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Pecado de omisión
Nadie debería lamentarse por lo que sucede en la Argentina en estos tiempos. Todos esperan que otros modifiquen esa realidad como si fuera posible que se transformara en forma espontánea y milagrosa.
Por Juana Marcó
Mientras los argentinos siguen observando de costado su realidad, realizando críticas inconducentes y lamentándose de su destino, la oposición alienta su esfuerzo esperando el mañana como si la nueva conformación del Congreso les pudiera dar una nueva oportunidad para transformar el presente turbulento e inestable que ofrece el gobierno argentino actual.
El viernes pasado un par de asociaciones civiles convocó a respaldar con la presencia frente al Congreso de la Nación el descontento por la arbitraria propuesta del gobierno, que fuera de la habitual costumbre, decidió sesionar un viernes seguramente por estar próximo a un fin de semana feriado que contribuiría a evitar manifestaciones más numerosas, respecto de la modificación de varios artículos de la Ley de Radiodifusión.
Se votaba el proyecto presentado por el oficialismo. La sociedad lo asumió como si se tratase de un asunto que solo afectaría a la prensa y no a la población y no quiso o no supo tomar conciencia de lo que verdaderamente se estaba ocultando detrás de esta ley.
¿Qué sucede con esta sociedad tan poco comprometida? La misma que se pregunta por qué razón los dirigentes y referentes de la oposición no ponen freno a los desmanes del gobierno nacional que nos está llevado a la crisis social y económica, tal vez la más profunda que haya experimentado el país en la última década.
Unos hacen responsables a otros, pero en definitiva todos resultan ser espectadores de la realidad mientras el gobierno los paraliza con mucho ingenio, amedrentando a algunos y atropellando constantemente a otros. Tan es así que las sorpresivas conductas pergeñadas por un conjunto de funcionarios, casi siempre, pareciera que los toma desprevenidos y no encuentran como revertir la situación.
La oposición no hace más que mantenerse a la defensiva, intentando combatir las leyes que se presentan en el parlamento promovidas por el Ejecutivo, que se asegura cierta garantía para lograr que sean votadas sin modificaciones.
Los opositores se mantienen tras la defensa de la coyuntura, sin lograr conformar una integración necesaria para proyectar una estrategia conjunta que los lleve a exigir e imponer reglas claras y conductas que se ajusten a la letra de la Constitución. Entre todos deberían diseñar Políticas de Estado que logren revertir las medidas que el gobierno impone en forma espontánea y desordenada.
Como consecuencia, la recientemente votada “ley mordaza” afectará a toda la población, no sólo por la falta de información sino por el ocultamiento de la realidad al trasmitir los sucesos del acontecer cotidiano en tal forma que dificulte la prevención Tal como se desdibujan los índices reales en el INDEC, que no permiten proyectar debidamente las inversiones.
Seguramente recién entonces la sociedad, en su conjunto, descubrirá que por su falta de protagonismo y compromiso en la escena pública respaldando sus demandas, no ha hecho más que renunciar a sus derechos por no haber ofrecido resistencia y no haberse comprometido, como si fuera solo responsabilidad de otros modificar la situación social y política del país.
No se debe subestimar el accionar del ex presidente en funciones, quien no pierde oportunidad para diseñar estrategias que le garanticen un resultado positivo a su acumulación de poder, como también para obtener suficientes recursos para sostener con prebendas sus objetivos.
Por lo tanto toda la sociedad debe asumir su falta de responsabilidad y su apatía hacia un compromiso explícito, como también la dirigencia y los legisladores contrarios al accionar del gobierno deberían analizar y reflexionar su falta de cohesión, aunque sea temporal. Esa actitud no hace más que dar espacio a este atropello constante que acerca al país al diseño chavista.
No deberían reprocharse unos a otros por no poder modificar el escenario actual, sino más bien tendrían que trabajar en forma conjunta y con la misma agilidad que lo hace el oficialismo. Tal como lo logró el dirigente empresario en la Prov. de Bs. As en las elecciones legislativas pasadas para lograr ser electo, con astucia, rapidez en la concreción de la iniciativa, sorpresa, destreza en las estrategias, acción conjunta, activa participación, respaldo manifiesto y masivo de la sociedad, propuestas claras, etc. Todos esos factores contribuyeron a su triunfo electoral y ahora parecen haberse desvanecido dejando espacio al avance de "políticas de desmoronamiento, desintegración, quebranto, desgaste y daño" sin límites.
Pronto vendrán otras leyes que cercenarán la posibilidad de proyectar una democracia libre y participativa, como la de reforma política, entre otras. Si la sociedad y la oposición siguen siendo espectadores o simplemente actores sorprendidos que sólo intentan modificar la coyuntura parlamentaria que les presenta el gobierno nacional, nada ni nadie podrá evitar que aún después del 2011 continúe la barrera de la impunidad.
Sólo basta un ejemplo para la reflexión aunque el contexto geopolítico y de recursos naturales sean diferentes: el primer plebiscito para respaldar la perpetuidad en el mandato del bolivariano que lo sorprendió con una derrota aplastante; desde entonces la oposición quedó confiada de su triunfo en las urnas.
Tiempo después, un segundo referendo le dio un rotundo triunfo al totalitario mandatario. Lo que demuestra que nadie debe confiarse, que hay que mantener activa y participativa la acción exigiendo la concreción de las propuestas hasta lograr que el gobierno respete tanto la pluralidad y la independencia de la instituciones como el disenso, todas virtudes propias de la democracia.
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