuelta de espada que se ll eva a diario la dirigencia política en general.



Se le endilga al gobierno la falta de compromiso con los problemas reales que sufre la ciudadanía, pero se ve como la oposición dilapida la victoria lograda el 28 de junio en la elecciones legislativas, y se asiste impávidos a cómo lo que parecía una oportunidad de cambio, una pequeña brisa de aire ya se esfumó y sólo queda el destrato en general como cierre manifestado por la Casa Rosada , y esto es producto de las mezquindades y egoísmos que marcó el derrotero del grueso de dirigentes opositores.


En estos temas se encuentra la política argentina de estos días, con un derrotero grande de dirigentes tanto dentro como fuera del Justicialismo que quieren hacer realidad el sacar al kirchnerismo del máximo poder del Estado, pero que al tener tanta desunión y ser tan cambiante el ambiente político nacional, no hace más que fortalecer a un modelo agotado, que sólo se sostiene debido a la debilidad misma que muestra la oposición.

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