sábado, 17 de septiembre de 2016

RUTA DE LA SEDA

GEOPOLÍTICA CHINA China 2016 (2): Una Ruta de la Seda que pasa por Irán y Rusia Si bien China se sabe vulnerable también está decidida a consolidar sus logros. El ejemplo es el conjunto de proyectos de infraestructuras en Asia que ha iniciado, pese al menosprecio de USA y que ha llamado la atención de quienes le aconsejan a la Casa Blanca cambiar su enfoque cuanto antes, algo que dificilmente suceda pero que es interesante evaluarlo. Visita de Xi Jinping a Irán: Grandes planes tiene China para los chiíes de Teherán, y eso provoca inquietud en el Golfo Pérsico, en especial Arabia Saudita. Cada día, los operadores financieros y bursátiles miran el Shanghai Index, índice de referencia de la bolsa china, intentando entrever si todo sigue estable o si hay otro crash chino a la vuelta de la esquina. > Un dato que no es menor: cada vez que USA planifica una subida de tipos de interés, los mercados chinos sufren fuertes sacudidas. Ya ocurrió en agosto 2015 y en enero 2016. El Banco Popular de China (BPC) sigue empecinado en mantener un tipo de cambio estable respecto al dólar, por lo que se ve obligado a intervenir en el mercado de divisas vendiendo dólares y comprando yuanes. Este tipo de intervención, habitual en los países que tienen un tipo de cambio fijo, puede producir ciertas restricciones de liquidez. El BPC está 'sacando' del mercado yuanes con estas operaciones, lo que en definitiva influye en la tasa de interés interbancario en yuanes, creando ciertas estrecheces que a su vez influyen en la cotización de las acciones. "Quieren que el yuan se mantenga relativamente estable porque está entrando en la cesta de divisas que contemplan losd Derechos Especiales de Giro del FMI y no quieren que se deprecie significativamente antes de que esta situación se estabilice", señala a la agencia Bloomberg, Hao Hong, ejecutivo instalado en Hong Kong. > Hay cierto temor en China. El Banco Popular de China podría verse obligado a implementar una política monetaria expansiva si quiere mantener la estabilidad del yuan. Esta descripción acerca de la economía le concede a China una vulnerabilidad que discrepa con otras visiones que se tienen de China. Es el caso de un ensayo que publicó Gal Luft en la revista Foreign Policy y que plantea, más allá de una visión idílica e imposible sobre una colaboración armónica entre China y USA, el enfoque geopolítico que tiene Beijing en su intento de constuir una nueva Ruta de la Seda. Ambición enorme En los últimos 3.000 años, China hizo 3 intentos para proyectar su poder económico hacia el oeste: ** en el siglo 2 a.C., durante la dinastía Han, cuando los gobernantes imperiales chinos desarrollaron la antigua Ruta de la Seda para comercializar con los residentes en Asia Central y el Mediterráneo, pero en el siglo 15 d.C., la caída del imperio mongol y el auge del comercio marítimo europeo dejó obsoleta esa ruta; y ** las expediciones marítimas del almirante Zheng He conectaron a la dinastía Ming con los estados litorales del océano Índico. Pero los gobernantes de China retiraron la flota de Zheng poco menos de 3 décadas después de que partiera, y por el resto de su historia imperial, dedicando la mayor parte de su atención a los vecinos del este y sur de China. ** Hoy en día, la República Popular está tomando su 3er. giro al oeste; y es el plan más ambicioso hasta ahora. En 2013, Beijing exhibió un plan para conectar a docenas de economías a través de Eurasia y el Este de África a través de una serie de inversiones de infraestructura conocidas como "el Cinturón” y “el Camino a la Iniciativa”. El objetivo, según los funcionarios chinos, es llevar prosperidad a los muchos países en desarrollo de Asia que carecen de la capacidad de atravesar grandes proyectos de infraestructura por su cuenta al conectarlos a través de una red de aeropuertos, puertos de aguas de grandes profundidades, conexiones de fibra óptica, autopistas, vías de trenes y cañerías de gas y combustible. El objetivo no declarado es igual de ambicioso: salvar a China de un declive económico que su lenta tasa de crecimiento y su alto nivel de deuda parece provocar. La iniciativa de infraestructura, los líderes chinos creen, pueden crear nuevos mercados para la economía china y al mismo tiempo proveer un estímulo a los bancos que luchan con dificultad y a las empresas estatales cuyos disgustados jefes podrían de otra forma pueden dificultar el liderazgo del actual partido comunista chino. (N. de la R.: Faltaría agregar algo que no es menos importante: la política de Estado de lograr que la moneda nacional resulte reconocida como unidad de reserva, ingresando a la canasta selecta que integran el dólar estadounidense, el yen japonés, el euro europeo y el franco suizo. Los países beneficiarios de la infraestructura china incorporaron, tal como ya lo hizo la Argentina, el renminbi (mal llamado "yuan") a sus reservas internacionales.) La estabilidad También llamado "Cinturón" o "Camino", se trata de un proyecto masivo que dará forma al futuro de Eurasia. Se extenderá desde el Océano Pacífico hasta el corazón de Europa, estimulará más de US$ 4 billones en inversión en las siguientes 3 décadas, y atraerá a países que dan cuenta del 70% de las reservas de energía del mundo. Hasta ahora, sin embargo, USA ha intentado -sin éxito- socavar la iniciativa y/o 'ningunearla'. Es el curso equivocado. Washington DC debería respaldarla en muchos aspectos en los que el proyecto chino ya avanzó sobre los intereses de USA y oponerse en los que no lo logró. USA no tiene que escoger entre asegurar su posición global y apoyar el crecimiento económico de Asia: respaldando selectivamente la iniciativa puede ayudar a conseguir ambos objetivos. El proyecto chino se trata de: ** Una serie de corredores económicos de despliegue terrestre, a los cuales China se refiere colectivamente como "el Cinturón Económico del Camino de la Seda", que atravesará el sur del Mar de China, el Océano Índico y el Mar Mediterráneo. ** El 1ro. de estos corredores conectará el noreste de China con las grandes reservas de energía en Mongolia y Siberia a través de conexiones ferroviarias modernas. ** El 2do., el corredor económico China-Pakistán, unirá la región occidental China con el puerto de aguas profundas pakistaní Gwadar, en el Mar Arábigo. Beijing abrirá las provincias del sureste de China al Índico invirtiendo en trenes, autopistas, puertos, cañerías y canales en India y Bangladesh bajando a los centros de Polonia, Alemania y Holanda a través de Asia Central, Irán y Turquía. ** El otro, "Puente de Tierra de Nueva Eurasia", conectará a China con Europa a través de Rusia. ** Finalmente, Beijing está desarrollando un corredor que conectará los puertos de Djibouti (donde China construye una base naval), Kenia, Tanzania, y Mozambique hasta el Mar Rojo, el este del Mediterráneo, y el centro y sureste de Europa. Aunque Beijing no ha identificado públicamente ese corredor como parte de su proyecto, ha tomado acciones tales como la compra de una participación en el control del puerto griego de Pireaus y anunció un plan para respaldar un tren de alta velocidad que conecte desde Siberia hasta Hungría y Alemania. Hasta ahora, las firmas de construcción e ingeniería estatales chinas han tomado la mayoría de los proyectos necesarios. Respaldados por los grandes bolsillos y la influencia política del gobierno de China, estos gigantes corporativos son difíciles de superar. Esto seguirá siendo así en el futuro previsible. Mientras que, para el financiamiento, China ha desarrollado unas instituciones dedicadas a respaldar el proyecto. El Banco de Inversiones de Infraestructura de Asia, el cual abrió sus puertas en enero, es tal vez el más conocido de estos. Junto a la Fundación del Camino de la Seda, un fondo gubernamental chino concentrado en el proyecto y el nuevo Banco de Desarrollo del BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica), el AIIB (Asian Infrastructure Investment Bank) le prestará casi US$ 200.000 millones para proyectos de infraestructura en la siguiente década. Lo más importante, China ha re instrumentado su política exterior para servir a la iniciativa en marcha. China le dio la bienvenida a India y Pakistán a la Organización de Cooperación de Shanghái, un bloque regional; probablemente está intentando que Irán se asocie también. En Europa, China ha mejorado sus relaciones con la República Checa, transformando a Praga en el centro de los proyectos en el continente. Durante una visita estatal en marzo, el presidente chino Xi Jinping anunció proyectos de inversión y negocios por un valor de US$ 4.000 millones con los checos. Impulsado por la creencia de que el éxito depende de la estabilidad del Medio Oeste, China ejecutó un acercamiento activista en la región que se diferencia fuertemente con la histórica resistencia de involucrarse en ese lugar. En enero, Xi se volvió el primer líder de la región en visitar Irán después del levantamiento de las sanciones internacionales a este país; en el mismo viaje, él se encontró con los líderes de Egipto y Arabia Saudita. China también ha tratado de mediar con las facciones enfrentadas en la guerra civil en Siria; ha apoyado los esfuerzos de Arabia Saudita para derrotar a los rebeldes en Yemen; y en diciembre de 2015 aprobó la ley que le permite al Ejército Popular de Liberación participar en las misiones antiterrorismo en el extranjero. El desaire de Washington El proyecto guiará el previsible futuro de la economía y política extranjera china. Sin embargo, muchos observadores de China en USA han minimizado la importancia de la iniciativa, sugiriendo que es una maniobra para encuadrar a China como una superpotencia benevolente, un proyecto vanidoso que intenta asegurar el legado de Xi, o un inmanejable enredo con algunas iniciativas de desarrollo del pasado, que de todos modos fracasará en la ejecución. En ningún lugar esta apreciación es más evidente que en Washington DC. El Congreso no ha mantenido ni una audiencia dedicada acerca del proyecto chino, tampoco la comisión especial que creó el propio Congreso en el año 2000 para monitorear el comercio bilateral y los temas de seguridad con China. En las reuniones 2015 y 2016 del Diálogo Estratégico y Económico USA-China -la cumbre anual de nivel más alto entre ambos países-, los funcionarios detallaron más de 100 áreas de potencial cooperación sin mencionar ni una sola vez el proyecto que desarrolla China. En sus declaraciones públicas, los funcionarios de USA tienden a referirse a la iniciativa en términos vagos. Washington DC no solo se ha negado a reconocer la importancia del proyecto sino que intentó destruirlo cuando se opuso a la creación del AIIB. Este acercamiento agresivo-pasivo es errado: ** le permite a China dar forma al futuro económico político de Eurasia sin la participación de USA; ** niega la oportunidad a inversionistas estadounidenses de enriquecerse con la participación en grandes proyectos de infraestructura; y ** en la medida que busca debilitar la iniciativa, puede sofocar una herramienta muy necesaria para el crecimiento de economías en desarrollo de Asia, y de economías varadas en Europa. Tal como muestran los fracasados intentos de USA de prevenir que sus aliados se unan al AIIB, resistirse a las iniciativas regionales de China ubica a Washington DC en una posición incómoda frente a algunos de sus aliados más cercanos, muchos de ños cuales ven a la iniciativa china como una herramienta útil para la economía global que pasa por días de una moral baja. Los funcionarios de USA también deberían recordar la historia: los proyectos de infraestructura transnacional generalmente han provocado hostilidad entre las grandes potencias cuando no se manejan en forma de cooperación, tal como los grandiosos proyectos ferroviarios entre Francia, Alemania y el Reino Unido, el cual fue el origen de la 1ra. Guerra Mundial. El “rebalanceo” o “puesta en eje” de Asia que el presidente Barak Obama inició en 2011 probó ser hueco. Sin embargo, ha reforzado el sentido de China de acoso de parte de USA y sus aliados. Esas acciones bloquearon muchas de las ambiciones de China en el Pacifico, llevando a Beijing a buscar oportunidades estratégicas en el Este. Además, al oponerse a los reclamos de China para una mayor participación en el Fondo Monetario Internacional en la primera década del siglo 21, USA empujó a Beijing a convertirse en un prestamista multilateral por su propia cuenta. Y al respaldar restricciones del Banco Mundial en proyectos que violaban los estándares ambientales estadounidenses -en 2013, USA respaldó la prohibición de financiamiento para la mayoría de los generadores a carbón- se le terminó dando espacio a Beijing para desarrollar instituciones alterativas que podría encontrar clientes entre sus vecinos menos escrupulosos. Incluso la insostenible deuda federal de estadounidense tuvo que ver con estos proyectos chinos porque en los años siguientes a la crisis financiera de 2008, el rendimiento de los bonos del Tesoro estadounidense se desplomó, obligando a China, el gran prestamista a USA, a redirigir sus masivos ahorros hacia la infraestructura. Respaldando el gran agujero En el transcurso de los siguientes 4 años, los países asiáticos necesitarán alrededor de US$ 800.000 millones anuales para construir transporte, energía y redes de comunicación necesarias para cumplir sus objetivos. Las inversiones provistas por los bancos de desarrollo llegan a menos del 10% necesario; e incluso si el AIIB y los otros esquemas financieros chinos cumplen su promesa, se quedarán cortos de dinero. USA no debe permitir que sus preocupaciones sobre la rivalidad con grandes potencias lo distraigan de los desafíos de la prosperidad global. En especial, Washington DC no debe reducir sus relaciones con países asiáticos en los cuales China planifica concretar sus proyectos de infraestructura. Este curso le dará a países como Kazajstán, Myanmar y Sri Lanka un extraordinario poder, creando nuevos puntos de tensión entre Washington DC y Beijing. Washington DC debería acercarse al proyecto chino con mente abierta. Los funcionarios estadounidenses deben reconocer la iniciativa de China y el potencial de los beneficios que ofrece, apuntando a que Beijing lidere el esfuerzo en forma transparente y asegure que trabajará con las agencias internacionales de desarrollo en lugar de limitarse a los organismos de China. Ambos países deberían encontrar un foro bilateral. El Diálogo Estratégico-Económico es apenas una opción para discutir una agenda bilateral de desarrollo económico e idear un rol que le permita a USA ejercer su fortaleza. Los contratistas de la Defensa estadounidenses, por ejemplo, pueden proveer seguridad física y servicios de ciberseguridad a los proyectos chinos, y el ejército de USA puede ayudar a asegurar algunas de las regiones más volátiles donde Washington DC ya tiene fuerzas militares, tales como el Cuerno de África. Eso le ahorraría a China la necesidad de incrementar su presencia militar marítima y aumentaría la legitimidad de las fuerzas de USA que trabajan en esa área. USA deben reasegurar a algunos de sus aliados, particularmente aquellos en el sureste de Asia, donde la ansiedad sobre la ascendencia china corre profundamente, que el despliegue es principalmente una fuerza para el desarrollo económico en lugar de un mero expansionismo chino. Y los funcionarios de USA deben buscar un rol para Washington DC en el AIIB, ya sea como miembro del banco o como un observador. Juntos, China y USA son responsables por la mitad del crecimiento económico mundial. En una época en la cual la economía mundial se está enfrentando a un potencial estancamiento prolongado, Beijing y Washington DC estarían mejor armonizando sus agendas de desarrollo en vez de pisarse uno a otro. Sin embargo, USA no debería darle a China un apoyo ciego, ya que al hacer eso lo pondría en un serio riesgo. Primero, alimentaria el miedo ruso a una coalición China-USA, desatando paranoia en el Kremlin, donde ya hay mucha preocupación sobre el avance de China en ex estados soviéticos, y Moscú podría lanzar su respuesta. India resulta un desafío similar. Al igual que Rusia, India es consciente de las motivaciones chinas; específicamente, Nueva Delhi está preocupada por los compromisos que Beijing hizo con Pakistán y por la creciente presencia china en el Índico, en Bangladesh, Maldivas y Sri Lanka. Cualquier percepción de que China y USA están tratando de cambiar el statu-quo de la región puede alimentar la ansiedad de Nueva Delhi y acelerar la carrera armamentista entre India y China. En ambos casos, Washington D debe andar con cuidado, haciendo todo lo posible para evitar crear una apariencia de colaboración no deseada entre China y USA. Y para el Medio Oriente, los estados del Golfo Pérsico entraran en fricción ante el prominente rol que proyecto chino puede darle a Irán al convertirlo en un puente entre Asia Central y Europa. Entonces, Washington debe dejar en claro que su apoyo al empuje de la infraestructura china dependerá del compromiso de Beijing para preservar el delicado balance de poder en el Golfo Pérsico, y asegurar que los proyectos que brindarán un boom económico a Irán sean equilibrados con inversiones similares para los estados del Golfo. Para asegurar que es visto como un líder en infraestructura global, Washington DC debe promover sus propios proyectos de infraestructura, tales como la iniciativa del Nuevo Camino de la Seda propuesto en 2011 por la entonces secretaria de Estado, Hillary Clinton, que iba a conectar Turkmenistán, Afganistán, Pakistán e India con caminos y cañerías.