lunes, 31 de octubre de 2016

TIERRA PROMETIDA

Cómo fue la misteriosa conquista de la Tierra Prometida. Aquí les hago un resumen y comentario (simplificado, sencillo) de uno de los capítulos del libro 1 sobre Enigmas de la Biblia de Ariel D. Álvarez Valdés, sacerdote y bibliólogo argentino, con su permiso. Este relato comienza con el título: Eran 12 hermanos. Cuenta la Biblia que el patriarca Jacob se casó con dos hermanas Lía y Raquel. Lía tenía los ojos apagados, en cambio Raquel era hermosa y de bella figura (Génesis 29, 17). Y Jacob amaba más a Raquel. Por esas desgracias de la vida la amada Raquel era estéril. En cambio Lía pronto comenzó a darle hijos a Jacob. Primero nació Rubén; luego vinieron Simeón, Leví y Judá. - Hasta aquí ya tenemos cuatro hijos, cuatro hermanos -. El dolor de la pobre Raquel crecía a medida que aumentaba la fecundidad de Lía. Un día, en el borde de la desesperación, le pidió a su marido que tuviera hijos con su esclava Bilhá, para que ella pudiera adoptarlos como propios. De este modo nacieron Dan y Neftalí. - Ya tenemos seis hermanos por vía paterna -. Al ver la actitud de Raquel también Lía, quien tenía una esclava llamada Zilpá, se la entregó a Jacob para que le diera hijos en adopción. Y de la esclava Zilpá nacieron Gad y Aser. - Ya tenemos ocho hermanos, siguiendo la línea paterna -. Pero mientras tanto ella siguió buscando sus propios embarazos con el patriarca y logró engendrar dos hijos más Isacar y Zabulón. - Ya tenemos diez hermanos, siguiendo la línea paterna -. Cuando ya parecía que Raquel iba a quedar vencida y sin hijos naturales, Dios la curó de su esterilidad y pudo concebir al pequeño José (Génesis 29, 31 y 30, 24). Más tarde, durante un viaje, Raquel quedó por segunda vez embarazada, esta vez de Benjamín pero no alcanzó a conocerlo pues murió en el parto (Génesis 35, 16 a 20). Así fue Cómo nacieron los 12 hijos de Jacob. Historias de familia. Cierta vez, a causa de una prolongada sequía en Palestina, Jacob se fue con sus hijos y se establecieron en Egipto. Allí, a su hijo José le nacieron Efraín y Manasés. Con el tiempo los descendientes de Jacob se multiplicaron y formaron 12 tribus. Pero cuando tomaron conciencia los egipcios los habían esclavizado para aprovecharlos como mano de obra barata en sus construcciones. Entonces una noche del año 1250 antes de Cristo, bajo las órdenes de un caudillo llamado Moisés, decidieron escapar del país. Ccruzaron el Mar Rojo atravesaron el desierto del Sinaí y regresaron a Canaán, la Tierra Prometida de la que sus antepasados habían partido cuatro siglos antes. Pero la encontraron ocupada por un pueblo numeroso, los cananeos, y no tuvieron más remedio que recuperarla militarmente. El Libro de Josué cuenta los detalles de esta conquista: tres fulgurantes campañas, una en el centro (Josué 7-9) otra en el sur (Josué 10) y otra en el Norte (Josué 11) dieron a los israelitas el control de todo el país. Fue una operación relámpago. Los cananeos resultaron totalmente exterminados y la tierra repartida entre las 12 tribus (Josué 13-21). La biblia y la arqueología. Según la Biblia, entonces, las 12 tribus de Israel bajaron a Egipto, las 12 fueron esclavizadas, las 12 lograron escapar en El Éxodo, y las 12 en regresaron y conquistaron la Tierra Santa. Pero ¿fue así históricamente? Varios indicios responden más bien que no. En primer lugar, la misma Biblia Afirma en varios lugares que la conquista de Palestina en realidad fue un largo proceso, realizado por tribus individuales y nunca logrado totalmente (Ver: Josué 13, 2 a 6; 15, 63; 23, 7 a 13; Jueces 1, 9 a 15; 2, 20 a 23). En segundo lugar, la arqueología no ha encontrado hasta ahora ningún indicio cierto que permita atribuir a los israelitas del siglo 13, fecha en la que llegaron, la destrucción de ciudad alguna. Al contrario las excavaciones más bien han demostrado que se establecieron pacíficamente, y en zonas donde no había cananeos. Por eso, los arqueólogos y biblistas han propuesto una nueva hipótesis para explicar la epopeya de la conquista de la Tierra Prometida. Los varios viajes. El primer punto a aclarar, es que no hubo un solo viaje de los arameos a Egipto (como dice Génesis 46) sino varios. Desde la época de Abraham, hacia el 1800 antes de Cristo, era frecuente este ir y venir entre Palestina y Egipto. El mismo Abraham había estado allí con su esposa Sara (Génesis 12, 10 a 20). Y sus descendientes siguieron ese ejemplo y visitaron también ellos muchas veces Egipto, en estancias más o menos prolongadas. La llegada de estos grupos fue un fenómeno que duró varios siglos, y obedeció a distintas causas. Algunos vinieron como comerciantes. Otros se infiltraron en busca de pastos para su ganado. Y muchos llegaron como prisioneros de guerra, pues sabemos que los faraones solían retornar de sus expediciones militares acompañados por miles de cautivos semitas capturados en las regiones montañosas de Canaán. Estos extranjeros, llegados en oleadas sucesivas a Egipto como prisioneros, comerciantes o nómades, no se instalaron en las grandes ciudades sino la región del delta del Nilo, llamada Goshén. Y no constituían aún ni tribus, ni clanes organizados. Cuando en Génesis 46, 28 dice, pues, que arribó Jacob y sus hijos a la tierra de Goshén, en realidad alude a los miles y miles de semitas anónimos que bajaron a Egipto por diversos motivos y en diferentes épocas. La expulsión. Lo segundo que debemos aclarar, es que en realidad no hubo un solo Éxodo, como dice la Biblia, sino dos. El primero ocurrió alrededor del año 1580 antes de Cristo, cuando de Egipto fue expulsado un pueblo semita llamado los Hiksos, que gobernó el país de Egipto durante más de siglo y medio. Junto a ellos fueron también expulsados unos clanes semitas que más tarde formarían las tribus de Rubén, Simeón, Leví y Judá. Por eso a este Éxodo los biblistas lo denominan "Éxodo Expulsión". El Libro del Éxodo conserva recuerdos de este "Éxodo Expulsión" en varios pasajes. Uno de ellos dice: "Dijo Dios a Moisés: El faraón los expulsará de su territorio" (6, 1). "Dijo Dios a Moisés: El faraón no sólo los dejará salir sino que él mismo los echará de aquí " (11, 1). "El faraón llamó a Moisés de noche y le dijo Levántense y salgan de mi pueblo ustedes y los israelitas" (12, 31). "Los egipcios apuraron a los israelitas para que se fueran pronto de su país" (12, 33). "Como no habían tenido tiempo de preparar comida pues los egipcios nos habían echado de su país hicieron tarta y torta sin levadura con masa sin fermentar" (12, 39). Estos clanes semitas expulsados decidieron regresar a Canaán, de dónde procedían sus ancestros y luego de derrotar a las poblaciones locales del sur, tres de ellas se instalaron allí, mientras la tribu de Rubén se ubicada al este del río Jordán (Josué 1, de 1 a 19). La Huída. Pero no todos los semitas fueron expulsados de Egipto. Muchos se quedaron en el país, y estos fueron esclavizados por los egipcios y sometidos a trabajos forzados. Entonces tres siglos más tarde, por el año 1250 antes de Cristo, se produjo un segundo Éxodo. Guiados por Moisés, estas bandas semitas lograron con gran esfuerzo escapar de Egipto. Este Éxodo es llamado por los estudiosos "Éxodo Huída" y también a él alude la Biblia: "Dijo Dios a Moisés: Preséntate al faraón y dile que deje salir a mi pueblo" (Éxodo 7, 26; 8, 16; 9, 1). "Pero el corazón del faraón se endureció y no dejó salir al pueblo" (8, 28; 9, 7; 12, 35). "Cuando le avisaron al rey de Egipto que el pueblo había escapado, el corazón del faraón se trastornó" (14, 5). Los que lograron huir no eran sino unos pobres desvalidos, una masa de ex esclavos fugitivos en busca de libertad. No se trata como a veces creemos de tribus establecidas, ni mucho menos de un ejército organizado. La Biblia las llama una turba inmensa de gente de toda clase (Éxodo 12, 38), es decir, una caravana de gente anónima, mezcla de antiguos clanes y grupos que, errantes, seguían los pasos de su conductor Moisés. Está horda desorganizada fue la que llegó hasta el monte Sinaí, pactó allí una alianza con Yahvé que los había liberado, y prometió adorarlo para siempre. Luego, rodeando el mar Muerto, llegó a Canaán de dónde habían salido sus antepasados muchos siglos atrás. Las primeras tribus. A diferencia de las cuatro tribus de Rubén, Simeón, Leví y Judá, que trescientos años antes se habían ubicado en el sur del país, estos fugitivos ingresaron por el Este, guiados ahora por Josué, pues Moisés había muerto en el camino, y se instalaron en el Canaán central. La ocupación del territorio sólo en parte fue realizada mediante acciones militares (que no pasaron de medianas escaramuzas), ya que en las zonas despobladas hubo una simple infiltración pacífica, mientras que en otros casos se llegó a acuerdos con las poblaciones locales. Por eso resulta más apropiado hablar de una "conquista" pacífica que de una militar. Los recién llegados no tenía nombre propio alguno. Pero una parte de aquella tropa errante decidió establecerse en la zona central, es decir en las montañas de Efraím. Y poco a poco el nombre de las montañas pasó a designar a estos colonos. Así nació la tribu de Efraím. Otro grupo se instaló al sur de las montañas centrales, y tomó el nombre de Benjamín (qué significa en hebreo: los que proceden del sur). Años más tarde, un clan de Efraím emigró al norte de la región central para ponerse a salvo de sus enemigos filisteos, y con el tiempo formaron una nueva tribu llamada Manasés, quizá por el nombre de algún jefe o antepasado ilustre. Así, las tres únicas tribus que salieron de Egipto con Moisés, hicieron Alianza en el Sinaí con Yahvé, y entraron al país con Josué, son las de Efraím, Benjamín y Manasés instaladas en el centro de Canaán. La reunión con las nuevas. Cuando vio Josué que la hora de su muerte se acercaba, convocó a las tres tribus a una asamblea en la ciudad de Siquem (Josué 24). E invitó también a participar de la reunión a otras tres tribus vecinas, que desde hacía siglos vivían instaladas en el norte de Canaán. Eran las de Zabulón, Isacar y Neftalí. Esta tribus no habían podido moverse nunca del Norte, porque una cadena de fortalezas cananeas les había cerrado siempre el paso hacia la región central. No habían estado en Egipto ni habían participado del Éxodo ni de la alianza del Sinaí como las otras tres tribus del grupo de Josué. Zabulón e Isacar eran tribus semitas. La de Neftalí no. Y en aquella memorable asamblea, Josué habló con entusiasmo de Yahwé, un Dios al que las tribus recién invitadas no conocían. Les contó las maravillas realizadas por Él en Egipto, el milagroso cruce del Mar Rojo y los prodigios realizados a lo largo del camino. Finalmente propuso a los delegados que se convirtieran en fieles adoradores de Yahwé. La respuesta no se hizo esperar. Unánimemente todos gritaron: "Serviremos a Yahvé nuestro Dios y le obedeceremos" (Josué 24, 24). Josué, entonces, pactó allí mismo una alianza entre Yahvé y las nuevas tribus adeptas, mientras las antiguas renovaban el compromiso contraído en el Sinaí. Desde ese día el yahvismo se propagó del centro al norte del país. Y animadas por el belicoso fervor de neófitos, las tribus del Norte declararon la guerra, en nombre de Yahvé, a sus vecinos cananeos de la región norteña y consiguieron conquistar ese territorio (Josué, cap. 11). Más adeptos para la liga federal. Entretanto, las poblaciones locales comenzaron a ver con temor a esta nueva liga federal, que ahora estaba constituida por seis trubus: Efraín, Benjamín, Manasés, Zabulón, Isacar y Neftalí, y decidieron enfrentarla. Y así, en el año 1125 antes de Cristo, los cananeos combatieron contra la liga tribal en la batalla de Taanak. Pero el triunfo israelita fue total (Jue, 4- 5). Esta batalla tuvo importantes consecuencias. Por una parte las seis tribus, al luchar por primera vez unidas, tomaron conciencia de que formaban un verdadero pueblo. Y por otra, la victoria terminó de convencer a otras cuatro tribus vecinas a unirse a la confederación. Tres de ellas (las de Dan, Gad y Aser no eran de sangre ni cultura semita. "Vivían aisladas en la región norte y en el este del país desde hacía siglos, y tampoco habían conocido las experiencias del Éxodo y el Sinaí. La cuarta (la de Rubén) sí era semita y había salido de Egipto en el Primer Éxodo, como ya vimos. Por eso tampoco había vivido la experiencia de Moisés. La Confederación pasó así a contar con diez tribus, en el centro y norte de Canaán. Con el sur aún no había comunicación y allí habitaban las tribus de Simeón, Leví y Judá, salidas de Egipto en El Éxodo Expulsión y ajenas por completo a los acontecimientos sucedidos hasta ese momento. Por fin las 12. Alrededor del año 1030 antes de Cristo, las 10 tribus decidieron por primera vez poner un rey al frente de la liga federal de tribus y la elección recayó sobre Saúl un joven carismático perteneciente a la tribu de Benjamín. El nuevo monarca realizó numerosas hazañas a lo largo de su reinado. Pero la más importante fue su triunfó en la batalla de Mikmás sobre los filisteos, tradicionales enemigos de los israelitas (1er. Lº de Samuel, 14), ya que a partir de entonces se abrió, por primera vez, una brecha de comunicación entre el centro y el sur de Canaán. Cuando el rey Saúl murió en el año 1012 antes de Cristo, la liga tribal atravesó por una gran turbulencia interna. Mientras tanto, en las tres tribus del sur, hermanas de sangre y cultura de las otras diez, pues eran semitas, pero que no habían conocido ni El Éxodo ni la "conquista" de Josué, comenzó a reinar un hombre de la tribu de Judá, llamado David. Hasta que en el año 1005 antes de Cristo, ante la convulsión política que vivía la Confederación, los ancianos de la liga federal pidieron al Rey David que aceptara gobernarlas también a ellas (2º Samuel, 5, 1 a 3). A partir de entonces David reinó sobre todas las tribus, las cuales se consideraron 12 (aunque eran más), pues el 12 era un número simbólico que en la mentalidad hebrea significaba "los elegidos por Dios". El lenguaje de las genealogías. Durante el largo gobierno (reinado) de David, comenzó a desarrollarse por un lado, la escritura hebrea, y por el otro, la idea de la unidad nacional. Se empezó hablar de "las 12 tribus" de "todo Israel". Entonces los escritores del palacio tomaron las diversas historias individuales de las tribus y las unificaron en una sola, atribuyendo a una acción común lo que ellas habían hecho por separado. Así pudieron vincular a todos los súbditos del reino en una sola familia. Luego, a un ilustre antepasado de las tribus centrales, llamado Israel (o Jacob) le atribuyeron la paternidad de todas ellas, y nació así la historia de los 12 hijos de Jacob. Pero esta historia, bajo la apariencia de recuerdos familiares y genealogías, describía las diferentes historias y etnias que había entre ellas. Así, Rubén, Simeón, Leví y Judá, por ser las primeras en llegar a Canaán en el Primer Éxodo, el de la expulsión, aparecen como los cuatro hijos mayores. Y al tratarse de tribus semitas, figuran como descendientes de Lía, la primera esposa de Jacob. Isacar y Zabulón, también tribus semitas, pero que nunca bajaron a Egipto ni participaron de ninguno de los dos éxodos sino que se unieron más tarde, aparecen también como hijos de Lía, pero hermanos menores. En cambio Dan, Neftalí, Gad y Aser, por no ser tribus semitas ni haber participado de ningún Éxodo, quedaron como hijos de la esclava Bilhá, las dos primeras, y de la esclava Zilpá, las dos últimas. Por la familia unida. finalmente Efraín, Manasés y Benjamín, por ser las tribus semitas del Segundo Éxodo, aparecen como descendientes de la segunda esposa de Jacob, Rquel. Pero el autor bíblico no ocultó su preferencia por los descendientes de Raquel, ya que fueron las únicas tribus que vivieron El Éxodo con Moisés, la alianza con Yahvé en el Sinaí, y la entrada al país -la tierra que mana leche y miel- con Josué, y entonces escribió: "Lía tenía ojos apagados, en cambio Raquel era bella y de buena presencia. Y Jacob estaba enamorado de Raquel". las 12 tribus de Israel supieron, cada una, renunciar a su exclusiva historia pasada, a su exclusivismo, e integrarse como si fueran verdaderos hermanos, a un tronco familiar más grande: el de los hijos de Jacob. A pesar de sus particularidades e individualidades, se sintieron hermanas y llamadas a un bien común: la lucha por un reino en Canaán, el reino de Dios. Quienes luchan por el nuevo reino de Dios, el de Cristo, en la Tierra deben, de igual modo, dejar de lado el orgullo de sus individualidades propias, y sumarse a la tarea de hacer entre todos, como hermanos, un mundo nuevo. Bendiciones.