jueves, 19 de julio de 2012

MISERIA

LA CRISIS ECONÓMICA, LA MISERIA, LA DELINCUENCIA, EL DESORDEN Y LA ROÑA, SON ALIADOS DE LA TIRANÍA Por Cosme Beccar Varela Hay quienes dicen que esta tiranía tiene los días contados porque la crisis económica se está agravando y que cuando la gente empiece a tener hambre, habrá un levantamiento popular que acabará con aquella. Lamento decir que opino lo contrario. Cuando una crisis económica ocurre a pesar de los esfuerzos de un gobierno normal para contrarrestarla, es posible que el pueblo se indigne contra el gobierno y haya, además una crisis política, como vemos en España en donde Rajoy está asediado por el derrumbe de la economía española, se empeña por evitarla y precisamente por eso es el blanco del odio de casi todos, atizado por la izquierda. Sin embargo, cuando la crisis es causada por el propio gobierno porque es marxista y quiere imponer su ideología y su dominio absoluto, como en Cuba, entonces la crisis no sólo no lo debilita sino que lo fortalece. La prueba de eso es que Cuba gime bajo la tiranía comunista desde hace 53 años, padece la más espantosa miseria desde hace la misma cantidad de años pero esa hambruna ni siquiera ha servido para obligar a la camarilla de malvados que oprime a ese pueblo hermano a cambiar al máximo culpable, que como todos saben, es Fidel Castro. Y cuando al parecer Dios mismo acabó con él (porque yo creo que está muerto desde hace años y el que aparece en las fotos es uno de los varios "dobles" que usaba en vida), ni siquiera entonces la gente tiene ánimo para discutir a su valetudinario hermano como sucesor. Y conste que el pueblo cubano es ejemplarmente valiente puesto que para imponerse el comunismo en la isla, fusiló miles de cubanos y aún así hubo levantamientos heroicos durante tres o cuatro años después de que Castro se declaró marxista-leninista. ¿Y por qué lo fortalece? Por tres razones, fundamentalmente: 1) Porque la miseria hace que la gente no piense en política sino en sobrevivir cada uno como puede y los pocos héroes que todavía resisten, no tienen eco en la población y son eliminados o encarcelados. Y los que están en la miseria son fácilmente sobornables, como lo hace esta tiranía, con un subsidio y hasta con un “sandwich” y una botella de alguna bebida. 2) Porque en todo gobierno estatista, como lo es el comunismo, la riqueza del país se concentra en los funcionarios deshonestos del régimen, en sus amigos, en los ricos consentidos (porque colaboran) y en una clase media (empresarios medios, profesionales, artistas, periodistas, sindicalistas entre otros) que apoya al régimen porque goza de un bienestar económico relacionado con ese apoyo. En este momento, mucha gente de campo, la que goza de los altos precios de la soja, integra con entusiasmo esta clase de privilegiados. Esa capa superior de un país comunista o pre-comunista es un sólido sostén de la tiranía. 3) Porque el comunismo además de una ideología es una "praxis" revolucionaria, que ha estudiado y usado siempre el arte de destruir las instituciones y las clases que podrían resistirlo. La crisis económica facilita la rebaja de sueldos a los oficiales de las FFAA, de la Justicia y de la Administración pública y la precarización de esos cargos. Quienes los ocupan viven al día y tan preocupados por sí y por sus familias que no quieren arriesgar lo poco que les queda resistiendo al régimen. Al depreciarse la moneda y crearse un tipo de cambio oficial completamente irreal, los ahorros de las personas mayores, generalmente más conservadoras, se evaporan y su situación también se precariza disuadiéndolas de hacer cualquier clase de oposición efectiva. Se limitan a refunfuñar, lo que no disminuye en nada el poder de la tiranía. La crisis económica, además, le da al clero la excusa perfecta para dejar de lado su deber de combatir el comunismo para dedicarse a una obra de filantropía que alivia en algo la miseria, pero que no discute el dominio político de la izquierda. Esa neutralidad de la casi totalidad del clero es un inestimable apoyo para la tiranía. Este país (la ex-Argentina) está bajando rápidamente por esa rampa que conduce a la miseria y que ya existe en grandes sectores. Los más pobres y los más débiles, que todavía no cayeron en la miseria, van rodando en dirección a ella y mientras tanto, padecen los mil inconvenientes de un país miserable gobernado por miserables. La delincuencia se cobra cada día varias víctimas, los servicios públicos (policía, enseñanza, orden en las calles, transporte, hospitales, limpieza de las ciudades, seguridad, justicia, moneda, electricidad, agua, cloacas, política, impuestos, etc.) son cada día peores y causan cada vez más sufrimiento. La roña lo invade todo. El cansancio de lidiar con la carencia de servicios y con la prepotencia de los funcionarios va quebrando el espíritu de la gente y los jóvenes, más resistentes a las incomodidades, sin embargo, se van haciendo cada vez más cínicos y más inmorales. "Carpe diem" (aprovechemos cada día) parece ser el lema de la juventud que trata de gozar cada día como si fuera el único, sabiendo que el futuro es más que dudoso. Sus modelos son los delincuentes exitosos y los ricos famosos, no los héroes ni los santos. Esta situación hace que los "ciudadanos" se desinteresen cada vez más por una "patria" que no es ya una madre sino una madrastra perversa que nos persigue y esquilma. Por eso es que no hay patriotismo a no ser para apoyar al equipo de "foot-ball" nacional, que como fiel reflejo de lo que es el país, cada día juega peor, aunque los jugadores argentinos sean estrellas en el exterior. Y por eso los empecinados como yo que insisten en clamar por una reacción contra la tiranía, son voces que claman en el desierto, donde nadie oye. ¿Hay posibilidades de revertir este proceso siniestro? Creo que todavía las hay, pero cada vez menos. De ahí que diga que quienes creen que la crisis económica hará caer esta tiranía, se equivocan. Podrá irse la Sra. de Kirchner, pero el sistema de poder montado por la secta marxista-leninista que gobierna desde las sombras, ese seguirá con cualquier otro u otra hasta acabar con lo que queda de la Argentina tradicional, si no reaccionamos a tiempo.

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