martes, 11 de octubre de 2016

Y GANAMOS

Ganamos. Por Fernando Londoño Si señor: ganamos. Sin un peso en el bolsillo y contra la opulencia de los que pregonaban el SI con el presupuesto nacional a su disposición. Sin un medio de comunicación, pues que todos navegaban en la pauta publicitaria más escandalosa de todos los tiempos. Sin un Alcalde, sin un Gobernador, sin un Inspector de Policía, que todos cumplían las consignas y órdenes impartidas desde La Habana y retransmitidas desde la Casa de Nariño. Sin nada. Salvo el coraje que iluminó las conciencias y comprometió las voluntades de hombres sin coraza que ganaron la victoria, como dice nuestro Himno. Que nadie se tome la victoria que pertenece al pueblo. A esa decisión honrada, valerosa hasta el heroísmo, perfectamente sabia, que seis y medio millones de personas llevaron a las urnas para decir que no se venden ni se acobardan Fue un acto patriótico inmenso, conmovedor, glorioso. Esos seis y medio millones de votos fueron la avanzada de guerra de un triunfo más demoledor y desconcertante. Porque se dice que el rechazo al plebiscito se ganó solo por ese puñado de votos que no tuvo más remedio que reconocer la Registraduría. Ese NO se ganó con el ochenta y tres por ciento de los colombianos que no se dejaron manipular, seducir, acobardar por ese impúdico aparato de poder que lo quiso arrollar. El del Premio Nobel más lamentable de la Historia tendrá que entender que todo lo que pudo movilizar a favor de sus socios y amos de Cuba, de las FARC, del socialismo del Siglo XXI, fue un miserable 17%, que coincide con la favorabilidad que los encuestadores le marcan. No tiene más. No mueve más. No significa más. El triunfo fue el del Pueblo Soberano, que según el artículo tercero de la Constituciónes donde reside la fuente de toda legitimidad. Y fue apoteósico, contundente, inequívoco. En esa gesta para siempre memorable, el 83% de los colombianos dijo que detesta el Acuerdo Final por el que le preguntaron en el plebiscito. Porque arruina a la Nación, la envilece, la monta en una aventura comunista que rechazó siempre, la destruye moralmente. Eso fue lo que dijeron los colombianos, y valgan las repeticiones para que los corifeos de Timochenko entiendan lo que quiere decir NO. La gente del pueblo ha descubierto la patraña. Lo que se quiere esconder detrás de ese mentiroso llamado a la Paz. Y ello es que lo dejaron sin blanca, como los clásicos usaban decir. Para jugar a esa Paz inicua, de impunidades y miserias, los de la empresa populista se robaron al país entero. ¿Dónde está mi dinero, mi dinero, grita la gente que se pregunta a dónde fue a parar la bonanza petrolera, las decenas de miles de millones de dólares que despilfarró este Gobierno tramposo y ladrón? Qué se hizo con el producto de ese horrible endeudamiento que compromete irreparablemente las próximas generaciones de colombianos? Por supuesto que esos gritos se pierden en el vacío. Porque todo es por la Paz. El robo incluido. Como no hay plazo que no se cumpla, esta semana tendrá que presentar el Gobierno ante el Congreso su proyecto de Reforma Tributaria. Para el año entrante tiene un hueco fiscal de por lo menos veinticinco billones de pesos. Que sin duda atribuirá al NO que le impidió recibirlos por la falta del crecimiento económico que habría traído el SI. Hasta de eso serían capaces estos farsantes. El pueblo paga. El despilfarro infinito de este gobierno “derrochón” como lo llamó el Presidente Uribe, lo paga el pueblo dejando de comer para pagar el IVA nuevo. Las decenas de miles de empleos oficiales que creó Santos para mantener unida la Mesa, cuestan billones. El pueblo paga. La adhesión de los Gobernadores y Alcaldes a Santos y al SI, la paga el pueblo. ¿De cuánto es esa factura? La publicidad multimillonaria en los medios de comunicación, recurso infalible de todas las dictaduras, la paga el pueblo. La Paz lo merece todo. Las obras inconclusas con presupuestos que siempre fallan porque la mermelada es para robar y no para trabajar, las paga el pueblo. Las fanfarronadas anunciando la llegada de la Paz, las paga el pueblo. Y no solo paga el pueblo con impuestos. Paga al precio de una salud que se robaron, de una educación monstruosamente ineficiente, del desmantelamiento de sus Fuerzas Militares y de Policía, de la reducción de los presupuestos de inversión en el campo, en la ciencia y tecnología, en todo lo que vale la pena. El pueblo lo entendió todo y votó NO. O se abstuvo. Que fue otra manera de derrotar la impostura. Ahora viene la cascada de los impuestos nuevos. Queremos la lista detallada de los que la votarán favorablemente. Las elecciones no están lejanas. Y no hay plazo que no se cumpla