viernes, 7 de agosto de 2009

MENTE EMBRUTECIDA


Solo una mente embrutecidala de ANIBAL FERNANDEZ (a) ROSITA.-
Por Carlos Berro Madero
www.notiar.com.ar


“En su lucha contra la estupidez, los justos y pacíficos acaban volviéndose brutales. Tal vez sea éste el mejor camino para lo que tratan de defenderse, pues el argumento que mejor cuadra a una frente estúpida es el puño cerrado”.

- Friedrich Nietsche



Posiblemente el ríspido y “creativo” Jefe de Gabinete Fernández no haya leído a Nietszche. Y por ello, no puede entender que sus exabruptos –en línea con la habitual grosería de Néstor Kirchner-, vayan cosechando poco a poco réplicas cada vez más contundentes de los integrantes de la Mesa de Enlace agropecuaria.
Probablemente porque –como sigue diciendo el filósofo con cierto ácido humor-, “quien da algo grande no encuentra gratitud, PUES QUIEN LO RECIBE TIENE QUE CARGAR CON EL PESADO FARDO DE ACEPTARLO”.

Eso es exactamente lo que ha ocurrido con el campo durante los últimos años. Su gente, apegada a la tierra sin más horizonte que una buena cosecha y viviendo la angustia de no poder controlar el clima, fue siempre generosa para arremangarse y sostener con su esfuerzo cada una de las recuperaciones que la Argentina necesitó para salir de una crisis.

¡Y cuántas han sido!

Solo una mente embrutecida puede concebir a los chacareros como el enemigo a vencer, regodeándose mientras tanto con el maligno placer de hacerles conocer una fuerza que emana de la arrogancia del pobre de espíritu.

Cuando el horizonte no tiene para el hombre una línea apacible y clara como la que dibujan las llanuras y los montes, la voluntad se vuelve inquieta en lo más profundo de sí misma. Está siempre distraída y ansiosa por el ruido adormecedor que suelen provocar las grandes ciudades, donde los conflictos reflejan la insatisfacción de no poder valorar lo que significa el silencio y la espera de las señales espontáneas de la naturaleza.

Siempre será difícil comprender que solo el tiempo corrige cualquier inclinación defectuosa, de modo tal que los ataques de cólera y despecho necesitan de él para aplacarse en su virulencia. Esto es lo que enseña el contacto con la tierra.

Kirchner, Fernández y compañía hablan para oírse a sí mismos. Los hombres de campo lo hacen para comunicar la esencia de sus quehaceres, sus penurias, las dificultades que les genera depender de lo que no siempre pueden controlar.

Solo una fuerza abnegada y dispuesta a caer derrotada de tanto en tanto por razones ajenas a su voluntad, adquiere la templanza necesaria para acometer la verdad. Su mirada penetrante ha adquirido el hábito de llegar al fondo de las cosas en el silencio de cada una de sus esperas: las del hombre que se dispone a aceptar que sus ilusiones no siempre podrán integrarse con las metas que se ha propuesto.

El ex Presidente no sabe con quién se ha metido. Cree que al hombre de campo se le pueden plantear metáforas ramplonas y mediocres que solo pueden prodigarse los hombres de las ciudades entre sí, porque no tienen ni tiempo ni ganas de esperar. El hombre del interior sabe que NADA PUEDE SER PEOR QUE LOS CICLOS CAMBIANTES DE LA NATURALEZA. Está acostumbrado a la espera, y a no deslumbrarse con las apariencias. Solo valen para él las razones que provienen de los frutos que nacen de un esfuerzo mantenido con tesón, a través de un tiempo que no domina.

El hombre de campo sabe perdonarse a sí mismo, porque comprende que es únicamente aquel el que dará razones de sus aciertos y podrá castigarlo acaso con la imprevisión de sus inclemencias, sin pedir permiso para imponérselas.

No existe duda alguna que Néstor Kirchner ha encontrado la horma de su zapato. No hay en el agricultor y el ganadero más verdad por qué luchar que aquella que está basada en las evidencias que tienen a la mano en la silenciosa labor de cada día.

Las especulaciones, son la moneda habitual consumida por el impaciente que vive chocando en la gran ciudad con la destrucción que él mismo causa. El hombre de campo no destruye. Construye y reconstruye cuantas veces sean necesarias, porque comprende y acepta que sus propósitos dependerán siempre de fuerzas indómitas y muchas veces desconocidas.

Es muy probable que esta nueva batalla que parece haber reiniciado el kirchnerismo con el sector posiblemente más noble y abnegado de la sociedad, termine en otra fulminante derrota.

Antes, o después. Tanto da.

carlosberro@arnet.com.ar

Gentileza en exclusiva para NOTIAR

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