jueves, 30 de julio de 2009

LEGITIMIDAD DEMOCRÁTICA


Legitimidad democrática: No sólo la elección - Editorial
A raíz de la crisis de Honduras ha surgido la polémica sobre los alcances de la desnaturalización de las instituciones públicas por parte de presidentes elegidos democráticamente que, en el ejercicio de sus cargos, buscan concentrar los poderes del Estado y reelegirse indefinidamente.

No pocos ven en estos procedimientos sendos golpes de Estado,
- formalmente jurídicos y democráticos,
- incruentos, pero restrictivos de los derechos y libertades ciudadanas,
- atentatorios del equilibrio de los poderes públicos y,
- finalmente, contrarios a la democracia.
En esta categoría se clasifica la gobernabilidad del Presidente Chávez (Venezuela), que en muy diversos grados sirve de modelo a los presidentes Morales (Bolivia), Correa (Ecuador), Ortega (Nicaragua) y, últimamente, Zelaya (Honduras).
Todos esos mandatarios han recurrido —o pretendido recurrir— a los referendos y a la modificación de sus constituciones para asumir atribuciones de otros poderes y para sus reelecciones sucesivas. Se trata, invariablemente, de personalismos ideologizados, que amenazan a los opositores y a los medios de comunicación social. Hasta ahora esto concernía sólo a regímenes populistas, pero, más recientemente, otros gobernantes también han sido tentados por la posibilidad de una reelección sucesiva, como el de Colombia y, antes, los presidentes de Perú, Argentina y Brasil. Sólo el Presidente Fujimori tuvo un éxito frustrado en este intento, y los restantes finalmente declinaron.
Estas tendencias, con algunos matices, no son privativas de Latinoamérica; se observan asimismo en algunos países de la ex Unión Soviética, en África y en Asia. Fuera de nuestro continente, tales procedimientos han sido menos debatidos, por tratarse de democracias nacientes, y sólo han provocado interés público cuando se han transformado en autocracias, como es el caso de Zimbabue, o cuando han prolongado personalismos, como ha ocurrido en Rusia con Vladimir Putin, que conserva sus poderes presidenciales en el cargo de Primer Ministro, o bien en Irán, por los reproches a la cuestionada reelección de Mahmoud Ahmadinejad.
Algunos tratadistas —incluido el probablemente más prestigioso constitucionalista nacional, Alejandro Silva Bascuñán— han agregado que
- la legitimidad democrática proveniente de elecciones puede extinguirse por el ejercicio ilegítimo de la democracia ,y
abogan para que la OEA intervenga en estas situaciones.
Dicho catedrático añade que “los referéndums resultan ser contrarios a los principios democráticos si persiguen afirmar a un líder que mediante ese recurso procura aumentar su poder, y para lograr ese objetivo necesita debilitar a los otros órganos públicos de elección popular. Se imponen de esa forma los personalismos, lo cual ha sido y sigue siendo un gran factor de debilidad de la vida política latinoamericana”.
En todo caso, la desnaturalización de las instituciones democráticas está cundiendo en Latinoamérica, por lo que aumenta la inquietud sobre el contenido y futuro del ejercicio desmesurado del poder presidencial en la región.
Para prevenir un desenlace generalizado, se ha planteado la posibilidad de que, autónomamente, los poderes públicos amagados puedan recurrir de amparo a las organizaciones multilaterales. Este mecanismo permitiría una solución pacífica de las controversias, pero a la vez anticipa una fuerte resistencia, porque contraría el respeto a la soberanía interna, al provenir de órganos lejanos a la participación de los gobernados afectados.
Mejor parece reforzar la independencia y las atribuciones de los respectivos tribunales constitucionales y fortalecer las instituciones democráticas, en particular los partidos políticos, como disuasivos de los personalismos. Igualmente importante es mejorar la eficiencia de los gobiernos para responder a las legítimas aspiraciones de bienestar de los pueblos, puesto que los nacionalismos, la frustración y la pobreza son los elementos generadores del populismo contra las libertades —que, paradójicamente, luego lleva a frustrar esas mismas aspiraciones.

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