domingo, 18 de septiembre de 2016

MINI DAVOS.........

CARRERA POR RECUPERAR LA ECONOMÍA Conclusión: 2017 le pone un límite a la euforia por el mini Davos Para muchos, un país con atraso cambiario, presión tributaria muy elevada, un mercado de apenas 42 millones de habitantes (no de consumidores) y antecedentes recientes de inseguridad jurídica, tiene que buscar algún atractivo si quiere participar en el flujo mundial de inversiones. Sin embargo, Claudio Chiaruttini cuenta en su editorial dominical que no en la Administración Macri hay una mirada bien diferente, y mucha confianza. Al menos es lo que dicen. Aquí su comentario: Mauricio Macri ante los participantes del mini Davos en el CCK. por CLAUDIO M. CHIARUTTINI CIUDAD DE BUENOS AIRES (Sin Saco y Sin Corbata). El Gobierno no puede ocultar su euforia por el resultado del “Foro de Inversiones y Negocios” que se realizó la semana que pasó en el emblemático símbolo del kichnerismo, el “Centro Cultural Néstor Kirchner”; y ya adelantan lo que espera será otro éxito en New York. Pero es mejor una mirada más sistémica para evitar que los fuegos de artificio lleven a engaño. Si el “Foro de Inversiones y Negocios” costó hasta US$ 15 millones, tal como aseguraron funcionarios en forma extraoficial, es el mejor dinero gastado en muchos años para atraer inversiones. Y si no, basta con recordar los viajes de Guillermo Moreno a Angola o Azerbadjián o la paradas que hizo Cristina Fernández en Qatar, Túnez o Seychelles. En el Ministerio de la Producción sostienen que se han recibido propuestas, cartas de intención o promesas de inversión por US$ 40.000 millones, pero otros ministros/economistas reconocen que, de ese monto, US$ 27.000 millones ya fueron anunciados o están en plena ejecución. Igual, aunque se trate de minimizar el hecho, el monto no deja de ser destacado, para una Argentina que hace 1 año estaba aislada del mundo. 4 cosas quedan clara: ** la Argentina es un país que interesa para hacer inversiones; ** plata, en el mundo, sobra; ** los recursos humanos y naturales son grandes incentivos para hundir capital en el mercado local; y ** tal como se ha dicho mil veces, en la Argentina, está todo por hacer. Pero desde que Raúl Ricardo Alfonsín lanzó el “Plan Houston” en 1987, pasando por las privatizaciones de Carlos Saúl Menem, al “Foro de Inversión y Negocios” de Mauricio Macri, cada vez que los inversores extranjeros muestran su entusiasmo con la Argentina insisten en reclamar seguridad jurídica, desregular la economía y quitarle poder discrecional al Estado, “licuar” el peso del sindicalismo (o mayor flexibilización laboral), mantener las reglas de juego durante décadas y consolidar la confianza política, es decir, que el proceso político del momento se mantenga en el tiempo. Entonces, más allá de Mauricio Macri, los recursos naturales y humanos y el dinero: ¿Está en condiciones Mauricio Macri, “Cambiemos” y el PRO de ofrecer el resto de los pedidos y reclamos que hacen los inversores extranjeros que tienen interés en el país? Acá comienzan las primeras dudas y son el meollo del porqué no se produjo la esperada “lluvia de inversiones”, tal como la describían economistas y la esperaban funcionarios del macrismo en Diciembre pasado (aunque no se puede negar que el ingreso de flujos de divisas es sostenido y creciente). Un primer paso en el sentido de las demandas de los inversores internacionales es el Presupuesto 2017, el primero credo por la Administración de Mauricio Macri y tiene en sus líneas la impronta del ADN del PRO, dado que es un proyecto de gastos e ingresos donde abunda el gradualismo, en especial, en el tema tasas de interés o dólar, pero también sobre déficit fiscal, endeudamiento, crecimiento del PBI y superpoderes (que tenderán a desaparece con suma lentitud). Pese a que los economistas comienzan a hablar de retraso cambiario, la apuesta del Gobierno de Mauricio Macri es evitar todo tipo de devaluación o sobresalto. La producción va a tener que construir su rentabilidad por productividad, baja de inflación o más ventas; no por obtener más pesos por un bien de producción local exportado y cobrado en dólares. Para la Unión Industrial Argentina y el campo, no es una buena noticia; y es algo que puede tener repercusión electoral negativa en el interior en las elecciones del año que viene. En el proyecto de Presupuesto 2017 no hay reforma fiscal a la vista. Es cierto que hay una pequeña reducción del Impuesto a las Ganancias, pero las primeras estimaciones dicen que la pagarán más personas, al tiempo que también bajaría la recaudación por Impuesto a los Bienes Personales. Parece un modelo contradictorio, dado que premia al rentista y castiga al trabajador. Por eso, habría que esperar modificaciones correctivas en una posterior reforma fiscal que, aún, no se conoce. También se nota en el Presupuesto 2017 un intento de ir avanzando en la salida de un modelo basado en el consumo a otro en la inversión, se apuesta al rol activo del Estado y la llegada de inversiones del exterior, al tiempo que el “sinceramiento fiscal” ya no es una llave para el cambio de tendencia, como el Gobierno lo trasuntaba hace 2 meses. En 9 meses, Mauricio Macri ha hecho un inmenso esfuerzo por atraer inversiones. Desde el regreso a Davos, pasando por las giras a Europa y Estados Unidos; el viaje a China (donde hubo muchos acuerdos, aún secretos, que tiene muy nervioso a algunos “grandes” locales, como el Grupo Techint) al “Foro de Inversiones y Negocios” o el viaje a New York. Sin embargo, se siguen perdiendo oportunidades. Hoy, el Gobierno está trabajando en modificar las leyes de Mercado de Capitales, de Riesgo de Trabajo, de Fondo Comunes de Inversión, de Semilla, de Medios, entre otras; espera cambiar el Estatuto del Banco Central, tiene programada una reforma fiscal profunda, discute cambios a la coparticipación federal y tiene en el Congreso una norma sobre Asociación Público – Privado y otra anticorrupción. Pero nada de esto se habló en el “Foro de Inversión y Negocios”. El “Foro de Inversiones y Negocios” mostró cómo es el ADN del macrismo: Sin estridencia, con abuso del marketing, una estética de show mediático, excelente catering, colores suaves y clima amigable, bien lejos de lo que fue la “puesta en escena” del kirchnerismo; el Gobierno puso a disposición de los inversores privados la estructura para que hundan capitales en el país. Sin duda, es mucho más y mucho más serio de lo que hizo el kirchnerismo en 12 años, el duhaldismo en 2 años y el delarruismo en otros 2. Sin embargo, parece no alcanzar para eliminar temores que todo esto sea pasajero, un simple transición entre dos populismos. Y es en eso que deberá trabajar el Gobierno. La confianza en la Casa Rosada es grande, dado que hubo otras noticias para celebra. El INdEC confirmó la baja de la inflación núcleo, en parte, por la anulación del aumento de tarifas (es una corrección contable); pero además, por baja real de los precios (efecto recesión). Sin embargo, cuando vuelvan a subir las tarifas, en Octubre y Noviembre, parte de la merma obtenida se retrotraerá. Por eso, es una celebración con límites. Ya es acuerdo general entre los economistas que el Gobierno va a ver la reactivación de la economía antes de las elecciones del año que viene. Con lo cual, se abren 2 cuestiones: ¿la reactivación se convertirá en crecimiento o en rebote? y ¿puede ganar las elecciones legislativas del año que viene “Cambiemos” como para asegurarle a los inversores extranjeros continuidad de las reglas? Desde hace un par de semanas, el Gobierno comenzó a diseñar su estrategia electoral para el año que viene. En la “Mesa Chica” (otra más) están presentes el Jefe de Gabinete, Marcos Peña; el consultor Jaime Durán Barba; el titular de la Cámara de Diputados, Emilio Monzó (que parece haber regresado a su rol de asesor político, luego de una larga charla con Mauricio Macri, motivada por lo rumores de que había sido “seducido” por el Frente Renovador); el Jefe de Gobierno porteño, Horacio Rodríguez Larreta; y la gobernadora de Buenos Aires, María Eugenia Vidal. De inmediato surgieron diferencias sobre el perfil que deben tener los candidatos. Marcos Peña y Jaime Durán Barba prefieren jóvenes, con gran trayectoria académica, alejados de la política. Por su parte, María Eugenia Vidal, Horacio Rodríguez Larreta y Emilio Monzó quieren políticos con buena imagen, no importa su origen, que aseguren votos y el control de las urnas, es decir, liderazgos territoriales claros, aunque sean peronistas. Por ahora, no hay definiciones, aunque Mauricio Macri exigió al grupo que trabajen unidos y con una única meta: un gran éxito electoral. La confianza del Gobierno se centra en la atomización del panperonismo. Cada semana, se van formando sucesivas agrupaciones, en especial, en la Provincia de Buenos Aires. El massismo espera que muchos de ellos terminen por sumarse al Frente Renovador, mientras que algunos en el peronismo quieren tratar a Sergio Massa como uno más de los candidatos, ignorando su propia realidad electoral y política. En el panperonismo confían que el PRO saldrá 2do. o 3ro. en Buenos Aires, Córdoba y Mendoza, 4to. en Santa Fe y con posiciones pobres en el resto de las provincias. Por su parte, en la Casa Rosada creen que si el panperonismo va dividido, pueda salir 1ro. en Buenos Aires; confía en la división entre socialista y radicales en Santa Fe y creen que el delasotismo no sacará demasiada diferencia en Córdoba. Pero, más allá de las especulaciones que se hagan con encuestas, mapas y estimaciones, la realidad es que ningún oficialismo gana las elecciones si la economía está en recesión. Por eso la necesidad de bajar la inflación, generar empleo y aumentar el consumo para obtener un buen resultado. Si es así, ¿por qué el proyecto de Ley de Presupuesto 2017 calcula que los sueldos subirán sólo 17% el año que viene? Sin darse cuenta, el propio estilo del PRO está colocando un “cepo” a las posibilidades electorales y políticas para las elecciones del año próximo. Y, en ese sentido, en el “Foro de Inversiones y Negocios”, el Gobierno perdió una excelente oportunidad para colocar frente a los inversores a aliados y ciertos opositores. Hubiese sido todo un desafío ver a Sergio Massa, Margarita Stolbizer o Ricardo Alfonsín en el Centro Cultual Néstor Kirchner y detectar si les interesa más la Argentina que llegar al poder. El kirchnerismo aseguró 12 años en el poder gracias a la incapacidad que tuvo la oposición para articularse y unirse y a que los mayores errores políticos los cometieron cuando más confiados se sentían. Una excelente lección para el PRO, que no debe cree que lo visto en la “Ballena Azul” son los problemas reales que deberán enfrentas para ganar el año que viene.