sábado, 6 de febrero de 2010

LA DONCELLA CONTI


DIANA CONTI: NUESTRA DONCELLA DE ORLEANS

Por Julio Doello

La ventaja estratégica de los Kirchner sobre Menem es que escogieron como ángulo ideológico, para posicionarse, una centro izquierda glamourosa, lejana del peronismo real, pero que tomó fuerte la bandera de los derechos humanos, abusó demagógicamente y hasta el hartazgo con la memoria de los desaparecidos, sentó en primera fila a madres y abuelas de Plaza de Mayo y mandó juzgar por fin a los gerontes de huesos cloqueantes que torturaron y mataron a mansalva. Los Kirchner repararon el error histórico que implicó la precocidad desesperada de las leyes de obediencia debida y punto final y los indultos, promulgados por Alfonsín y por Menem, todavía temerosos de las revueltas militares que solían desalojar a los gobiernos democráticos sacando un par de tanques a la calle.

Es cierto también que han ordenado la mayor lentitud posible a la justicia en la resolución de estos temas porque, mientras la llaga permanezca abierta, el rédito político está asegurado. Pero si hay algo que reconocerles es que rompieron con todos los pactos espurios que garantizaban la impunidad de los sádicos que están convencidos de que haber violado, torturado y matado adolescentes díscolos fue un acto patriótico. No hablo aquí de los que cayeron en su ley, con la metralleta en la mano, sino de los miles de jóvenes a los cuales los condenó una agenda o haber reclamado el boleto estudiantil o haber lanzado panfletos comunistas en la universidad.

Menem no supo entender, a pesar de que fue él quien abolió la ley de servicio militar y desarmó definitivamente a la corporación que constituía las fuerzas armadas, que no podía haber un borrón y cuenta nueva para las atrocidades del Proceso. Se interesó por los negocios e instrumentó una alianza de centroderecha para poner al país a la cola del único mundo posible a partir de la caída del muro y pactó una paz ficticia. A su caída, sufrió todos los procesos imaginables, sin que todavía se haya logrado una sentencia que pruebe los niveles de corrupción que se le adjudican.

Todavía ningún argentino tiene claro y ni siquiera Página/12 nos ha sabido informar cuál es la cuantía de la fortuna de Menem. No obstante, sospecho que ni aun con la ayuda del “monopolio Clarín” podría haber comprado durante su mandato dos millones de dólares manejando información reservada, sin sembrar el caos institucional.

¿Porqué los Kirchner pueden hacerlo sin probar cómo hicieron para acumular durante veinte años de función pública, (intendente y gobernador él, diputada y senadora ella, y presidentes ambos) una fortuna que les permite comprar hoteles de primera línea en el Calafate?

Es simple. Porque se ha instalado hábilmente que oponerse a los Kirchner es estar en contra de la política de derechos humanos. Por ende, la izquierda saldrá a acusar de derechista golpista, pro imperialista y colonizado a cualquiera que cuestione “el modelo”.

Según esta versión de la realidad, el que gane las próximas elecciones (siempre que no fueran los Kirchner o quien estos designen) implementaría un retorno a las ideas del vetusto y extinguido proceso militar. Con esta simple falacia, más el peso de la caja enorme que manejan y cuyos fondos escamotean sin piedad a gobernadores e intendentes, logran sostenerse en el poder.

Así como hubo un pacto entre Menem y Alsogaray que nos llevó a las relaciones carnales con Estados Unidos y nos hundió en el desatino los negocios sucios, hoy existe un pacto entre los Kirchner y la izquierda. Les permiten acumular fortuna siempre y cuando persistan en la reivindicación de la guerrilla setentista, en el sostén de su política de derechos humanos, en la entrega de planes sociales a los piqueteros amigos, en su alineación con Chávez y en su ataque a los monopolios informáticos y la “puta oligarquía”. Si en el medio de su lucha Kirchner se adueña de media patagonia es un precio justo que nuestros progresistas están dispuestos a pagar con tal de ver consagrados sus ideales.

Así lo afirmó en el programa “Le doy mi palabra”, que se emitió por Canal 26 el martes 2 de febrero y que conduce Alfredo Leuco, esta suerte de Doncella de Orleans que es la diputada Diana Conti, quien muy suelta de cuerpo dijo que “no veía mal que los Kirchner acumularan fortuna, puesto que estando enfrentados a intereses tan poderosos debían asegurar la suerte económica de sus hijos y sus nietos, quienes mañana podrían reprocharles el abandono en caso en que terminaran inmolados en su gesta.”

Esta lógica corleonesca de la diputada de izquierda Diana Conti reivindica eventualmente el viejo apotegma “roban pero hacen”. Me pareció tan brutal su discurso que, por un momento, me pregunté si en sus frecuentes tertulias en Olivos no escucharía voces, como la verdadera Juana de Arco, y, subsumida su alma por la revelación, no estaría dispuesta como ella hasta a afrontar la pira política que puede depararle el destino, con los ojos elevados hacia el Calafate, cuando la historia se devore estos tiempos.

Crónica y Análisis publica el presente artículo por gentileza de su autor, Julio Doello.

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