lunes, 29 de junio de 2009

NI UNA ALEGRÍA PARA NESTOR K




Antes aún de que se cerraran los comicios del domingo 28, ya había empezado la guerra informativa. Uno de los consultores estrella del gobierno, Artemio López, colgaba en su blog desde antes de las 17 horas resultados (reales o presuntos) de bocas de urnas que, como esa fuente permitía prever, le otorgaban a Néstor Kirchner el triunfo en la elección bonaerense por unos cuatro puntos. Apenas los relojes dieron las 18, desafiando las regulaciones legales (que prohíben hacerlo hasta las 21), el canal informativo de Daniel Hadad difundió cifras coincidentes con las que sugería Artemio López y que también confirmaba otro consultor del elenco de la Casa Rosada, Roberto Bacman, de CEOP.

Otros consultores preferían señalar que el escenario era mucho más neblinoso e incierto: había una lucha voto a voto, que podía eventualmente dar una diferencia de alrededor de uno o dos puntos en un sentido o en otro. Esto ocurría cerca de las 20 horas. El secretario de Medios del gobierno, PepeAlbistur, con Luis D'Elía como segunda voz, imaginaba por entonces que el gobierno triunfaría por siete puntos.

Las encuestas de boca de urna son apenas una impresión. Y muchas veces una impresión sesgada, intencionada. La única verdad es la realidad, y esa realidad emergería del interior de las urnas, una vez que todos los sufragios fueran limpiamente contabilizados.

En cualquier caso, mientras eso ocurría y se aclaraban sin espacio para dudas y sospechas las situaciones de empate virtual, algunas tendencias fuertes ya eran notorias.

Desde la perspectiva nacional, el gobierno aparecía perdiendo numéricamente (sus fuerzas recogían entre 10 y 14 puntos menos que el 45 por ciento que obtuvieron apenas 20 meses atrás).

También retrocedía seriamente en el terreno legislativo: se quedará con 17 diputados menos de los que tiene hoy, lo que determina inclusive la pérdida del quórum propio.

El gobierno ha sufrido duros reveses en los principales distritos del país: sus candidatos quedaron en el cuarto lugar en Córdoba y en la Capital Federal, perdieron por gran diferencia en Mendoza, no alcanzaron el 10 por ciento en Santa Fé, donde además fracasaron en la intención de provocar la caída de Carlos Reutemann.

Quedaba la provincia de Buenos Aires, claro: allí, hasta el empate que a primera hora prometían las encuestas representaba una derrota para la familia presidencial . Néstor Kirchner estaba siendo goleado por un político emergente, casi desconocido hasta unos meses antes. Y llegaba a ese resultado después de confesar que no podía afrontar el desafío sin la ayuda y la presencia del gobernador Daniel Scioli y sin la contribución de una legión de intendentes bonaerenses.

Pero Kirchner ni siquiera empató: fue derrotado. "Por un puntito", pretendió minimizar él a la madrugada del lunes 29, cuando,después de esquivar durante horas la asunción del fracaso electoral, se resignó a dar la cara ante los medios.

Vale la pena señalar que la derrota oficialista subraya, además, la debilidad estructural de la fuerza que recoge Kirchner en la provincia: esta se asienta de un modo desmedido (si se quiere, desequilibrante) en el manejo vertical de buena parte del segundo cordón del conurbano bonaerense y exhibe una notable escualidez en otros sectores de la provincia.

Observada desde la perspectiva del PJ, la performance del oficialismo indudablemente decepcionará: la línea impuesta por Néstor Kirchner conduce al PJ a aislarse de las clases medias urbanas y rurales; aparecen capitalizando ese retroceso, en primer lugar, figuras de corrientes ajenas, el radicalismo con Julio Cobos, el socialismo con Hermes Binner en Santa Fé, el juecismo y el radicalismo de Córdoba y hasta, si se quiere, el Pro de Mauricio Macri en Capital Federal. El peronismo disidente, con De Narváez en la provincia de Buenos Aires y Reutemann en Santa Fé mostraba un camino distinto.

Si se hubiera producido una derrota de Carlos Reutemann, probablemente Kirchner habría sonreido satisfecho: la habría tomado como premio consuelo. Pero lo cierto es que esa caída, que hubiera dejado al peronismo sin una de sus figuras más atractivas para el electorado independiente, no se verificó. El Lole consiguió una notable victoria tanto sobre el oficialismo provincial como sobre el oficialismo nacional, que en este tema compartieron intereses.

El retroceso general del oficialismo señala que el ciclo hegemónico encarnado por Néstor Kirchner ha finalizado. Como hipótesis, el oficialismo tiene aún la chance - en caso de leer adecuadamente el mensaje de las urnas- de buscar apoyaturas para evitarle a la gestión de la señora de Kirchner el riesgo de la ingobernabilidad. Est, por cierto, implicaría abrirse sin prejuicios ni espíritu faccioso a negociar con los sectores que han sido sostenidos por el electorado, y aceptar el mensaje ciudadano que ha dicho basta a un estilo autoritario y a la falta de verdad y transparencia. Las primeras reacciones del búnker kirchnerista, que consideraban ratificado "el modelo", no alientan el optimismo sobre una lectura desprejuiciada y lúcida. El propio Kirchner, demorando su reconocimiento de la derrota e insistiendo en que el diálogo con las fuerzas que lo vencieron debe estar condicionado a sus propios "principios", anticipa una reiteración de criterios aislacionistas.

Las fuerzas opositoras tienen mucho material para elaborar después de la experiencia electoral del 28. De Narváez surge como un notorio triunfador: su victoria fue más elocuente y neta que la de su aliada Gabriel Michetti en Capital; ella, llegando desde la cúspide del ejecutivo porteño, obtuvo un 31 por ciento de los sufragios; De Narváez, desde una diputación y como opositor de a pie, cosechó un 35 por ciento hoy está subido al podio de los éxitos peronistas, junto a Reutemann.

El radicalismo ha superado con buenos auspicios el desafío del 28 de junio: fuerzas surgidas de la semilla radical se han impuesto en varias provincias o produjeron performances competitivas en otras. Aunque tiene aún por delante la tarea de recomponer la unidad de su organización, el centenario partidario emerge de la elección fortalecido y con un potencial candidato a la presidencia: el mendocino Julio Cobos.

El tercer puesto en el que recaló de la fuerza de Elisa Carrió en la ciudad de Buenos Aires deja a la combativa dirigente mal parada para sostener sus aspiraciones presidenciales en 2011.

Después de la paliza electoral sufrida por el kirchnerismo (que hasta perdió en Santa Cruz) el justicialismo -en todas sus vertientes- reclamará un cambio de rumbo. Se verá si Kirchner admite esos consejos. Seguramente no se han visto aún todas las consecuencias del tsunami electoral del 28 de junio.
Jorge Raventos

No hay comentarios: