7 de marzo de 2008
El conflicto Sofovich- Rial y la debilidad mental del lumpen del espectáculo.
Ficha rubia
La pelea de Jorge Rial con Gerardo Sofovich no tiene fin. Aunque por estos días, más que pelea, es un monólogo que el conductor intruso lleva adelante compulsivamente todas las tardes.
Incluso, le dedica columnas con títulos que desbordan de lugares comunes. “El hambre y las ganas de comer”, por ejemplo.
Lo critica de manera implícita pero también, explícitamente.
Creyó que la histeria de Nazarena Vélez le abriría las puertas de un nuevo escándalo. Malinterpretó la movida de prensa de la rubia, considerando que podría llevarla a su lado para sumarse a la incontinencia verbal de un Rial torturado por la existencia de Sofovich.
Sin embargo, la señorita que no es santa y que desde hace años trabaja con el productor, utilizó al programa indiscriminadamente luego de haberlo ensuciado como consecuencia de la disputa entre el conductor y su jefe.
Entonces, con una típica actitud veleta, se presentó una y otra vez con el lamentable objetivo de molestar a Sofovich. Persona con quien mantenía cierta distancia como consecuencia de una decisión tomada por éste último en beneficio de Florencia de la V al cederle los derechos del “Champagne las pone mimosas” y considerarla, entre otras cosas, la estrella de Carlos Paz.
Sucede, que durante su verano tormentoso, Nazarena olvidó que quien siempre le dio la derecha está más allá de los chiquitajes mediáticos. Los ha trascendido hace mucho tiempo y cuando se sube a los mismos es, simplemente, para ubicar a los desubicados de siempre. Con lo cual, los dimes y diretes de Vélez así como el me dijo, le dije, le digo de algunos acomodaticios del espectáculo no le quitan el sueño. Al contrario.
Sofovich ha demostrado tener una tendencia sostenida de trabajo, éxito y coherencia. Él no se pelea como las criaturas de jardín de infantes. Lo que hace, es alejarse y alejar a las personas desagradecidas de su entorno. Una acción irreprochable, dado que es una de las tantas maneras que tiene el ser humano de preservarse. Más aún, cuando del medio del espectáculo se trata.
O sea, el creador de tantas obras teatrales y películas sabe discernir. Por tal motivo, dejó a la chica de la ventanita hacer su catarsis mediática sin decir palabra alguna.
Sabía, que en esos meses, la actriz representaba una ficha en el tablero de “batalla”.
Ingreso y permanencia
El medio del espectáculo así como la televisión es complejo.
Muchos ingresan pero pocos permanecen. Porque no se es parte de la colonia artística por hacer escándalos, mostrarse desnuda o abrir un boliche gay.
Ser parte de algo es ser funcional a ese algo.
Entonces, algunos de los que creen estar en el mundo de las “stars” no son más que sujetos interesantes para los escandaletes de la tarde. Son funcionales al rating de la Caja de Pandora.
Especialistas en hechos bizarros y mamarrachos que la sociedad de consumo legitima a través del encendido, ya que son nada más, que un divertimento. Un espacio de recreo frente a los imponderables de la vida cotidiana. Frente a la descomposición social a la que se asiste como consecuencia de la ignorancia voluntaria de los gobernantes.
Razón por la cual, una cosa es el mundo de la televisión y otra es el mundo del espectáculo. Aunque en determinada instancia se toquen en una relación dialéctica de necesidad de difusión.
Se requieren mutuamente pero poseen una composición distinta.
De hecho, existen actores o actrices que adolecen de capacidad de utilizar los programas de chimentos para promocionar sus obras, tiras y/o unitarios. Eso se debe a que la colonia artística también es heterogénea. Tanto es así, que algunos de sus integrantes ven en esos programas situaciones grotescas que rechazan. Temen perder prestigio al presentarse allí.
Es decir, se evidencia claramente que lo que existen son programas de chimentos y no de espectáculos. Y si bien se promocionan acontecimientos del medio, lo que mayormente abunda, son los desastres que ocasionan los individuos obsesionados por las cámaras.
De no ser así, cómo se explica que uno de los “grandes problemas” de la temporada de verano haya sido la separación de la “Tota” Santillán y Fernanda Vives.
El señor de la bailanta y la chica que perdió la letra S vaya uno a saber dónde.
Presentaciones poco glamorosas y lágrimas devaluadas en un rally televisivo en el cual los periodistas tomaron partido.
Los Intrusos por la “Tota” y los Profesionales por Vives.
Una especie de panadería mediática en la que los cuernitos, los vigilantes y los sacramentos no faltaron.
La insoportable realidad de ser lumpen
Otra de las cuestiones que alimentaron el verano televisivo fue la añoranza que sintieron aquellos que hicieron temporada en Mar del Plata por la ausencia de Moria Casan.
Desde la ciudad veraniega, algunos proyectos de vedette que buscan tener un lugar de reconocimiento artístico la ningunearon con la trillada y lamentable cuestión de la edad.
Con lo cual, se observa que la chatura mental es un síndrome que azota a varios personajes con neuronas a la deriva. Porque del mismo modo que Rial se esmera frustradamente en boicotear a Sofovich por sus años, Celina Rucci intenta hacer lo mismo con Casan.
Rucci -la última ganadora de Bailando por un Sueño que trabaja con Carmen Barbieri y Cherutti- junto algunas otras incoherentes que padecen la insoportable realidad de ser lumpen, le sugirieron a la mujer de mayor permanencia en las tablas y los medios que se aleje del espectáculo para darle espacio a las nuevas generaciones.
La respuesta, por supuesto, no tardó en llegar y la diva de lengua karateca las trató a todas de cornalitos.
Encabeza con éxito “Una familia poco normal” en la calle Corrientes y le resbalan todos los vulgares calificativos que puedan decirse de ella, ya que al igual que el autor de la comedia, conoce perfectamente las reglas de juego.
Colorada obsesión
La otra obsesión de George es Viviana Canosa. Con ella compite entre las cinco y siete de la tarde.
En esas dos horas los periodistas enemigos ingresan en una vorágine desmedida de críticas infernales. Mientras Canosa, por lo general, guarda su compostura de dama, Rial se muestra grosero y morboso, traspasando todos los límites.
La desmerece a la periodista desde lo estético e intelectual al tiempo que está pendiente continuamente de todo lo que transcurre en el programa de la misma.
El amigo en común
Desbordado y colapsado en su peligrosa obsesión, el conductor de Intrusos ironiza sobre el accidente que de pequeño tuvo el creador de Polémica en el Bar. Accidente que lo llevó a tenes que utilizar una prótesis para poder caminar sin dificultades.
También le desea la muerte y habla de la construcción de una lápida.
Bajezas que no tienen que ver con el show que se despliega en la TV.
Lo peligroso de la retórica de Rial es su ambigüedad.
En su programa se refiere a Sofovich como si fuese un viejito en debacle. Argumenta que las personas que trabajan con él son esclavas y manipuladas. Que todo lo que sucede son provocaciones para que la gente vaya a ver las obras teatrales que, desde la perspectiva de ese programa, son fracasos.
Sin embargo, cuando el amigo en común que tienen -Oscar González Oro- lo entrevista, dice que en el fondo, aún siente afecto por quien fue durante años su gran amigo. Que lamenta y siente todo lo que sucede.
En cambio, cuando el mismo Oro entrevista a Sofovich, la actitud es distinta. Diría, lineal. El afecto se perdió dijo el productor, debido a la pérdida de códigos y a las barbaridades que constantemente el amigo de Ventura y éste mismo dicen de él.
Lo cierto es, que Rial nunca soportó el pase a Canal 9 y la amistad que el señor a su manera tiene con Canosa. La periodista que además es parte de una de sus obras. La que encabeza Casan.
Publicado por Laura Etcharren.
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