miércoles, 4 de mayo de 2016

LA FARSA

"Entrampados en la farsa" El populismo y la decadencia argentina Emilio Ocampo – Suelo decir que el populismo es una desgracia superada en Europa y leo en tu libro que somos los únicos que introducimos una innovación a la dialéctica hegeliana (tesis – antítesis – síntesis), nosotros no superamos los conflictos, nosotros nos repetimos, y en Argentina ha hecho estragos… Es lo que intenté contestar en el libro. Si hay 40 millones de argentinos pensantes debe haber 40 millones de teorías respecto de cuál es el problema de la Argentina. Yo busqué una explicación basada en un sustento científico. Yo viví 10 años fuera del país y cuando volví, en 2005, recién empezaba un ciclo muy positivo en los mercados internacionales con el aumento de los precios de los productos agrícolas; y pensé que iba a ser una gran oportunidad para la Argentina porque finalmente saldríamos del laberinto en el que nos habíamos encerrado. Me equivoqué, porque en vez de ocurrir lo que yo pensaba, que era que íbamos a saber aprovechar estas circunstancias favorables, terminamos al revés. Hoy, en relación al resto del mundo estamos peor que en 1998, por más que les cueste aceptar a los fabulistas ultrakirchneristas. La pregunta es cómo puede ser que entrando en la puerta del siglo XXI cometiéramos los mismos errores que ya se habían cometido tiempo atrás; cómo puede ser que el experimento que comenzó en 2003 terminara de la misma forma que los otros experimentos populistas. Hay algo que se viene repitiendo a lo largo de los últimos 70 años. Cuando algo va mal y lo seguimos repitiendo, es porque hay un problema de aprendizaje, porque generalmente uno aprende de sus errores. Yo creo que hay un homo sapiens argentus, que tropieza con la misma piedra más de dos veces, permanentemente, y esa piedra es el populismo. El tema del populismo ha llamado la atención de científicos sociales, economistas, historiadores y cada uno tiene su teoría y lo define a su manera. Lo que traté de hacer yo es empezar por la economía que la disciplina en la cual yo me formé y, después en la historia como en otras disciplinas tratando de buscar una explicación integral a este fenómeno. Si lo repetimos es porque no hubo aprendizaje. ¿Por qué este país, que en 1945 era uno de los 10 países más ricos del mundo, una de las 8 economías más importantes del mundo occidental y la primera economía de América Latina, está prácticamente en la posición 60 en el ranking de PBI per cápita? La experiencia argentina es única. Ningún país cayó desde una posición tan alta como la que teníamos. Argentina era entre 1890 y 1945 uno de los 10 países más ricos del mundo. Venezuela y la Argentina son los únicos dos países del mundo que llegaron a ser de los más ricos y ambos perdieron esa posición. – Desde la arista económica Ud. dice que los ciclos son recurrentes, alza en los precios de commodities, auge para luego pasar al derroche, la crisis y el ajuste. Los economistas tienen la noción de algo que llama "la maldición de los recursos naturales" y la idea es que los países con mayores recursos naturales terminan empobreciéndose. Pasó con países con riquezas minerales, en Africa, por ejemplo, con los diamantes y el oro, que terminaron con presidentes déspotas, personajes corruptos que se apropiaron de esas riquezas. Peor no es verdad que cualquier país con recursos naturales termine empobreciéndose porque Canadá, Estados Unidos y Australia tienen enormes riquezas naturales y, sin embargo, no se han empobrecido. El problema no son los recursos, el problema son los gobiernos que tienen los países. Yo vinculé los precios de los commodities con los gobiernos que tuvimos en cada ciclo y demuestro en el libro que cada vez que hemos tenido ciclos de auge en los precios de los commodities, hemos tenido populismo. Para ser más específico, en los últimos 100 años hubo 4 superciclos económicos de los commodities. El primero empezó un poco antes de la Primera Guerra Mundial y terminó en el año '20. Después tuvimos otro superciclo que empezó en 1945 con un pico alcista en el año '50; otro ciclo con un pico en los años '73-'74 y el último con pico alcista en el año 2012. En los últimos 3 picos tuvimos populismo y de esos 3 ciclos el populismo terminó igual. Empezó con una alegre redistribución de ingresos a costa del único sector productivo de la Argentina y, cuando los precios dejaron de subir, surgió la crisis. – Una redistribución engañosa, porque, finalmente, estamos más empobrecidos. Los griegos tenían el famoso mito de Sísifo, un personaje al que los dioses habían condenado a empujar una piedra hacia la cima de una montaña y cuando llegaba, volvía a caerse la piedra y tenía que volver a empujarla una y otra vez. No sólo es engañosa como vos decís, es perversa, porque cada vez los precios de los comodities son más bajos y cada vez el país está más pobre con lo cual el populismo cada vez nos hace más pobres porque hay menos para redistribuir. Lo nuestro es un mito de Sísifo potenciado. Pensá que en el año '45 teníamos una infraestructura de puertos, ferrocarriles, de instituciones fuertes, que era mucho más avanzada que cualquier país de América Latina y hoy tenemos un país en un estado desastroso. El tren de Buenos Aires a Rosario iba más rápido hace 60 años que ahora... – ¿Cuáles son las características específicas del populismo en la Argentina? Comparemos con Venezuela que es otro país en donde el populismo hizo estragos. En Venezuela el populismo se establece a partir de la empresa estatal PDVSA, que redistribuye las ganancias de la manera que el populista de turno le place. En Argentina había un sector de la economía muy eficiente que generaba riqueza en gran escala, ese sector era el agropecuario. La diferencia es que en Venezuela se trata de una empresa estatal, mientras que en la Argentina se trata de un sector productivo, de miles de productores agropecuarios. Es muy diferente utilizar la renta excedente de una empresa estatal, que confiscar la renta agropecuaria. Esto comienza a partir del año 1946 para financiar una industria ineficiente, un Estado ineficiente y sueldos artificialmente altos. – Y la riqueza personalísima de los líderes populistas. Y la riqueza, pero la corrupción en los primeros tiempos -comparada con la actual- era de niños de pecho. El esquema populista -en uno y otro país- es muy diferente. En otros países el populista quiere hacer la de Robin Hood, sacarle a los ricos para darle a los pobres; aquí ha sido "vamos a sacarle al sector agropecuario", porque a los ricos no se les ha sacado nada. A Cristóbal López se le dio una máquina de generar dinero con el juego, un sector improductivo de la economía. Este es un populismo que castiga al sector más productivo pero, para castigarlo, hay que crear una narrativa, porque esta práctica es injustificable, porque dice -como George Orwell- que hay argentinos que son más iguales que otros. En el relato que propone el peronismo, el productor agropecuario es un oligarca que -desde tiempos inmemoriales- explota al pueblo en combinación con los poderes imperiales. Este es el relato fabulista que ha promovido el peronismo, y el populismo en general. – Un sector que tributaba hasta el 90% de su renta… Así es y este es el mal fundamental de la Argentina. Por eso mi teoría se basa en la maldición de los commodities, es decir, que todo lo que podía haberle permitido a este país ser rico, es lo que gracias al populismo lo hizo pobre. – Mariano Grondona tiene una teoría, que los pueblos tienen sus sistemas de valores, que las sociedades que crecen creen en el trabajo, el esfuerzo, y las que no, creen en la suerte… Yo lo cito en mi libro, aunque los economistas -por lo general- observen lo que pueden medir y la cultura es muy difícil de cuantificar pero esto está cambiando porque a raíz de encuestas a través del mundo uno puede mensurar ciertas cosas. Como bien decís aquí hay un problema cultural que es fácilmente medible. Una de las formas de ver cuáles son los valores prevalentes de la sociedad es a través de los valores que los argentinos inculcan a sus hijos. Durante mi investigación quise saber si la cultura era la culpable de la decadencia, porque hubo un tiempo en que la Argentina no era decadente. Entonces, si la cultura fue la culpable, ¿por qué no lo fue antes? Tuvo que haber un factor catalizador, y encontré lo que decían de nosotros los extranjeros que venían a la Argentina. Darwin, por ejemplo, padre de la teoría de la evolución, dijo que los argentinos no eran muy apegados al trabajo y que parte del problema era que había mucho acceso al alimento. En 1833 lo visita a Rosas en el desierto y llega a esta visión bastante negativa. Otras cosas que encontraron los visitantes es que el argentino es bastante anti extranjero, lo cual es bastante absurdo porque todos lo somos. Alberdi decía que la animadversión al extranjero era suicida. Otros opinaron que el argentino se cree el heredero de una gran fortuna y, por lo tanto, no tiene que trabajar. Mi interpretación es que esta cultura anti trabajo es de alguna manera subyugada por una clase dirigente que ve con claridad hacia dónde debe ir el país y por eso en algún tiempo crecimos. Esto cambia a partir de los años '30. – Entonces, repetimos los ciclos pero… ¿es optimista respecto de lo que viene? En algunas cosas soy optimista, hay que ser optimista.