viernes, 10 de julio de 2009

PONCIO PILATOS


Gobierno y oposición bajo el efecto "Poncio Pilatos"

"Nos, los ministros de Salud y ayudantes varios de las Provincias Semiunidas de medio Río de la Plata, reunidos en Congreso General Constituyente por voluntad y elección de quienes los han elegido, con el objeto de cuidar la salud del pueblo, invocando la protección de Hipócrates, fuente de toda razón médica: ordenamos, decretamos y establecemos que el lavado de manos con jabón puede librar a los habitantes de la Nueva Argentina nacional, popular, latinoamericanista y con fuerte inclusión social, de contagiarse del virus de la gripe porcina". Si bien CORREO DE BUENOS AIRES no estuvo presente antes, durante o después de la trascendental reunión médica (para evitar posibles contagios), trascendió que la histórica medida de mezclar dos átomos de hidrógeno, uno de oxígeno, sal de sodio, grasas animales o vegetales, ácido palmítico y otras sustancias para luego fregarse las manos con ella varias veces al día, habría sido la máxima recomendación de los expertos médicos a los políticos que ahora la repiten como maná debido a que pretenden que se los libre de todo mal: imposible. Pero aunque tarde, muy tarde: algo es algo. Peor podría ser el hisopado.

Hay que recordar que rápido como político que es, Néstor Kirchner se anticipó a la medida y desde la clandestinidad se lavó las manos un día después de la derrota electoral y le pasó de inmediato la palangana con el agua sucia a Daniel Scioli, que aún no sabe qué hacer con ella pero, por las dudas, una de las primeras cosas que hizo luego de recibir la posta fue reunirse con el cacique mayor de la CGT para que lo bendiga como nuevo titular del partido Justicialista. A la par, el camionero, que es tan veloz y pesado como un Scania Bavis con acoplado cargado al límite, se cargó en un solo viaje a la todavía privada Aerolíneas, un hombre de confianza del flamante ministro de Salud y más de cien millones de dólares "para los camioneros ricos que tienen tristeza".

Si con todo lo que se gasta en salud en Argentina, la cuestión principal para combatir los efectos de la temible gripe pasa por la ancestral costumbre de lavarse las manos -antes o después de- hay algo que no está funcionando adecuadamente. La población estuvo al borde del infarto porque falta de información no sabía a qué atenerse: si abrir o cerrar las ventanillas de los colectivos; usar o no barbijos; taparse o no la nariz y la boca con una bufanda, o toser a los cuatro puntos cardinales sin brújula. En tiempos que nos retrotraen a una Argentina de costumbres más higiénicas en su población, no es materia de esta nota destacar la suciedad extrema que caracteriza a los medios de transporte público como subterráneos, trenes y colectivos en los que, además, la desinfección con productos químicos es inexistente. Así se cuida la salud pública.

Sin embargo debe interesar cuál ha sido el papel de la clase política cuando se puso en juego la vida de los argentinos. El país ha permanecido al garete durante meses con el tema de la gripe porcina y el gobierno nacional, en conjunción con los provinciales, ignoró la enfermedad. No debería extrañar porque lo mismo sucede con otros asuntos: diríamos, con la mayoría de los asuntos. Que el gobierno navegue extraviado no es de extrañar porque puede andar colgado de liana en liana por la selva colombiana; volando perdido en Centroamérica en busca de la nada o, en un 9 de Julio, fecha en que en un calendario anterior señalaba como el día de la independencia argentina en la que se rendía honores a los próceres y héroes de ese proceso emancipador, andar discurriendo acerca de borrosos números de la Economía o proponer reformas del sistema electoral que acaba de destrozar con adelantamientos de fechas y candidaturas testimoniales, quizás, para hacerle conocer al electorado que no lo votó el domingo 28 de junio, las bonanzas de su modelo incomprendido.

Y si la titular de la Casa Rosada amontona en ese edificio a los nuevos juramentados que con risas, besos y abrazos se felicitan porque han prometido defender por el mismo precio las mismas convicciones que los que se fueron, mientras que por otro lado aconseja a la población desistir de las reuniones en público, el mensaje es de lo más contradictorio. Lo de la risa es, además, sorprendente. ¿De qué se reían?, salvo que estén en conocimiento del algo muy gracioso que sólo conocen los integrantes de la Nomenclatura. Pero la sobreactuación también fue moneda corriente del festejo opositor que a la par que saltaba y bailaba contagiaba a sus propios ministros y militantes con la gripe porcina.

La oposición política -bien lo sabe el lector- también suele preocuparnos, porque mayormente propone lo mismo que el Gobierno. Si el Gobierno se equivocó u ocultó el verdadero riesgo de la gripe y la cantidad de infectados, es grave. Si no supo qué hacer o se equivocó, también. Pero se supone que la oposición cuenta con publicitados "equipos técnicos" que son los que, en teoría, se encargarían de asesorar a sus líderes. Bien podrían haberlos aconsejados en la ocasión salvo que estos grupos no existan o que los opositores, aún conociendo la gravedad de la epidemia, hayan preferido soslayarla en aras del acto electoral. Es más, en algún momento dirigentes opositores se han referido a ciertos "gabinetes en las sombras" que, a inagen y semejanza del nacional, funcionarían en sus partidos deliberando y buscando soluciones para los problemas que aquejan a la sociedad. Pero si se encuentran en las sombras debe ser imposible verlos, y también escucharlos porque parece que nada aportan.

Si los opositores se convierten en lo mismo que critican, mal le seguirá yendo al país. Deben ser más serios o al menos, pour la galerie, parecerlo, ya que esta nueva plaga que sufre el país, no lo es. Si quieren administrar mejor que otros deben presentar propuestas serias a la ciudadanía y no de las otras, las que se conocen con tanta frecuencia. Se aproximan épocas difíciles, de torniquetes fiscales que podrían haber sido evitados si la soberbia del matrimonio presidencial hubiese bajado unos decibeles del altar. Ahora el dúo quiere el diálogo cuando en estos seis años de autoritarismo ramplón a quienes no acataban órdenes les enviaban sus fuerzas de choque. Repetimos: hay que ser más serios porque no es hora de nuevas equivocaciones ni de lavarse las manos con tanto frenesí.
SALINAS BOHIL

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