
En el año 2345 se encuentran en una Cumbre los presidentes vitalicios Néstor Kirchner y Hugo Chávez.
Por lo avanzado de sus edades casi no se reconocen y en un aparte del encuentro tratan de hacer memoria.
- ¿Oye tú me puedes decir cómo te llamas?, pregunta el bolivariano.
- Pues, es que no me acuerdo.
- Que vaina pana…a ver, a ver, yo te pondré algunos nombres, y tú me dices si te suenan. ¿Carlos? ¿Luis? ¿Juan? ¿Antonio? ¿Evo?
- No creo que no, ninguno me suena, aunque podría ser uno de esos posiblemente.
El bolivariano no se da por rendido e insiste:
- Mira, yo te haré algunas preguntas, e intenta recordar, luego como premio yo te cantaré algunas de mis canciones, ¿de acuerdo?.
Néstor Kirchner asiente.
- ¿En qué trabajabas?
- Ni idea, podría haber sido cualquier cosa, hasta carpintero.
- ¿Epa! Estabas casado?
- Creo que sí, era una mujer muy buena, casi una santa, creo recordar.
- ¿Tenías hijos varones?, le pregunta Chávez.
- Sí, uno, pero nunca trabajó, era muy dependiente.
Entonces Chávez estalla de emoción y llora de alegría mientras corre a abrazar al presidente argentino.
- Qué emoción! Si eras carpintero seguro que te llamabas José… ¡Papá, yo soy yo tu hijo!
Entonces el anciano argentino llora también y exclama emocionado.
- ¡Pinocho!



















No hay comentarios:
Publicar un comentario