sábado, 21 de mayo de 2016

VETO CANTADO

“VETO CANTADO” Malú Kikuchi /21/5/2015) “Veto”, del latín vetare, significa prohibir, impedir. En Argentina es un derecho constitucional del presidente de la nación, artículo 83. Cuando los constituyentes de 1853 redactaban la Constitución Nacional, el formidable Juan María Gutiérrez insistió en el veto presidencial, alegando que en caso de conflicto de poderes, el ejecutivo y el legislativo, ambos debían ser fuertes y responsables. Desde entonces, el veto existe. Una vez que el ejecutivo veta una ley (tiene 10 días hábiles para hacerlo), el veto puede ser parcial o total. La ley vetada tiene la posibilidad de volver a la cámara de origen (en este caso, el senado), ser nuevamente votada, ahora por por las 2 terceras partes de la cámara, nominalmente y con fundamentos. De ahí pasa a la cámara revisora y se procede igual. Hay 10 días para la 1° votación. De no conseguir los votos necesarios, la ley cae y no se puede volver a tratar hasta pasado un año. Si la nueva votación es exitosa en las dos cámaras, la ley tiene vigencia y el ejecutivo debe aceptarla. El veto lo han ejercido todos los presidentes. Sólo contabilizamos los vetos a partir de 1983. Hay que contar el número de leyes promulgadas y también hay que tener en cuenta la composición de las cámaras, si los presidentes tienen mayorías absolutas o si deben negociar cada ley. Raúl Alfonsíin (1983-1989), 654 leyes, 37 vetos. Carlos Menem (1989-1999), 1548 leyes, 95 vetos. Fernando De la Rúa (1999-2001), 325 leyes, 26 vetos. Eduardo Duhalde (2002-2003), 181 leyes, 13 vetos. Néstor Kirchner (2003-2007), 600 leyes, 13 vetos. Cristina Fernández (2007-2011-2015), 909 leyes, 3 vetos. La presidente tenía mayorías absolutas en ambas cámaras. ¿Por qué este veto de Macri, con aviso previo a la ley, es tan comentado, cuando los demás vetos de otros presidentes, pasaron sin pena ni gloria? Con excepción de 2 de los vetos de Cristina, el de la ley de glaciares (votada por unanimidad en ambas cámaras) y el de la ley del 82% a los jubilados. Se supone que Macri puso en el debe y en el haber las consecuencias de su veto, y el haber le dio positivo. Dice Durán Barba: “¿la gente cree que una ley genera empleos?, NO. ¿La gente cree en la ley? NO. ¿La gente cree en los políticos? NO. El veto reafirma al presidente Macri y el congreso baja”. ¿Será así? En el caso de Macri es evidente que la gente quiere, necesita un presidente fuerte, que no se deje avasallar. El veto fue un acto político. La ley sancionada por el congreso también fue un deliberado acto político del FPV, una pulseado con el presidente. Macri sale bien parado de la pulseada. Esta ley del FPV, muy modificada en el senado, terminó siendo votada hasta por el FR, que tenía un mejor proyecto de ley, pero tuvo que apoyar el del FPV. El jueves a las 5,45 de la mañana, Massa dejó de ser el fiel de la balanza entre FPV y Cambiemos. Doble ganancia para Macri. Ya había tenido un triunfo anterior el miércoles 11/5, cuando consiguió, gracias a la habilidad de Emilio Monzó, presidente de la cámara de diputados, que el FPV no tuviera quórum para tratar la ley. Todo esto de parte de un gobierno acusado de no tener políticos. Y en realidad, el PRO no tiene políticos, tiene más gerentes que políticos. Pero pareciera que, o los argentinos están cansados de los políticos tradicionales, o el PRO con Rogelio Frigerio, Emilio Monzó y Mauricio Macri, tiene lo suficiente para manejarse. No es poco. Después de la demostración de fuerza de Macri, ahora deben venir las inversiones, eje central de sus políticas. Para eso vetó la ley. Ayudaría y mucho, si se bajara la inflación y se empezara a equilibrar el déficit. Quizás sea mucho pedir para un gobierno que todavía no cumplió los 6 meses en acción. Pero no es demasiado pedir para la gente que no llega a fin de mes y tiene, o debería tener, la costumbre de comer todos los días, y a veces, ¡hasta se compra remedios! Para la gente, nada es bastante rápido

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