sábado, 1 de noviembre de 2014

LO QUE VIENE

Lo que viene, lo que viene por Alejandro Borensztein Hace rato que se dice que la Presidenta no anda bien. Esta semana apareció en Cadena Nacional y presentó el nuevo Código Procesal Penal. Se la vio medida, sobria, precisa, conciliadora, amable. Hubo una pequeña chicanita sobre el tema del satélite, pero fue poca cosa. Una nadita comparada con lo que nos tiene acostumbrados. Por lo demás, el tono del discurso fue civilizado. Para quienes la venimos siguiendo desde que militaba en el menemismo, evidentemente algo le está pasando. No es normal tanta urbanidad. De todos modos, no quiero adelantar ningún juicio hasta no escuchar el diagnóstico de Nelson Castro. Sin embargo, los cipayos de siempre salieron a criticarla por decir que "la inseguridad es un tema que da marketing".Obvio que lo es. ¿Qué tiene de malo? No hay mejor marketing para captar a todos los narcos del mundo que quieran venir con sus valijas llenas de billetes de 20 dólares, canjearlos libremente por CEDINES y con eso comprarse todas las casas que quieran en Nordelta. Una verdadera y exitosa política de Estado. Para refutar la crítica de esta derecha insaciable que pretende combatir el progresismo de Boudou, Zamora, Alperovich e Insfrán (esto siempre lo digo, pero vale la pena repetirlo para terminar con las acusaciones de falsoprogresismo feudoprovincial), salió el ministro Randazzo declarando que "afirmar que la Presidenta no se ocupa de la inseguridad es una hijaputez". También tiene razón. Sin duda que se ocupa. Que después de once años, en ese tema, estemos peor que nunca, es un problemita técnico. Si la Jefa entra a su despacho al grito de "¡¡¡terminen con la inseguridad!!!" y después abajo no le dan bola, ya no es culpa de Ella. Este y otros asuntos menores como la inflación, el futuro económico y la corrupción fueron tratados esta semana en el famoso Coloquio Anual de IDEA que reúne a los principales dirigentes empresarios, académicos y políticos del país. El Ministro Kicillof dijo que "es un encuentro entre los nostálgicos que quieren volver a los 90". Yo no lo creo. Nadie que se oponga seriamente al kirchnerismo querría volver a los 90 porque si viajáramos a aquellos años en el túnel del tiempo nos encontraríamos otra vez con Capitanich, Boudou, con Ella y con Él, por nombrar sólo a los primeros que se me vienen a la cabeza. Después de 11 años y de la mayor bonanza regional que se recuerde en Latinoamérica, el gobierno se metió solito en un bolonqui económico de la gran flauta y, pese a que se supone que el kirchnerismo es el gran proyecto nacional y popular, la realidad es que no tienen un solo tipo como Dios manda para suceder a la Presidenta. El único ñato que por ahora junta votos y tiene chance es Scioli. Así y todo, lo detestan. Y el único plan que parecen tener es tratar de que gane Macri, sabotearlo hasta emputecerle la vida, y soñar con volver en 2019. Los pibes de La Cámpora, empujados obviamente por la Compañera Jefa, intentan cerrar un acuerdo con el Compañero Lancha: ellos meterían en las listas la mayor cantidad de diputados y senadores propios a cambio de garantizarle todo el apoyo necesario para que el tipo pierda las elecciones presidenciales. Aún si la popularidad y el traje antiflama de Scioli superara todos estos escollos, debería enfrentar el problema más difícil: ¿cómo se le pide a la sociedad que vote a un presidente que reconoce por sobre él a otra figura más importante, que a su vez estaría tomando sol, recortando ligustrinas y contando billetes en El Calafate? Si esto es difícil para Scioli que es el que más se "despega" del kirchnerismo, peor aún lo es para Randazzo. Ni te cuento, para el resto de los candidatos como Urribarri o Rossi que le rinden pleitesía incondicional a la Jefa y que siempre declaran que se hará lo que Ella diga. Si la oposición necesitaba un argumento devastador para ganarle al kirchnerismo, acá lo tienen servido: ¿qué país democrático va a aceptar un presidente que debe reportarse a alguien superior, pedir permiso o gobernar bajo sus directivas? Imposible. Es el talón de Aquiles de todo el plan. Ya tienen el argumento, muchachos. Ahora hace falta que aparezca uno que tenga ganas de ser opositor en serio y listo. Por ahora sólo está Daniel Sabsay, un constitucionalista de mucho prestigio que demostró que tiene más huevos que toda la oposición junta. Mucha gente dice que los K son capaces de cualquier cosa por retener el poder. Si en Estados Unidos un tipo llegara a decir que Obama merecería un tercer mandato y que si no se lo permiten es porque los opositores no se animan a competir con él, lo acompañarían gentilmente hasta el manicomio más cercano y sanseacabó. Acá no. Reclamar que la Jefa debería poder competir por un tercer mandato, o que -como declaró el Compañero Kunkel- "si el Congreso no puede debatir este tema es mejor cerrarlo", no asombra a nadie. El dirigente de La Cámpora Wado de Pedro declaró que "hacen falta veinte años de progresismo". Suena demasiado ambicioso. Yo me conformaría con que al menos tengamos 4 añitos de progresismo, aunque sea para matizar un poco con estos 11 años de falsoprogresismo feudoprovincial y neofascistito. Reinterpretar la Constitución sería difícil y un poco incómodo. La estarían toqueteando los mismos cráneos que ya la reformaron para que Menem pudiera ser reelecto en 1994. O sea hace 20 años. Se supone que una Constitución se hace para que dure un poco más que eso. La anterior había durado 140 años. Es verdad que duró mucho porque no la usábamos, pero de alguna manera duró. Con toda su locura, el gobierno se los sigue comiendo crudos a todos. Por ahí anda Sanz hablando de una CONADEP para la corrupción o Stolbizer que viajó a Suiza para averiguar en qué andan las causas de la guita de Lázaro y posiblemente los Kirchner. Allá los jueces le contaron que Timerman cajonea todos los pedidos. Obvio, sería ingenuo pensar que un tipo que se acuesta con los iraníes vaya a andar a los besos con los suizos. Macri hace la plancha aconsejado por su banda de estadistas marketineros. Massa lo mismo. Y UNEN baila al compás de la locura de Lilita, quien aún conserva intacto su talento histriónico. Consultada sobre su separación de Pino contestó: "Yo ya dejé dos maridos en mi vida personal, mirá si no voy a poder dejar un novio". La oposición debería aprender de Martin Luther King cuando dijo: "Al final no recordaremos las palabras de nuestros adversarios sino el silencio de nuestros amigos".

No hay comentarios: