
Río Negro - 10-Feb-10 - Opinión
De tomarse en serio las afirmaciones de los líderes de la UCR, si el vicepresidente Julio Cobos realmente quiere ser su candidato para las elecciones presidenciales próximas, deberá votar siempre en contra del gobierno actual toda vez que le toque desempatar, aun cuando tenga buenos motivos para negarse a hacerlo. Así, pues, a juicio del ex titular del partido, Gerardo Morales, Cobos cometió un error sumamente grave al recomendar la remoción del hasta hace poco presidente del Banco Central, Martín Redrado -si bien lo hizo por razones ajenas a las reivindicadas por la presidenta Cristina Fernández de Kirchner- ya que su voto coyunturalmente oficialista se basó en la complicidad del funcionario con la transformación del Indec en una usina propagandística. Como señaló la senadora cobista Laura Montero, "?extraña la postura contradictoria adoptada" por Morales, "porque avalar a Redrado es también avalar a Guillermo Moreno y la manipulación de las estadísticas del Indec". En efecto, de haberse debatido en la UCR, la Coalición Cívica-ARI y otras agrupaciones el desempeño de Redrado antes de optar los Kirchner por echar mano a las reservas del Banco Central, todos hubieran apoyado la posición asumida por Cobos, cuya decisión pudo leerse como una crítica lapidaria de la política económica del gobierno kirchnerista.
Desgraciadamente para el mendocino, parecería que tanto los políticos no oficialistas como una parte sustancial de la ciudadanía están más interesados en asestar golpes al matrimonio santacruceño que en encolumnarse detrás de planteos que por lo menos sean coherentes. Si Cobos pone palos en la rueda, como diría Cristina, aumentará su popularidad; si por algún motivo se abstiene de hacerlo, verá menguar el capital político que ha conseguido acumular desde que se opuso al intento gubernamental de gravar brutalmente al campo. Dicho de otro modo, hemos entrado en una fase en la que a juicio de muchos, acaso de la mayoría, el problema más urgente que enfrenta el país consiste en los Kirchner, de suerte que se justificaría cualquier maniobra encaminada a debilitarlos. Se trata de una actitud peligrosa. En una democracia, no es suficiente que la oposición se dedique a poner contra las cuerdas al gobierno, por malo que éste fuera. También tiene que ofrecer una alternativa, lo que, huelga decirlo, es mucho más difícil que limitarse a aprovechar toda oportunidad para anotarse algunos puntos.
La incapacidad de las distintas facciones opositoras para brindar la impresión de estar preparadas para gobernar una vez que los Kirchner se hayan ido ha contribuido mucho al clima político malsano que se ha difundido por el país. Como ha sucedido con frecuencia en el pasado, la hostilidad hacia el gobierno ha adquirido un grado tal de intensidad que parecería que para algunos inmovilizarlo se ha convertido en una prioridad absoluta, aunque lo más lógico sería intentar obligarlo a respetar las reglas previstas por la Constitución nacional. Al fin y al cabo, a esta altura, la mayoría no puede sino entender que quienes reemplacen a la pareja que está en el poder enfrentarán una situación muy pero muy complicada porque, en un esfuerzo desesperado por recuperar la popularidad irremediablemente perdida, los Kirchner seguirán despilfarrando los recursos nacionales sin preocuparse en absoluto por las consecuencias. En vista de que la política de tierra abrasada, de "después de mí, el diluvio", del gobierno de Cristina, presagia un período sumamente conflictivo, la oposición no puede darse el lujo de parecer más dispuesta a sacar el máximo provecho publicitario de la irresponsabilidad oficial, que a convencer a la ciudadanía de que está en condiciones de encargarse de la herencia. En el corto plazo, podría reportarles a los opositores algunos dividendos actuar conforme con el principio leninista de "cuanto peor, mejor", lo que justificaría el apoyo de los radicales y la gente de Coalición Cívica-ARI a un funcionario cuya gestión consideraban lamentable y que, de todos modos, ya había renunciado, porque serviría para incomodar a una presidenta arbitraria y, lo que para algunos era más importante aún, hacer tropezar al favorito para sucederla, pero sería positivo que comenzaran a pensar en serio sobre lo que será necesario hacer cuando los Kirchner ya no estén.



















No hay comentarios:
Publicar un comentario