lunes, 12 de septiembre de 2016

PLATOS ROTOS

El precio de los platos rotos Por Luis Domenianni Acierta el presidente Macri cuando señala al narcotráfico como un enemigo a combatir. No obstante, algunos de sus funcionarios toman el tema a la ligera como si se tratara de algo cuasi banal que bien puede dilucidarse en una interna partidaria. El episodio de los barriles de efedrina depositados en Ezeiza desde hace varios años trajo como consecuencia el desconcierto, en lugar de la felicidad por el éxito. Pasó a decimotercero plano la averiguación sobre el origen de esa importación a gran escala de un componente básico para la elaboración de cocaína. No se sabe quién realizó el envío. No se conoce quién era el destinatario. Todo el mundo no puede sino desconfiar sobre el procedimiento de destruir los barriles y su contenido, conocido por su publicación en el Boletín Oficial, como rezago de aduana. Un procedimiento que se utiliza luego de un lustro cuando una mercadería que arribó al país no es reclamada, ni retirada por nadie. Obviamente, se trató de una "importación" llevada a cabo cuando Aníbal Fernández era jefe de Gabinete de Ministros de Cristina Kirchner y cuando la Aduana estaba a cargo de Ricardo Echegaray, titular de la AFIP. Pero, el Gobierno se encargó de pasar todo a un segundo plano con la disputa pública entre el suspendido funcionario a cargo de la Aduana, Juan José Gómez Centurión, y la ministra de Seguridad, Patricia Bullrich. Como se sabe, Gómez Centurión está separado del cargo mientras se comprueba la veracidad o no de una grabación, cortada y editada, que Bullrich acercó a la justicia. El presidente Macri lo avala, aunque lo suspendió preventivamente el tiempo que el juez de la causa tarde en pronunciarse si existe o no mérito para dar crédito a la "prueba". Obvio que la actitud de Macri contrasta con la de Cristina Fernández que defendía a capa y espada a sus funcionarios. No hace falta ser adivino para atribuir esas cerradas defensas no a la solidaridad, sino a la complicidad en la comisión de delitos de todo tipo. Como sea, la "ejemplaridad" que pretende hacer ver Macri, lo condujo a este tipo de disputas a las que debe poner coto so pena de debilitar, desde adentro, a su propio gobierno. Desde el principio de la actual administración, pudo comprobarse que el Presidente prefiere no contar con súper ministros al estilo de Domingo Cavallo. De allí la puesta en práctica de la división de las áreas con responsables que deben convivir aunque no estén plenamente de acuerdo entre ellos. Pero, cuando los desacuerdos o los intercambios de opiniones pasan a la categoría de las disputas públicas, con acusaciones cruzadas, la cosa adquiere un matiz diferente. Entre la Agencia Federal de Inteligencia, el Ministerio de Seguridad, y la Dirección de la Aduana parece haber intereses no declarados que, en caso de comprobarse, en mucho afectarían la imagen de un gobierno que pretende recuperar la honestidad para el manejo de la cosa pública. No es menor destruir un cargamento de efedrina ya que junto con él es destruido el expediente por el cual se canalizó administrativamente la importación, con nombres y apellidos de causantes, destinatarios y funcionarios intervinientes. Si todos son inocentes, alguien debería pagar el precio político por el escándalo. Y, por supuesto, todo lo referente a ese "tráfico" debe ser conocido. Corrupción Sin dudas, el caso de los tambores de efedrina se ubica dentro del contexto de quien gobernó el país durante los doce años anteriores. A diario, nuevas revelaciones indican hasta qué punto el delito organizado penetró en la Argentina. El secuestro de más de 241 vehículos –la mayoría de ellos de los denominados de "alta gama"- en Mar del Plata, todos ellos adquiridos con el lavado de dinero proveniente del narcotráfico, demuestra el grado de impunidad y complicidad alcanzado. Cierto, el rastreo de estos narcotraficantes, cuyo supuesto jefe "escapó", comenzó con dos operativos en 2013 y en 2015. Pero el secuestro de 241 vehículos deja en claro que, hasta la fecha, los narcos involucrados actuaban con impunidad asegurada. De más está decir que ningún perseguido adquiere flotas de automotores. ¿Y los registros de propiedad automotor? Bien, gracias. Se olvidaron de informar sobre la compra de 241 vehículos a la Unidad de Investigaciones Financieras (UIF). Total, registrar 241 vehículos es una operación común. De ninguna manera sospechosa... También a diario aparecen otras revelaciones en relación con los sobreprecios que los funcionarios pagaban para quedarse con los "vueltos". "Vueltos" que resultaban enormes en proporción al costo de las obras, muchas de las cuales eran pagadas en su totalidad sin estar terminadas y, a veces, ni empezadas. Esta semana, fue el turno nuevamente -y van...- de Julio De Vido que pagó 25 millones de pesos por obras en la remodelación del anfiteatro de Villa María, Córdoba, cuyo costo no superaba los 10 millones de pesos. Hay que imaginar al respecto, el circuito financiero que estos delincuentes utilizaban para primero sobrefacturar. Luego cuando el sobreprecio era recibido por la empresa adjudicataria, debía pasar a ser dinero "negro" para poder ser recibido por los funcionarios coimeros quienes luego lo blanqueaban en parte para adquirir o construir propiedades. Son muchos los millones de dólares estafados al Estado argentino. Son muchos los millones de dólares recaudados ilegalmente como consecuencia del narcotráfico. Los unos con De Vido a la cabeza. Los otros, con Aníbal Fernández. En la cima, Cristina Kirchner. Por debajo, los "perejiles" bien pagados: Amado Boudou, José López, Hebe de Bonafini, Ricardo Jaime, entre otros. ¿Cómo no van a querer voltear al gobierno? No solo se juegan la libertad, también se juegan buena parte de las fortunas mal habidas. O porque se los expropia, si ocurre no existen antecedentes. O porque van a parar a los estudios jurídicos para la defensa en los juicios. De allí las amenazas -esta semana fue víctima el gobernador de Jujuy, Gerardo Morales-, los cortes de tránsito simultáneos en Buenos Aires y las arengas golpistas de Hebe de Bonafini. El Gobierno debe tomar cartas en el asunto, aún a riesgo de la victimización de los K. Total, se victimizan igual. Y debe tomar cartas en el asunto porque corre el riesgo de perder apoyos. El ciudadano común está cansado de los cortes de calles y de rutas por parte de puñados de personas. Más cansados aún cuando comprueban que el famoso "protocolo" de Patricia Bullrich no se aplica. Pero además, porque la inacción del Gobierno envalentona a quienes pretenden conservar sus privilegios por más insignificantes que, a veces, resulten. Sindicalismo Siempre resulta difícil la convivencia de un gobierno no peronista -aun cuando no son pocos los peronistas que lo integran- con las distintas variantes del peronismo que siempre existen para todos los gustos. Así, llegamos nuevamente a la etapa de preparación de un eventual paro general a cuyo llamado -en el lenguaje corporativo al "llamado" se lo conoce como "decreto"- convocarían la unificada CGT, las dos CTA y algunas agrupaciones llamadas "sociales". Nadie discute el derecho a la huelga, consagrado en la Constitución Nacional por el artículo 14 bis, sancionado en la reforma de 1957. Solo que una huelga general es siempre, por definición, una huelga política. Y una huelga política es un desafío al Gobierno y no una defensa de los intereses de los trabajadores. Es cierto que la situación social sufrió un deterioro. Tan cierto como inevitable. Nadie puede siquiera imaginar que doce años de rapiña, de corrupción, de no pagar deudas, de disparates económicos como el cepo o el atraso cambiario, de pérdida de mercados, de desconfianza en el mundo, de agotamiento de la energía no renovable, de falta de inversiones, de mentiras estadísticas, de infraestructura deteriorada, de facilismo educativo, quedarán solucionados de la noche a la mañana, sin que nadie pague los platos rotos. Los platos rotos los pagamos todos. Y los pagamos doblemente aquellos que no votamos y no nos beneficiamos de la corrupción. Los que ahora llaman al "pre" paro general son aquellos que los votaron, los apoyaron y se beneficiaron durante todo o la mayor parte del reinado de los Kirchner. El sindicalismo parece no aprender las lecciones de la historia. Volteó con su plan de lucha al gran gobierno de Arturo Illia. Hizo 14 paros generales contra Raúl Alfonsín. Y ahora insiste con sus métodos. Política Junto al sindicalismo, otro que no parece aprender las lecciones de la historia es el propio Sergio Massa. O, en todo caso, pese a intentar diferenciarse, copia las recetas que en algún momento lo hicieron funcionario del anterior gobierno, régimen en el que transitó durante ocho años. Es que ahora a Massa se le ocurrió intentar frenar las importaciones durante cuatro meses, a través de una eventual ley del Congreso. Populismo puro. Dicen sus economistas que la importación de bienes de consumo -incluidos algunos productos primarios- demuestra que algo funciona mal. La obviedad, que como siempre en la Argentina nadie quiere reconocer, es que gran parte de la industria es ineficiente, que los industriales y los sindicatos solo se preocupan por conseguir que el Estado ponga trabas a la importación en lugar de mejorar la productividad para producir más barato. Y no se trata de ir a una economía como la china a la que muchos sindican como producto de una mano de obra mal remunerada. Alemania cuenta con salarios muy altos y es el país más exportador per cápita de Europa. Se trata de eficiencia, de normas que no encarezcan sino que fomenten la producción, de empresarios que inviertan en innovación, de sindicatos que logren mejoras pero no a costa de la productividad. Ya es hora que los argentinos asuman la mayoría de edad. Que dejen de pretender mamar de la "teta" de mamá Estado. Un eventual candidato a presidente no debe recurrir a recetas del pasado que fracasaron en todo el mundo y que acaban de fracasar en la Argentina. Menos aún debe hacerlo cuando el actual Presidente intenta atraer capitales en medio de una reunión del Grupo de los 20. Cortar importaciones no solo genera desconfianza en el mundo sino que, además, constituye una contradicción con las propias demandas de la Argentina en los foros internacionales, cuando condena el proteccionismo agrícola de la Unión Europea. ¿Qué opinará Margarita Stolbizer sobre las "recetas" de Sergio Massa? Economía Algunos dicen que el fallo de la Corte Suprema de Justicia salvó "las papas" del Gobierno en materia de tarifas eléctricas. Otros señalan que solamente ganó tiempo. Como sea, el Gobierno debe emprolijar un tema sobre el que hizo agua y que posibilitó un renacimiento opositor en las calles. Si bien la calma, de momento, reina sobre la materia, lejos se está de cantar victoria. Las audiencias públicas deben llevarse a cabo y la política energética, tarifas incluidas, no quedó clarificada. En todo caso, es comprobable una desaceleración pronunciada del ritmo de crecimiento de los precios, apoyada además en la suspensión momentánea del aumento de las tarifas. Dicen algunos economistas que, cuando el futuro cuadro tarifario entre en aplicación, la inflación crecerá, por dicho motivo, en un punto. No parece tanto, si nos guiamos por los guarismos del año. Como sea, el crecimiento de los precios registrado en agosto fue casi nulo, alrededor de medio punto. Están, claro, quienes se apuran a señalar que, en buena medida, el sustancialmente menor ritmo de crecimiento se debe a la recesión. Y así es. Solo que resulta inimaginable que alguien haya pensado en detener la inflación con pleno consumo. Más aún cuando se trató de un consumo en gran medida subsidiado. En todo caso, flota la pregunta sobre aquello que el Gobierno decide comunicar. Aclaro, no sobre el aparato de comunicación del gobierno. Ese mensaje de optimismo que vuelve a repetirse basado en un voluntarismo se parece en demasía a una subestimación del ciudadano. Durante un semestre, se habló del segundo semestre. Y ahora, en el transcurso del segundo semestre, se habla del año próximo. Más vale, prudencia. Que el plan de obras públicas se ejecute. Que los capitales vengan, sin dejar de reconocer que algunos ya vinieron. Que el blanqueo resulte exitoso. Que se recurra al crédito externo sin generar un endeudamiento inmanejable. Importa el resultado, pero importa el buen camino. El relato fue de otra época y así nos fue.