
Río Negro - 07-Jul-09 - Opinión
Editorial
El peronismo cambia otra vez
El peronismo está experimentando otra de sus mutaciones periódicas. Luego de seis años en que quienes se identifican con el movimiento que encarna lo que alguien llamó "el sentido común de los argentinos" fingieron estar comprometidos con el borroso "proyecto" kirchnerista que, según sus artífices, era progresista, ha llegado la hora de hacer gala de sentimientos "moderados", o sea, centroderechistas. El motivo del cambio así supuesto no tiene nada que ver con la evolución ideológica de los peronistas o con la conciencia de que la presidenta Cristina Fernández de Kirchner y su marido conducían el país a un callejón sin salida. Se debe por completo al temor a perder contacto con el electorado, en especial el bonaerense. Como señaló el ex corredor de autos y ex gobernador santafesino Carlos Reutemann, que se considera uno de los triunfadores de las elecciones legislativas, les corresponde a los ganadores encargarse de la reorganización del Partido Justicialista. Comparten su punto de vista muchos gobernadores provinciales, el ex mandamás bonaerense Eduardo Duhalde, Francisco de Narváez, "el verdugo" de Néstor Kirchner y, si bien no pertenece formalmente al movimiento, el porteño Mauricio Macri que, en su condición de jefe apenas discutido del "PRO-peronismo", espera contar con el apoyo del movimiento a su candidatura presidencial.
Por su parte, los Kirchner, conscientes de que la voluntad de tantos compañeros de marginarlos podrían dejarlos tan aislados que la gobernabilidad correría peligro, han depositado su fe en Daniel Scioli. Aunque el actual gobernador bonaerense y, por decisión de Kirchner, titular del PJ se encuentra entre los perdedores repudiados por Reutemann, tiene en su haber el hecho de que nunca haya sido un secreto su ubicación en el segmento centroderechista de la amplísima gama ideológica del peronismo. De no haber sido por su proximidad a los Kirchner, Scioli hubiera sido uno de los líderes naturales de la disidencia peronista que se caracteriza por el conservadurismo relativo de sus dirigentes. Es de prever, pues, que trate de mantener un perfil bajo hasta que se hayan amortiguado los efectos inmediatos del resultado electoral, diferenciándose poco a poco de los santacruceños para que pueda figurar entre los resueltos a dar al peronismo una imagen más apropiada para la etapa pos-kirchnerista que se inició meses antes de que lo confirmara la derrota de Néstor Kirchner en la provincia de Buenos Aires.
En el más de medio siglo que ha transcurrido desde el golpe militar de 1955, miles de interesados en las vicisitudes políticas nacionales han declarado moribundo el peronismo. Bien que mal, hasta ahora todos los obituarios han resultado ser prematuros. Aunque el movimiento se ha despedazado una y otra vez y ha perdido elecciones, ha conseguido sobrevivir gracias a su talento envidiable para aprovechar en beneficio propio los desastres que ha provocado, a su capacidad para renovarse a fin de adaptarse a circunstancias distintas y a la inoperancia al parecer congénita de las sucesivas alternativas militares o civiles. Tal vez porque tantos creen que en el pasado ya remoto la Argentina fue un país muy pero muy exitoso, nuestra sociedad es sumamente conservadora. Caso contrario, hubiera logrado reemplazar al peronismo por movimientos nuevos, pero todos los esfuerzos en tal sentido han fracasado. Tampoco han funcionado los intentos de dotar a alianzas o coaliciones de origen distinto de la "pata peronista" que en nuestro país se supone necesario para que una agrupación política consiga caminar. ¿Será diferente el PRO-peronismo que, siempre y cuando el panorama político no se modifique drásticamente antes de las próximas elecciones presidenciales, parece destinado a cumplir un papel protagónico en la vida política nacional, compitiendo con una fuerza básicamente radical con toda probabilidad encabezada por el vicepresidente y líder opositor Julio Cobos? Es de esperar que sí, ya que en tal caso serviría para reencauzar un movimiento cuyo predominio ha coincidido con la crisis política extraordinariamente prolongada en que la Argentina se ha depauperado no sólo en comparación con países europeos de cultura similar sino también con vecinos latinoamericanos que en otros tiempos aventajaba por mucho.



















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