martes, 13 de octubre de 2009

LA CATALEPSIA


LA CATALEPSIA POLÍTICA Y EL ODIO
(Por el Lic Gustavo Adolfo Bunse) (13/10/2009)


Cuál es la diferencia entre un político y un ladrón…
… preguntó el profesor de derecho penal…
… un alumno levantó la mano… y dijo…
… la diferencia es que yo elijo al primero para que me robe
… en cambio… el segundo me elige a mi para robarme…
… el profesor le dijo : … es usted un genio
… jamás hubo una sola persona que descubriera…
… la mas insignificante diferencia. LO FELICITO

Hay una parte importante de la sociedad que se halla en paz, pero que se siente cotidianamente crispada y enrolada casi “de prepo” en una especie de histórica fractura civil, que no tiene precedentes.

Se opone a lo oficial… sin participar demasiado, pero no desde una postura de disenso natural de las ideas, aquel en que se observan y se consideran en modo respetuoso las del gobernante… sino desde la acumulación progresiva de una inquina singular.

Lo ven y lo sienten como un enemigo recalcitrante.

Sienten odio hacia el gobierno y perciben claramente que son odiados por él.

Con independencia de los números de imagen y de la intención de voto, campea pues, una fractura social que exhibe una ciudadanía transida de dolor y de odio
Es el fenómeno sociológico de su cosecha, que han logrado instalar en el país.

En efecto, así como los grandes estadistas instalan en las naciones el motor de la grandeza y el anhelo de la superación en un Estado básicamente orgulloso de su unión nacional, estos abigeos del poder, en cambio… instalaron el odio.

Un odio que parece tan creciente y tan arraigado, que no será fácil canalizarlo por otro exutorio que no sea el de la eventual composición medieval… aquella que suele orientar todas sus tensiones hacia una abierta vindicta social.

La candidatura planificada por el presidente de facto para el 2011es, ahora mismo una apuesta muy compleja y sospechosa.



Esta signada, como queda dicho, por un odio metafísico mayor, seguramente, que el concitado por su querida esposa.

Ideológicamente se halla en posiciones análogamente extremas, pero si hubiese un “amperímetro” de la temeridad y los niveles de inescrupulosidad, él ganaría.
Hasta ofrece la sensación de estar huyendo de algún “terror secreto”.

Uno de sus peores miedos, sin ninguna duda, es que presiente y sueña con los síntomas horrorosos de una posible catalepsia política.
El entierro prematuro ("The premature burial") es un cuento de horror, escrito por Edgar Allan Poe y publicado en 1844. El miedo al enterramiento en vida era muy común en la época. Y Poe obtuvo un enorme provecho literario de ello.
Está escrito en primera persona… por el hipotético personaje que sufre el caso
Su peor pesadilla es perder el sentido en ocasión de hallarse lejos de su hogar, y que, al ignorarse sus circunstancias en el nuevo medio, sea dado por muerto.
Así, entonces … hace contraer la promesa a familiares y amigos de que no lo enterrarán antes de haber comprobado, fehacientemente, su óbito.
Construye asimismo una complicada sepultura con un equipo instalado que le permita pedir ayuda, caso de "despertarse" en dicha situación.
La historia se cierra cuando el narrador se encuentra, sorpresivamente un día, atrapado en un asfixiante reducto de madera, estrecho y oscuro, que le hace temer haber sido enterrado vivo pese a todas sus precauciones.
No he de narrar el final. Vale la pena. La clave de todo es un odio subyacente.

Se pretende darle motor pleno a la candidatura de este factótum oculto, esposo real y nuevo diputado con fueros, acaso aprovechando el baldío político de la oposición.

Arrancaría pues, con algo más de la mitad de los votantes en una condición de extrema reluctancia, germinada en el más profundo odio que he referido, tal vez el espejo de su soberbia y de su carisma evidentemente negativo.



Todo lo que se ha venido retrasando y postergando en la Argentina, todo lo que se va artificializando y lo que se barre bajo la alfombra, prefigura un escenario que los obliga a subir, interminablemente, la apuesta de la mentira.

El más pequeño error, el más insignificante disparador, puede provocarle a él un entierro prematuro. Un entierro en vida.

Nadie opina entre sus filas y nadie se anima a objetar nada. La única explicación para eso, es el clima de terror que cunde en “palacio”.

Una ventaja no menor que conserva el “régimen”, es que la República, vaciada ya de instituciones, ha caído hoy en una total inmunodeficiencia, precisamente por el colapso de las alternativas. Faltaba terminar de vaciarla de contrapoderes… y a eso apunta hoy la ley de medios.

En una sociedad, dividida… se desconfía y se odia
Los anticuerpos políticos están congelados… o reducidos a las tres o cuatro caricaturas que representan las opciones raquíticas de la oposición.

Ellos, son algo así como los cónsules más débiles de la época de la República Romana. A ninguno le alcanza para ganar.
Su fragilidad territorial es irreversible a 2 años vista.

El odio, desde y hacia el matrimonio, no prefigura nada bueno.

Recuerda a Roma… que estaba muy cerca de caer.
Casi por una casualidad no cambió la historia del mundo cuando Aníbal, el cartaginés, arrasó todo desde Gibraltar hasta las puertas de Roma. Y los romanos, perdidos, tuvieron que designar un cónsul suicida para que saliera a enfrentarlo.

Eligieron al cónsul Flaminio, que sin dudas no tenía fuerzas suficientes para combatir con Aníbal. Y se prepararon para morir, porque sabían que los cartagineses no dejaban un solo romano vivo cuando ganaban.
Había odio mutuo… cerril.

Y así fue : Aníbal atajó a 30 kilómetros de Roma y lo aniquiló a orillas del lago Trasimeno. (217 a.c.).




Algo raro : después de la Batalla de Trasimeno, Aníbal no entró en Roma y eligió seguir hacia el sur de Italia.

Si entraba en Roma, la hubiera encontrado desarmada… Y el solo hecho psicológico de arrasarla lo hubiese convertido en el Rey del Mundo.
¿ Por qué no lo hizo ?

Aníbal, que había aniquilado a todos los cónsules que le salieron al cruce, en Trebbia, en Trasimeno y en Cannas, cayó después, definitivamente, en Zama.
Y Cartago fue convertido en cenizas… solo por el odio.
Catón lo había dicho mil veces : “Delenda est Cartagho”
“Cartago debía ser destruida”.

No se trataba de vencerla. Se trataba de destruirla, de arrasarla, de borrarla de la faz de la Tierra para siempre.
Sus piedras, sus ciudadanos, e incluso su recuerdo… todo debía desaparecer.
Y el punto de vista de Catón era suscripto por buena parte de los romanos. Roma odiaba a Cartago. Pero Cartago también odiaba a Roma como jamás en toda la Historia dos naciones se han odiado.

Los ciudadanos de las dos urbes, dueñas ambas de muy extensos territorios más allá de sus muros, creían firmemente que merecía la pena que su ciudad se hundiera en el infierno si acaso conseguía arrastrar a la otra con ellos.

No había rivalidad o enemistad simple. Había un odio irracional, cuyos ecos aún nos llegan nítidos después de más de 2000 años.

Y Catón lo consiguió. No vivió para verlo, pero Cartago, capital de la nación púnica, fue arrasada con una minuciosidad tan terrible que los arqueólogos sólo han conseguido encontrar pequeños restos de lo que fuera la mayor y más rica ciudad del Mediterráneo.

Los magníficos edificios fueron primero incendiados, luego demolidos y para finalizar la tarea sus cimientos fueron arrancados de cuajo.



El páramo en el que los romanos convirtieron Cartago fue sembrado con sal para que nada volviera a crecer allí.

Y cualquier resto de la esplendorosa cultura cartaginesa fue perseguido y exterminado. Borrado incluso del gran libro de la historia, muchas veces… para siempre.

¿ Por qué ?

¿Por qué este odio que aún hoy nos deja perplejos ?
Los capítulos que reflejan ese odio irracional entre distintos personajes son muchos, pero el odio estaba firmemente arraigado en las sociedades.

Toda la sociedad romana odiaba a Cartago:

La odiaban los senadores, los importadores de artículos de lujo, los panaderos, los herreros y los campesinos.

Toda Roma odiaba a Cartago como jamás los romanos han odiado a ningún otro pueblo. Ambos pueblos sabían que cualquiera de los dos estaba tan cerca de la muerte como para imaginar que flotaba allí, para todos, la catalepsia.


Lic Gustavo Adolfo Bunse
gustavobunse@yahoo.com.ar

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