domingo, 22 de mayo de 2016

PASOS AMARILLOS

PRÓXIMOS PASOS DE MAURICIO MACRI Pacto de gobernabilidad con el PJ (sin Massa) y más asistencialismo/populismo Lunes 23/05, veto presidencial a la ley que el oficialismo llama Cepo Laboral, y los opositores bautizaron Antidespidos. ¿Y después qué? ¿Cómo enfrenta la Administración Macri un escenario donde pareciera converger el peronismo, hasta ahora tan desunido? ¿Cuánta conflictividad social se banca la Administración Macri, que afirma que no hay conflictividad social? El tema merece varias reflexiones en los diarios dominicales: Mauricio Macri. ¿Hay que prestar atención a lo que se dice o a lo que se hace? El presidente Mauricio Macri y los integrantes de su mesa chica estaban convencidos de que vetar la ley Cepo Laboral/Antidespidos no le significaría pagar costos políticos que comprometan la estabilidad del gobierno. También se decidió que hay que ponerle un límite al Frente Renovador, de Sergio Massa, interlocutor legislativo habitual de Cambiemos, a causa de las necesidades legislativas del oficialismo. Ellos cuestionan la ambigüedad de Massa y, además, gobernar le está costando carísimo a Macri: una millonada para los gobernadores, otra millonada para los intendentes, otra millonada para los sindicatos ¿y encima otra millonada para satisfacer a Massa? Eugenio Paillet, en el diario bahiense La Nueva Provincia afirma: "(...) Si en algún momento en el gobierno se analizó la posibilidad de apoyar el proyecto de Sergio Massa para, de paso, hacer más visible la derrota del FpV, allí estuvo Alfonso Prat Gay con números en la mano. Demostró que el capítulo de aliento a las Pymes que proponía incluir en el texto el tigrense suponía un costo fiscal de $ 20.000 millones, que comprometía seriamente el plan para bajar el déficit a 4,5% hacia fines de año. Se entrevió, además, la jugada: “Este muchacho (Massa) te invita a su fiestita pero te pasa el costo de la tarjeta”, dijo un ministro. (...)". Pero si todo es tan sencillo, ¿por qué aparece la idea de retomar el 'pacto de gobernabilidad' con el peronismo no kirchnerismo, y hasta con las organizaciones sociales del kirchnerismo? Y no es una cuestión solamente de la UCR, como integrante de Cambiemos. ¿O sí es una cuestión de la UCR, a espaldas de la 'mesa chica' de Macri, que no le teme al conflicto? ¿Acaso una iniciativa de la UCR porque la 'mesa chica' no entiende la política y, de paso, la UCR gana espacio en la jugada? Por lo tanto, es evidente que hay dudas y también cierta improvisación oficial acerca del rumbo político que permita contener la economía, hasta que ocurra la bonanza prometida, que requerirá un tiempo más largo del previsto inicialmente. Para introducir el 'pacto de gobernabilidad' hay que dejar en claro que el intento no se circunscribe a la política sino también a las organizaciones sociales donde prevalece el Mundo K. Guido Carelli Lynch cuenta en el diario Clarín: "(...) Entre mañana y pasado el Gobierno promete firmar los convenios específicos entre el ministerio del Interior, la Secretaría de Vivienda, el ministerio de Desarrollo Social y las intendencias para culminar 774 viviendas en Brown y 490 en Escobar, que darán trabajo a 2 mil cooperativistas. La misma mecánica llegará próximamente a otros municipios del Conurbano y a otras provincias. En el Gobierno ven a las organizaciones sociales como un dique de contención para mantener la paz social. Por eso, cancelaron la deuda pendiente que había dejado el gobierno anterior. El nuevo acuerdo con las cooperativas se gestará a través del Plan Argentina Trabaja, que ahora dirige Matías Kelly, ex director de la asociación de emprendedores sociales Ashoka. También, a través del Plan Comunitario Social, el mismo que utilizó el kirchnerismo con la Tupac de Milagro Sala y que ahora revisa la SIGEN. En el oficialismo prometen delegar l os acuerdos de las cooperativas a los institutos de vivienda provinciales para que éstos busquen cooperativas cercanas geográficamente a las obras. El acuerdo para construir y terminar viviendas no fue la única concesión del Gobierno a los reclamos de las organizaciones. Desde diciembre, se anunciaron bonos y aumentos para beneficiarios de AUH, jubilaciones mínimas y los programas Argentina Trabaja y Ellas Hacen. Los parches funcionaron y la política asistencialista del Gobierno reapareció cada vez que la tensión aumentó. “Para nosotros, las organizaciones son un termómetro”, explican algunos de los interlocutores gubernamentales. ¿Alcanza la construcción de viviendas y el aumento de los planes para contener la protesta social? “Parece poco, pero si sumás es bastante”, advierten los nexos del oficialismo. Se refierena los esfuerzos coordinados entre Nación, Provincia y Ciudad. “Saben que no pueden quemar todos los puentes”, señalan. (..."). Preocupación en la UCR sobre lo que vendrá si hay tensión permanente entre Mauricio Macri y el peronismo. En Mariano Spezzapria, del platense El Día, aparece el pacto de gobernabilidad: "Los radicales están preocupados. Saben que después del veto presidencial a la ley antidespidos, al gobierno del que forman parte le aguarda una cuesta empinada por transitar, tanto en el Congreso como en la relación con los sindicatos y las fuerzas políticas de oposición. Por eso, empezaron a definir una estrategia tendiente a buscar acuerdos estables de gobernabilidad. Hasta el momento, la Casa Rosada y sus referentes parlamentarios se han visto obligados a negociar ley por ley. Esto es, a conseguir el respaldo de algunos bloques opositores en el Senado y en la Cámara de Diputados para reunir a la mayoría necesaria para la sanción de una norma. Algunas veces los ayudó el massismo y otras el PJ tradicional, pero nunca los K ni la izquierda. En el caso de la emergencia laboral se verificó un abroquelamiento de los distintos sectores del peronismo a favor de los reclamos de todas las centrales obreras –las tres CGT y las dos CTA-, lo que dejó a la alianza gubernamental Cambiemos en notoria minoría legislativa. Allí comenzó a plasmarse un escenario en el que el gobierno no logró consensos ni impuso su voluntad política. La cúpula de la UCR se reunió con sigilo el último martes por la noche, un día antes de la sesión en Diputados, para analizar la situación. En la sede del Comité Nacional estuvieron entre otros el nuevo presidente del partido, José Corral, ministros del Gabinete como Julio Martínez (Defensa) y Oscar Aguad (Comunicaciones) y sobre todo, los influyentes Ernesto Sanz y “Coti” Nosiglia. La conclusión de la dirigencia radical fue que al oficialismo le hace falta sellar un acuerdo con el peronismo más ortodoxo –representado por Miguel Pichetto en el Senado y José Luis Gioja en Diputados- para evitar una dependencia del Frente Renovador massista y de fuerzas provinciales que van y vienen en su relación con el gobierno. Es decir, firmar un pacto de gobernabilidad. (...)". Joaquín Morales Solá retoma el tema del pacto de gobernabilidad pero le pega un varapalo a Sergio Massa, profundizando la idea anterior de que Cambiemos quiere quitarse al Frente Renovador de encima: "Miguel Pichetto y Ernesto Sanz, peronista uno y radical el otro, son amigos personales a pesar de que pocas veces están de acuerdo. Los dos fueron senadores y presidentes de sus bloques en los mismos años. Pichetto lo sigue siendo del determinante bloque de senadores peronistas. Sanz es ahora un asesor político de primer nivel de Mauricio Macri. Los dos se han vuelto a reunir en las últimas semanas para tratar de responder una pregunta: ¿es posible todavía un acuerdo de gobernabilidad entre el macrismo y el peronismo? El Gobierno venía diciendo que no a esos pactos porque prefería un combate directo con Cristina Kirchner. Sin embargo, en los últimos días también el macrismo, influido por Sanz y los radicales, se hace la misma pregunta. La respuesta no es rápida ni fácil. Requiere de condiciones que todavía no existen. (...) La pregunta que se hacen Pichetto y Sanz, y que da vueltas en la cabeza del Gobierno, es válida para suponer un destino con menos sorpresas. La respuesta tiene dos condiciones. Una: el conflicto irresuelto del Gobierno es que el peronismo está muy fragmentado y no sabe con quién acordar. La otra: el beneficio del Gobierno es que el peronismo está muy fragmentado, porque si estuviera unido Macri andaría saltando de trampa en trampa. Como conflicto y beneficio son productos del mismo hecho, el único recurso que queda al Gobierno es indagar dónde están las columnas más sólidas del peronismo. El peronismo tiene cuatro grandes franjas: la que lidera Sergio Massa; la conducción oficial del Partido Justicialista con José Luis Gioja y Daniel Scioli a la cabeza; los "pragmáticos", como se los llama a gobernadores e intendentes, y el cristinismo residual. Después de la ley vetada, Massa quedó en el peor de los mundos. Una semana bloqueó una sesión especial de la Diputados promovida por el peronismo pankirchnerista para tratar esa ley. Le hizo duras críticas a la letra del entonces proyecto. La semana siguiente votó con el peronismo pankirchnerista para aprobar esa misma ley. No tuvo otra salida: el bloque que lidera amenazaba con partirse en mil pedazos. Tampoco quedó bien con el Gobierno. Una semana lo ayudó; la semana siguiente lo acorraló. Hizo las dos cosas por el mismo asunto. En sus frecuentes charlas con funcionarios, Massa suele recurrir a un mismo argumento: "Si me acerco mucho a ustedes, ¿por qué la gente me votaría el año que viene?" Hace tres meses aseguraba que no sería candidato el año próximo. Massa es así. El Gobierno le desconfía porque lo considera un político pendiente de la última encuesta o del último consejo de sus diversos asesores. (...)". Muy interesante el relato de Eduardo van der Kooy, que seguramente no será del agrado del Mundo M por algunos recuerdos de imprevisiones y caprichos pesados pero es útil para evaluar lo que viene: "(...) el propio Presidente pecó de ingenuidad, tal vez, cuando escuchó algunas afirmaciones de Miguel Angel Pichetto, jefe del bloque del FpV, sobre el presunto laberinto que debería atravesar la norma que prohibía los despidos por seis meses antes de ser sancionada. Salió del Senado como una escupida. En Diputados terminó de consolidarse el desacople, cuyo saldo o consuelo favoreció al kirchnerismo de Cristina Fernández. Su proyecto para proteger en hipótesis la estabilidad del empleo tuvo vida por horas. Y colocó al macrismo y a Sergio Massa en una posición ingrata. Emilio Monzó, el titular de la Cámara, pareció quedar mareado ante tantas contramarchas. El Gobierno pretendió negociar primero un proyecto alternativo con el Frente Renovador que tampoco le convencía. Después prefirió que el veto cayera solamente sobre la iniciativa de los K. Al final fue también una iniciativa del FR, tras el giro acrobático de Massa. El veto terminó cayendo sobre casi toda la oposición. El armado de una red de protección llegó con demora. Rogelio Frigerio aceleró lo que pudo el acuerdo con la totalidad de los gobernadores –incluida la desbordada Alicia Kirchner– para reponerles en cuatro años un 15% de coparticipación. Fue en simultáneo con la votación en Diputados de la ley antidespidos. Un día después se reunió el Consejo del Salario que aumentó el mínimo, vital y móvil. Se estirará hasta fin de año a poco más de $ 8 mil. Los principales caciques sindicales lo bendijeron. Quizá sean gestos para prevenir el futuro. Pero lo hecho, hecho quedó. La inquietud medular de Macri radicaría en apaciguar la posible reacción gremial ante su veto. La CTA, de Pablo Micheli y Hugo Yasky, está fuera de su órbita. Le molestaría menos, aunque pueda alborotar la calle, que Hugo Moyano, Luis Barrionuevo y Antonio Caló. A ellos el macrismo les prometió saldar una deuda millonaria por las obras sociales. El camionero es el más temido del trío aunque diga estar en sendero de salida de la jefatura de su gremio poderoso. ¿Habrá sido por esa razón que el Presidente desistió de una intervención en la Asociación del Fútbol Argentino? ¿Habrá sido por el mismo motivo que piensa en Moyano para presidirla? Ahora debería lograr que el camionero y Marcelo Tinelli congenien una convivencia entre la AFA y una promocionada Superliga que alivie los fondos del Estado con el fútbol. Esa fórmula de mezclar todo con todo desnudaría imprevisión. Y cierta inclinación de Macri a pagar, a veces, más costos de los que debiera. Un trazado reiterado de su trayectoria política. Algunos de los hombres que lo acompañan hace años recordaron, a propósito, otros episodios. Por ejemplo, cuando resolvió nombrar como primer jefe de la Policía Metropolitana, pese a la resistencia de su entorno, al comisario Jorge Palacios. Había sido un hombre de su confianza en la seguridad en Boca. Recomendado además por la DEA estadounidense. Duró dos meses en su cargo. En el ínterin, se destapó la causa de las escuchas ilegales que tuvo procesado al propio Macri durante cinco años y medio. Lo sobreseyó luego de asumir el 10 de diciembre Sebastián Casanello, el juez de la ruta del dinero K. Palacios deberá afrontar el juicio oral y público el año que viene. (...)".