martes, 1 de noviembre de 2016

PARECIERA QUE HOY

Mendoza, 1 de Noviembre de 2016 PARECIERA QUE HOY Pareciera que hoy se quiere penalizar la corrupción gubernamental. De la corrupción, que es otro de los tema tabú que existe en la Argentina (expedientes que duermen añares en los cajones de los jueces), quise saber algo más y le solicite a mi amigo el Ing. Carlos H. Gugliotta me explicara algo sobre ese tema. Y tuvo la gentileza de enviarme una compilación, donde se explaya claramente, que trato de resumir muy sintéticamente: Terminar con la corrupción no ha sido ni será una tarea fácil, pero es responsabilidad de todos crear una cultura de honestidad y transparencia en el mundo. En el año 2001 se llevó a cabo el II Foro Global de la Lucha contra la Corrupción por Salvaguardar la Integridad, en La Haya, Holanda. Y entre otras cosas se manifestó que: *la corrupción es un mal que cada vez va en aumento a pesar de los esfuerzos realizados*… *la corrupción puede ser abordada de una manera directa para el verdadero desarrollo social*. «La corrupción es un mal que aflige no sólo a los países en vías de desarrollo, sino también al mundo desarrollado», «La corrupción es neutral, no respeta a ninguna nación por grande o pequeña que sea, ni por rica o pobre que sea». La Transparencia Internacional (TI), [única organización no gubernamental a escala universal dedicada a combatir la corrupción], manifestó “que hay dos culpables: las élites políticas corruptas y los empresarios e inversionistas corruptos”. Los delitos de la corrupción son: «Atrapar a naciones enteras en la pobreza y obstaculizar el desarrollo sostenible» y «colocar el beneficio privado antes del bienestar de los ciudadanos y del desarrollo económico de sus países» La corrupción es un problema que afecta a todos, las injusticias, los engaños, los abusos de cualquier índole ya sea económico, político social van en contra de la dignidad de la persona humana que exige ser respetada. Además las injusticias que provocadas por la corrupción ponen en juego la credibilidad de un gobierno, de la autoridad política que tiene a su cargo una nación, por lo que genera la ingobernabilidad de un país y ocasiona problemas sociales como la delincuencia. (Por eso muchos gobiernos pierden elecciones y no se sabe por qué.) Pero lo más grave es que el soborno y el mal gobierno de las élites políticas le restan credibilidad a la vida democrática. El Catecismo de la Iglesia Católica dice que corrupción es «Toda forma de tomar o retener injustamente el bien ajeno… defraudar en el ejercicio del comercio, pagar salarios injustos, elevar los precios especulando con la ignorancia o la necesidad ajenas”… la corrupción mediante la cual se vicia el juicio de los que deben tomar decisiones conforme a derecho; la apropiación y el uso privados de los bienes sociales de una empresa; los trabajos mal hechos, el fraude fiscal, la falsificación de cheques y facturas, los gastos excesivos, el despilfarro… Infligir voluntariamente un daño a las propiedades privadas o públicas es contrario a la ley moral y exige reparación.» Así mismo otra forma de corrupción es el escándalo y las condiciones sociales que no contribuyen al bien común… Luego la corrupción socava la legitimidad de las instituciones públicas, atenta contra la sociedad, el orden moral y la justicia, así como contra el desarrollo integral de los pueblos. Por lo tanto proteger la integridad significa no solo atender los desórdenes políticos y económicos sino los sociales buscando el bien y la transparencia al hablar de todo tipo de temas. Por lo tanto hay que crear una conciencia pública del problema de la corrupción. «Preparar a la gente contra la corrupción es fundamental, porque el problema es que la gente común crece en un ambiente de ignorancia respecto a la corrupción, y de esta forma el poder y los corruptos fácilmente los engañan. Pero eso no lo es todo, es preciso «educar» sobre lo que no da paso a la corrupción, o sea en los valores y virtudes que hacen de un hombre un ser personal, un ser sin dobleces, un hombre transparente, de una sola pieza. Estos valores y virtudes son la honestidad, el respeto, la solidaridad, la verdad, la justicia, la benevolencia y la caridad entre otros, mismos que es preciso que formen parte de la personalidad de cada ser humano. Terminar con la corrupción no ha sido ni será una tarea fácil, pero es responsabilidad de todos, no sólo de los gobernantes, o de los medios de comunicación, aunque uno y otro son los principales educadores, que con su vida han de mostrar el camino que a sus hijos les llevará a ser personas íntegras que lucharan por un mundo más honesto, más humano, sin corrupción. Los niños necesitan de su ejemplo para aprender y darse cuenta de que a pesar de este mal que aqueja hoy al mundo, se puede ser justo, honesto y leal. No olvidemos que siempre y en todo se empieza por casa. Y con respeto a la corrupción política que es el mal uso del poder público para conseguir una ventaja ilegítima, generalmente de forma secreta y privada. El término opuesto a corrupción política es transparencia. Las formas de corrupción varían, pero las más comunes son el uso ilegítimo de información privilegiada, patrocinio, sobornos, tráfico de influencias, las extorsiones, los fraudes, la malversación, la prevaricación, el caciquismo, el compadrazgo, la cooptación, el nepotismo, la impunidad, y el despotismo. La corrupción facilita a menudo otro tipo de hechos criminales como el narcotráfico, el lavado de dinero, y la prostitución ilegal; aunque no se restringe a estos crímenes organizados, y no siempre apoya o protege otros crímenes. También se define a la corrupción como “el mal uso o el abuso del poder público para beneficio personal y privado” o el uso ilegal del oficio público para el beneficio personal", Como nosotros nunca penalizamos la corrupción gubernamental, llegamos al culmen de la corruptela el 10/Dic./15. Tal vez, ahora, ya habremos aprendido que “la corrupción es la polilla de los pueblos…” Ruben Peretti