domingo, 11 de septiembre de 2016

SARMIENTO-PARAGUAY

A PROPÓSITO DEL DÍA DEL MAESTRO Sarmiento, el gladiador: “Morituri te salutant” Conmemorando el Día del Maestro el 11/09, fecha del fallecimiento de Domingo Faustino Sarmiento, se pierde de vista la totalidad de quien fue uno de los protagonistas de la historia argentina. Tampoco se indaga el motivo de su muerte en Asunción del Paraguay. Última imagen de Domingo F. Sarmiento ya fallecido. "Sin fortuna que nunca codicié, porque era bagaje pesado para la incesante pugna, espero una buena muerte corporal, pues la que me vendrá en política es la que yo esperé... y no deseé mejor que dejar por herencia millones en mejores condiciones intelectuales, tranquilizado nuestro país, aseguradas las instituciones y surcado de vías férreas el territorio, como cubierto de vapores los ríos, para que todos participen del festín de la vida, del que yo gocé sólo a hurtadillas..." Domingo Faustino Sarmiento "Yo he vivido de la vida de Sarmiento durante los últimos diez años, porque he tenido de sus labios su pensamiento casi día por día. Si no lo hubiera venerado como el ciudadano a quien mi patria le debe la suma mayor de esfuerzo que uno de sus hijos pudo hacer por ella, lo veneraría como mi maestro, cuya palabra fortaleció mi espíritu con la prédica constante de las ideas que caracterizaban su fisonomía democrática y cuyo ejemplo imprimió a mis sentimientos la suficiente energía para no sacrificarlos sino en aras de los principios que constituyen la moral del ciudadano". Adolfo Saldías, Civilia, Buenos Aires, 1888. El Día del Maestro es una festividad que varía entre los diferentes países. Si bien la UNESCO sugiere hacerlo el 05/10, Día Mundial de los Docentes, en 1943, la 1ra. Conferencia de Ministros y Directores de Educación de las Repúblicas Americanas, celebrada en Panamá, propuso una fecha unificada para todo el continente: 11/09, en memoria del fallecimiento del estadista y educador argentino Domingo Faustino Sarmiento. Esa fecha ya la ha abandonado el resto del continente pero sigue vigente en la Argentina. Pero Sarmiento fue mucho más que un educador. Esta cuestión de la educación lo ubica en un lugar que termina minimizándolo. Circunscribir a Sarmiento como educador es parte de la mezcla de ignorancia y subestimación acerca de quién fue Sarmiento. Así lo rcuerda Natalio Botana en "Los nombres del poder": "(...) Si bien considerado el “padre de la educación” en el país, Sarmiento significó mucho más que ello. Durante su presidencia, abogó por la modernización del Ejército, incluida la formación de cuadros, mediante la fundación del Colegio Militar y la reorganización de la Escuela Naval. Consciente del problema que significaba la inmensa extensión del país, se desarrollaron durante su gestión la infraestructura ferroviaria (pasó de 573 a 1331 kilómetros de vía), la red telegráfica (que llegó a casi 5000 kilómetros) y numerosos puentes y caminos, modernización de la cual se sirvió al momento de aplacar las sublevaciones en las provincias, especialmente la liderada por el entrerriano López Jordán en los primeros años de la década de 1870. El tranvía, los puertos, el correo y la banca (incluido el Banco Nacional), también fueron parte de la herencia sarmientina que enorgullecía al apóstol laico de la educación. (...)". Última imagen de Domingo F. Sarmiento ya fallecido: Apenas nacida la fotografía, surgió la práctica de fotografiar a los familiares post mortem: la idea era guardar registro, con una última imagen de esa persona. "¿Por qué se fue a morir a Paraguay?", se preguntó hace algún tiempo Viviana Pastor en el diario Tiempo de San Juan. Daniel López Rosetti, en "Historia Clínica 2", intentó una respuesta: “En el año 1876, al paciente le restaban aún doce años de vida. Hasta ese momento y en términos generales, era un hombre físicamente saludable. Es cierto, era sordo, comenzaba a necesitar anteojos para leer, signo de miopía, calvo, feo, como él mismo lo reconocía, tenía cierto exceso de peso, mala dentadura y lucía muy avejentado. Del carácter ya hemos hablado, un cabrón egocéntrico, como lo llamaba Paul Groussac”. Luego él cuenta que Sarmiento fue siempre susceptible a complicaciones respiratorias. Además, él era fumador y no se descarta, por el aspecto físico de su tórax, la presencia de un cuadro de enfermedad pulmonar obstructiva crónica o Epoc, frecuente en fumadores. Se menciona como su médico a un tal Lloveras. Deberá recordarse que Santiago Lloveras fue un comerciante y político, militante unitario y 2 veces gobernador de la provincia de San Juan. Y Tomás Buena Ventura Lloveras Rodríguez, quien se casó con Elena María Albarracín (hija de quien fue gobernador y senador Alejandro Emilio Albarracín Porvén), fue condiscípulo de 2 prestigiosos médicos, los hermanos Finochieto. Él creó la sala de cirugía del Hospital Guillermo Rawson y otra similar en el Hospital San Roque. En 1925 fue electo diputado nacional por San Juan y luego senador provincial en 2 oportunidades. López Rosetti afirma que hacia julio de 1887, por sugerencia del doctor Lloveras, Sarmiento embarca hacia Asunción del Paraguay. El diagnóstico de un cuadro bronquial y la enfermedad cardíaca hacía que el clima más templado de Paraguay resultara médicamente recomendable. Mejora y vuelve a Buenos Aires, pero “su estado clínico no era bueno: falta de aire al caminar rápido o realizar mucho movimiento, tos, palpitaciones por la taquicardia, tobillos y piernas hinchadas por el edema de origen cardíaco y cansancio fácil. Así las cosas, en busca de un clima más propicio para su deteriorada salud y con el proyecto personal de construir su casa isotérmica de avanzada, embarca nuevamente al Paraguay el 28 de mayo de 1887. Lo acompañaron su hija Faustina y su nieta María Luisa, quienes lo cuidaban con esmero (...)". "Su nieto, Julio, también lo acompañó en este viaje. Al despedirse de Buenos Aires, le dice a su nieto Augusto: “No paso de este año... hijo, me voy a morir” (...), y agrega una declaración que habla nuevamente de su personalidad: “¡Ah! Si me hicieran Presidente! ¡Les daría el chasco de vivir diez años más!” Al alejarse del puerto se le escuchó decir “Morituri te salutant” (los que van a morir te saludan), el saludo de los gladiadores romanos antes del combate final. Sarmiento, en una condición clínica ya muy deteriorada, emprendía el viaje del cual ya no regresaría”. (...)". Luego cuenta que ya en agosto, la palidez del paciente “impresionaba”. Los doctores Andreuzzi y Hassler atendieron al paciente. “El diagnóstico no era bueno; todos sabían de la gravedad del cuadro clínico. El 10 de septiembre la situación era aún peor. No había esperanza, la situación era crítica y terminal. El Dr. Andreuzzi lo describió así: “Igual que ayer: resiste gracias a su espíritu”. El paciente, agitado por la falta de aire, descansará en su sillón de lectura. Leía. Sabía que iba a morir y eligió un libro para que lo acompañara en los últimos minutos. Tal vez buscando una respuesta, Filosofía sintética, de Spencer. ¿Habría sido casual la elección de ese autor? Seguramente no. Spencer fue un psicólogo, sociólogo, naturalista y filósofo inglés. Fue autodidacta, sin educación formal, como Sarmiento. Agnóstico como el paciente. Posiblemente existía en el paciente alguna identificación personal con los postulados de Spencer”. En su libro López Rosetti asegura que Sarmiento no quiso la asistencia religiosa en sus últimas horas y prefirió la lectura de Herbert Spencer. “Se encontraba en su cama, con respiración dificultosa. El corazón bombeaba poca sangre y la presión arterial era muy baja. Así, la circulación sanguínea en los miembros era mínima y sentía frío en manos y pies. Sus pies estaban fríos y así lo sentía. Sarmiento describe esta frialdad en los pies de modo médicamente correcto, comparándolo con el frío del metal, pero no de un metal cualquier; elige el bronce. Sarmiento dice en sus últimos momentos: “Siento que el frío del bronce me invade los pies”. A las 2:15 de la madrugada del 11 de septiembre de 1888 deja de existir el paciente. Muere Juan Domingo Faustino Sarmiento, el maestro”. Luego de colocar su cuerpo en su sillón de lectura, como gustaba estar, estudiando, leyendo, escribiendo, Manuel San Martín le sacó una foto histórica en esa posición. Los doctores Candelon, Andreuzzi y Hassler embalsamaron el cuerpo. Como había sido su voluntad, el cuerpo fue trasladado cubierto por las banderas de Argentina, Chile, Uruguay y Paraguay."