
La Nueva Provincia - 11-Oct-09 - Opinión
CRONICAS DE LA REPUBLICA
Es una ley de miedos, no de medios
por Eugenio Paillet
Definitivamente campea una impresión, después de la sanción de la nueva ley de Radiodifusión: el país tendrá que esperar a desembarazarse de los Kirchner, para recuperar cuotas importantes de seguridad jurídica, previsibilidad y reglas de juego claras. Es muy probable, también, que, antes que ello ocurra, la Argentina se hunda en el fondo de los rankings sobre lugares donde las empresas puedan ir a asentarse con sus inversiones, y, muy especialmente, en el campo del relativamente nuevo y mundialmente rentable negocio de multimedia, que el matrimonio de Olivos acaba de mandar al tacho de las oportunidades perdidas.
Nuestros vecinos de Uruguay, Chile y Brasil seguramente serán beneficiados por esa desidia gobernante y ese desparpajo de querer presentar como una victoria lo que es una clara derrota, en términos de imagen externa y aun interna. Y que encierra un amargo presagio, a futuro más o menos cercano, sobre el destino de esta pírrica celebración del kirchnerismo y sus aliados, que no es otro que el de una ley sobre cuya aplicación efectiva en tiempo y forma deberá ocuparse la justicia y, en especial, la Corte Suprema.
Decenas de demandas de inconstitucionalidad y de violación de elementales normas locales e internacionales sobre derechos adquiridos se amontonarán en los tribunales. El gobernador de San Luis, Alberto Rodríguez Saá, habilitado por la Constitución, como el resto de sus pares, para acudir directamente al máximo tribunal, será el primero en golpear esas puertas. Una larga lista de reclamantes de variado tono, entre empresarios, gobiernos provinciales, organizaciones civiles y hasta municipios, se apresta a hacer cola para convertir la ley K en un instrumento de, al menos en esta primera ojeada, dudosa aplicación.
¿Necesitaban los Kirchner sumir el país en semejante tembladeral y someterlo, peligrosamente, a todavía mayores cuotas de descrédito local e internacional, por una ley cuyo único objetivo, para ellos, es derrotar a un grupo periodístico que los incomoda con sus planas y editoriales? No sabrán, seguramente, y es probable que tampoco les interese, que un antes y un después, en el panorama de las inversiones en la Argentina, se acaba de trazar con lo ocurrido en el Parlamento. Han parido una verdadera ley de miedos, no de medios.
En verdad, han conseguido mucho más que imponerse al grupo Clarín, que fue, no casualmente, el destinatario de los cantos hostiles y obscenos de los manifestantes comandados por Luis D'Elía y Carlos Kunkel, estacionados frente al Congreso, cuando se enteraron de la sanción definitiva de la ley. Han vuelto a trazar, como durante el conflicto con el campo, una raya a fuego entre sus amigos y sus enemigos, en medio de una sociedad de por sí crispada por agobios sociales, por una conflictividad gremial de base desmadrada, una inseguridad galopante, por un desempleo en aumento y niveles de pobreza e indigencia que, en algunas geografías nacionales, ya se ubican al mismo nivel que los registrados durante los meses que siguieron a la tragedia política de 2001.
Peor aun: con la sanción de la ley todavía caliente, hubo voceros encumbrados del ultrakirchnerismo que se apuraron a repetir aquel latiguillo con el que suelen incordiar a quienes no piensan como ellos: "Ahora, vamos por todo". Esa es, a fin de cuentas, la pregunta hasta entonces sin respuesta que inundaba los análisis previos a la batalla final en el Senado: hasta dónde iría Kirchner, o hacia dónde podría salir disparado, si conseguía la ley que acaba de conseguir.
Pues bien: con la chapa puesta, hay un listado de prioridades políticas y económicas, algunas verdaderamente descabelladas, que serán puestas en marcha en los próximos tiempos, que renuevan aquella impresión que dejaban trascender algunos encumbrados ocupantes de despachos de la Casa Rosada: el objetivo final es que uno de los dos Kirchner se siente, durante cuatro años más, en el sillón de Rivadavia, a partir de 2011.
El primer objetivo, planteado con la misma impronta brutal de siempre de los Kirchner y de sus fanáticos, pero también de su descomunal hipocresía, que permitió la alianza con el general Domingo Bussi, diablo si los hay para los aliados de los derechos humanos de los Kirchner, es apropiarse de Papel Prensa. Es la empresa que fabrica papel de diarios y que provee de ese insumo no sólo a sus dueños, "Clarín" y "La Nación" , socios, además, del Estado, sino, también, a cientos de diarios medianos y pequeños, a lo largo y ancho del país.
La frase "vamos por Papel Prensa" no es antojadiza: fue dicha en presencia de este y otros cronistas por un influyente miembro del entorno del ex presidente. Y apenas guarda las formas, también hay que decirlo, si se la compara con las malévolas amenazas proferidas por el impresentable Guillermo Moreno delante de los miembros del directorio de aquella sociedad, cuando los anotició de las malas nuevas.
Este capítulo que se pone en marcha tras la sanción de la nueva ley, y que figura en el punteo de temas que Kirchner ha ordenado llevar adelante con la fuerza de quien se siente cada vez más ganador y menos derrotado, después de las elecciones del 28 de junio, se completaría con la decisión de impulsar la compra de importantes canales de aire, y, por lo menos, dos de los más emblemáticos canales de cable, por parte de lo que se ha dado en llamar "capitales amigos"; es decir, empresarios que se benefician y se seguirán beneficiando con los favores del gobierno.
Luis D'Elía deslizó algunos detalles de esos planes en conversaciones privadas y hasta se autopostuló como uno de los eventuales futuros compradores de una de esas señales, tal vez la que mayores dolores de cabeza ha provocado al matrimonio de Olivos.
Es tanto y tan grande el desaguisado que la nueva ley puede provocar, y que "invita" de hecho a provocarlo, dados sus múltiples despropósitos y desvaríos, como confundir la palabra "bianual" con plazos de dos años, cuando el diccionario dice que se trata de "cada seis meses", que elaboraciones afiebradas como las comentadas son perfectamente posibles.
La desesperación manifiesta del senador rionegrino Miguel Pichetto por cerrar todo sin más tramite y sin escrúpulo alguno por las mínimas formas, con tal de agradar a los ocupantes de Olivos, llevó al mendocino radical Ernesto Sanz a pronunciar, tal vez, la frase más célebre de la madrugada: "es más fácil que nosotros logremos reformar el diccionario de la Real Academia Española que sacarles a ustedes una reforma a esta mala ley".
Envalentonado, Kirchner ordenará repetir algunos otros triunfos en el Congreso, antes del recambio del 10 de diciembre. En ese orden, se encuentran la sanción sin cambios del proyecto de Presupuesto de 2010, las prórrogas de los impuestos al cheque, a la ganancia mínima presunta, a los cigarrillos, ganancias, créditos y débitos y bienes personales, por citar los más controvertidos.
La suspensión, para los próximos dos años, de la ley de Responsabilidad Fiscal, que impide a las provincias endeudarse sin autorización del Tesoro Nacional, es otro de los proyectos que quiere Kirchner. No es, en este caso, una concesión graciosa del santacruceño a los desesperados gobernadores del interior. Es el pago obligado que deberá hacer a cambio de los apoyos recibidos para aprobar la ley de Medios. En todo caso, el único aliciente es que también se beneficiarán de ese trámite aquellos mandatarios que supieron, o pudieron, mantenerse al margen de las fortísimas presiones del ex presidente y de sus mandantes, durante todo este tiempo.
Con matices, que incluyen, por caso, bajarle el copete al ministro de Economía, Amado Boudou, por haberse ido de boca con frases que traicionaban el ideario de Olivos sobre tratamiento de organismos internacionales, Kirchner aprobará, finalmente, una vuelta de la Argentina al seno del Fondo Monetario Internacional. Dicen, en sus cercanías, que el triunfo en el Congreso le da el poder necesario como para regresar sin demasiados rubores y ninguna vergüenza ajena al lugar al que, pomposamente, había prometido nunca más volver.
Por ejemplo, aunque la propaganda oficial hará esmeros para dejar el paso a cubierto de los medios o de la sociedad, aceptará sin remedio las revisiones anuales que el organismo de Washington practica en los países miembros, conocido universalmente como "artículo IV". El plan incluye un arreglo con el Club de París por la deuda de siete mil millones de dólares que la Argentina tiene con ese conjunto de países, desde el default de 2001. Los términos del acuerdo estarán más cerca de los plazos reclamados por algunos socios como Alemania y Japón, que de las veleidades esgrimidas hasta ahora por el Palacio de Hacienda.
Y habrá, también, tantas veces negada por Kirchner y por Cristina Fernández, una oferta razonable a los bonistas que no aceptaron el canje de 2005. Todos estos sapos son más digeribles para el kirchnerismo con la pantalla de la ley de Medios como panacea universal que permitirá estos y otros repliegues y alguna que otra trapisonda comunicacional para confundir a la sociedad.
En el plano estrictamente político, una derrota de Kirchner en el Congreso hubiese reflotado los peores fantasmas que rodearon, en julio de 2008, el finalmente frustrado intento de regreso intempestivo a Santa Cruz. Por el contrario, desde la óptica de los ultras del poder, la victoria de la madrugada de ayer relanza las mejores y más afiebradas elucubraciones del matrimonio.
En primer lugar, habrá, desde ahora, un reforzamiento detrás de la candidatura de Kirchner a la presidencia, en 2011. Un primer hito de ese camino, prometen, podría ocurrir el sábado venidero, cuando el oficialismo celebre, con un acto en el teatro Argentino, de La Plata, un nuevo 17 de octubre, Día de la Lealtad Peronista. Para los más osados, Kirchner aprovechará este nuevo empuje político que le da la sanción de la ley de Medios para plantar allí mismo su candidatura.
Puede tratarse de una jugada a dos puntas. Por un lado, poner blanco sobre negro aquello que nació como una idea que a no pocos habitantes del kirchnerismo, entre ellos algunos intendentes del Conurbano, les pareció estrambótica, cuando, una noche de hace un mes largo, llamó a Olivos a Julio De Vido y le ordenó prepararse para trabajar por la candidatura. "Voy a ser candidato en 2011, empezá a tejer", le había dicho a su fiel escudero y uno de sus máximos confidentes.
La segunda interpretación, recogida en despachos oficiales cuanto todavía el Senado debatía la nueva ley, es que Kirchner va a plantear ahora mismo su candidatura, para enfrentarlo a Eduardo Duhalde. El caudillo salió muy fuerte a escena la semana última, con dos frases que hicieron montar en cólera al santacruceño: que no descartaba ser candidato a presidente, dentro de dos años, y que, en una interna peronista, a Kirchner le gana por abandono.
En algunos despachos de la Casa Rosada, entienden las cosas como lo que son, tal vez menos enervadas que lo que arroja el análisis de Kirchner: Duhalde ha salido como lo hizo para despertar de su larga siesta al peronismo disidente y, en especial, a Carlos Reutemann, a quien, para los duhaldistas y también para los kirchneristas, lo que está haciendo es torearlo, a fin de que se defina de una buena vez.
Como si la sociedad no tuviese ya demasiados conflictos por delante, que le tornan la vida cada vez menos placentera, Kirchner acaba de entrever un nuevo combate, otra batalla más, otro rival con el que pelear hasta matar o morir, que se agrega a la zaga en ciernes que involucra al vicepresidente Julio Cobos, el otro gran odiado enemigo del matrimonio de Olivos.
Ese será, justamente, otro de los costados impensados que, aunque cueste comprenderlo, permitirá, desde ahora, ver a un Kirchner reconcentrado en sus rencores y en sus incontables batallas planeadas o por planear. Van a embestir contra Cobos, para obligarlo a renunciar. O dejarán correr un inusitado proyecto de juicio político por violación a los deberes de funcionario público, a la Constitución y otras yerbas, que, el mismo sábado de la dudosa victoria por la ley de Medios, circulaba entre algunas manos del kirchnerismo recalcitrante.



















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