domingo, 8 de mayo de 2016

CUENTA REGRESIVA

PROBLEMAS DE LA POLÍTICA Y DE LA ECONOMÍA 150 días complicados y faltan 60 para el 2do. semestre: Macri necesita relanzarse Tal como lo recuerda Julio Blanck en el diario Clarín, "Lo declaró Federico Pinedo días atrás y maldita la gracia que le causó a Mauricio Macri. “Estamos en el peor momento de este Gobierno”, afirmó hablando de la situación social el presidente provisional del Senado, un histórico del macrismo que tiene a veces la costumbre de decir la verdad en las circunstancias más inoportunas." Entonces, ¿cómo continúa esta historia argentina? Martín Tetaz: "El gobierno se juega la vida en su éxito para bajar la inflación fuertemente en el 2do semestre del año. Si la inflación no baja, no habrá recuperación del consumo y la reactivación podría demorarse hasta bien entrado el 2017 (...)". Son 5 meses y la situación se ha complicado en forma ridícula porque era evitable. La Administración Macri intenta recuperarse aunque tiene dificultades para alcanzar el objetivo. Faltan 60 días para que comience el 2do. semestre, un plazo que Mauricio Macri debió estirar al último trimestre 2016, como mínimo. Ahora puede ser prisionero de sus promesas... aunque no dijo en qué momento del 2do. semestre (podría ser un argumento). Con los datos de la coyuntura, Urgente24 intenta un mapa de situación en base a las novedades dominicales Comencemos por Eugenio Paillet, en el diario La Nueva Provincia, de Bahía Blanca: "(...) En múltiples reuniones que se suceden en ministerios y secretarias, o en reductos gastronómicos de Palermo, y hasta en la renovada convocatoria de Macri a la mesa "súper chica" con la que suele consultar las profundidades de la gestión (Peña, Niki Caputo, Monzó y Carlos Grosso, no mucho más) ya hay cuestiones que casi no se discuten. Aquella idea de dividir al peronismo de los comienzos de la gestión no sólo fracasó, sino que la realidad estaría entregando pruebas de que puede resultar todo lo contrario. No importa si también al peronismo no lo una el amor sino el espanto (a un eventual renacimiento de Cristina). Se ha dicho en esos conciliábulos que el gobierno ha hecho un culto de la gestión desde que asumió. Y que se ha anotado hechos resonantes, como la salida del cepo, el acuerdo con los holdouts, la eliminación de las retenciones. Alguna amargura se deslizó por allí por cómo pagó José Luis Gioj a la eliminación de ese tributo en la minería, el gran negocio de su provincia cuyana. Como si les costara entender que en la política no habitan las carmelitas descalzas. Se lanzaron cinco o seis planes claves en materia social, se anunciaron cientos de obras públicas en casi todo el país. Ahora mismo el financiamiento de dos mil millones de la Corporación Andina de Fomento el Plan Belgrano que generará cientos de puestos de trabajo. Pero no hay caso: casi todo el espectro político y ciudadano, y hasta desde adentro mismo del espacio o del oficialismo y sus alrededores, les siguen facturando la falta de un plan contra la inflación, los despidos, el aumento de los precios, los ajustes. Macri ha tenido que soportar en el medio chicanas como las de Sergio Massa y Hugo Moyano sobre su presunto precario conocimiento de los palotes de la política. Hay una realidad que se palpa: el presidente reclama el compromiso de todos los sectores de trabajar juntos para sacar el país adelante luego del desmadre, pero los empresarios no lo escuchan y remarcan; los sindicalistas se endurecen porque no consiguen respuestas ya a sus reclamos; y el peronismo, al menos ahora mismo, en vez de desmembrarse se congrega. En el gobierno ven como una de las estrategias claves del momento volver a las fuentes, que es un nuevo acuerdo de gobernabilidad con los gobernadores. Rogelio Frigerio los convocó para dentro de diez días y ahí el presidente apuesta buena parte de la idea de que todo vuelva a ser un poco más normal. El argumento es siempre el mismo: "si vos me das, yo te doy". (...) Dos conclusiones a la salida de aquella catarsis: reflotar el rol de los gobernadores, volver a aquellas fuentes, y de una vez por todas lanzar un programa antiinflacionario como le reclaman hasta sus propios aliados. (...)". La información de Paillet la corrobora el anuncio de Ezequiel Burgo en el diario Clarín: "El Gobierno planea inyectar unos $ 200.000 millones en obra pública de aquí a fin de año. De ese modo, confían muy cerca del presidente Mauricio Macri, la expansión del gasto público en los meses que se avecinan ayudará a compensar la caída del poder adquisitivo que, calculan, llega a 8 puntos porcentuales por culpa de la inflación. El monto destinado a obras será ampliado respecto al del Presupuesto actual ($ 180.000 millones). En el oficialismo explican que hay $ 220.000 millones para solventar lo que los economistas llaman gastos de capital, esto es, básicamente obras públicas. Y que entre enero y abril utilizaron “sólo $ 25.000 millones” de ese monto. “El resto vendrá ahora”. Justifican que hubo demoras por dos motivos: la herencia recibida impidió poner en marcha antes las licitaciones y la salida del default facilitó el cierre de los programas financiero y monetario. “Ahora tenemos los recursos garantizados”. El monto destinado del Presupuesto a obras públicas será ampliado, explican en el Gobierno. Y que se cumplirá con la meta que presentó el ministro de Hacienda y Finanzas, Alfonso Prat-Gay, de 4,8% de déficit para este año. El Presupuesto 2016 prevé $ 180.000 millones para gastos en obra pública y el Gobierno buscará llevarlo a $ 220.000 millones. Necesitará recurrir a un trámite legislativo que podría ser un DNU o una ley. Se calcula que el área que más recursos obtendría sería Vialidad que recibiría unos $ 50.000 millones. Luego seguirán los gastos en vivienda y recursos hídricos con $ 45 millones. Aguas y cloacas de Aysa demandarán $ 10 millones. (...)". Tal como lo hace habitualmente, Joaquín Morales Solá intenda desde el diario La Nación demostrar que Macri, más allá de sus errores, tiene un lado positivo: "(...) Dos funcionarios importantes de Macri, Gustavo Lopetegui y Mario Quintana, llevaron hasta la poderosa AEA la idea embrionaria, y hasta dudosa para ellos, de un acuerdo económico y social sobre precios, salarios y estabilidad. Los empresarios de AEA le respondieron con la historia: esas cosas siempre fracasaron. El Gobierno no explica estas cosas. O las explica a su modo. También en la comunicación el macrismo es disruptivo. Lo hace a propósito, sólo para marcar la diferencia con la catarata discursiva de Cristina Kirchner. Así como no acepta una política de operadores todoterreno, que hicieron política y negocios desde la década del 80 hasta diciembre pasado, tampoco quiere tener comunicadores al estilo de los predicadores mormones de Cristina. ¿Cómo comunica? La única respuesta que se encuentra es que la página de Facebook del Gobierno tiene 10 millones de seguidores y que se abrieron 6.000 oficinas en el área metropolitana para explicar las políticas del Gobierno. Punto. El resto es tarea del periodismo. Que cada periodista lo ha ga a su aire. La diferencia con Cristina no puede ser mayor. Siempre el propósito es el mismo. Macri no se mueve de esas certezas mientras el resto de la política lo interpela. Es una batalla entre la razón y la fe. El combate corre paralelo al momento más difícil del Presidente, cuando Gobierno y sociedad están en el lugar más oscuro del túnel que creó el sinceramiento de la economía. Todas las malas noticias deben suceder en el primer semestre del año. El reciente aumento del 10% en las naftas, que provocó que muchos argentinos se hartaran de la sinceridad económica, no lo decidió el ministro Aranguren. Lo decidió el propio Macri. Prepara la industria petrolera para sacarle los subsidios que tiene desde los tiempos de Cristina. El Estado le asegura a las petroleras 65 dólares por barril (cuesta 45 dólares en el mercado internacional). "El riesgo de no aumentar era que despidieran trabajadores petroleros y quemaran Comodoro Rivadavia", dramatiza el macrismo. El lugar más oscuro del túnel está afectando sobre todo a los más carenciados. Intendentes y obispos reconocen que volvió el reclamo de comida a municipios y parroquias como no se veía desde 2002. Éste es el aspecto más frágil de la política de Macri, más aún que el supuesto desempleo. No hay despidos masivos por ahora. Pero sí hay, según lo reconocen Hugo Moyano y Antonio Caló, un enorme y extendido temor de los trabajadores a perder el empleo. (...)". Continuando con este fragmento, Julio Blanck, desde el diario Clarín, le arrojó a Macri la realidad de la coyuntura: "(...) el Presidente no escatima alusiones a las penurias del momento. El viernes, en Villa Soldati, dijo “yo sé que duele esta transición, sé que no es fácil”. Y aseguró que le resultaron dolorosas “muchas de estas medidas que tuve que tomar”. Pero una cosa es que las verdades las diga él, de modo programado y controlado, y otra cosa muy distinta es que funcionarios y legisladores salgan por su cuenta a soltar palabras en el viento. Toda esta gestualidad del Gobierno tiene por objeto atravesar del mejor modo posible la conmoción provocada por las duras medidas de corrección a los desajustes económicos heredados. Eso, a la espera de que rinda frutos el plan de ordenamiento y reactivación, cuya llegada se espera para el segundo semestre del año con ansiedad indisimulable. El escenario social, por cierto, explica todas las preocupaciones. El jueves se conoció el estudio de Unicef que revela que en nuestro país hay cuatro millones de chicos que viven en la pobreza. Hablamos de uno de cada tres argentinos menores de 17 años, con un presente muy difícil y un futuro que es pura incertidumbre. Con un tono menos dramático, pero preocupante, se conocieron datos de la caída del consumo masivo: 3,6% solamente en abril, considerando compras en los grandes supermercados. La plata no le está alcanzando a demasiada gente. Pobreza infantil y caída del consumo son indicadores que mezclan lo estructural con la coyuntura. Y ayudan, a quien quiera, a esquivar la dualidad furiosa que impregnó a la sociedad y aún perdura. La pobreza, y la pobreza de los chicos menores de 17 años, es un azote que se ubica de lleno en los años de poder kirchnerista, más allá de la intoxicación propagandística de aquel tiempo cercano. La medición se hizo en 2015, cuando se aproximaba el final del mandato de Cristina. La caída del consumo, en cambio, es toda de Macri. Consecuencia directa de la salida del cepo al dólar y el ajuste en las tarifas de los servicios públicos y el precio de los combustibles; motores de una inflación que se disparó en los últimos dos meses del año pasado y siguió después del cambio de gobierno, sin que nadie –antes o ahora- hayan encontrado modo de frenarla. En pleno cruce del desierto y con el oasis todavía sin dibujarse en el horizonte, en la Casa Rosada confían en que todavía es grueso el colchón social que tienen para sostener el rumbo elegido. “El 65% de la gente dice que tuvimos que tomar las medidas que tomamos por la herencia que nos dejó Cristina”, sostienen cerca del despacho presidencial. Lo dicen las encuestas en las que creen. (...)". Hay que profundizar en esta cuestión del menor consumo. El economista Martín Tetaz, desde el diario El Día, de La Plata, ensaya una visión racional. Tal como ocurre con casi toda la cofradía de los economistas, refuerza la idea del 2do. semestre aunque comienza a advertir sobre la posibilidad de que no ocurra lo que pronosticaron. Puede resultar un galimatías pero hay que consignarlo: "(...) Las inversiones, que siempre han sido el componente más volátil de la demanda, estaban esperando un cambio en lo que Keynes denominaba el “clima de negocios”, que claramente está mucho más despejado luego de la salida del defalut, pero que quedará más claro cuando baje la inflación, y se resuelva el tema del INDEC, que, junto con la solvencia de las metas fiscales, son las variables que hoy aportan incertidumbre radical al sistema. El gasto público base caja (lo efectivamente pagado) crece al 31,3% interanual, lo que indica que el sector publico lejos de contraerse, empujará también, porque los ingresos fiscales crecen al 29,2% contra similar período del año pasado. La pegunta del millón es que ocurrirá con el consumo. Si miramos los datos de la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME) las ventas minoristas cayeron 4,8% en el primer cuatrimestre del 2016, aunque de manera curiosa suben mucho las ventas de autos y de propiedades. Para entender lo que está pasando en estos rubros tan importantes, no solo por su peso específico, sino porque son consumos aspiracionales, que normalmente se asocian a un mayor bienestar, es preciso entender que el cepo limitaba mucho la posibilidad de comprar propiedades, puesto que nadie conseguía los dólares para las operaciones, al tiempo que las empresas automotrices no contaban con divisas para importar autopartes y no podían por tanto fabricar vehículos, ni mucho menos importarlos. Un cliente de una conocida concesionaria de Buenos Aires me decía el año pasado, cuando las ventas no podían recuperarse del 35% que se habían desplomado en 2014, que el problema no era que no hubiera demanda, sino que, a pesar de los pedidos, no tenían autos para ofrecerle a los clientes. (...) Más allá de los casos particulares de autos y casas, el resto del consumo cae porque producto de la alta inflación con salarios que están congelados desde mediados del año pasado, la capacidad de compra del bolsillo se encuentre fuertemente resentida. Las paritarias 2015 cerraron con una expectativa de inflación del 2% mensual y desde diciembre hay prácticamente el doble. Sumando además el shock de las tarifas, hoy los salarios están un 10% por debajo de lo que los consumidores esperaban. Eso es lo que explica la contracción en el consumo Sin embargo, la mayoría de las paritarias se están cerrando por encima del 30% y en muchos casos retroactivo a marzo, con lo que el sueldo de junio traerá alegrías por partida doble; será más alto y además tendrá una especie de “aguinaldo” por la suma de los aumentos de los meses anteriores. Como julio también vendrá con el tradicional sueldo anual complementario, los consumidores harán pie a mitad de año y entonces a partir de agosto la actitud hacia las compras dependerá de las expectativas de inflación en la segunda parte del 2016, porque todos saben que los aumentos del primer semestre ya ocurrieron y nada se puede hacer con ellos, al tiempo que recién los gremios se sentarán a negociar las próximas paritarias, en marzo del 2017. Por eso el gobierno se juega la vida en su éxito para bajar la inflación fuertemente en el segundo semestre del año. (...) Pero si la inflación no baja, no habrá recuperación del consumo y será difícil que despegue la inversión, con lo que la reactivación podría demorarse hasta bien entrado el 2017 (...)".