jueves, 20 de agosto de 2009

DISPARATES ORALES


OTRO TORPE DISPARATE ORAL DE LA PRESIDENTE

por Alfredo R. Weinstabl

Probablemente una de las mejores habilidades, tal vez una de las pocas, de la presidente, Cristina de Kirchner, es su capacidad de hablar ante el público, de corrido, sin necesidad de ayuda alguna, hilvanando y articulando correctamente frases y también de improvisar.
Tiene una adecuada dicción, claridad en sus palabras y buen timbre de voz. Esta innegable cualidad impresiona a aquellas personas que la escuchan por primera vez.
Pero esta virtud no alcanza para ser una buena oradora. Ser un buen orador es mucho más que hablar de corrido y sin ayudas
Según algunos especialistas para ser un buen orador se deben satisfacer básicamente tres requisitos: capacidad para comunicar, para convencer y para conmover.
Si analizamos estos aspectos vemos que el primer punto lo realiza adecuadamente, pero con efectividad diferente según al público al que se dirige. Tiene efectividad ante los niveles de población más deprimidos y relativa eficacia y con serias limitaciones, en niveles superiores. Ello se debe fundamentalmente a la actitud personal, a las formas y al lenguaje corporal que analizaremos más adelante.
En cuanto a su capacidad de conmover y convencer está fuertemente limitada por su enorme pérdida de credibilidad, causada por sus numerosas contradicciones y falacias, anuncios que no se efectivizaron y distorsiones de la realidad existente. No logra despertar emociones ni tampoco logra incidir en la sensibilidad. Sus palabras expresan mucha dureza y contundencia, que no genera simpatías emotivas y mucho menos afectivas
Algunos afirman que “no es lo qué dice” la presidenta, sino "cómo lo dice". Crispa ese léxico agresivo, con ese tono de suficiencia y arrogancia, con esa retórica remanida e insustancial y que da la impresión de subestimar totalmente a la ciudadanía.
En cuanto a las formas y al leguaje corporal mencionado en uno de los párrafos precedentes, constituye otro aspecto negativo que hace que la presidenta transmita una imagen lejana y distante que rompe el vínculo con su auditorio.
La firmeza de sus afirmaciones, su retórica la muestran como soberbia y frívola, en una postura terminante, que poco hace para lograr convencer o conmover.
En general sus modismos, sus tonos destemplados y sus gestos despectivos forman una invisible barrera que la aleja de los que la escuchan.
Pero sin duda lo más importante, es que pareciera que no hay una adecuada correlación entre sus neuronas y su boca.
Hay tantos disparates en el historial de la presidente que llevaría páginas enteras enuméralas: desde el famoso “yuyito” hasta recientemente “el censo de los ricos”.
Todo indicaría que su capacidad intelectual no condice con lo que expresa. Hay disparates tan grandes que son sencillamente incomprensibles.
¿Serán consecuencia de la improvisación y por el hecho de expresar sus discursos sin una ayuda de memoria adecuada, dejándose llevar por preconceptos o instintos viscerales?
Cuando habla se ve que disfruta de lo que dice y que se deja llevar por lo que expresa. Frecuentemente se excede y dispersa en la disertación volviendo reiteradamente a las mismos puntos.
Y obviamente disfruta también de los aplausos al final de su disertación. Pero Cristina debería pensar que en sus discursos en la Casa de Gobierno o en los diferentes lugares en que habla lo hace siempre ante gran parte de los funcionarios que la acompañan, de su “clientela”, y de la claque que es especialmente movilizada para dar un marco favorable a su actuación oral. No son aplausos verdaderos. Son aplausos interesados o de compromiso.
Los “charlatanes de feria” también se expresan claramente con excelente dicción y excelente formación gramatical. Pero lo que buscan es “engañarnos” para vender su producto, que generalmente no es bueno o de calidad.
¿Cristina, salvando la distancia y con todo respeto por su elevada investidura; es una “charlatana de feria”?
Volviendo “al censo de los ricos” que es el tema central por el cual escribo este artículo, es una afirmación claramente demagógica que busca congraciarse con los niveles más deprimidos. Pero además encierra un peligroso germen de que de introducirlo en esos niveles puede generar odios clasistas que eventualmente podría derivar en algo peor.
¿Que sentido puede tener hacer un padrón de ricos del país? Es absolutamente un concepto sin sentido. Lo que la presidente se cuidó muy bien de expresar es que el tan cacareada “distribución de la riqueza” fue solo un anuncio más y que después de casi siete años en el gobierno, este sector ha crecido y que el sector más deprimido también se ha ampliado. Hay un 40% de pobres. Muchísimo, pero muchísimo más, que en la tan denostada década del 90.
También evitó de expresar que su patrimonio ha crecido en una forma desmesurada. De hacer un censo de quienes han incrementado más su fortuna personal, los Kirchner seguramente estarían en el primer puesto.
Otro desatino verbal fue su afirmación al “fusilamiento mediático” en una directa alusión a la casi totalidad de los medios. Pero no es un fusilamiento, es el comentario crítico a la pésima acción de gobierno. No permitir ello, es no respetar a uno de los pilares de la democracia que es precisamente la libertad de opinar e informar.
Ante este gobierno que Cristina preside, que no encuentra el rumbo, en un clima de indecencia, deshonestidad y corrupción, ante un despojo tan grande a las arcas públicas, un pisoteo tan devastador a las instituciones de la república y un cada vez más irritado humor social, la presidente no debería esperar elogios y en cambio agradecer vivir en esta época donde únicamente recibe críticas.
De vivir en el siglo XV sería quemada en una hoguera como Juana de Arco. De hacerlo en el siglo XIX seguramente hubiera sido llevada a la horca o a la guillotina. Hoy, afortunadamente, solo recibe críticas de los medios.


Dr. ALFREDO RAÚL WEINSTABL
alfredo@weinstabl.com.ar

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