miércoles, 18 de mayo de 2016

HEBE Y FRANCISCO

Hebe, Bergoglio y Francisco María Lilia Genta Tuve que dejar pasar veinticuatro horas, después de enterarme de que el Papa Francisco recibirá a Hebe de Bonafini, para, con el alma en paz, poder contar una lejana entrevista con Monseñor Jorge Mario Bergoglio en la Curia de Buenos Aires. Por aquel entonces había ocurrido un hecho bastante llamativo: las “madres” habían logrado que durante el Viacrucis celebrado aquel año, nada menos que en el Coliseo en Roma, les dedicaran una estación a su “martirio”. Sonia de Fernández Cutiellos, madre del segundo jefe y heroico defensor del Cuartel de La Tablada, Teniente coronel Horacio Fernández Cutiellos muerto en combate (1989) y yo, hija de Jordán Bruno Genta, filósofo católico asesinado por el ERP 22 de agosto cuando salía de su casa para asistir a misa un domingo de octubre de 1974, a raíz de aquel episodio romano pedimos una audiencia a Monseñor Jorge Mario Bergoglio, nuestro obispo. Nos acompañaron en esa entrevista dos amigos de nuestros muertos. Monseñor Bergoglio nos recibió con gran calidez y comprensión ante nuestro desconcierto por lo sucedido en Roma. Era más que evidente que alguien en el Vaticano había “acordado” con las “señoras” este homenaje universal. Fue entonces cuando Monseñor, demostrando que conocía muy bien a las “señoras” y a su líder, nos contó lo ocurrido, un tiempo antes, en vísperas de una fiesta patria en la Catedral de Buenos Aires: un grupo de “madres”, encabezado por Hebe, había ocupado el templo catedralicio con la intención de pasar allí la noche e impedir el Tedeum que se celebraría al día siguiente con la presencia de Carlos Menem a la sazón Presidente de la República. El entonces Cardenal Quarracino no estaba en Buenos Aires o estaba enfermo (no recuerdo bien este detalle) por lo que le tocó a Monseñor Bergoglio afrontar semejante problema. Obrando con gran habilidad política pidió la presencia de la Policía pero con la condición de que enviaran solamente personal femenino y sin armas. Esas mujeres policías, jóvenes y fuertes, con los mejores modales, fueron convenciendo a las “damas” que debían retirarse de la Catedral. Aunque hubo protestas, finalmente acataron la orden policial; todas a excepción de una, Hebe de Bonafini. Nos contó Monseñor que ante la obstinada resistencia de la susodicha fueron necesarias seis policías para sacarla, por fin, en andas, a la calle, mientras blasfemaba vociferando. También nos dijo Monseñor: Creo ser un hombre que tiene “calle”, creía que había escuchado todo y de todo, pero les aseguro que de la boca de esa señora salieron frases horribles, de una grosería que me era desconocida y que creo difícil volver a escuchar. Estas no fueron cosas que me contaron que Bergoglio dijo; las oí directamente de sus labios. Durante toda la entrevista nos confortó y consoló con afecto. Me pregunto si es la misma persona que, ahora Papa, se niega sistemáticamente a recibir -pese a reiterados y múltiples pedidos- a los familiares de las víctimas del terrorismo subversivo, a los familiares, amigos y abogados de los militares presos, es decir, a todos aquellos que al parecer cargan sobre sí un sufrimiento hoy políticamente incorrecto. Escuché a un periodista (que no creo que sea doctor en teología), azorado ante el anuncio de la próxima entrevista de Hebe de Bonafini con el Papa Francisco, decir: yo sé que los católicos deben poner la otra mejilla; pero creo que esto se refiere a las ofensas personales (el Papa Juan Pablo II y su agresor). Pero esta señora ¡defecó en el altar de la Catedral! (hecho que ocurrió en otro intento, más reciente, de toma de ese templo). Me parece que deberíamos agregar a estos sacrilegios de Hebe los delitos que cometió contra los pobres con la estafa de los “Sueños compartidos” (un plan de construcción de viviendas humildes que acabó en uno de los mayores timos del gobierno de los Kirchner). No sé si la profanación de “el altar del Señor, del Dios que alegra mi juventud” preocupa demasiado a muchos miembros de la actual Jerarquía de la Iglesia; pero los pobres sí que parece preocuparlos y desvelarlos pues no tienen casi otro tema que la pobreza y la inclusión social. Siquiera por esto debieran, cuanto menos, asombrarse ante este recibimiento papal a una conocida y comprobada ladrona de los pobres. En cuanto al Papa Francisco… no me queda sino el asombro y la desolación.