sábado, 13 de agosto de 2016

PANORAMA Y PIEDRAS

Jorge Raventos nacional de los últimos siete días Pedradas de impotencia y errores no forzados El último jueves, Cristina de Kirchner celebró con champagne junto a Hebe de Bonafini. “Brindamos para que Macri nos tenga miedo”, proclamó la jefa de La Fundación Madres. Al día siguiente, en Mar del Plata, algunos desaforados ideológicamente próximos a aquellas señoras, pasaron del champagne a las pedradas con el mismo objetivo de Bonafini. Las agresiones –amenazas verbales o violencia a secas- son signos de impotencia de un sector político en retirada. La señora de Kirchner y la señora de Bonafini, frecuentemente requeridas por los jueces, han perdido capacidad de convocatoria, más allá de un núcleo de forofos, intensos pero en estado de encogimiento. Salvo el riesgo de un impacto físico, esos sectores no suponen amenaza política alguna para el gobierno. Más bien constituyen un desafío de diseño: las frases estentóreas de la expresidente, los exabruptos de Bonafini y los escraches y pedreas que protagonizan sus incondicionales armonizan en imagen con los bolsos voladores del señor López, las mansiones inhabitadas de Lázaro Báez y los ladrillos de dólares de La Rosadita. La trampa autoreferencial El gobierno tiene problemas más serios, aunque se consuele con encuestas que –dicen- les resultan favorables. En estos tiempos digitales, ¿podría hablarse no del “diario de Yrigoyen” sino de “las encuestas de Yrigoyen”? En cualquier caso, las cifras y los focus groups no alcanzan para esconder errores propios (la mala gestión de las designaciones en la Corte o la de los aumentos tarifarios o, sin ir más lejos,el déficit de inteligencia y seguridad que sometió al Presidente a la acción de los agitadores en Mar del Plata). Minimizar esas fallas puede provocar males mayores con el tiempo. Quizás para analizarlas, el viernes el Presidente canceló las obligaciones de agenda del fin de semana. El miércoles 10 el gobierno había experimentado el vértigo de su condición de minoría parlamentaria: las diferentes fuerzas de oposición coincidieron para imponerle una sesión especial de la Cámara de Diputados en la que se pondría en estado de revisión la política de tarifas a la energía que la Casa Rosada procura imponer (hasta el momento con poco éxito) y en la que se quería conseguir la interpelación del ministro del área, Juan José Aranguren. Ruido en la coalición En el tema de las tarifas hasta la tropa propia del Congreso está encabritada. La oposición consiguió el quórum con la colaboración de un diputado radical. Fue uno (no se requería más), pero en la UCR son muchos los que mastican contenidamente su contrariedad, tanto por la política tarifaria esbozada como por los procedimientos desprolijos con los que se ha intentado ponerla en práctica, que han redundado en costo político alto para la coalición oficialista. Los radicales están resentidos porque contribuyen a pagar ese precio, pero no se sienten debidamente consultados en la acción de gobierno. El apurón oficialista del miércoles es un ayudamemoria de esa situación. Desde la coalición oficialista otra socia, la siempre notoria Elisa Carrió, ya había reclamado una revisión del tema tarifario que se anticipara al esperado pronunciamiento de la Corte Suprema. Convocar para escuchar El gobierno escuchó finalmente al grupo de los ex secretarios de Energía, un grupo de distintas posturas políticas (varios de ellos miembros de Cambiemos) que desde hace varios años vienen estudiando la problemática del área y han alcanzado coincidencias propias de una política de Estado. Hasta ahora el consejo de los ex secretarios no había sido orgánicamente recabado. Las organizaciones de consumidores se quejan de no ser escuchadas. Y uno de los argumentos por los cuales la Justicia suspendió la aplicación de los aumentos es el haber omitido las audiencias en las que los distintos actores del sector pueden informar y ser informados. El gobierno sufre desgaste en ese tema por su reticencia a escuchar (lo que piensan socios, consumidores, técnicos, ex funcionarios y la oposición constructiva). Lo curioso es que virtualmente todos estos sectores están de acuerdo en que es indispensable desmontar el desastre que dejó el gobierno K en el campo energético y también en que es inevitable una actualización de las tarifas. Difieren en los modos y ritmos de la actualización y, en algunos casos, reclaman una discusión amplia del plan estratégico, pero apuntan hacia el mismo blanco. La resistencia (o indiferencia) frente a esas opiniones quizás implique que el gobierno no ha querido poner en discusión los aspectos instrumentales de su plan pues se proponía (quizás sigue haciéndolo) hacer las cosas a su manera, siguiendo un guión preestablecido. Cosas y personas El susto del miércoles en Diputados es un recordatorio de que la política no es (ni exclusiva ni principalmente) una técnica para decidir sobre cosas, sino un arte destinado a ganar voluntades y coordinar intereses, aspiraciones y posibilidades de personas. De muchas personas. El presidente oficialista de la Cámara de Diputados, Emilio Monzó, practicó en la emergencia el arte que el gobierno a menudo olvida: escuchó, negoció y salvó a Aranguren de la interpelación ante el pleno de la Cámara accediendo a que se presente ante un plenario de cinco comisiones de Diputados. Esa práctica in vitro de la política que ejecutó Monzó debería generalizarse. El gobierno necesita comprender las condiciones de la cogobernabilidad que surgen de la realidad: el oficialismo ganó el comicio presidencial, pero no las legislativas ni buena parte de las provinciales. Eso le exige negociar más asiduamente. En la república democrática, además de tener proyectos hay que tener la capacidad de ponerlos en práctica (fuerza, organización, disciplina, presencia en distintas arenas: desde internet hasta la calle o viceversa). El gobierno actual surgió del hastío social provocado por un régimen que hablaba y no escuchaba. Escuchar es, por lo tanto, un mandato implícito de la sociedad. La oposición constructiva plantea sus objeciones pero no pone palos en la rueda. El movimiento obrero advierte que " vamos de mal en peor” y espera respuestas sin apurar los tiempos. Los movimientos sociales, que marcharon masivamente el domingo, buscan la interlocución de un comité de crisis que atienda la situación de los más vulnerables. Si se escucha, se puede avanzar. La sordera produce inmovilidad frenética.

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