
Demasiados críticos con la labor del Congreso
Hasta el 27 de junio del año pasado la oposición criticaba a la Casa Rosada por servirse del Congreso como una "escribanía", es decir que la mayoría automática que tenía en las bancas aprobaba proyecto tras proyecto de ley que le enviaba. Eso cambió al día siguiente cuando se conoció el resultado electoral que dejó en minoría al oficialismo en el Parlamento y la soberbia kirchnerista, que había adelantado en cuatro meses las elecciones en un intento desesperado para no perder más poder del que se imaginaba, recibió un durísimo golpe: pero golpeado no significa acabado.
De esa derrota han pasado nueve meses, el tiempo que marca la naturaleza para que haya sido alumbrada esta nueva criatura llamada conflictividad política y en donde la oposición no le da ni un centímetro de ventaja al oficialismo. Así han salido algunos libres pensadores que creen vivir en Suiza o Noruega, a quejarse del estancamiento en que se encuentran las negociaciones entre tirios y troyanos por proyectos que interesan sobremanera al oficialismo ya que son vitales para su subsistencia: hablamos de dinero, de mucho dinero, de muchísimo dinero, la exquisita amalgama que ha usado hasta el momento y piensa seguir usando para unir a empresarios, políticos, sindicalistas, piqueteros, intelectuales abiertos, economistas y defensores subsidiados de cierto tipo de derechos Humanos, en defensa de su proyecto estatista, dirigista, de control de precios, de oscuros subsidios a empresas ineficientes y de aumento de las impagables deudas internas y externas.
Es lógico que seis años de altanería oficial haya producido un envalentonamiento de los opositores que entendieron en la última elección por donde pasaba el humor social de algunos sectores que hasta tiempo atrás habían apoyado a la familia imperial. Así es la democracia. ¿Qué es lo que se pretende? La historia del Parlamento inglés mucho enseña al respecto de cómo se luchó contra el absolutismo de los reyes, por ejemplo en la jura de de Declaración de Derechos que se le arrancó a Guillermo de Orange en 1689 para limitar sus poderes y someter algunas de sus decisiones al Parlamento.
Pero el Gobierno continúa como si nada hubiese ocurrido y ha prolongado sus ataques contra diferentes corporaciones. Ha respondido en las últimas horas a diversas pronunciamientos de jueces y obispos que directa o indirectamente formularon críticas por diversas manifestaciones de uno de los dos Presidentes, presentado a través de los legisladores nacionales adictos proyectos de ley para transferir la justicia nacional ordinaria de la Ciudad de Buenos Aires, que se encuentra actualmente bajo la órbita del Poder Judicial de la Nación y del Ministerio Público de la Nación a la organización judicial de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, y de legalización del aborto. Como de costumbre: a confesión de parte, relevo de pruebas.
Y si este ejemplo no basta para advertir el corredor de arrogancia por donde se mueve el Ejecutivo pese a la derrota que sufrió en las urnas, basta con observar los diversos incumplimientos que ha tenido para con la Corte Suprema de Justicia de la Nación, algunos de los cuales, como la reposición del Procurador de la Provincia de Santa Cruz, lleva demasiados años y varias inobservancias. Ahora ha sido el tiempo del ministro de Economía que en dos días consecutivos faltó a una presentación ante la Comisión de Finanzas de la Cámara de Diputados y a una audiencia pública convocada por la Corte Suprema para discutir un reclamo iniciado por la provincia de Santa Fe por el porcentaje de la coparticipación.
Hay que prestar atención a ciertas voces interesadas en señalar que el Congreso no trabaja desde hace tres meses y que la oposición se encuentra demasiada fragmentada, mientras que al mismo tiempo la pauta oficial machaca una y otra vez que la oposición es "una máquina de impedir" o que el dinero que se frena en el Congreso impide realizar obras, crear trabajo par los argentinos o pagar la asistencia universal por hijo. En este caso importa qué dices y mucho más para quién lo dices.
Mientras la dirigencia empresarial, clerical, judicial, política y sindical, intentan unificar criterios, la gente común sigue con sus actividades de costumbre, esperando que en las últimas dos semanas del mes, de acuerdo a palabras del ministro de Economía, la carne baje de precio; que las ciudades no se inunden; que se viaje mejor en el transporte público; que la seguridad se convierta en política de Estado; que se reduzcan los impuestos en lugar de subirlos; que se explique claramente cuál es la causa que provoca inflación y dónde se puede conseguir la merluza que recomendó uno de los Presidentes a $ 12,50 el kilo y el pan del secretario de Comercio a $ 2,50 y el asado a $ 10,50.
SALINAS BOHIL



















No hay comentarios:
Publicar un comentario